
Novelas · Parte 8
PARTE 8 DE 9 — El corazón del dragón y el regreso del mago perdido Capítulo 1. Los siete días que podían cambiarlo todo Siete días. Ese era el tiempo que faltaba para las evaluaci
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Detalles
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- Novelas
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- SHIRFS: La maga de nivel 1 que desafió a los más poderosos
- Capítulo
- Parte 8
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Sinopsis
Perla, una joven maga de Noruega con apenas nivel 1, ingresa a Shirfs, la academia de magia más poderosa del mundo. Rodeada de estudiantes de niveles superiores, humillada por los populares y despreciada por su debilidad, descubre una antigua fórmula relacionada con las criaturas mágicas y los corazones unidos. Su encuentro con una misteriosa serpiente herida podría cambiar para siempre las reglas de la magia.…
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PARTE 8 DE 9 — El corazón del dragón y el regreso del mago perdido
Capítulo 1. Los siete días que podían cambiarlo todo
Siete días.
Ese era el tiempo que faltaba para las evaluaciones finales del Noveno Grado Arcano.
En la Academia de las Nueve Torres, los estudiantes entrenaban desde el amanecer hasta que las estrellas aparecían sobre Shirfs. Algunos intentaban perfeccionar sus hechizos de fuego. Otros practicaban invocaciones, escudos y técnicas de restauración.
Pero para Perla Nilsen, la cuenta regresiva tenía un significado completamente diferente.
No solamente debía conseguir los cincuenta puntos de armonía necesarios para graduarse.
También necesitaba recuperar el cuerpo humano de Kael, encontrar a su madre y evitar que Severin utilizara el Corazón del Vacío para destruir todo aquello que estaban intentando proteger.
La muchacha permanecía sentada bajo un árbol plateado del jardín norte.
Frente a ella, tres pequeñas piedras flotaban en el aire.
No temblaban.
No salían disparadas.
Por primera vez, Perla conseguía mantenerlas suspendidas durante varios minutos.
—Descensus —susurró.
Las piedras descendieron suavemente sobre la hierba.
Perla sonrió.
—¡Lo conseguí!
Kael, enroscado alrededor de su muñeca, levantó la cabeza.
«Y esta vez no rompiste ninguna ventana».
La joven soltó una carcajada.
—No tienes que recordarme todos mis accidentes.
«El de la cubeta fue especialmente memorable».
—¡Eso ocurrió en Noruega!
Kael se acomodó sobre su mano.
Aunque todavía tenía el cuerpo de una pequeña serpiente blanca, su voz mental era cada vez más clara.
Desde que habían regresado del Archivo del Primer Latido, ambos practicaban los ejercicios de convergencia que Eira les había enseñado.
No eran hechizos impresionantes.
Consistían en compartir pequeñas cantidades de energía, reconocer sus emociones y detener el entrenamiento antes de que cualquiera terminara agotado.
Perla miró su barra luminosa.
Armonía de los Dos Corazones: 44%.
Después observó el número sobre su cabeza.
Nivel 1.
Todavía no había cambiado.
—Seis puntos más —murmuró—. Solamente necesitamos seis.
Kael levantó la mirada.
«No debemos perseguir el número. Tenemos que conseguir que el vínculo sea estable».
Perla asintió.
Lo sabía.
Pero no podía evitar sentirse emocionada.
Si conseguían alcanzar el cincuenta por ciento, podrían iniciar el procedimiento que devolvería a Kael su forma humana.
Y quizá, por primera vez desde que se conocieron, podría mirarlo a los ojos sin tener que sostenerlo entre sus manos.
Sin embargo, ambos ignoraban que Severin había encontrado una manera de impedirlo.
Una forma de hacer que el corazón del dragón negro dejara de recordar.
Capítulo 2. La última mentira sobre Astarion
En el Santuario de las Criaturas, Celeste Valmora observaba una antigua escama negra sobre una mesa de piedra.
Astarion descansaba detrás de ella.
Desde que habían debilitado el contrato de obediencia, el dragón se mostraba más tranquilo. Ya no estaba obligado a responder a todas las órdenes de Celeste, pero había decidido permanecer cerca de ella.
Aquella decisión significaba mucho más para la joven que cualquiera de sus antiguos trofeos.
Magina entró acompañada del profesor Arven.
—Necesitamos hablar sobre la última memoria de Astarion —anunció.
Celeste levantó la mirada.
—¿Otra vez quieren utilizar sus recuerdos?
—No sin su consentimiento.
La directora se acercó al dragón.
—Astarion, Astrid nos dejó una advertencia. Severin robó algo de la memoria de Kael, y creemos que tú conservas la parte necesaria para recuperar su forma humana.
Astarion abrió lentamente los ojos.
«Sé lo que buscan».
Su voz resonó dentro de las mentes de los presentes.
Celeste se acercó.
—¿Por qué nunca nos lo dijiste?
El dragón la observó durante varios segundos.
«Porque creí que entregarlo significaría perder definitivamente a Kael».
Magina permaneció inmóvil.
Astarion explicó que, durante la guerra, Kael había dividido su último hechizo en tres partes.
La primera contenía su esencia.
La segunda guardaba el recuerdo completo de su cuerpo humano.
Y la tercera mantenía cerrado el Corazón del Vacío.
La esencia había sobrevivido dentro de la serpiente.
La tercera parte permanecía entre los sellos de las nueve torres.
Pero la segunda...
Astarion bajó la cabeza.
«Está dentro de mi corazón».
Celeste abrió mucho los ojos.
—¿Físicamente?
«No. Los dragones pueden conservar recuerdos en lugares donde ningún hechizo de lectura consigue alcanzarlos. Yo guardé el suyo dentro de mi memoria más profunda».
Magina comprendió inmediatamente.
—Por eso Severin quería conseguir tu recuerdo final.
El dragón asintió.
«Si me lo hubiera quitado por la fuerza, habría conseguido reconstruir a Kael como una criatura sin voluntad. Un cuerpo capaz de abrir cualquier puerta que Severin eligiera».
Celeste sintió un escalofrío.
Su contrato no había sido diseñado solamente para conseguir un dragón poderoso.
Había sido una herramienta para robar la identidad de un hombre.
—Entonces debemos proteger ese recuerdo —dijo.
Astarion levantó la cabeza.
«Y cuando llegue el momento, tendré que decidir si puedo entregárselo de nuevo a mi amigo».
Capítulo 3. La habitación de las voces prestadas
Mientras Celeste conversaba con el dragón, Perla acudió a la Torre de Restauración.
Elowen había preparado una habitación especial para continuar los entrenamientos.
En el suelo había dos círculos.
Uno azul.
Otro blanco.
Ambos estaban conectados por un hilo plateado.
—Hoy practicaremos una técnica diferente —explicó la enfermera—. Se llama respiración de retorno.
Perla observó los círculos.
—¿Para qué sirve?
—Para distinguir qué energía pertenece a cada uno y devolverla sin perder el equilibrio.
Kael se deslizó lentamente hasta el círculo blanco.
Perla se sentó frente a él.
Elowen encendió una pequeña lámpara.
—Cuando comience el ejercicio, Perla deberá compartir una cantidad mínima de energía. Kael tendrá que recibirla y devolver exactamente lo que no necesite.
La joven cerró los ojos.
Sintió su propio corazón.
Después el de Kael.
Durante unos segundos ambos latidos parecieron confundirse.
Una luz azul apareció entre los círculos.
Perla sonrió.
Pero entonces ocurrió algo extraño.
Escuchó una voz.
«No eres suficientemente fuerte».
Era la voz de Darian.
Después apareció otra.
«Nunca debiste entrar a Shirfs».
Celeste.
Y finalmente escuchó las palabras del maestro que había examinado su magia cuando tenía diecisiete años.
«Busca otra profesión».
La luz comenzó a temblar.
Perla abrió los ojos desesperadamente.
—¡No puedo!
Elowen apagó inmediatamente la lámpara.
La energía desapareció.
Kael se acercó a la muchacha.
«Perla, mírame».
Ella tenía lágrimas en los ojos.
—Pensé que ya había superado todo eso.
«Recordar una herida no significa que hayas vuelto al principio».
La joven respiró profundamente.
Elowen se arrodilló a su lado.
—La magia de convergencia no elimina tus emociones. Las vuelve más fáciles de escuchar. Si intentas esconderlas, terminarás perdiendo el control.
Perla se limpió las lágrimas.
—Entonces, ¿qué hago?
—Reconócelas. Después decide si vas a permitir que dirijan tus acciones.
La muchacha volvió a sentarse.
Esta vez no intentó expulsar aquellos recuerdos.
Los dejó pasar.
Recordó las burlas.
El miedo.
La soledad de sus primeras noches en Shirfs.
Después recordó a Nerina ayudándola a recoger sus libros.
A Iris agradeciéndole su protección.
Y a Kael enroscándose alrededor de su mano cuando nadie más creía en ella.
La luz reapareció.
Esta vez permaneció estable.
Elowen sonrió.
—Ahora devuelve la energía.
Perla obedeció.
El círculo blanco brilló.
Kael recibió la energía y dejó regresar una pequeña parte.
Ambos terminaron el ejercicio sin agotarse.
La barra azul apareció lentamente.
Armonía: 46%.
Perla abrió los ojos sorprendida.
Habían avanzado dos puntos.
Pero lo más importante era que, por primera vez, había conseguido enfrentar sus propios recuerdos sin permitir que destruyeran el hechizo.
Capítulo 4. Una visita que Celeste no esperaba
Aquella noche, Celeste recibió una carta de su madre.
La encontró debajo de la puerta de su dormitorio.
El sello de los Valmora brillaba sobre el sobre.
Durante varios minutos no se atrevió a abrirlo.
Desde su discusión con Lord Edric, su padre, no había recibido noticias de su familia.
Finalmente rompió el sello.
La carta era breve.
Su madre le comunicaba que habían suspendido temporalmente el acceso de Celeste a los recursos familiares.
También le advertía que un resultado mediocre en el examen final perjudicaría el prestigio de los Valmora.
La última frase hizo que la muchacha sintiera un dolor familiar.
"Recuerda que naciste para destacar, no para conformarte con ser una estudiante más".
Celeste dejó caer la carta sobre la cama.
Durante toda su vida había deseado escuchar algo distinto.
Una palabra de cariño.
Una felicitación que no estuviera acompañada de una nueva exigencia.
Pero siempre recibía lo mismo.
Más presión.
Más expectativas.
Más miedo a fracasar.
Un golpe suave resonó en la puerta.
Era Nerina.
—Perdón por molestar. Perla me pidió que te entregara estas notas.
Celeste recibió varios documentos sobre la magia del vínculo.
—¿Perla hizo esto para mí?
Nerina asintió.
—Dijo que las necesitas para entrenar con Astarion sin utilizar la corona.
Celeste observó las hojas.
Estaban escritas a mano.
Incluían explicaciones sencillas, ejercicios y pequeños dibujos.
Al final había una nota.
"No tienes que demostrarle nada a tu dragón. Empieza por escucharlo".
Celeste permaneció callada.
Después preguntó:
—¿Por qué sigue ayudándome?
Nerina la observó con seriedad.
—Porque Perla no quiere que nadie pierda su vida intentando satisfacer a personas que nunca parecen estar contentas.
Celeste bajó la mirada.
—Le hice cosas horribles.
—Sí —respondió Nerina—. Y eso no desaparece porque ahora estés cambiando.
La muchacha asintió lentamente.
—Lo sé.
Nerina comenzó a marcharse.
Pero antes de cerrar la puerta añadió:
—Todavía puedes decidir qué clase de maga quieres ser.
Celeste permaneció sola con las notas entre las manos.
Por primera vez, la idea de graduarse sin ser la mejor no le pareció completamente insoportable.
Capítulo 5. El hechizo que quería borrar un nombre
Muy lejos de los dormitorios, bajo los cimientos del santuario, Severin preparaba un encantamiento que llevaba ochenta años intentando completar.
Frente a él había una página oscura robada del Archivo del Primer Latido.
Contenía un procedimiento antiguo.
La extracción del nombre verdadero.
En los tiempos anteriores a la clasificación por niveles, algunos magos habían descubierto que los recuerdos más profundos podían utilizarse como anclas para reconstruir cuerpos destruidos.
Pero también existía una aplicación terrible.
Si alguien conseguía arrancar el nombre verdadero de una criatura, podía debilitar su voluntad y convertirla en un recipiente vacío.
Severin necesitaba ese procedimiento para apoderarse del patrón humano de Kael.
El consejero dibujó un círculo negro.
Después colocó sobre él una escama robada de Astarion.
La había conservado desde la guerra.
—Ochenta años —murmuró—. Ochenta años esperando que recuperaran los recuerdos suficientes.
El cristal comenzó a vibrar.
Una voz grave surgió desde el Corazón del Vacío.
—¿La serpiente está preparada?
Severin sonrió.
—Todavía no. Pero la maga de nivel 1 está acercándose al cincuenta por ciento de armonía.
—Entonces pronto abrirá el camino.
El consejero asintió.
—Y cuando reconstruyan el cuerpo del mago, tomaremos el control del patrón antes de que termine de despertar.
La sombra permaneció en silencio.
Después preguntó:
—¿Y el dragón?
Severin observó la escama negra.
—Todavía conserva el recuerdo que necesitamos.
Comenzó a pronunciar un hechizo.
Las palabras resonaron entre las columnas.
La escama emitió una luz violeta.
Y en el Santuario de las Criaturas, Astarion despertó lanzando un rugido desesperado.
Algo estaba intentando entrar en su memoria.
Capítulo 6. El corazón que se estaba rompiendo
Celeste escuchó el rugido desde su habitación.
Corrió inmediatamente hacia el santuario.
Cuando llegó, encontró a Astarion retorciéndose sobre la plataforma.
Las escamas de su pecho brillaban con una luz violeta.
Los guardianes intentaban acercarse, pero una barrera invisible los mantenía alejados.
Magina apareció unos segundos después.
—¡Todos atrás!
Levantó su bastón.
Un círculo plateado rodeó al dragón.
La directora utilizó un hechizo de nivel superior para contener la corriente oscura que atravesaba su cuerpo.
Pero no consiguió detenerla completamente.
—Severin está utilizando una escama vinculada a su memoria —dedujo.
Celeste corrió hacia Astarion.
—¡Estoy aquí!
El dragón abrió los ojos.
Su mirada estaba llena de dolor.
«No te acerques».
La joven se detuvo.
—¿Qué está pasando?
«Quiere arrancarme el recuerdo de Kael».
Magina comenzó a reforzar el escudo.
—Debemos encontrar la escama que está utilizando Severin.
Arven llegó acompañado de varios maestros.
Intentaron rastrear el hechizo.
Pero la magia se dividía en cientos de corrientes que atravesaban los cimientos de la academia.
Celeste miró a Astarion.
Recordó las palabras de Perla.
Escuchar antes de exigir.
Se arrodilló a varios metros de distancia.
—No voy a ordenarte que resistas —dijo—. Solamente dime si existe algo que podamos hacer.
Astarion respiró lentamente.
«El recuerdo no puede ser robado si su verdadero propietario lo reclama voluntariamente».
Celeste levantó la mirada.
—¿Kael?
El dragón asintió.
«Necesito que vuelva a entrar en mi memoria».
Magina cerró los ojos.
Aquello era peligroso.
Si Kael entraba demasiado profundamente, Severin podría intentar atraparlo junto con el recuerdo.
Pero también era la única oportunidad de detener la extracción.
La directora envió inmediatamente un mensaje hacia la Torre de Restauración.
Perla y Kael debían acudir al santuario.
Y esta vez tendrían que enfrentar el pasado del dragón desde el interior.
Capítulo 7. Una conversación antes del peligro
Perla llegó al santuario acompañada de Nerina e Iris.
Cuando vio a Astarion retorciéndose de dolor, sintió una corriente de angustia.
Kael se deslizó desde su muñeca.
«Severin está intentando borrar mi última memoria».
Perla observó a Magina.
—¿Cómo podemos ayudarlo?
La directora explicó el procedimiento.
Mediante el vínculo de los dos corazones, Kael podía proyectar parte de su esencia dentro de la memoria de Astarion.
Perla tendría que mantener una conexión estable desde el exterior.
Pero existía un problema.
Si el recuerdo se rompía antes de que Kael saliera, ambos podrían quedar atrapados dentro de una ilusión sin regreso.
—Entonces no vamos a hacerlo —respondió Perla.
Kael levantó la cabeza sorprendido.
«Perla...».
—No quiero perderte.
La serpiente permaneció inmóvil.
Después acercó suavemente la cabeza a sus dedos.
«Astarion me protegió durante toda una guerra. Guardó mi nombre cuando el resto del mundo intentó borrarlo».
Perla sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.
«Ahora me necesita».
—Lo sé.
«Pero no voy a hacerlo sin que estés de acuerdo».
La muchacha lo observó durante largo tiempo.
Recordó las palabras de Eira.
El vínculo no podía construirse mediante sacrificios impuestos.
Tampoco mediante decisiones que uno tomara por el otro.
—Tengo miedo —admitió.
«Yo también».
Perla soltó una pequeña risa entre lágrimas.
—Eso no me tranquiliza demasiado.
Kael acercó la cabeza a su mejilla.
«No quiero perderte, Perla. Durante ochenta años olvidé casi todo lo que significaba confiar en alguien. Tú me lo recordaste».
La joven cerró los ojos.
Después respondió:
—Entonces vamos a ayudar a Astarion. Pero si algo comienza a salir mal, regresaremos. No importa si todavía no conseguimos recuperar tu cuerpo.
Kael permaneció callado.
Finalmente respondió:
«Lo prometo».
Perla levantó la mirada hacia Magina.
—Estamos listos.
La directora hizo una señal a los maestros.
Un enorme círculo apareció alrededor de Astarion.
Perla se sentó frente al dragón.
Kael se colocó sobre su mano.
Y cuando ambos corazones comenzaron a latir al mismo ritmo, una luz azul se elevó hacia el pecho de la enorme criatura negra.
Capítulo 8. El lugar donde Astarion guardaba su dolor
Perla abrió los ojos en medio de un campo cubierto de nieve negra.
El cielo estaba completamente oscuro.
A lo lejos podían verse los restos de una ciudad destruida.
Kael permanecía junto a ella, todavía convertido en una pequeña serpiente blanca.
—¿Dónde estamos? —preguntó.
«Dentro de la memoria de Astarion».
El viento comenzó a soplar.
Frente a ellos apareció una enorme puerta de piedra.
Estaba cubierta de nombres.
Algunos pertenecían a magos.
Otros a criaturas.
Perla reconoció uno inmediatamente.
Kael Arvandor.
Pero las letras comenzaron a oscurecerse.
Una sombra violeta se extendía desde el suelo y las borraba lentamente.
—¡Severin!
La serpiente levantó la cabeza.
«Está atacando el recuerdo desde el exterior».
Perla corrió hacia la puerta.
Intentó cubrir las letras con sus manos.
Pero cada vez que tocaba la piedra, una nueva parte del nombre desaparecía.
—¡No funciona!
Kael se acercó.
Durante unos segundos permaneció observando su propio nombre.
Después levantó lentamente la cabeza.
«No tenemos que impedir que borre las letras».
Perla lo miró sorprendida.
—¿Entonces qué hacemos?
«Recordar lo que significan».
La puerta comenzó a temblar.
Una imagen apareció frente a ellos.
Era Kael, cuando todavía era humano.
Estaba sentado junto a Astarion bajo un árbol plateado.
El joven de cabello blanco sostenía una pequeña manzana.
—No puedes comer todas las frutas del jardín —decía riendo.
El dragón, mucho más pequeño que en el presente, intentaba esconder varias manzanas debajo de una de sus alas.
Kael comenzó a reírse.
Astarion emitió un rugido indignado.
Perla sonrió.
Nunca había imaginado que aquel dragón gigantesco pudiera haber sido tan juguetón.
La escena cambió.
Ahora aparecían Kael, Lyra y Astarion entrenando juntos.
Después una cena.
Una conversación.
Y una noche en la que los tres habían prometido protegerse mutuamente.
Kael observó las imágenes.
Su pequeña forma comenzó a brillar.
«Estos recuerdos no son solamente míos».
Perla comprendió.
—También pertenecen a Astarion.
La puerta de piedra reaccionó.
El nombre comenzó a recuperar su brillo.
Pero entonces una figura oscura apareció entre los árboles.
Era Severin.
—Los recuerdos pueden manipularse —dijo—. Incluso aquellos que consideramos más importantes.
Levantó una mano.
El campo entero comenzó a desaparecer.
Y Perla comprendió que su verdadero enemigo no intentaba borrar simplemente un nombre.
Quería convencer a Astarion de que aquellos momentos nunca habían ocurrido.
Capítulo 9. La mentira que casi destruyó al dragón
La sombra de Severin extendió sus brazos.
Frente a Perla apareció una nueva escena.
Kael estaba de pie junto a una puerta.
Astarion permanecía arrodillado frente a él.
—Ya no te necesito —decía el joven.
El dragón levantaba la cabeza desesperadamente.
—Eres demasiado débil —continuaba Kael—. Encontraré un compañero mejor.
Perla sintió un dolor en el pecho.
Sabía que aquello no era verdad.
Había visto los recuerdos reales.
Pero la imagen parecía tan convincente que incluso ella comenzó a dudar durante un instante.
Kael se deslizó hasta sus dedos.
«Eso nunca ocurrió».
Severin sonrió.
—¿Cómo puedes estar seguro? Has pasado ochenta años sin recordar quién eras.
La serpiente permaneció inmóvil.
Aquella pregunta tocó una de sus heridas más profundas.
Durante décadas había vivido sin recuerdos completos.
Había sido encerrado, rechazado y abandonado.
¿Cómo podía estar seguro de que no había cometido errores terribles antes de perder su cuerpo?
Perla lo observó.
—Kael, mírame.
La serpiente levantó lentamente la cabeza.
—Puede que no recuerdes todo. Puede que hayas tomado decisiones equivocadas alguna vez. Pero yo sé lo que has hecho desde que te encontré.
La sombra comenzó a temblar.
Perla continuó:
—Me protegiste cuando no tenías fuerzas. Ayudaste a Fenris cuando estaba herido. Y ahora estás arriesgándote para salvar a Astarion.
Se arrodilló frente a él.
—No necesito que hayas sido perfecto. Necesito que sigas siendo tú.
Kael permaneció inmóvil.
Después una luz azul comenzó a rodear su cuerpo.
Severin retrocedió.
—¡No puedes saber quién es realmente!
Perla levantó la mirada.
—No. Pero tampoco voy a permitir que tú decidas por nosotros.
La luz comenzó a extenderse.
Una voz grave resonó desde las profundidades del recuerdo.
Era Astarion.
«Yo también recuerdo».
La enorme silueta del dragón apareció detrás de la puerta.
Sus ojos dorados estaban llenos de lágrimas.
«Kael nunca me abandonó. Me pidió que viviera».
La falsa imagen se rompió.
El campo oscuro comenzó a llenarse de pequeñas estrellas.
Astarion extendió sus alas.
Después miró a la serpiente.
«Y ahora quiero devolverte lo que me pediste guardar».
Del pecho del dragón surgió una pequeña esfera azul.
Dentro podía verse la silueta de un joven de cabello blanco.
Era el patrón humano de Kael.
El recuerdo que Severin había intentado robar durante ochenta años.
Capítulo 10. La elección que aumentó el vínculo
La esfera flotó lentamente entre Perla y Kael.
El dragón observó a su antiguo compañero.
«Si te entrego esto, podrás recuperar tu forma».
Kael levantó la cabeza.
«¿Y qué ocurrirá contigo?».
Astarion tardó en responder.
«Perderé el recuerdo completo de tu último hechizo. Seguiré recordándote, pero ya no podré reproducir aquel momento con exactitud».
Perla observó la esfera.
Era un precio importante.
Durante ochenta años, aquel recuerdo había sido una de las pocas cosas que mantenían al dragón conectado con su amigo desaparecido.
—No tienes que entregarlo —dijo ella.
Astarion la miró.
«Lo sé».
La enorme criatura permaneció en silencio.
Después se acercó a Kael.
«Durante muchos años pensé que conservar tu último recuerdo era la única manera de no perderte».
La serpiente levantó la cabeza.
«Nunca te pedí que vivieras aferrado a ese dolor».
Astarion cerró los ojos.
Una lágrima dorada descendió sobre la nieve.
«Entonces ha llegado el momento de permitirte regresar».
La esfera comenzó a brillar.
Perla sintió que la marca de su mano reaccionaba.
Durante un instante comprendió algo que había pasado meses intentando aprender.
El vínculo no crecía solamente cuando dos seres compartían energía.
También podía fortalecerse cuando eran capaces de permitir que el otro tomara sus propias decisiones.
Miró a Kael.
—Cuando recuperes tu cuerpo, no estarás obligado a seguir siendo mi compañero de magia.
La serpiente permaneció inmóvil.
Perla respiró profundamente.
—No quiero que sientas que tienes que quedarte conmigo porque te ayudé. Si decides vivir tu propia vida, quiero que puedas hacerlo.
Kael la observó durante varios segundos.
Una voz cálida apareció dentro de su mente.
«Perla, nunca me había sentido tan libre como desde que estoy contigo».
La joven cerró los ojos.
Una luz intensa comenzó a envolverlos.
La barra azul apareció sobre su muñeca.
46%.
47%.
48%.
49%.
Y finalmente...
50%.
Perla abrió los ojos sorprendida.
Habían alcanzado el mínimo necesario para comenzar la restauración.
Pero lo habían conseguido sin una batalla ni un sacrificio impuesto.
Solamente aceptando que ninguno era propiedad del otro.
Astarion extendió una enorme ala.
La esfera azul descendió lentamente hasta quedar frente a Kael.
«Entonces regresemos a Shirfs».
Y el mundo de recuerdos comenzó a desaparecer.
Capítulo 11. El regreso desde la memoria
Perla despertó sobre el suelo del santuario.
Nerina estaba arrodillada junto a ella y Magina sostenía un círculo protector alrededor de Kael.
Astarion permanecía inmóvil, respirando lentamente.
Pero algo había cambiado.
Las escamas de su pecho ya no brillaban con aquella luz violeta que Severin había utilizado para atacarlo.
En cambio, sobre la pequeña serpiente blanca flotaba una esfera azul.
Dentro podía verse la silueta de un hombre.
—¡Perla! —exclamó Nerina—. ¡Pensamos que no regresarían!
La joven intentó incorporarse.
—Lo conseguimos.
Kael levantó lentamente la cabeza.
Su voz resonó dentro de la mente de todos los presentes.
«Astarion me entregó mi recuerdo».
Magina se acercó inmediatamente.
Examinó la esfera.
Durante varios segundos permaneció completamente inmóvil.
Después sonrió.
—El patrón está completo.
Perla sintió que las lágrimas le llenaban los ojos.
—¿Entonces podemos devolverle su cuerpo?
La directora asintió.
—Ahora tenemos todo lo necesario para intentarlo. Pero debemos preparar el ancla de convergencia y proteger el sello del Corazón del Vacío durante la transformación.
Elowen examinó a Kael.
—Su esencia está estable. No parece haber sufrido daños durante la recuperación.
Perla respiró aliviada.
Celeste se acercó a Astarion.
El enorme dragón abrió los ojos.
—¿Cómo te sientes? —preguntó ella.
«Más ligero».
La joven apoyó una mano sobre sus escamas.
—Gracias por ayudarlos.
Astarion cerró los ojos.
«Yo también necesitaba hacerlo».
Magina comenzó a organizar a los profesores.
La restauración tendría que realizarse en una cámara protegida de la Torre del Vínculo.
No podían utilizar el santuario.
Severin conocía demasiado bien sus defensas.
Antes de marcharse, Perla se acercó al dragón.
—Gracias por confiar en nosotros.
Astarion bajó su enorme cabeza.
«Cuida de Kael. Y cuando vuelva a caminar sobre dos piernas, dile que todavía me debe muchas manzanas».
Perla comenzó a reírse.
Kael escondió la cabeza entre sus escamas blancas.
Por primera vez, todos sintieron que aquella historia podía tener un final feliz.
Pero el recuerdo recuperado todavía debía convertirse en un cuerpo.
Y eso requería un hechizo que Shirfs no había presenciado durante ochenta años.
Capítulo 12. El ritual de los dos corazones
La Cámara de Convergencia estaba situada en la Torre del Vínculo.
Era una habitación circular con paredes blancas y un enorme cristal suspendido sobre el centro.
Magina había preparado varios sellos protectores.
Elowen supervisaría la estabilidad de Kael.
Arven controlaría la energía del recinto.
Y Eira, comunicándose desde el Archivo del Primer Latido, dirigiría las etapas de la restauración.
Perla observaba el círculo desde la entrada.
A pesar de haber alcanzado cincuenta puntos de armonía, sentía un miedo terrible.
Kael descansaba sobre sus manos.
«Todavía podemos esperar».
La muchacha negó lentamente.
—No quiero que tengas que continuar encerrado porque yo tengo miedo.
«Tampoco quiero que te lastimes por ayudarme».
Perla sonrió.
—Entonces tendremos que cuidarnos los dos.
Eira apareció dentro de una esfera de comunicación.
—Recuerden que el procedimiento no consiste en crear una persona nueva. Debemos restaurar la forma de alguien que ya existe.
La anciana señaló tres círculos dibujados sobre el suelo.
—El primero conservará la esencia de Kael. El segundo recibirá el patrón humano. El tercero permitirá que Perla mantenga estable la conexión entre ambos.
Magina levantó una mano.
—Si el sello comienza a debilitarse, interrumpiremos inmediatamente.
Kael levantó la cabeza.
«Estoy de acuerdo».
Perla lo colocó cuidadosamente dentro del primer círculo.
Después se sentó frente a él.
El patrón humano descendió lentamente desde la esfera azul.
Durante unos segundos todo permaneció inmóvil.
Entonces Eira comenzó a pronunciar las palabras antiguas.
—Memoria, forma y voluntad. Que ninguna exista encadenada a otra.
Los círculos comenzaron a brillar.
Perla cerró los ojos.
Sintió el corazón de Kael latiendo al otro lado del vínculo.
Después comenzó a percibir algo diferente.
Manos humanas.
Una respiración más profunda.
Recuerdos de un cuerpo que llevaba ochenta años sin utilizar.
La transformación había comenzado.
Capítulo 13. La forma que no quería desaparecer
La pequeña serpiente blanca comenzó a elevarse sobre el círculo.
Sus escamas se transformaron lentamente en partículas luminosas.
Perla sintió una angustia repentina.
Por un instante creyó que Kael estaba desapareciendo.
—¡Magina!
La directora levantó una mano.
—Mantén la respiración, Perla. Su esencia sigue estable.
Dentro del segundo círculo apareció la silueta de un joven.
Era alta, delgada y estaba rodeada de luz azul.
Su cabello parecía hecho de nieve.
Pero entonces la figura comenzó a desvanecerse.
Eira frunció el ceño.
—Hay un recuerdo incompleto.
Tarek, que observaba los medidores desde una mesa, levantó la cabeza.
—El patrón físico está completo. Lo que falta es una referencia estable de su identidad actual.
Perla comprendió inmediatamente.
Durante ochenta años Kael había sido una serpiente.
Había sufrido, aprendido y cambiado.
No podía regresar a ser exactamente el mismo joven de antes de la guerra.
—¡Kael! —gritó.
La figura levantó lentamente la cabeza.
Perla continuó:
—No tienes que volver a ser quien eras hace ochenta años.
La luz comenzó a estabilizarse.
—Puedes conservar tus recuerdos de ahora. Todo lo que hemos vivido también forma parte de ti.
Una voz masculina resonó dentro de la cámara.
—¿Incluso los días en que apenas podía moverme?
Perla sonrió entre lágrimas.
—Especialmente esos días.
La figura extendió lentamente una mano.
Kael comenzó a recordar.
El invernadero.
La bufanda de Perla.
Las noches en la Torre del Viento.
Sus pequeños entrenamientos.
Y aquella primera promesa de no abandonarse.
La luz azul se volvió más intensa.
Eira sonrió.
—Ahora está aceptando su identidad completa.
Los tres círculos comenzaron a girar.
Y finalmente la figura humana dejó de desvanecerse.
Capítulo 14. El mago perdido volvió a abrir los ojos
Una explosión de luz azul iluminó la Cámara de Convergencia.
Perla cerró los ojos.
Durante varios segundos no escuchó nada.
Después sintió que alguien respiraba frente a ella.
Abrió lentamente los ojos.
La pequeña serpiente blanca había desaparecido.
En su lugar, dentro del círculo, había un joven de cabello blanco y ojos azules.
Parecía tener unos veinticuatro años.
Llevaba una sencilla túnica formada por el propio hechizo de restauración.
Su rostro era exactamente el mismo que Perla había visto en los recuerdos de la guerra.
Kael Arvandor.
El joven levantó lentamente las manos.
Observó sus dedos.
Después tocó su propio rostro.
Parecía incapaz de creer lo que estaba ocurriendo.
—Mis manos... —susurró.
Perla comenzó a llorar.
Kael levantó la mirada.
Durante varios segundos ambos permanecieron observándose.
Era la primera vez que podían mirarse frente a frente.
—Perla —dijo él.
Su voz ya no resonaba solamente dentro de su mente.
Ahora podía escucharse en toda la habitación.
La joven soltó una pequeña carcajada entre lágrimas.
—Hola, Kael.
El muchacho intentó levantarse.
Pero sus piernas no respondieron correctamente.
Perdió el equilibrio.
Perla corrió hacia él.
Consiguió sostenerlo antes de que cayera.
Ambos terminaron sentados sobre el suelo.
Kael comenzó a reír.
—Parece que tendré que aprender a caminar otra vez.
Perla se limpió las lágrimas.
—Yo tardé meses en conseguir levantar tres piedras. No voy a burlarme de ti.
Kael la observó.
Durante ochenta años había olvidado lo que significaba sentir el contacto de otra persona sin estar atrapado en un cuerpo diminuto.
Levantó lentamente una mano.
Perla la tomó.
—Bienvenido de regreso —susurró.
Una luz apareció sobre la cabeza de Kael.
Nivel mágico: 88.
El número brilló intensamente.
Los profesores comenzaron a murmurar.
La restauración había funcionado.
Magina cerró los ojos, profundamente emocionada.
—Bienvenido a Shirfs, Kael Arvandor.
El joven levantó la mirada.
Después sonrió.
—Gracias, directora.
Por primera vez en ochenta años, el mago perdido había recuperado su cuerpo humano.
Capítulo 15. El encuentro que Astarion había esperado
La noticia recorrió rápidamente la academia.
Algunos estudiantes no podían creerlo.
Otros pensaban que se trataba de una ilusión.
Pero cuando Kael salió de la Torre del Vínculo acompañado de Perla, Nerina y Magina, cientos de personas permanecieron observándolo.
Sobre su cabeza brillaba el nivel 88.
Darian abrió mucho los ojos.
—Así que la serpiente era realmente un mago.
Tarek sonrió.
—Y bastante más antiguo que todos nosotros.
Kael escuchó el comentario.
—Preferiría que no comenzáramos con las bromas sobre mi edad.
Nerina comenzó a reírse.
Perla lo ayudó a caminar hasta el santuario.
Aunque su cuerpo estaba completamente restaurado, todavía necesitaba recuperar equilibrio y resistencia.
Cuando Astarion vio al joven de cabello blanco, permaneció completamente inmóvil.
Kael se detuvo frente al dragón.
Durante varios segundos ninguno habló.
Después el joven sonrió.
—Hola, viejo amigo.
Astarion abrió sus enormes ojos dorados.
Su cuerpo comenzó a temblar.
Kael extendió una mano.
—Te debo unas manzanas, ¿verdad?
El dragón lanzó un rugido que hizo temblar el santuario.
Después bajó su gigantesca cabeza hasta quedar frente al muchacho.
Kael colocó ambas manos sobre sus escamas.
Astarion cerró los ojos.
Durante ochenta años había creído que nunca volvería a sentir aquel contacto.
—Lo siento —susurró Kael—. Te dejé demasiados años esperando.
La voz del dragón resonó dentro de todos los presentes.
«Pero regresaste».
Kael apoyó la frente contra sus escamas.
—Sí. Regresé.
Celeste observaba la escena desde unos pasos atrás.
No intentó interrumpirlos.
Comprendía que aquel momento les pertenecía.
Perla permaneció junto a ella.
Durante unos segundos ambas muchachas observaron en silencio a los dos antiguos compañeros.
Finalmente Celeste habló.
—Nunca imaginé que un dragón pudiera querer tanto a alguien.
Perla sonrió.
—Creo que todos necesitamos sentir que alguien nos recuerda.
Celeste bajó la mirada hacia su cicatriz.
Después levantó la cabeza.
Y por primera vez no sintió celos al ver que Astarion amaba profundamente a otra persona.
Sintió alivio.
El dragón estaba recuperando una parte de su felicidad.
Capítulo 16. La conversación que cambió la relación de Perla y Kael
Aquella noche, Kael encontró a Perla en el jardín donde habían realizado sus primeros entrenamientos.
La joven estaba sentada bajo el árbol plateado, mirando las estrellas.
Kael caminó lentamente hacia ella.
Todavía le costaba acostumbrarse a sus piernas.
—¿Puedo sentarme?
Perla sonrió.
—No necesitas pedir permiso.
El joven se sentó a su lado.
Durante varios minutos permanecieron en silencio.
Finalmente Kael habló.
—Durante ochenta años pensé que había perdido todo lo que me hacía humano.
Perla observó las pequeñas luces de las torres.
—Pero nunca dejaste de serlo.
Kael sonrió.
—Tú fuiste la primera persona que me trató como si mi vida importara, incluso cuando todos creían que era una serpiente inútil.
La joven bajó la mirada.
—Solamente quería ayudarte.
—Lo sé. Y precisamente por eso pude confiar en ti.
Kael extendió una mano.
Entre sus dedos apareció una pequeña esfera azul.
Perla la observó sorprendida.
—¿Un hechizo?
—Un recuerdo.
La esfera mostró el día en que ella lo había encontrado en el invernadero.
Perla se vio arrodillándose sobre la tierra, envolviendo cuidadosamente a la serpiente con su bufanda.
—Nunca imaginé que recordaras ese momento tan claramente —susurró.
Kael cerró la esfera.
—Fue la primera vez en muchos años que alguien me sostuvo sin intentar conseguir algo de mí.
Perla sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.
El joven la observó.
—Ahora que he recuperado mi cuerpo, necesito descubrir quién quiero ser. No soy exactamente el muchacho que desapareció durante la guerra.
Perla asintió.
—Lo entiendo.
Kael sonrió.
—Y tampoco quiero que nuestra amistad se convierta en una obligación por el vínculo mágico que compartimos.
La joven levantó la mirada.
—Yo tampoco.
Permanecieron unos segundos en silencio.
Después Kael extendió su mano.
Perla la tomó.
No hubo grandes promesas ni declaraciones apresuradas.
Solamente dos personas que habían aprendido a confiar profundamente y que ahora podían descubrir, sin prisas, lo que significaba estar juntas de una manera nueva.
Sobre la muñeca de Perla apareció una luz azul.
La armonía seguía estable.
54%.
Pero ninguno miró el número.
Por primera vez, no necesitaban hacerlo.
Capítulo 17. El anuncio del verdadero examen
A la mañana siguiente, las nueve campanas de Shirfs sonaron al mismo tiempo.
Todos los estudiantes fueron convocados al Gran Salón.
Magina apareció sobre la plataforma principal.
Su expresión era seria.
—Estudiantes del Noveno Grado Arcano, el Consejo ha confirmado que el Examen de Unión Mágica se realizará mañana.
Un murmullo recorrió el salón.
Algunos alumnos comenzaron a celebrar.
Otros parecían aterrados.
Magina levantó una mano.
—Recuerden las reglas. Cada estudiante deberá demostrar su armonía con una criatura o compañero mágico registrado.
La enorme barra apareció detrás de ella.
—Los resultados inferiores a cincuenta puntos no serán suficientes para graduarse. Quienes reprueben deberán regresar al ciclo de preparación, que puede extenderse hasta diez años.
Darian miró a Fenris.
Nerina acarició a Mistral.
Iris sostuvo cuidadosamente a Lumen.
Celeste permanecía junto a Astarion.
Perla observó a Kael.
Ahora tenía un compañero humano.
Y aunque su vínculo seguía siendo válido, muchos estudiantes comenzaron a murmurar que quizá no debería permitírsele participar.
Magina anticipó la discusión.
—La Ley del Primer Latido reconoce los vínculos voluntarios incluso cuando una criatura recupera su forma original. Por lo tanto, Perla Nilsen y Kael Arvandor podrán presentar el examen como compañeros.
El salón quedó en silencio.
Después comenzaron los comentarios.
—¡Una maga de nivel 1 con un compañero de nivel 88!
—¡Eso no es justo!
—¡Seguro aprobará solamente por él!
Perla bajó la mirada.
Kael se acercó.
—No tienes que escuchar eso.
La joven respiró profundamente.
—No voy a permitir que decidan cuánto vale nuestro esfuerzo.
Magina continuó:
—El examen no medirá solamente fuerza. Medirá confianza, control, cooperación y la capacidad de compartir magia sin someter al otro.
Perla levantó la cabeza.
Era exactamente lo que había aprendido durante todos aquellos meses.
Y por primera vez pensó que quizás podría enfrentarse a la prueba sin avergonzarse de su nivel.
Sin embargo, debajo del Gran Salón, el Corazón del Vacío comenzó a emitir una nueva luz.
Severin acababa de activar la página robada del Archivo.
El verdadero peligro estaba esperando el comienzo del examen.
Capítulo 18. La noche anterior al destino
La última noche de entrenamiento llegó demasiado rápido.
El Gran Patio estaba lleno de estudiantes practicando sus habilidades.
Nerina consiguió que Mistral creara una corriente de viento estable alrededor de tres árboles.
Iris realizó una restauración completa sobre una planta dañada utilizando la energía que Lumen decidió compartir.
Darian entrenó junto a Fenris sin exigirle ataques superiores a su resistencia.
Y Celeste consiguió mantener una llama negra flotando sobre su mano mientras Astarion permanecía tranquilo a su lado.
Había comenzado a desarrollar armonía verdadera.
Sin utilizar la corona.
Sin amenazas.
Sin obligarlo a obedecer.
Perla observaba desde una pequeña plataforma.
Kael se acercó.
—¿Quieres practicar una última vez?
La joven sonrió.
—Pensé que nunca me lo preguntarías.
Ambos se colocaron frente a frente.
Perla levantó las manos.
Kael hizo lo mismo.
Una pequeña esfera azul apareció entre ellos.
Después otra.
Finalmente una tercera.
Las luces comenzaron a girar lentamente.
Perla respiró al mismo ritmo que su compañero.
No intentó extraer su energía.
Tampoco trató de imponer su voluntad.
Simplemente permitió que ambos hechizos se encontraran.
Las tres esferas se unieron.
Durante unos segundos apareció un pequeño dragón hecho de luz.
La criatura luminosa abrió sus alas y voló alrededor del árbol plateado.
Nerina comenzó a aplaudir.
Tarek levantó la mirada sorprendido.
—¡Eso fue una invocación de convergencia!
Perla abrió los ojos.
El pequeño dragón desapareció lentamente.
Kael sonrió.
—Lo hiciste.
La joven miró sus manos.
Por primera vez había conseguido crear una forma mágica compleja sin perder el control.
La barra azul apareció sobre su muñeca.
Armonía de los Dos Corazones: 58%.
Perla soltó una carcajada.
—¡Cincuenta y ocho!
Nerina corrió a abrazarla.
Iris se acercó sonriendo.
Incluso Darian levantó una mano en señal de felicitación.
Celeste observó la escena desde lejos.
Después miró a Astarion.
—Mañana no importa si no conseguimos el primer lugar.
El dragón bajó su enorme cabeza.
«Entonces quizá por primera vez estaremos preparados para dar lo mejor de nosotros».
Pero mientras los estudiantes celebraban sus últimos avances, Severin permanecía debajo del Gran Salón.
El consejero había conectado el fragmento negro con los nueve cristales que medirían la armonía durante el examen.
Cada barra que apareciera sobre la plataforma enviaría una pequeña cantidad de energía hacia el Corazón del Vacío.
Al principio nadie notaría la diferencia.
Los resultados serían reales.
Los estudiantes podrían competir normalmente.
Pero cuando suficiente energía comenzara a circular, Severin intentaría abrir el sello.
El consejero observó una pequeña imagen de Perla y Kael.
La joven todavía aparecía como nivel 1.
Pero ahora su compañero había recuperado la forma humana.
Severin sonrió.
—Perfecto.
Una voz resonó desde el corazón negro.
—¿Cuándo despertaré?
El consejero observó las nueve columnas.
—Mañana. Cuando la alumna más débil de Shirfs intente demostrar cuánto poder ha conseguido.
La sombra comenzó a reír.
En la superficie, Perla regresó a su dormitorio después de despedirse de sus amigos.
Antes de acostarse, observó el collar que había pertenecido a Astrid.
Una pequeña luz azul apareció dentro de la piedra.
Y por un instante escuchó la voz de su madre.
—Estoy orgullosa de ti.
Perla comenzó a llorar.
Sostuvo el collar contra su pecho.
—Mañana voy a hacerlo, mamá. Voy a conseguirlo.
La luz desapareció lentamente.
A lo lejos, la decimotercera campana resonó una sola vez.
Kael, que caminaba por el pasillo hacia su habitación de invitados, se detuvo inmediatamente.
Reconoció aquel sonido.
La prisión temporal estaba debilitándose.
Y eso significaba que el examen del día siguiente no sería solamente una prueba de graduación.
Sería la batalla que decidiría el destino de Shirfs.
Fin de la Parte 8.
Continuará en la Parte 9: El examen final y el despertar de la maga de nivel 1000.
Capítulo 1. Los siete días que podían cambiarlo todo
Siete días.
Ese era el tiempo que faltaba para las evaluaciones finales del Noveno Grado Arcano.
En la Academia de las Nueve Torres, los estudiantes entrenaban desde el amanecer hasta que las estrellas aparecían sobre Shirfs. Algunos intentaban perfeccionar sus hechizos de fuego. Otros practicaban invocaciones, escudos y técnicas de restauración.
Pero para Perla Nilsen, la cuenta regresiva tenía un significado completamente diferente.
No solamente debía conseguir los cincuenta puntos de armonía necesarios para graduarse.
También necesitaba recuperar el cuerpo humano de Kael, encontrar a su madre y evitar que Severin utilizara el Corazón del Vacío para destruir todo aquello que estaban intentando proteger.
La muchacha permanecía sentada bajo un árbol plateado del jardín norte.
Frente a ella, tres pequeñas piedras flotaban en el aire.
No temblaban.
No salían disparadas.
Por primera vez, Perla conseguía mantenerlas suspendidas durante varios minutos.
—Descensus —susurró.
Las piedras descendieron suavemente sobre la hierba.
Perla sonrió.
—¡Lo conseguí!
Kael, enroscado alrededor de su muñeca, levantó la cabeza.
«Y esta vez no rompiste ninguna ventana».
La joven soltó una carcajada.
—No tienes que recordarme todos mis accidentes.
«El de la cubeta fue especialmente memorable».
—¡Eso ocurrió en Noruega!
Kael se acomodó sobre su mano.
Aunque todavía tenía el cuerpo de una pequeña serpiente blanca, su voz mental era cada vez más clara.
Desde que habían regresado del Archivo del Primer Latido, ambos practicaban los ejercicios de convergencia que Eira les había enseñado.
No eran hechizos impresionantes.
Consistían en compartir pequeñas cantidades de energía, reconocer sus emociones y detener el entrenamiento antes de que cualquiera terminara agotado.
Perla miró su barra luminosa.
Armonía de los Dos Corazones: 44%.
Después observó el número sobre su cabeza.
Nivel 1.
Todavía no había cambiado.
—Seis puntos más —murmuró—. Solamente necesitamos seis.
Kael levantó la mirada.
«No debemos perseguir el número. Tenemos que conseguir que el vínculo sea estable».
Perla asintió.
Lo sabía.
Pero no podía evitar sentirse emocionada.
Si conseguían alcanzar el cincuenta por ciento, podrían iniciar el procedimiento que devolvería a Kael su forma humana.
Y quizá, por primera vez desde que se conocieron, podría mirarlo a los ojos sin tener que sostenerlo entre sus manos.
Sin embargo, ambos ignoraban que Severin había encontrado una manera de impedirlo.
Una forma de hacer que el corazón del dragón negro dejara de recordar.
Capítulo 2. La última mentira sobre Astarion
En el Santuario de las Criaturas, Celeste Valmora observaba una antigua escama negra sobre una mesa de piedra.
Astarion descansaba detrás de ella.
Desde que habían debilitado el contrato de obediencia, el dragón se mostraba más tranquilo. Ya no estaba obligado a responder a todas las órdenes de Celeste, pero había decidido permanecer cerca de ella.
Aquella decisión significaba mucho más para la joven que cualquiera de sus antiguos trofeos.
Magina entró acompañada del profesor Arven.
—Necesitamos hablar sobre la última memoria de Astarion —anunció.
Celeste levantó la mirada.
—¿Otra vez quieren utilizar sus recuerdos?
—No sin su consentimiento.
La directora se acercó al dragón.
—Astarion, Astrid nos dejó una advertencia. Severin robó algo de la memoria de Kael, y creemos que tú conservas la parte necesaria para recuperar su forma humana.
Astarion abrió lentamente los ojos.
«Sé lo que buscan».
Su voz resonó dentro de las mentes de los presentes.
Celeste se acercó.
—¿Por qué nunca nos lo dijiste?
El dragón la observó durante varios segundos.
«Porque creí que entregarlo significaría perder definitivamente a Kael».
Magina permaneció inmóvil.
Astarion explicó que, durante la guerra, Kael había dividido su último hechizo en tres partes.
La primera contenía su esencia.
La segunda guardaba el recuerdo completo de su cuerpo humano.
Y la tercera mantenía cerrado el Corazón del Vacío.
La esencia había sobrevivido dentro de la serpiente.
La tercera parte permanecía entre los sellos de las nueve torres.
Pero la segunda...
Astarion bajó la cabeza.
«Está dentro de mi corazón».
Celeste abrió mucho los ojos.
—¿Físicamente?
«No. Los dragones pueden conservar recuerdos en lugares donde ningún hechizo de lectura consigue alcanzarlos. Yo guardé el suyo dentro de mi memoria más profunda».
Magina comprendió inmediatamente.
—Por eso Severin quería conseguir tu recuerdo final.
El dragón asintió.
«Si me lo hubiera quitado por la fuerza, habría conseguido reconstruir a Kael como una criatura sin voluntad. Un cuerpo capaz de abrir cualquier puerta que Severin eligiera».
Celeste sintió un escalofrío.
Su contrato no había sido diseñado solamente para conseguir un dragón poderoso.
Había sido una herramienta para robar la identidad de un hombre.
—Entonces debemos proteger ese recuerdo —dijo.
Astarion levantó la cabeza.
«Y cuando llegue el momento, tendré que decidir si puedo entregárselo de nuevo a mi amigo».
Capítulo 3. La habitación de las voces prestadas
Mientras Celeste conversaba con el dragón, Perla acudió a la Torre de Restauración.
Elowen había preparado una habitación especial para continuar los entrenamientos.
En el suelo había dos círculos.
Uno azul.
Otro blanco.
Ambos estaban conectados por un hilo plateado.
—Hoy practicaremos una técnica diferente —explicó la enfermera—. Se llama respiración de retorno.
Perla observó los círculos.
—¿Para qué sirve?
—Para distinguir qué energía pertenece a cada uno y devolverla sin perder el equilibrio.
Kael se deslizó lentamente hasta el círculo blanco.
Perla se sentó frente a él.
Elowen encendió una pequeña lámpara.
—Cuando comience el ejercicio, Perla deberá compartir una cantidad mínima de energía. Kael tendrá que recibirla y devolver exactamente lo que no necesite.
La joven cerró los ojos.
Sintió su propio corazón.
Después el de Kael.
Durante unos segundos ambos latidos parecieron confundirse.
Una luz azul apareció entre los círculos.
Perla sonrió.
Pero entonces ocurrió algo extraño.
Escuchó una voz.
«No eres suficientemente fuerte».
Era la voz de Darian.
Después apareció otra.
«Nunca debiste entrar a Shirfs».
Celeste.
Y finalmente escuchó las palabras del maestro que había examinado su magia cuando tenía diecisiete años.
«Busca otra profesión».
La luz comenzó a temblar.
Perla abrió los ojos desesperadamente.
—¡No puedo!
Elowen apagó inmediatamente la lámpara.
La energía desapareció.
Kael se acercó a la muchacha.
«Perla, mírame».
Ella tenía lágrimas en los ojos.
—Pensé que ya había superado todo eso.
«Recordar una herida no significa que hayas vuelto al principio».
La joven respiró profundamente.
Elowen se arrodilló a su lado.
—La magia de convergencia no elimina tus emociones. Las vuelve más fáciles de escuchar. Si intentas esconderlas, terminarás perdiendo el control.
Perla se limpió las lágrimas.
—Entonces, ¿qué hago?
—Reconócelas. Después decide si vas a permitir que dirijan tus acciones.
La muchacha volvió a sentarse.
Esta vez no intentó expulsar aquellos recuerdos.
Los dejó pasar.
Recordó las burlas.
El miedo.
La soledad de sus primeras noches en Shirfs.
Después recordó a Nerina ayudándola a recoger sus libros.
A Iris agradeciéndole su protección.
Y a Kael enroscándose alrededor de su mano cuando nadie más creía en ella.
La luz reapareció.
Esta vez permaneció estable.
Elowen sonrió.
—Ahora devuelve la energía.
Perla obedeció.
El círculo blanco brilló.
Kael recibió la energía y dejó regresar una pequeña parte.
Ambos terminaron el ejercicio sin agotarse.
La barra azul apareció lentamente.
Armonía: 46%.
Perla abrió los ojos sorprendida.
Habían avanzado dos puntos.
Pero lo más importante era que, por primera vez, había conseguido enfrentar sus propios recuerdos sin permitir que destruyeran el hechizo.
Capítulo 4. Una visita que Celeste no esperaba
Aquella noche, Celeste recibió una carta de su madre.
La encontró debajo de la puerta de su dormitorio.
El sello de los Valmora brillaba sobre el sobre.
Durante varios minutos no se atrevió a abrirlo.
Desde su discusión con Lord Edric, su padre, no había recibido noticias de su familia.
Finalmente rompió el sello.
La carta era breve.
Su madre le comunicaba que habían suspendido temporalmente el acceso de Celeste a los recursos familiares.
También le advertía que un resultado mediocre en el examen final perjudicaría el prestigio de los Valmora.
La última frase hizo que la muchacha sintiera un dolor familiar.
"Recuerda que naciste para destacar, no para conformarte con ser una estudiante más".
Celeste dejó caer la carta sobre la cama.
Durante toda su vida había deseado escuchar algo distinto.
Una palabra de cariño.
Una felicitación que no estuviera acompañada de una nueva exigencia.
Pero siempre recibía lo mismo.
Más presión.
Más expectativas.
Más miedo a fracasar.
Un golpe suave resonó en la puerta.
Era Nerina.
—Perdón por molestar. Perla me pidió que te entregara estas notas.
Celeste recibió varios documentos sobre la magia del vínculo.
—¿Perla hizo esto para mí?
Nerina asintió.
—Dijo que las necesitas para entrenar con Astarion sin utilizar la corona.
Celeste observó las hojas.
Estaban escritas a mano.
Incluían explicaciones sencillas, ejercicios y pequeños dibujos.
Al final había una nota.
"No tienes que demostrarle nada a tu dragón. Empieza por escucharlo".
Celeste permaneció callada.
Después preguntó:
—¿Por qué sigue ayudándome?
Nerina la observó con seriedad.
—Porque Perla no quiere que nadie pierda su vida intentando satisfacer a personas que nunca parecen estar contentas.
Celeste bajó la mirada.
—Le hice cosas horribles.
—Sí —respondió Nerina—. Y eso no desaparece porque ahora estés cambiando.
La muchacha asintió lentamente.
—Lo sé.
Nerina comenzó a marcharse.
Pero antes de cerrar la puerta añadió:
—Todavía puedes decidir qué clase de maga quieres ser.
Celeste permaneció sola con las notas entre las manos.
Por primera vez, la idea de graduarse sin ser la mejor no le pareció completamente insoportable.
Capítulo 5. El hechizo que quería borrar un nombre
Muy lejos de los dormitorios, bajo los cimientos del santuario, Severin preparaba un encantamiento que llevaba ochenta años intentando completar.
Frente a él había una página oscura robada del Archivo del Primer Latido.
Contenía un procedimiento antiguo.
La extracción del nombre verdadero.
En los tiempos anteriores a la clasificación por niveles, algunos magos habían descubierto que los recuerdos más profundos podían utilizarse como anclas para reconstruir cuerpos destruidos.
Pero también existía una aplicación terrible.
Si alguien conseguía arrancar el nombre verdadero de una criatura, podía debilitar su voluntad y convertirla en un recipiente vacío.
Severin necesitaba ese procedimiento para apoderarse del patrón humano de Kael.
El consejero dibujó un círculo negro.
Después colocó sobre él una escama robada de Astarion.
La había conservado desde la guerra.
—Ochenta años —murmuró—. Ochenta años esperando que recuperaran los recuerdos suficientes.
El cristal comenzó a vibrar.
Una voz grave surgió desde el Corazón del Vacío.
—¿La serpiente está preparada?
Severin sonrió.
—Todavía no. Pero la maga de nivel 1 está acercándose al cincuenta por ciento de armonía.
—Entonces pronto abrirá el camino.
El consejero asintió.
—Y cuando reconstruyan el cuerpo del mago, tomaremos el control del patrón antes de que termine de despertar.
La sombra permaneció en silencio.
Después preguntó:
—¿Y el dragón?
Severin observó la escama negra.
—Todavía conserva el recuerdo que necesitamos.
Comenzó a pronunciar un hechizo.
Las palabras resonaron entre las columnas.
La escama emitió una luz violeta.
Y en el Santuario de las Criaturas, Astarion despertó lanzando un rugido desesperado.
Algo estaba intentando entrar en su memoria.
Capítulo 6. El corazón que se estaba rompiendo
Celeste escuchó el rugido desde su habitación.
Corrió inmediatamente hacia el santuario.
Cuando llegó, encontró a Astarion retorciéndose sobre la plataforma.
Las escamas de su pecho brillaban con una luz violeta.
Los guardianes intentaban acercarse, pero una barrera invisible los mantenía alejados.
Magina apareció unos segundos después.
—¡Todos atrás!
Levantó su bastón.
Un círculo plateado rodeó al dragón.
La directora utilizó un hechizo de nivel superior para contener la corriente oscura que atravesaba su cuerpo.
Pero no consiguió detenerla completamente.
—Severin está utilizando una escama vinculada a su memoria —dedujo.
Celeste corrió hacia Astarion.
—¡Estoy aquí!
El dragón abrió los ojos.
Su mirada estaba llena de dolor.
«No te acerques».
La joven se detuvo.
—¿Qué está pasando?
«Quiere arrancarme el recuerdo de Kael».
Magina comenzó a reforzar el escudo.
—Debemos encontrar la escama que está utilizando Severin.
Arven llegó acompañado de varios maestros.
Intentaron rastrear el hechizo.
Pero la magia se dividía en cientos de corrientes que atravesaban los cimientos de la academia.
Celeste miró a Astarion.
Recordó las palabras de Perla.
Escuchar antes de exigir.
Se arrodilló a varios metros de distancia.
—No voy a ordenarte que resistas —dijo—. Solamente dime si existe algo que podamos hacer.
Astarion respiró lentamente.
«El recuerdo no puede ser robado si su verdadero propietario lo reclama voluntariamente».
Celeste levantó la mirada.
—¿Kael?
El dragón asintió.
«Necesito que vuelva a entrar en mi memoria».
Magina cerró los ojos.
Aquello era peligroso.
Si Kael entraba demasiado profundamente, Severin podría intentar atraparlo junto con el recuerdo.
Pero también era la única oportunidad de detener la extracción.
La directora envió inmediatamente un mensaje hacia la Torre de Restauración.
Perla y Kael debían acudir al santuario.
Y esta vez tendrían que enfrentar el pasado del dragón desde el interior.
Capítulo 7. Una conversación antes del peligro
Perla llegó al santuario acompañada de Nerina e Iris.
Cuando vio a Astarion retorciéndose de dolor, sintió una corriente de angustia.
Kael se deslizó desde su muñeca.
«Severin está intentando borrar mi última memoria».
Perla observó a Magina.
—¿Cómo podemos ayudarlo?
La directora explicó el procedimiento.
Mediante el vínculo de los dos corazones, Kael podía proyectar parte de su esencia dentro de la memoria de Astarion.
Perla tendría que mantener una conexión estable desde el exterior.
Pero existía un problema.
Si el recuerdo se rompía antes de que Kael saliera, ambos podrían quedar atrapados dentro de una ilusión sin regreso.
—Entonces no vamos a hacerlo —respondió Perla.
Kael levantó la cabeza sorprendido.
«Perla...».
—No quiero perderte.
La serpiente permaneció inmóvil.
Después acercó suavemente la cabeza a sus dedos.
«Astarion me protegió durante toda una guerra. Guardó mi nombre cuando el resto del mundo intentó borrarlo».
Perla sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.
«Ahora me necesita».
—Lo sé.
«Pero no voy a hacerlo sin que estés de acuerdo».
La muchacha lo observó durante largo tiempo.
Recordó las palabras de Eira.
El vínculo no podía construirse mediante sacrificios impuestos.
Tampoco mediante decisiones que uno tomara por el otro.
—Tengo miedo —admitió.
«Yo también».
Perla soltó una pequeña risa entre lágrimas.
—Eso no me tranquiliza demasiado.
Kael acercó la cabeza a su mejilla.
«No quiero perderte, Perla. Durante ochenta años olvidé casi todo lo que significaba confiar en alguien. Tú me lo recordaste».
La joven cerró los ojos.
Después respondió:
—Entonces vamos a ayudar a Astarion. Pero si algo comienza a salir mal, regresaremos. No importa si todavía no conseguimos recuperar tu cuerpo.
Kael permaneció callado.
Finalmente respondió:
«Lo prometo».
Perla levantó la mirada hacia Magina.
—Estamos listos.
La directora hizo una señal a los maestros.
Un enorme círculo apareció alrededor de Astarion.
Perla se sentó frente al dragón.
Kael se colocó sobre su mano.
Y cuando ambos corazones comenzaron a latir al mismo ritmo, una luz azul se elevó hacia el pecho de la enorme criatura negra.
Capítulo 8. El lugar donde Astarion guardaba su dolor
Perla abrió los ojos en medio de un campo cubierto de nieve negra.
El cielo estaba completamente oscuro.
A lo lejos podían verse los restos de una ciudad destruida.
Kael permanecía junto a ella, todavía convertido en una pequeña serpiente blanca.
—¿Dónde estamos? —preguntó.
«Dentro de la memoria de Astarion».
El viento comenzó a soplar.
Frente a ellos apareció una enorme puerta de piedra.
Estaba cubierta de nombres.
Algunos pertenecían a magos.
Otros a criaturas.
Perla reconoció uno inmediatamente.
Kael Arvandor.
Pero las letras comenzaron a oscurecerse.
Una sombra violeta se extendía desde el suelo y las borraba lentamente.
—¡Severin!
La serpiente levantó la cabeza.
«Está atacando el recuerdo desde el exterior».
Perla corrió hacia la puerta.
Intentó cubrir las letras con sus manos.
Pero cada vez que tocaba la piedra, una nueva parte del nombre desaparecía.
—¡No funciona!
Kael se acercó.
Durante unos segundos permaneció observando su propio nombre.
Después levantó lentamente la cabeza.
«No tenemos que impedir que borre las letras».
Perla lo miró sorprendida.
—¿Entonces qué hacemos?
«Recordar lo que significan».
La puerta comenzó a temblar.
Una imagen apareció frente a ellos.
Era Kael, cuando todavía era humano.
Estaba sentado junto a Astarion bajo un árbol plateado.
El joven de cabello blanco sostenía una pequeña manzana.
—No puedes comer todas las frutas del jardín —decía riendo.
El dragón, mucho más pequeño que en el presente, intentaba esconder varias manzanas debajo de una de sus alas.
Kael comenzó a reírse.
Astarion emitió un rugido indignado.
Perla sonrió.
Nunca había imaginado que aquel dragón gigantesco pudiera haber sido tan juguetón.
La escena cambió.
Ahora aparecían Kael, Lyra y Astarion entrenando juntos.
Después una cena.
Una conversación.
Y una noche en la que los tres habían prometido protegerse mutuamente.
Kael observó las imágenes.
Su pequeña forma comenzó a brillar.
«Estos recuerdos no son solamente míos».
Perla comprendió.
—También pertenecen a Astarion.
La puerta de piedra reaccionó.
El nombre comenzó a recuperar su brillo.
Pero entonces una figura oscura apareció entre los árboles.
Era Severin.
—Los recuerdos pueden manipularse —dijo—. Incluso aquellos que consideramos más importantes.
Levantó una mano.
El campo entero comenzó a desaparecer.
Y Perla comprendió que su verdadero enemigo no intentaba borrar simplemente un nombre.
Quería convencer a Astarion de que aquellos momentos nunca habían ocurrido.
Capítulo 9. La mentira que casi destruyó al dragón
La sombra de Severin extendió sus brazos.
Frente a Perla apareció una nueva escena.
Kael estaba de pie junto a una puerta.
Astarion permanecía arrodillado frente a él.
—Ya no te necesito —decía el joven.
El dragón levantaba la cabeza desesperadamente.
—Eres demasiado débil —continuaba Kael—. Encontraré un compañero mejor.
Perla sintió un dolor en el pecho.
Sabía que aquello no era verdad.
Había visto los recuerdos reales.
Pero la imagen parecía tan convincente que incluso ella comenzó a dudar durante un instante.
Kael se deslizó hasta sus dedos.
«Eso nunca ocurrió».
Severin sonrió.
—¿Cómo puedes estar seguro? Has pasado ochenta años sin recordar quién eras.
La serpiente permaneció inmóvil.
Aquella pregunta tocó una de sus heridas más profundas.
Durante décadas había vivido sin recuerdos completos.
Había sido encerrado, rechazado y abandonado.
¿Cómo podía estar seguro de que no había cometido errores terribles antes de perder su cuerpo?
Perla lo observó.
—Kael, mírame.
La serpiente levantó lentamente la cabeza.
—Puede que no recuerdes todo. Puede que hayas tomado decisiones equivocadas alguna vez. Pero yo sé lo que has hecho desde que te encontré.
La sombra comenzó a temblar.
Perla continuó:
—Me protegiste cuando no tenías fuerzas. Ayudaste a Fenris cuando estaba herido. Y ahora estás arriesgándote para salvar a Astarion.
Se arrodilló frente a él.
—No necesito que hayas sido perfecto. Necesito que sigas siendo tú.
Kael permaneció inmóvil.
Después una luz azul comenzó a rodear su cuerpo.
Severin retrocedió.
—¡No puedes saber quién es realmente!
Perla levantó la mirada.
—No. Pero tampoco voy a permitir que tú decidas por nosotros.
La luz comenzó a extenderse.
Una voz grave resonó desde las profundidades del recuerdo.
Era Astarion.
«Yo también recuerdo».
La enorme silueta del dragón apareció detrás de la puerta.
Sus ojos dorados estaban llenos de lágrimas.
«Kael nunca me abandonó. Me pidió que viviera».
La falsa imagen se rompió.
El campo oscuro comenzó a llenarse de pequeñas estrellas.
Astarion extendió sus alas.
Después miró a la serpiente.
«Y ahora quiero devolverte lo que me pediste guardar».
Del pecho del dragón surgió una pequeña esfera azul.
Dentro podía verse la silueta de un joven de cabello blanco.
Era el patrón humano de Kael.
El recuerdo que Severin había intentado robar durante ochenta años.
Capítulo 10. La elección que aumentó el vínculo
La esfera flotó lentamente entre Perla y Kael.
El dragón observó a su antiguo compañero.
«Si te entrego esto, podrás recuperar tu forma».
Kael levantó la cabeza.
«¿Y qué ocurrirá contigo?».
Astarion tardó en responder.
«Perderé el recuerdo completo de tu último hechizo. Seguiré recordándote, pero ya no podré reproducir aquel momento con exactitud».
Perla observó la esfera.
Era un precio importante.
Durante ochenta años, aquel recuerdo había sido una de las pocas cosas que mantenían al dragón conectado con su amigo desaparecido.
—No tienes que entregarlo —dijo ella.
Astarion la miró.
«Lo sé».
La enorme criatura permaneció en silencio.
Después se acercó a Kael.
«Durante muchos años pensé que conservar tu último recuerdo era la única manera de no perderte».
La serpiente levantó la cabeza.
«Nunca te pedí que vivieras aferrado a ese dolor».
Astarion cerró los ojos.
Una lágrima dorada descendió sobre la nieve.
«Entonces ha llegado el momento de permitirte regresar».
La esfera comenzó a brillar.
Perla sintió que la marca de su mano reaccionaba.
Durante un instante comprendió algo que había pasado meses intentando aprender.
El vínculo no crecía solamente cuando dos seres compartían energía.
También podía fortalecerse cuando eran capaces de permitir que el otro tomara sus propias decisiones.
Miró a Kael.
—Cuando recuperes tu cuerpo, no estarás obligado a seguir siendo mi compañero de magia.
La serpiente permaneció inmóvil.
Perla respiró profundamente.
—No quiero que sientas que tienes que quedarte conmigo porque te ayudé. Si decides vivir tu propia vida, quiero que puedas hacerlo.
Kael la observó durante varios segundos.
Una voz cálida apareció dentro de su mente.
«Perla, nunca me había sentido tan libre como desde que estoy contigo».
La joven cerró los ojos.
Una luz intensa comenzó a envolverlos.
La barra azul apareció sobre su muñeca.
46%.
47%.
48%.
49%.
Y finalmente...
50%.
Perla abrió los ojos sorprendida.
Habían alcanzado el mínimo necesario para comenzar la restauración.
Pero lo habían conseguido sin una batalla ni un sacrificio impuesto.
Solamente aceptando que ninguno era propiedad del otro.
Astarion extendió una enorme ala.
La esfera azul descendió lentamente hasta quedar frente a Kael.
«Entonces regresemos a Shirfs».
Y el mundo de recuerdos comenzó a desaparecer.
Capítulo 11. El regreso desde la memoria
Perla despertó sobre el suelo del santuario.
Nerina estaba arrodillada junto a ella y Magina sostenía un círculo protector alrededor de Kael.
Astarion permanecía inmóvil, respirando lentamente.
Pero algo había cambiado.
Las escamas de su pecho ya no brillaban con aquella luz violeta que Severin había utilizado para atacarlo.
En cambio, sobre la pequeña serpiente blanca flotaba una esfera azul.
Dentro podía verse la silueta de un hombre.
—¡Perla! —exclamó Nerina—. ¡Pensamos que no regresarían!
La joven intentó incorporarse.
—Lo conseguimos.
Kael levantó lentamente la cabeza.
Su voz resonó dentro de la mente de todos los presentes.
«Astarion me entregó mi recuerdo».
Magina se acercó inmediatamente.
Examinó la esfera.
Durante varios segundos permaneció completamente inmóvil.
Después sonrió.
—El patrón está completo.
Perla sintió que las lágrimas le llenaban los ojos.
—¿Entonces podemos devolverle su cuerpo?
La directora asintió.
—Ahora tenemos todo lo necesario para intentarlo. Pero debemos preparar el ancla de convergencia y proteger el sello del Corazón del Vacío durante la transformación.
Elowen examinó a Kael.
—Su esencia está estable. No parece haber sufrido daños durante la recuperación.
Perla respiró aliviada.
Celeste se acercó a Astarion.
El enorme dragón abrió los ojos.
—¿Cómo te sientes? —preguntó ella.
«Más ligero».
La joven apoyó una mano sobre sus escamas.
—Gracias por ayudarlos.
Astarion cerró los ojos.
«Yo también necesitaba hacerlo».
Magina comenzó a organizar a los profesores.
La restauración tendría que realizarse en una cámara protegida de la Torre del Vínculo.
No podían utilizar el santuario.
Severin conocía demasiado bien sus defensas.
Antes de marcharse, Perla se acercó al dragón.
—Gracias por confiar en nosotros.
Astarion bajó su enorme cabeza.
«Cuida de Kael. Y cuando vuelva a caminar sobre dos piernas, dile que todavía me debe muchas manzanas».
Perla comenzó a reírse.
Kael escondió la cabeza entre sus escamas blancas.
Por primera vez, todos sintieron que aquella historia podía tener un final feliz.
Pero el recuerdo recuperado todavía debía convertirse en un cuerpo.
Y eso requería un hechizo que Shirfs no había presenciado durante ochenta años.
Capítulo 12. El ritual de los dos corazones
La Cámara de Convergencia estaba situada en la Torre del Vínculo.
Era una habitación circular con paredes blancas y un enorme cristal suspendido sobre el centro.
Magina había preparado varios sellos protectores.
Elowen supervisaría la estabilidad de Kael.
Arven controlaría la energía del recinto.
Y Eira, comunicándose desde el Archivo del Primer Latido, dirigiría las etapas de la restauración.
Perla observaba el círculo desde la entrada.
A pesar de haber alcanzado cincuenta puntos de armonía, sentía un miedo terrible.
Kael descansaba sobre sus manos.
«Todavía podemos esperar».
La muchacha negó lentamente.
—No quiero que tengas que continuar encerrado porque yo tengo miedo.
«Tampoco quiero que te lastimes por ayudarme».
Perla sonrió.
—Entonces tendremos que cuidarnos los dos.
Eira apareció dentro de una esfera de comunicación.
—Recuerden que el procedimiento no consiste en crear una persona nueva. Debemos restaurar la forma de alguien que ya existe.
La anciana señaló tres círculos dibujados sobre el suelo.
—El primero conservará la esencia de Kael. El segundo recibirá el patrón humano. El tercero permitirá que Perla mantenga estable la conexión entre ambos.
Magina levantó una mano.
—Si el sello comienza a debilitarse, interrumpiremos inmediatamente.
Kael levantó la cabeza.
«Estoy de acuerdo».
Perla lo colocó cuidadosamente dentro del primer círculo.
Después se sentó frente a él.
El patrón humano descendió lentamente desde la esfera azul.
Durante unos segundos todo permaneció inmóvil.
Entonces Eira comenzó a pronunciar las palabras antiguas.
—Memoria, forma y voluntad. Que ninguna exista encadenada a otra.
Los círculos comenzaron a brillar.
Perla cerró los ojos.
Sintió el corazón de Kael latiendo al otro lado del vínculo.
Después comenzó a percibir algo diferente.
Manos humanas.
Una respiración más profunda.
Recuerdos de un cuerpo que llevaba ochenta años sin utilizar.
La transformación había comenzado.
Capítulo 13. La forma que no quería desaparecer
La pequeña serpiente blanca comenzó a elevarse sobre el círculo.
Sus escamas se transformaron lentamente en partículas luminosas.
Perla sintió una angustia repentina.
Por un instante creyó que Kael estaba desapareciendo.
—¡Magina!
La directora levantó una mano.
—Mantén la respiración, Perla. Su esencia sigue estable.
Dentro del segundo círculo apareció la silueta de un joven.
Era alta, delgada y estaba rodeada de luz azul.
Su cabello parecía hecho de nieve.
Pero entonces la figura comenzó a desvanecerse.
Eira frunció el ceño.
—Hay un recuerdo incompleto.
Tarek, que observaba los medidores desde una mesa, levantó la cabeza.
—El patrón físico está completo. Lo que falta es una referencia estable de su identidad actual.
Perla comprendió inmediatamente.
Durante ochenta años Kael había sido una serpiente.
Había sufrido, aprendido y cambiado.
No podía regresar a ser exactamente el mismo joven de antes de la guerra.
—¡Kael! —gritó.
La figura levantó lentamente la cabeza.
Perla continuó:
—No tienes que volver a ser quien eras hace ochenta años.
La luz comenzó a estabilizarse.
—Puedes conservar tus recuerdos de ahora. Todo lo que hemos vivido también forma parte de ti.
Una voz masculina resonó dentro de la cámara.
—¿Incluso los días en que apenas podía moverme?
Perla sonrió entre lágrimas.
—Especialmente esos días.
La figura extendió lentamente una mano.
Kael comenzó a recordar.
El invernadero.
La bufanda de Perla.
Las noches en la Torre del Viento.
Sus pequeños entrenamientos.
Y aquella primera promesa de no abandonarse.
La luz azul se volvió más intensa.
Eira sonrió.
—Ahora está aceptando su identidad completa.
Los tres círculos comenzaron a girar.
Y finalmente la figura humana dejó de desvanecerse.
Capítulo 14. El mago perdido volvió a abrir los ojos
Una explosión de luz azul iluminó la Cámara de Convergencia.
Perla cerró los ojos.
Durante varios segundos no escuchó nada.
Después sintió que alguien respiraba frente a ella.
Abrió lentamente los ojos.
La pequeña serpiente blanca había desaparecido.
En su lugar, dentro del círculo, había un joven de cabello blanco y ojos azules.
Parecía tener unos veinticuatro años.
Llevaba una sencilla túnica formada por el propio hechizo de restauración.
Su rostro era exactamente el mismo que Perla había visto en los recuerdos de la guerra.
Kael Arvandor.
El joven levantó lentamente las manos.
Observó sus dedos.
Después tocó su propio rostro.
Parecía incapaz de creer lo que estaba ocurriendo.
—Mis manos... —susurró.
Perla comenzó a llorar.
Kael levantó la mirada.
Durante varios segundos ambos permanecieron observándose.
Era la primera vez que podían mirarse frente a frente.
—Perla —dijo él.
Su voz ya no resonaba solamente dentro de su mente.
Ahora podía escucharse en toda la habitación.
La joven soltó una pequeña carcajada entre lágrimas.
—Hola, Kael.
El muchacho intentó levantarse.
Pero sus piernas no respondieron correctamente.
Perdió el equilibrio.
Perla corrió hacia él.
Consiguió sostenerlo antes de que cayera.
Ambos terminaron sentados sobre el suelo.
Kael comenzó a reír.
—Parece que tendré que aprender a caminar otra vez.
Perla se limpió las lágrimas.
—Yo tardé meses en conseguir levantar tres piedras. No voy a burlarme de ti.
Kael la observó.
Durante ochenta años había olvidado lo que significaba sentir el contacto de otra persona sin estar atrapado en un cuerpo diminuto.
Levantó lentamente una mano.
Perla la tomó.
—Bienvenido de regreso —susurró.
Una luz apareció sobre la cabeza de Kael.
Nivel mágico: 88.
El número brilló intensamente.
Los profesores comenzaron a murmurar.
La restauración había funcionado.
Magina cerró los ojos, profundamente emocionada.
—Bienvenido a Shirfs, Kael Arvandor.
El joven levantó la mirada.
Después sonrió.
—Gracias, directora.
Por primera vez en ochenta años, el mago perdido había recuperado su cuerpo humano.
Capítulo 15. El encuentro que Astarion había esperado
La noticia recorrió rápidamente la academia.
Algunos estudiantes no podían creerlo.
Otros pensaban que se trataba de una ilusión.
Pero cuando Kael salió de la Torre del Vínculo acompañado de Perla, Nerina y Magina, cientos de personas permanecieron observándolo.
Sobre su cabeza brillaba el nivel 88.
Darian abrió mucho los ojos.
—Así que la serpiente era realmente un mago.
Tarek sonrió.
—Y bastante más antiguo que todos nosotros.
Kael escuchó el comentario.
—Preferiría que no comenzáramos con las bromas sobre mi edad.
Nerina comenzó a reírse.
Perla lo ayudó a caminar hasta el santuario.
Aunque su cuerpo estaba completamente restaurado, todavía necesitaba recuperar equilibrio y resistencia.
Cuando Astarion vio al joven de cabello blanco, permaneció completamente inmóvil.
Kael se detuvo frente al dragón.
Durante varios segundos ninguno habló.
Después el joven sonrió.
—Hola, viejo amigo.
Astarion abrió sus enormes ojos dorados.
Su cuerpo comenzó a temblar.
Kael extendió una mano.
—Te debo unas manzanas, ¿verdad?
El dragón lanzó un rugido que hizo temblar el santuario.
Después bajó su gigantesca cabeza hasta quedar frente al muchacho.
Kael colocó ambas manos sobre sus escamas.
Astarion cerró los ojos.
Durante ochenta años había creído que nunca volvería a sentir aquel contacto.
—Lo siento —susurró Kael—. Te dejé demasiados años esperando.
La voz del dragón resonó dentro de todos los presentes.
«Pero regresaste».
Kael apoyó la frente contra sus escamas.
—Sí. Regresé.
Celeste observaba la escena desde unos pasos atrás.
No intentó interrumpirlos.
Comprendía que aquel momento les pertenecía.
Perla permaneció junto a ella.
Durante unos segundos ambas muchachas observaron en silencio a los dos antiguos compañeros.
Finalmente Celeste habló.
—Nunca imaginé que un dragón pudiera querer tanto a alguien.
Perla sonrió.
—Creo que todos necesitamos sentir que alguien nos recuerda.
Celeste bajó la mirada hacia su cicatriz.
Después levantó la cabeza.
Y por primera vez no sintió celos al ver que Astarion amaba profundamente a otra persona.
Sintió alivio.
El dragón estaba recuperando una parte de su felicidad.
Capítulo 16. La conversación que cambió la relación de Perla y Kael
Aquella noche, Kael encontró a Perla en el jardín donde habían realizado sus primeros entrenamientos.
La joven estaba sentada bajo el árbol plateado, mirando las estrellas.
Kael caminó lentamente hacia ella.
Todavía le costaba acostumbrarse a sus piernas.
—¿Puedo sentarme?
Perla sonrió.
—No necesitas pedir permiso.
El joven se sentó a su lado.
Durante varios minutos permanecieron en silencio.
Finalmente Kael habló.
—Durante ochenta años pensé que había perdido todo lo que me hacía humano.
Perla observó las pequeñas luces de las torres.
—Pero nunca dejaste de serlo.
Kael sonrió.
—Tú fuiste la primera persona que me trató como si mi vida importara, incluso cuando todos creían que era una serpiente inútil.
La joven bajó la mirada.
—Solamente quería ayudarte.
—Lo sé. Y precisamente por eso pude confiar en ti.
Kael extendió una mano.
Entre sus dedos apareció una pequeña esfera azul.
Perla la observó sorprendida.
—¿Un hechizo?
—Un recuerdo.
La esfera mostró el día en que ella lo había encontrado en el invernadero.
Perla se vio arrodillándose sobre la tierra, envolviendo cuidadosamente a la serpiente con su bufanda.
—Nunca imaginé que recordaras ese momento tan claramente —susurró.
Kael cerró la esfera.
—Fue la primera vez en muchos años que alguien me sostuvo sin intentar conseguir algo de mí.
Perla sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.
El joven la observó.
—Ahora que he recuperado mi cuerpo, necesito descubrir quién quiero ser. No soy exactamente el muchacho que desapareció durante la guerra.
Perla asintió.
—Lo entiendo.
Kael sonrió.
—Y tampoco quiero que nuestra amistad se convierta en una obligación por el vínculo mágico que compartimos.
La joven levantó la mirada.
—Yo tampoco.
Permanecieron unos segundos en silencio.
Después Kael extendió su mano.
Perla la tomó.
No hubo grandes promesas ni declaraciones apresuradas.
Solamente dos personas que habían aprendido a confiar profundamente y que ahora podían descubrir, sin prisas, lo que significaba estar juntas de una manera nueva.
Sobre la muñeca de Perla apareció una luz azul.
La armonía seguía estable.
54%.
Pero ninguno miró el número.
Por primera vez, no necesitaban hacerlo.
Capítulo 17. El anuncio del verdadero examen
A la mañana siguiente, las nueve campanas de Shirfs sonaron al mismo tiempo.
Todos los estudiantes fueron convocados al Gran Salón.
Magina apareció sobre la plataforma principal.
Su expresión era seria.
—Estudiantes del Noveno Grado Arcano, el Consejo ha confirmado que el Examen de Unión Mágica se realizará mañana.
Un murmullo recorrió el salón.
Algunos alumnos comenzaron a celebrar.
Otros parecían aterrados.
Magina levantó una mano.
—Recuerden las reglas. Cada estudiante deberá demostrar su armonía con una criatura o compañero mágico registrado.
La enorme barra apareció detrás de ella.
—Los resultados inferiores a cincuenta puntos no serán suficientes para graduarse. Quienes reprueben deberán regresar al ciclo de preparación, que puede extenderse hasta diez años.
Darian miró a Fenris.
Nerina acarició a Mistral.
Iris sostuvo cuidadosamente a Lumen.
Celeste permanecía junto a Astarion.
Perla observó a Kael.
Ahora tenía un compañero humano.
Y aunque su vínculo seguía siendo válido, muchos estudiantes comenzaron a murmurar que quizá no debería permitírsele participar.
Magina anticipó la discusión.
—La Ley del Primer Latido reconoce los vínculos voluntarios incluso cuando una criatura recupera su forma original. Por lo tanto, Perla Nilsen y Kael Arvandor podrán presentar el examen como compañeros.
El salón quedó en silencio.
Después comenzaron los comentarios.
—¡Una maga de nivel 1 con un compañero de nivel 88!
—¡Eso no es justo!
—¡Seguro aprobará solamente por él!
Perla bajó la mirada.
Kael se acercó.
—No tienes que escuchar eso.
La joven respiró profundamente.
—No voy a permitir que decidan cuánto vale nuestro esfuerzo.
Magina continuó:
—El examen no medirá solamente fuerza. Medirá confianza, control, cooperación y la capacidad de compartir magia sin someter al otro.
Perla levantó la cabeza.
Era exactamente lo que había aprendido durante todos aquellos meses.
Y por primera vez pensó que quizás podría enfrentarse a la prueba sin avergonzarse de su nivel.
Sin embargo, debajo del Gran Salón, el Corazón del Vacío comenzó a emitir una nueva luz.
Severin acababa de activar la página robada del Archivo.
El verdadero peligro estaba esperando el comienzo del examen.
Capítulo 18. La noche anterior al destino
La última noche de entrenamiento llegó demasiado rápido.
El Gran Patio estaba lleno de estudiantes practicando sus habilidades.
Nerina consiguió que Mistral creara una corriente de viento estable alrededor de tres árboles.
Iris realizó una restauración completa sobre una planta dañada utilizando la energía que Lumen decidió compartir.
Darian entrenó junto a Fenris sin exigirle ataques superiores a su resistencia.
Y Celeste consiguió mantener una llama negra flotando sobre su mano mientras Astarion permanecía tranquilo a su lado.
Había comenzado a desarrollar armonía verdadera.
Sin utilizar la corona.
Sin amenazas.
Sin obligarlo a obedecer.
Perla observaba desde una pequeña plataforma.
Kael se acercó.
—¿Quieres practicar una última vez?
La joven sonrió.
—Pensé que nunca me lo preguntarías.
Ambos se colocaron frente a frente.
Perla levantó las manos.
Kael hizo lo mismo.
Una pequeña esfera azul apareció entre ellos.
Después otra.
Finalmente una tercera.
Las luces comenzaron a girar lentamente.
Perla respiró al mismo ritmo que su compañero.
No intentó extraer su energía.
Tampoco trató de imponer su voluntad.
Simplemente permitió que ambos hechizos se encontraran.
Las tres esferas se unieron.
Durante unos segundos apareció un pequeño dragón hecho de luz.
La criatura luminosa abrió sus alas y voló alrededor del árbol plateado.
Nerina comenzó a aplaudir.
Tarek levantó la mirada sorprendido.
—¡Eso fue una invocación de convergencia!
Perla abrió los ojos.
El pequeño dragón desapareció lentamente.
Kael sonrió.
—Lo hiciste.
La joven miró sus manos.
Por primera vez había conseguido crear una forma mágica compleja sin perder el control.
La barra azul apareció sobre su muñeca.
Armonía de los Dos Corazones: 58%.
Perla soltó una carcajada.
—¡Cincuenta y ocho!
Nerina corrió a abrazarla.
Iris se acercó sonriendo.
Incluso Darian levantó una mano en señal de felicitación.
Celeste observó la escena desde lejos.
Después miró a Astarion.
—Mañana no importa si no conseguimos el primer lugar.
El dragón bajó su enorme cabeza.
«Entonces quizá por primera vez estaremos preparados para dar lo mejor de nosotros».
Pero mientras los estudiantes celebraban sus últimos avances, Severin permanecía debajo del Gran Salón.
El consejero había conectado el fragmento negro con los nueve cristales que medirían la armonía durante el examen.
Cada barra que apareciera sobre la plataforma enviaría una pequeña cantidad de energía hacia el Corazón del Vacío.
Al principio nadie notaría la diferencia.
Los resultados serían reales.
Los estudiantes podrían competir normalmente.
Pero cuando suficiente energía comenzara a circular, Severin intentaría abrir el sello.
El consejero observó una pequeña imagen de Perla y Kael.
La joven todavía aparecía como nivel 1.
Pero ahora su compañero había recuperado la forma humana.
Severin sonrió.
—Perfecto.
Una voz resonó desde el corazón negro.
—¿Cuándo despertaré?
El consejero observó las nueve columnas.
—Mañana. Cuando la alumna más débil de Shirfs intente demostrar cuánto poder ha conseguido.
La sombra comenzó a reír.
En la superficie, Perla regresó a su dormitorio después de despedirse de sus amigos.
Antes de acostarse, observó el collar que había pertenecido a Astrid.
Una pequeña luz azul apareció dentro de la piedra.
Y por un instante escuchó la voz de su madre.
—Estoy orgullosa de ti.
Perla comenzó a llorar.
Sostuvo el collar contra su pecho.
—Mañana voy a hacerlo, mamá. Voy a conseguirlo.
La luz desapareció lentamente.
A lo lejos, la decimotercera campana resonó una sola vez.
Kael, que caminaba por el pasillo hacia su habitación de invitados, se detuvo inmediatamente.
Reconoció aquel sonido.
La prisión temporal estaba debilitándose.
Y eso significaba que el examen del día siguiente no sería solamente una prueba de graduación.
Sería la batalla que decidiría el destino de Shirfs.
Fin de la Parte 8.
Continuará en la Parte 9: El examen final y el despertar de la maga de nivel 1000.
El texto está oculto. El audiolibro puede seguir reproduciéndose. Pulsa «Texto completo» para volver a leer.

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