
Novelas · Parte 9
El examen de los mil corazones y el despertar del nivel 1000
Descarga todas las partes publicadas de este Click. Un único pago por ebook.
Escucha esta historia

🎧 Audiolibro Click · Parte 9
El examen de los mil corazones y el despertar del nivel 1000
0:00 / 0:00
Listo para escuchar
Escucha MP3 gratis y sin cuenta. Para descargar, inicia sesión.
🎧 Escucha gratuita · sin registro · ⬇ Descarga con cuenta: 500 puntos por 2 descargas.
Detalles
- Autor
- Gylab Click
- Categoría
- Novelas
- Click
- SHIRFS: La maga de nivel 1 que desafió a los más poderosos
- Capítulo
- Parte 9
- Vistas
- 5
Sinopsis
Perla, una joven maga de Noruega con apenas nivel 1, ingresa a Shirfs, la academia de magia más poderosa del mundo. Rodeada de estudiantes de niveles superiores, humillada por los populares y despreciada por su debilidad, descubre una antigua fórmula relacionada con las criaturas mágicas y los corazones unidos. Su encuentro con una misteriosa serpiente herida podría cambiar para siempre las reglas de la magia.…
Leer la historia completa
CENTRO DE LECTURA
Tu historia, a tu manera
Lee toda la historia a tu ritmo u oculta el texto para escuchar el audiolibro.
📖 Lectura completaDesliza dentro del recuadro para leer a tu ritmo
PARTE 9 DE 9 — FINAL: El examen de los mil corazones
Capítulo 1. El día que Shirfs conocería a su nueva leyenda
El amanecer llegó acompañado de nueve campanadas.
Desde las ventanas de la Academia de las Nueve Torres, miles de estudiantes observaban cómo el cielo se teñía de naranja. Era el día más importante del calendario mágico de Shirfs.
El Examen de Unión Mágica.
Durante generaciones, los alumnos del Noveno Grado habían esperado aquel momento para demostrar todo lo que habían aprendido. Algunos llegaban acompañados de dragones gigantescos. Otros llevaban lobos, gatos, serpientes o aves capaces de controlar los elementos.
El objetivo parecía sencillo.
Entrar en el Círculo de los Corazones, realizar una invocación junto a su compañero mágico y conseguir que la barra de armonía alcanzara al menos cincuenta puntos.
Quienes aprobaran podrían graduarse.
Quienes no alcanzaran aquella puntuación regresarían al ciclo de preparación, que podía durar hasta diez años adicionales.
Pero aquella mañana nadie imaginaba que la ceremonia terminaría cambiando las leyes de la magia.
En su dormitorio, Perla Nilsen permanecía frente al espejo.
Llevaba el uniforme negro del Noveno Grado, una capa azul y el collar que había pertenecido a su madre.
Sobre su cabeza flotaba un pequeño número.
Nivel 1.
Seguía siendo el mismo.
Perla lo observó durante unos segundos.
Después sonrió.
—Parece que todavía no conseguimos cambiarte.
Nerina, que estaba acomodando a Mistral sobre su hombro, comenzó a reír.
—Después de todo lo que has conseguido, creo que ese número ya debería sentir vergüenza.
Perla soltó una carcajada.
Pero entonces su amiga notó que tenía las manos temblorosas.
—¿Estás nerviosa?
—Muchísimo.
Nerina se acercó y le acomodó la capa.
—¿Recuerdas nuestro primer día?
Perla bajó la mirada.
—Cuando recogiste mis libros del suelo.
—Exactamente. Aquella vez pensé que eras la estudiante más asustada que había visto.
—¿Y ahora?
Nerina sonrió.
—Ahora sigues teniendo miedo, pero ya no permites que decida por ti.
Perla la abrazó.
Afuera se escuchó un rugido.
Era Astarion, que sobrevolaba los jardines acompañado de Celeste.
En el patio, Kael esperaba a Perla.
Ya no era una pequeña serpiente blanca.
Había recuperado su cuerpo humano: un joven de cabello blanco, ojos azules y nivel 88.
Cuando la vio aparecer en las escaleras, sonrió.
—Buenos días, compañera.
Perla descendió hasta quedar frente a él.
—¿Preparado?
Kael observó las torres.
—Después de ochenta años convertido en serpiente, creo que puedo soportar un examen escolar.
Perla comenzó a reír.
Pero entonces Kael tomó suavemente su mano.
—Pase lo que pase hoy, estoy orgulloso de lo que hemos conseguido.
La joven sintió que las mejillas se le calentaban.
—Todavía no hemos aprobado.
—No estaba hablando del examen.
Durante unos segundos permanecieron mirándose.
Después las campanas volvieron a sonar.
Había llegado la hora.
Capítulo 2. El estadio de las nueve torres
El examen se celebraba en un enorme estadio construido entre las torres centrales.
Miles de espectadores ocupaban las gradas.
Habían llegado familias de todos los reinos mágicos, profesores, antiguos alumnos y representantes del Consejo.
En lo alto flotaban nueve enormes cristales.
Cada uno representaba una rama de la magia.
En el centro se encontraba una plataforma circular rodeada de símbolos antiguos.
Sobre ella aparecía una barra transparente, capaz de medir hasta cien puntos de armonía.
Magina, la directora de nivel 999, descendió lentamente desde la Torre Principal.
El público se levantó.
La mujer extendió las manos.
—Bienvenidos al Examen Final de Unión Mágica.
Su voz resonó por todo el estadio.
—Hoy no solamente evaluaremos la fuerza de nuestros estudiantes. Evaluaremos su capacidad para construir vínculos voluntarios, respetar los límites de sus compañeros y compartir magia sin perder el control.
Los asistentes comenzaron a aplaudir.
Magina señaló la enorme barra.
—Recuerden que superar cincuenta puntos significa aprobar. Setenta representa una armonía extraordinaria. Y alcanzar noventa es una hazaña que nuestra academia no ha presenciado durante más de doscientos años.
El murmullo aumentó.
Celeste permanecía junto a Astarion en la entrada del estadio.
Darian acariciaba a Fenris.
Nerina sostenía a Mistral entre sus brazos.
Iris observaba a Lumen.
Tarek intentaba conseguir que Bront dejara de morder uno de los bancos de piedra.
Perla sonrió al verlos.
Sin embargo, Kael parecía preocupado.
Había observado una pequeña luz oscura debajo de uno de los cristales.
—Perla —susurró—, ¿ves aquello?
La muchacha siguió su mirada.
Un símbolo violeta apareció durante un instante.
Después desapareció.
Perla sintió un escalofrío.
—Severin.
Kael asintió lentamente.
Magina había reforzado las defensas del estadio.
Pero el consejero conocía las estructuras antiguas mejor que casi cualquier otro mago.
Y si había conseguido conectar su magia con los cristales de evaluación, el examen podía convertirse en una trampa.
Perla apretó la mano de Kael.
—Tenemos que avisar.
El joven asintió.
Pero antes de que pudieran moverse, la voz de Magina anunció:
—Que comience la primera evaluación.
Las puertas se cerraron.
El examen había comenzado.
Capítulo 3. Los primeros cincuenta puntos
Los primeros estudiantes avanzaron hacia la plataforma.
Un muchacho de nivel 52 apareció acompañado de un águila de fuego.
Extendió ambas manos.
El ave comenzó a volar alrededor de él, formando un círculo de llamas.
La barra aumentó lentamente.
Veinte.
Treinta y cinco.
Cuarenta y ocho.
Finalmente se detuvo en cincuenta y tres.
El público aplaudió.
El estudiante había aprobado.
Después apareció una muchacha acompañada de un gato de ilusiones.
Ambos consiguieron cincuenta y nueve puntos.
Otro alumno alcanzó cuarenta y siete.
La barra se apagó.
El muchacho bajó la mirada, decepcionado.
Magina se acercó.
—No has superado el mínimo. Pero eso no significa que tu esfuerzo haya sido inútil.
El estudiante acarició a su compañero.
Aunque tendría que regresar al ciclo de preparación, ninguno de los dos parecía dispuesto a abandonar su vínculo.
Perla observaba desde las gradas inferiores.
Durante toda su vida había temido aquel momento.
Había pensado que reprobar significaría demostrar que no valía nada.
Ahora comprendía que una calificación solamente mostraba cuánto había conseguido aprender hasta ese día.
No cuánto podía llegar a aprender mañana.
Entonces apareció Tarek.
Bront caminó hasta el centro de la plataforma, intentando mantener una expresión solemne.
Pero justo antes de comenzar, el pequeño perro de piedra tropezó con sus propias patas.
El público soltó una carcajada.
Tarek se arrodilló para ayudarlo.
—Tranquilo, compañero. No tenemos que impresionar a nadie.
Bront ladró.
Una pequeña esfera de tierra apareció entre ambos.
Después se transformó en un escudo circular.
La barra comenzó a subir.
Cuarenta.
Cincuenta.
Finalmente se detuvo en 56 puntos.
Tarek levantó ambos brazos.
—¡Aprobamos!
Bront saltó emocionado.
La pequeña criatura terminó chocando contra una columna decorativa.
Tarek corrió a sujetarlo mientras el público volvía a reír.
Perla aplaudió con todas sus fuerzas.
Aquello no era la competencia que había imaginado al llegar a Shirfs.
Era mucho mejor.
Capítulo 4. La sanadora y la guardiana del viento
Iris fue la siguiente.
Entró acompañada de Lumen, su búho de restauración.
A diferencia de otros estudiantes, no preparó un hechizo espectacular.
Colocó una pequeña planta marchita sobre la plataforma.
Después extendió una mano.
Lumen abrió las alas.
Una luz verde comenzó a envolver las hojas.
La planta recuperó lentamente su color.
Pequeñas flores blancas aparecieron entre sus ramas.
La barra se elevó.
Cincuenta.
Cincuenta y cuatro.
Finalmente alcanzó 56 puntos.
Iris comenzó a llorar.
Durante toda su vida había soñado con convertirse en sanadora.
Ahora estaba un paso más cerca.
Perla la abrazó cuando regresó.
—¡Lo conseguiste!
Iris sonrió entre lágrimas.
—Mi abuela estaría tan feliz.
Después llegó el turno de Nerina.
Mistral saltó desde su hombro y comenzó a recorrer la plataforma.
La gata de viento parecía demasiado emocionada para permanecer quieta.
Nerina levantó ambas manos.
Una pequeña corriente de aire apareció entre sus dedos.
Mistral comenzó a girar alrededor de ella.
El viento se transformó lentamente en cientos de pequeñas mariposas transparentes.
Las criaturas atravesaron el estadio, rodeando a los espectadores sin tocarlos.
La barra comenzó a subir.
Cincuenta y dos.
Cincuenta y cinco.
Finalmente se detuvo en 58 puntos.
Nerina lanzó un grito de felicidad.
Mistral saltó directamente hacia sus brazos.
Perla corrió a felicitarla.
—¡Estoy tan orgullosa de ti!
Nerina comenzó a reír.
—¡Y pensar que al principio solamente quería conseguir que mi gata dejara de robarme la comida!
Ambas se abrazaron.
Pero cuando Perla levantó la mirada hacia los cristales superiores, volvió a observar una pequeña corriente violeta.
Esta vez estaba segura.
No era parte del examen.
Algo estaba extrayendo energía de las barras.
Y el peligro crecía con cada nuevo participante.
Capítulo 5. El lobo que volvió a confiar
Darian fue llamado al centro del estadio.
El muchacho de nivel 78 avanzó acompañado de Fenris.
Durante meses había imaginado aquel examen como la oportunidad perfecta para demostrar que pertenecía a una de las familias mágicas más importantes de Shirfs.
Antes habría intentado conseguir una puntuación superior a la de todos sus compañeros.
Habría ordenado a Fenris utilizar sus ataques más destructivos, aunque terminara agotado.
Pero las cosas habían cambiado.
El lobo se detuvo antes de llegar al círculo.
Darian se arrodilló frente a él.
—¿Estás preparado?
Fenris levantó las orejas.
Después apoyó suavemente la cabeza sobre la mano de su compañero.
Darian sonrió.
—Entonces hagámoslo juntos.
Ambos entraron en el círculo.
El joven extendió una mano y creó una esfera de hielo.
Fenris comenzó a caminar alrededor de ella.
Cada paso dejaba pequeñas huellas luminosas sobre el suelo.
La esfera creció hasta convertirse en un enorme lobo transparente.
La criatura de hielo levantó la cabeza.
Después se deshizo en miles de pequeños cristales que descendieron suavemente sobre la plataforma.
La barra comenzó a aumentar.
Cuarenta.
Cincuenta.
Sesenta.
Finalmente se detuvo en 64 puntos.
Darian abrió mucho los ojos.
No era la puntuación más alta de la academia.
Tampoco había conseguido una invocación legendaria.
Pero Fenris estaba tranquilo.
No temblaba.
No parecía agotado.
Y cuando Darian extendió los brazos, el lobo se acercó voluntariamente.
El muchacho lo abrazó.
Por primera vez sintió que había conseguido una victoria que realmente les pertenecía a ambos.
Al regresar, encontró a Perla esperándolo.
—Felicitaciones —dijo ella.
Darian sonrió.
—Gracias.
Durante unos segundos permaneció incómodo.
Después añadió:
—Perla, pase lo que pase en tu evaluación, quiero que sepas que me equivoqué contigo.
La muchacha levantó la mirada.
—Ya me lo dijiste.
—Lo sé. Pero nunca lo había dicho delante de mis compañeros.
Darian se giró hacia los integrantes del antiguo Círculo Dorado.
—Nos burlamos de ella porque tenía nivel 1. Y resulta que fue la primera persona que nos enseñó a respetar a nuestras criaturas.
Los demás guardaron silencio.
Perla sintió que las mejillas se le calentaban.
No sabía cómo responder.
Finalmente sonrió.
—Entonces procura recordar lo que aprendiste cuando seas un mago famoso.
Darian comenzó a reír.
—Haré lo posible.
Y por primera vez, cuando el muchacho se alejó, Perla no sintió que acababa de hablar con uno de sus enemigos.
Capítulo 6. La princesa que decidió perder su corona
El estadio quedó en silencio cuando anunciaron a Celeste Valmora.
La joven caminó hacia la plataforma acompañada de Astarion.
El enorme dragón negro abrió sus alas, proyectando una sombra que cubrió parte de las gradas.
Miles de espectadores comenzaron a murmurar.
Celeste seguía siendo la alumna más admirada del Noveno Grado.
Su nivel 99 era extraordinario.
Pero durante las últimas semanas había dejado de utilizar los adornos de su familia.
Tampoco llevaba la antigua corona negra.
Solamente conservaba una pequeña cicatriz alrededor de la muñeca.
En la tribuna principal, Lord Edric Valmora observaba a su hija con expresión severa.
Celeste lo vio.
Durante un instante sintió el mismo miedo de siempre.
Recordó las exigencias.
Las discusiones.
La amenaza de quedarse sin apoyo económico si no conseguía el primer lugar.
Pero entonces Astarion bajó la cabeza.
Su voz resonó dentro de la mente de la muchacha.
«No tenemos que hacerlo para él».
Celeste cerró los ojos.
—Lo sé.
Se acercó al dragón.
—¿Qué te gustaría invocar?
Astarion pareció sorprendido.
Durante años le habían ordenado utilizar fuego, destruir obstáculos y demostrar su fuerza.
Nadie le había preguntado qué deseaba crear.
Finalmente respondió:
«El cielo que existía antes de la guerra».
Celeste sonrió.
—Entonces mostremos ese cielo.
Levantó ambas manos.
Una pequeña llama violeta apareció entre sus dedos.
Astarion exhaló una nube de energía dorada.
Ambas luces comenzaron a girar.
Sobre el estadio apareció una imagen inmensa.
Un cielo nocturno cubierto de estrellas.
Dragones de diferentes colores volaban entre las constelaciones.
Debajo podían verse los antiguos jardines de Shirfs, mucho antes de que la guerra destruyera una parte de la ciudad.
El público permaneció fascinado.
No era un hechizo de destrucción.
Era un recuerdo convertido en magia compartida.
La barra comenzó a elevarse.
Cincuenta.
Sesenta.
Setenta.
Celeste contuvo la respiración.
La luz continuó creciendo.
Setenta y cinco.
Setenta y seis.
Finalmente se detuvo en 77 puntos.
El estadio estalló en aplausos.
Era la puntuación más alta del día.
Celeste observó a Astarion.
El dragón respiraba tranquilamente.
Por primera vez habían conseguido una invocación extraordinaria sin recurrir a la obediencia forzada.
La muchacha sintió que las lágrimas le llenaban los ojos.
—Lo conseguimos.
Astarion inclinó la cabeza.
«Elegimos hacerlo».
Celeste sonrió.
Desde la tribuna, su padre permanecía inmóvil.
Pero esta vez ella no buscó su aprobación.
Abrazó el enorme cuello del dragón.
Y mientras el público celebraba sus setenta y siete puntos, Celeste comprendió que había conseguido algo que ninguna victoria anterior le había proporcionado.
Libertad.
Capítulo 7. El secreto debajo de la barra
Bajo el estadio, una corriente violeta comenzó a iluminar los túneles.
Severin permanecía frente al Corazón del Vacío, observando cómo pequeñas esferas de energía descendían desde los cristales de evaluación.
Cada puntuación del examen había alimentado una parte de su maquinaria.
Los cincuenta y seis puntos de Tarek.
Los cincuenta y ocho de Nerina.
Los sesenta y cuatro de Darian.
Y ahora los setenta y siete de Celeste.
El consejero sonrió.
—Maravilloso.
Dentro del cristal negro, la enorme sombra abrió lentamente los ojos.
—Todavía no es suficiente.
Severin asintió.
—Lo sé. Estamos esperando a la última participante.
Sobre una esfera apareció la imagen de Perla.
La muchacha permanecía junto a Kael, observando las evaluaciones.
Nivel 1.
Armonía registrada: 58%.
Severin contempló aquel número con desprecio.
—Una niña incapaz de encender una vela cuando llegó a Shirfs.
La sombra respondió:
—Y sin embargo puede unir aquello que ni siquiera Magina comprende.
El consejero extendió una mano.
Una página oscura comenzó a flotar frente a él.
Había sido robada del Archivo del Primer Latido.
Contenía la última parte de un hechizo prohibido.
La Fórmula de la Convergencia Inversa.
A diferencia de la magia que Perla y Kael estaban aprendiendo, aquella técnica no unía voluntades.
Las separaba de sus dueños y transformaba sus vínculos en una sola fuente de energía.
—Cuando la muchacha consiga una invocación superior a noventa puntos —explicó Severin—, los nueve cristales intentarán absorber el exceso de poder.
La sombra comenzó a moverse.
—Y esa energía abrirá el sello.
Severin sonrió.
—Exactamente.
Pero entonces una voz interrumpió la conversación.
—No si destruyo primero los conductos.
Severin se giró.
Varek, el antiguo guardián del santuario, permanecía junto a la entrada.
Llevaba un bastón de protección y varios cristales de cierre.
El consejero comenzó a reír.
—¿Un simple guardián pretende detenerme?
Varek levantó la cabeza.
—Pasé ochenta años vigilando a Astarion mientras ustedes lo mantenían encadenado.
Activó uno de los cristales.
Una tubería violeta se rompió.
Parte de la energía acumulada desapareció.
Severin dejó de sonreír.
—Cometes un grave error.
Varek respondió:
—Ya cometí suficientes obedeciendo.
El consejero levantó una mano.
Una sombra golpeó al guardián y lo lanzó contra una columna.
Varek cayó al suelo, herido.
Pero antes de perder el conocimiento consiguió activar una pequeña esfera de comunicación.
Una señal roja apareció en el despacho de Magina.
La directora comprendió inmediatamente.
Severin había comenzado su ataque.
Capítulo 8. La orden que Magina no quiso dar
Magina observó la señal roja mientras Celeste recibía su reconocimiento.
Su primer impulso fue cancelar el examen y evacuar el estadio.
Pero cuando intentó activar los portales de salida, descubrió que estaban bloqueados.
Los cristales superiores habían sido conectados a un sello de retención.
Si utilizaba directamente su poder de nivel 999 para destruirlos, la energía acumulada podría descargarse sobre las criaturas que permanecían dentro del recinto.
Arven llegó a su lado.
—Directora, encontramos una corriente desconocida debajo de la plataforma.
—Lo sé. Severin está utilizando los medidores.
El profesor levantó su bastón.
—Podemos intentar romperlos.
Magina negó.
—Hay demasiados vínculos conectados. Una descarga podría herir a los estudiantes.
Elowen apareció acompañada de varios sanadores.
—Las criaturas de las primeras evaluaciones están comenzando a mostrar síntomas de agotamiento.
La directora sintió que el tiempo se agotaba.
Desde las gradas, miles de familias continuaban celebrando.
No sabían que estaban atrapadas.
Entonces Magina tomó una decisión.
Levantó el bastón y anunció:
—El examen queda temporalmente suspendido por una emergencia de seguridad.
El público comenzó a murmurar.
Celeste observó hacia las torres.
Astarion levantó la cabeza.
Había reconocido la energía de Severin.
Kael también.
Perla sintió un tirón doloroso en la marca azul de su mano.
—Está debajo de nosotros —susurró.
Magina continuó:
—Los estudiantes deberán permanecer junto a sus compañeros mientras los profesores aseguran los conductos mágicos.
Pero antes de que pudiera explicar algo más, una voz resonó desde las nueve torres.
Era Severin.
—Querida directora, siempre tan dispuesta a detener el progreso cuando algo escapa de su control.
Una enorme imagen apareció sobre el estadio.
El rostro del consejero flotaba entre nubes violetas.
Los espectadores comenzaron a gritar.
Severin sonrió.
—Hoy Shirfs presenciará una demostración de magia que ningún examen ha conseguido registrar.
Magina levantó su bastón.
—¡Severin, detente!
El consejero ignoró la orden.
—Solamente necesito que la última participante entre en el círculo.
Su imagen se giró hacia Perla.
—Vamos, pequeña maga de nivel 1. Todos están esperando tu gran momento.
El estadio quedó en silencio.
Miles de ojos se dirigieron hacia ella.
Y Perla comprendió que Severin no había preparado aquella trampa para cualquier estudiante.
La había preparado específicamente para ella.
Capítulo 9. La alumna que se negó a entrar
Perla permaneció inmóvil frente a la plataforma.
Kael se colocó a su lado.
—No tienes que aceptar su desafío —dijo.
La joven observó los nueve cristales.
Ahora podía ver claramente las corrientes violetas que descendían desde ellos.
Durante sus primeros días en Shirfs habría entrado inmediatamente.
Habría intentado demostrar que no era inútil.
Habría arriesgado todo con tal de escuchar una sola felicitación.
Pero ya no era aquella muchacha.
Levantó la mirada hacia la imagen de Severin.
—No voy a utilizar nuestra magia para abrir tu prisión.
El consejero comenzó a reír.
—Qué decepción. Pensé que deseabas demostrar cuánto habías aprendido.
—Aprendí que no tengo que demostrarte nada.
El público murmuró.
Severin observó a Kael.
—¿Y tú, viejo amigo? ¿También vas a permitir que tu compañera abandone el examen?
Kael respondió con tranquilidad.
—Perla acaba de tomar la decisión correcta.
La sonrisa del consejero desapareció.
Entonces extendió ambas manos.
Los nueve cristales comenzaron a brillar.
Una enorme barrera violeta descendió sobre el estadio.
Las criaturas mágicas sintieron inmediatamente una presión alrededor de sus corazones.
Mistral se escondió entre los brazos de Nerina.
Fenris comenzó a gruñir.
Lumen extendió las alas, intentando proteger a Iris.
Astarion lanzó un rugido.
Severin habló nuevamente.
—Si la maga de nivel 1 no desea entrar voluntariamente, entonces utilizaremos los vínculos que sus compañeros ya han demostrado.
Perla observó aterrada cómo las barras de armonía comenzaron a aparecer sobre las cabezas de los estudiantes.
56.
58.
64.
77.
Los números comenzaron a emitir pequeñas corrientes violetas.
La energía descendía hacia las profundidades.
Iris cayó de rodillas.
Darian intentó levantar un escudo alrededor de Fenris.
Nerina abrazó a Mistral desesperadamente.
Perla sintió que algo se rompía dentro de ella.
Severin estaba utilizando a sus amigos para obligarla a actuar.
Y lo peor era que sabía que funcionaría.
La joven dio un paso hacia el círculo.
Kael tomó su mano.
—Es una trampa.
—Lo sé.
—Podemos buscar otra solución.
Perla observó a sus compañeros.
Después levantó la mirada hacia los cristales.
—Entonces tendremos que encontrarla desde dentro.
Kael guardó silencio.
La muchacha continuó:
—No voy a entrar para demostrar que soy poderosa. Voy a entrar para impedir que siga lastimándolos.
El joven sonrió débilmente.
—Entonces no entrarás sola.
Ambos avanzaron hacia la plataforma.
Severin comenzó a reír.
Creía haber ganado.
Pero no sabía que Perla acababa de recordar la lección más importante del Archivo del Primer Latido.
Cuando alguien intentaba obligarte a elegir entre dos pérdidas, existía una tercera posibilidad.
Negarse a aceptar las reglas de quien había preparado la trampa.
Capítulo 10. La invocación de la serpiente blanca
Perla y Kael se colocaron en el centro del Círculo de los Corazones.
La enorme barra apareció frente a ellos.
Estaba completamente vacía.
Los espectadores observaron sorprendidos.
A pesar del peligro, muchos recordaron las burlas del primer día.
La maga de nivel 1.
La serpiente abandonada.
La pareja que todos consideraban incapaz de superar un examen.
Pero ahora Kael era un mago humano de nivel 88.
Y Perla había aprendido a utilizar una magia que ni siquiera los profesores comprendían completamente.
Magina se acercó hasta el límite de la plataforma.
—Perla, escucha. Los cristales están alterados. Cualquier invocación que realices podría alimentar el Corazón del Vacío.
La joven asintió.
—Lo sé.
—Entonces debes salir.
Perla miró a Kael.
Después a la directora.
—¿Podría utilizar su magia para sostener la barrera sin atacar los cristales?
Magina frunció el ceño.
—Durante un tiempo, sí.
—Entonces necesito que confíe en nosotros.
La directora permaneció inmóvil.
Tenía nivel 999.
Era la maga más poderosa de Shirfs.
Y una alumna de nivel 1 acababa de pedirle que no utilizara su fuerza para resolver el problema.
Magina respiró profundamente.
Después levantó el bastón.
—Tendrán mi protección mientras pueda mantenerla.
Una luz plateada envolvió la plataforma.
Kael se colocó frente a Perla.
Ambos extendieron las manos.
—¿Preparada? —preguntó él.
La joven sonrió.
—Desde el día que te encontré en aquel invernadero.
Cerraron los ojos.
Una pequeña luz azul apareció entre sus dedos.
No era impresionante.
Apenas tenía el tamaño de una vela.
Pero comenzó a crecer lentamente.
Perla sintió el corazón de Kael.
Después el suyo.
Ambos latidos se encontraron.
Una imagen apareció sobre la plataforma.
Era una pequeña serpiente blanca, exactamente como Kael cuando había estado herido y abandonado.
El público comenzó a murmurar.
La serpiente luminosa se deslizó alrededor de Perla.
Después comenzó a elevarse.
Sus escamas se transformaron en pequeñas estrellas.
El cuerpo creció.
Las estrellas se unieron.
Y frente a todos apareció una criatura extraordinaria.
Una enorme serpiente celestial hecha de luz azul y plata.
No tenía colmillos amenazantes.
Tampoco lanzaba fuego.
Su cuerpo parecía estar formado por miles de pequeños recuerdos.
Perla levantó las manos.
Kael hizo lo mismo.
La serpiente celestial rodeó la plataforma sin tocar los cristales oscuros.
La barra comenzó a aumentar.
Diez.
Treinta.
Cincuenta.
El público guardó silencio.
La energía continuó creciendo.
Setenta.
Ochenta.
Celeste abrió mucho los ojos.
Darian dejó de respirar durante unos segundos.
La barra alcanzó noventa.
El estadio entero permaneció inmóvil.
Nadie había conseguido aquella puntuación durante más de doscientos años.
Pero Perla y Kael todavía no habían terminado.
Capítulo 11. Noventa y nueve
La serpiente celestial comenzó a dividirse en pequeños círculos luminosos.
Cada uno mostraba una imagen.
Perla intentando levantar una piedra en Noruega.
Su llegada a Shirfs.
Darian arrojando su maleta.
Nerina ayudándola a recoger sus libros.
La pequeña serpiente blanca herida entre las macetas del invernadero.
Las noches de entrenamiento.
La primera pluma que consiguieron elevar juntos.
El laberinto.
El miedo.
La amistad.
Y finalmente Kael recuperando su forma humana.
No eran recuerdos de victorias extraordinarias.
Eran momentos en los que habían decidido continuar incluso cuando todo parecía imposible.
La barra siguió aumentando.
Noventa y uno.
Noventa y cuatro.
Noventa y siete.
Perla sintió que el corazón latía cada vez más rápido.
Kael mantenía la conexión estable.
La serpiente celestial comenzó a formar un enorme círculo sobre sus cabezas.
Noventa y ocho.
Un silencio absoluto recorrió el estadio.
Y entonces apareció el número que nadie esperaba.
99.
La barra se detuvo.
Durante unos segundos nadie reaccionó.
Después el estadio estalló en gritos.
—¡Noventa y nueve!
—¡Es imposible!
—¡La maga de nivel 1 consiguió noventa y nueve puntos!
Celeste se llevó una mano a la boca.
Su dragón había conseguido setenta y siete puntos.
Los demás estudiantes habían alcanzado resultados cercanos a cincuenta y seis.
Y ahora Perla acababa de superar todos los registros conocidos.
Darian comenzó a aplaudir.
Después Nerina.
Iris.
Tarek.
Y finalmente miles de espectadores.
Pero Perla no sonrió.
Había observado algo mucho más preocupante.
Los cristales superiores habían comenzado a absorber parte de la luz azul.
La invocación estaba alimentando el sistema de Severin.
Kael también lo sintió.
—Perla, tenemos que detener el flujo.
La muchacha intentó interrumpir el hechizo.
Pero la barra permaneció iluminada.
Los noventa y nueve puntos seguían brillando.
Desde las profundidades, Severin comenzó a reír.
—¡Extraordinario! ¡Una armonía casi perfecta!
El cielo sobre el estadio se oscureció.
La voz del consejero resonó nuevamente.
—Gracias, Perla. Acabas de conseguir lo que ningún mago de mi generación pudo lograr.
Los cristales comenzaron a agrietarse.
Una sombra gigantesca apareció debajo de la plataforma.
El Corazón del Vacío había despertado.
Capítulo 12. El enemigo que había esperado mil años
Un estruendo sacudió Shirfs.
Las nueve torres comenzaron a inclinarse ligeramente hacia el centro de la ciudad.
Los cristales superiores proyectaron enormes cadenas violetas.
Debajo de la plataforma apareció una grieta negra.
De ella surgió una criatura tan grande que su sombra cubrió buena parte del estadio.
Tenía dos ojos rojos.
Su cuerpo parecía estar formado por humo, piedra y recuerdos rotos.
No poseía alas ni una forma estable.
Cada vez que intentaba mover uno de sus brazos, su figura cambiaba.
Magina levantó inmediatamente el bastón.
—¡Todos detrás de las barreras!
Un enorme escudo plateado cubrió las gradas.
Los estudiantes comenzaron a evacuar hacia las zonas protegidas.
El monstruo observó a Perla.
Su voz resonó directamente dentro de la mente de los presentes.
—Al fin...
Severin apareció junto a la grieta.
Su expresión estaba llena de admiración.
—Mi señor, he cumplido mi promesa.
La criatura lo observó.
—Has abierto la puerta.
El consejero inclinó la cabeza.
—Ahora podremos crear un reino donde ningún poder vuelva a desperdiciarse.
El monstruo comenzó a reír.
—Los humanos siempre creen que pueden negociar con aquello que no comprenden.
Severin levantó la mirada.
Por primera vez apareció una sombra de duda en sus ojos.
—¿Qué quiere decir?
La criatura extendió una mano.
Una corriente negra rodeó al consejero.
Severin intentó liberarse.
Pero su magia comenzó a desaparecer.
—¡No! ¡Yo te devolví la libertad!
—Y por eso serás el primero en servirme.
La sombra lo arrojó contra una columna y lo mantuvo inmovilizado mediante cadenas oscuras.
Perla observaba aterrada.
El enemigo ni siquiera respetaba a quien lo había liberado.
Kael tomó su mano.
—Es el Devorador de Vínculos.
Magina bajó lentamente el bastón.
—El nombre que los antiguos registros intentaron borrar.
La criatura levantó la cabeza.
—Durante mil años observé cómo convertían la magia en una jerarquía. Cómo los poderosos dominaban a los débiles. Cómo utilizaban a las criaturas para conseguir prestigio.
Su voz se volvió más profunda.
—Cada abuso, cada contrato forzado y cada corazón roto alimentó mi prisión.
Perla comprendió entonces la terrible ironía.
Severin había intentado liberar al Devorador utilizando exactamente aquello que lo fortalecía.
Vínculos convertidos en cadenas.
Criaturas tratadas como objetos.
Personas obligadas a demostrar que merecían ser queridas.
Y ahora el monstruo pretendía alimentarse de toda Shirfs.
Capítulo 13. Cuando incluso el nivel 999 no fue suficiente
Magina avanzó hasta el centro del estadio.
Su túnica plateada comenzó a elevarse alrededor de ella.
Sobre su cabeza apareció el número 999.
Miles de pequeñas estrellas se encendieron a su alrededor.
La directora extendió ambas manos.
—¡Por las Nueve Torres, te ordeno regresar a tu prisión!
Una enorme columna de luz descendió desde el cielo.
El Devorador levantó un brazo.
La magia golpeó su cuerpo y provocó una explosión que hizo temblar las montañas alrededor de Shirfs.
Durante varios segundos nadie pudo ver lo que ocurría.
Cuando el humo desapareció, la criatura seguía allí.
Magina retrocedió.
No estaba herida, pero había perdido una cantidad enorme de energía.
El monstruo comenzó a reír.
—Novecientos noventa y nueve. Tan cerca del límite y todavía incapaz de comprenderlo.
La directora levantó nuevamente su bastón.
Pero Kael intervino.
—¡Magina, no!
La mujer se giró.
—¿Qué sucede?
—Cada vez que utilizas tu poder contra él, está absorbiendo una parte de la energía.
Perla observó atentamente.
Era verdad.
La columna de luz había desaparecido dentro de la sombra.
Después de recibir el ataque, el monstruo parecía todavía más grande.
Magina bajó lentamente el bastón.
—Entonces no podemos destruirlo mediante fuerza.
Kael asintió.
—Eso fue lo que descubrimos durante la primera guerra.
El Devorador levantó nuevamente la cabeza.
—Y aun así necesitaste ochenta años para regresar, pequeño mago.
Kael apretó los puños.
Durante un instante recordó su sacrificio.
Su cuerpo convirtiéndose en serpiente.
Lyra llorando al otro lado de la barrera.
Astarion alejándose entre las llamas.
Pero Perla tomó su mano.
—No vamos a repetir lo que ocurrió.
Kael la observó.
—¿Cómo lo sabes?
La joven miró las nueve torres.
Después los cristales.
Finalmente observó a las criaturas que permanecían protegidas junto a sus compañeros.
—Porque ahora conocemos la diferencia entre compartir magia y arrebatarla.
Magina levantó la mirada.
Perla continuó:
—Severin consiguió abrir el sello utilizando conexiones forzadas. Entonces quizá podamos cerrarlo utilizando vínculos que decidan colaborar voluntariamente.
La directora permaneció inmóvil.
Después sus ojos comenzaron a iluminarse.
—La Fórmula del Primer Latido...
Kael comprendió inmediatamente.
—No necesitamos construir una nueva prisión.
Perla asintió.
—Necesitamos separar al Devorador de la energía que está robando y devolver cada vínculo a quien le pertenece.
Pero para conseguirlo tendrían que utilizar una magia que nunca se había realizado en Shirfs.
Una conexión entre las nueve torres.
Y una maga capaz de mantenerlas unidas sin apropiarse de su poder.
Capítulo 14. Los nueve corazones que respondieron
Perla se colocó frente a Magina.
—Necesito que reúna a quienes deseen ayudarnos.
La directora observó a las criaturas.
—¿A todos?
—Solamente a quienes quieran participar. Si alguien tiene miedo, debe poder retirarse.
Magina levantó lentamente el bastón.
Una voz resonó sobre el estadio.
—Estudiantes, profesores y compañeros mágicos: Shirfs necesita su ayuda. Nadie está obligado a entregar su energía. Quienes decidan colaborar podrán sostener un pequeño vínculo de protección mientras intentamos cerrar la grieta.
Durante unos segundos no ocurrió nada.
Después Nerina levantó la mano.
Mistral saltó sobre su hombro.
—Nosotras ayudaremos.
Iris se acercó acompañada de Lumen.
—Nosotros también.
Tarek levantó los brazos.
Bront comenzó a ladrar emocionado.
Darian avanzó junto a Fenris.
—No pienso quedarme mirando mientras destruyen nuestra escuela.
Celeste apareció sobre una plataforma cercana.
Astarion permanecía detrás de ella.
—Nosotros también estamos preparados.
Pero el dragón levantó una de sus enormes alas.
«Quiero que todos recuerden algo».
Su voz resonó sobre el estadio.
«No estamos obedeciendo una orden. Estamos eligiendo proteger nuestro hogar».
Las criaturas comenzaron a responder.
Primero fueron los lobos.
Después los búhos.
Los gatos de viento.
Las pequeñas serpientes.
Y finalmente los dragones.
Miles de luces aparecieron alrededor del estadio.
No se concentraron en un solo lugar.
Cada una permaneció alrededor de su propio compañero.
Perla cerró los ojos.
Sintió aquellas conexiones.
Pero no intentó absorberlas.
Solamente comenzó a mostrarles cómo podían sostenerse unas a otras sin perder su independencia.
Magina comprendió el procedimiento.
—Las nueve torres pueden funcionar como conductos separados.
Tarek levantó la mirada.
—¡Y si mantenemos los cristales desconectados del sistema de Severin, podremos impedir que el Devorador reciba la energía!
La directora asintió.
Arven comenzó a modificar las runas.
Elowen protegió a las criaturas debilitadas.
Darian y Fenris ayudaron a evacuar a los estudiantes que no deseaban participar.
Celeste y Astarion extendieron una barrera sobre las gradas.
Nerina utilizó el viento para distribuir las señales de coordinación.
Iris mantuvo los círculos de restauración.
Y Perla permaneció en el centro.
Por primera vez, todos trabajaban juntos sin importar sus niveles.
No había estudiantes populares.
Ni familias importantes.
Ni criaturas consideradas inferiores.
Solamente personas intentando protegerse mutuamente.
Pero cuando las nueve torres comenzaron a iluminarse, el Devorador lanzó un rugido.
Había comprendido lo que estaban haciendo.
Y no permitiría que lo encerraran nuevamente.
Capítulo 15. La última puerta de la decimotercera hora
La sombra extendió ambos brazos.
Una enorme grieta se abrió sobre el cielo.
Desde ella comenzaron a caer fragmentos de recuerdos.
Voces.
Imágenes.
Promesas rotas.
Los estudiantes sintieron que sus propios miedos regresaban.
Nerina escuchó la voz de sus padres diciéndole que nunca conseguiría nada importante.
Darian recordó las burlas que había lanzado contra otros alumnos.
Celeste volvió a escuchar a su padre exigiéndole ser la mejor.
Perla vio nuevamente a su madre desapareciendo detrás de una puerta.
El Devorador se alimentaba de aquellas heridas.
Pero entonces Kael levantó las manos.
—¡Perla, recuerda el Archivo!
La joven cerró los ojos.
La Fórmula de los Dos Corazones apareció frente a ella en pequeñas letras luminosas.
Recordó las palabras de Eira.
"El vínculo no borra el dolor. Permite enfrentarlo sin perder la propia voluntad".
Perla respiró profundamente.
Después levantó ambas manos.
Una pequeña puerta azul apareció dentro del círculo.
Era la entrada a la decimotercera hora.
Magina la observó sorprendida.
—¿Qué estás haciendo?
—Necesitamos a los otros guardianes.
Kael comprendió.
Astrid.
Lyra.
Las dos magas que permanecían atrapadas dentro del reloj.
Pero la puerta todavía estaba conectada al Corazón del Vacío.
Abrirla directamente sería peligroso.
Perla levantó el Manual de Separación Temporal que habían recuperado del Archivo.
Las páginas comenzaron a brillar.
Eira apareció dentro de una esfera de comunicación.
—No intentes traerlas mediante fuerza —advirtió la anciana—. Primero separa la prisión de aquello que la mantiene encadenada.
Perla asintió.
Kael extendió las manos.
Astarion bajó su enorme cabeza.
Los tres antiguos guardianes del juramento comenzaron a emitir una luz dorada.
Dentro del reloj apareció Lyra.
Su cabello rojo flotaba alrededor de su rostro.
Cuando vio a Kael en forma humana, comenzó a llorar.
—Regresaste...
El joven sonrió entre lágrimas.
—Te lo prometí.
Lyra levantó ambas manos.
La canción del Puente del Alba comenzó a escucharse sobre el estadio.
Astarion respondió con un rugido suave.
Las tres notas se unieron.
La prisión de Lyra comenzó a separarse lentamente del reloj principal.
Pero todavía faltaba Astrid.
Perla sintió que el collar azul comenzaba a calentarse.
Una segunda figura apareció dentro del cristal.
Su madre.
La mujer que llevaba once años esperando.
Astrid abrió los ojos.
—Perla...
La joven comenzó a llorar.
—Mamá, estoy aquí.
Pero esta vez no intentó romper el cristal desesperadamente.
Recordó todo lo que había aprendido.
Y preguntó:
—¿Quieres que te ayudemos a salir?
Astrid sonrió entre lágrimas.
—Más que nada en el mundo.
Perla extendió ambas manos.
Dos hilos de luz aparecieron sobre el reloj.
Uno pertenecía a Lyra.
El otro a Astrid.
El Devorador lanzó un rugido.
Por primera vez estaba perdiendo los recuerdos que mantenía prisioneros.
Y cuando intentó detenerlos, algo extraordinario ocurrió.
La magia de convergencia de Perla comenzó a despertar.
Capítulo 16. El número que no podía existir
El suelo del estadio se iluminó.
Una enorme corriente azul descendió desde las nueve torres.
No era energía robada.
Cada uno de los participantes conservaba su propio poder.
La luz solamente mostraba cómo sus vínculos podían mantenerse conectados sin perder su independencia.
Perla sintió que algo dentro de ella comenzaba a cambiar.
Durante toda su vida había tenido una reserva de magia diminuta.
Su nivel 1 no había sido una mentira completa.
Astrid había ocultado su afinidad, pero su energía individual siempre había sido pequeña.
Ahora, por primera vez, Perla comprendía cómo desarrollar aquella reserva utilizando su propia capacidad de convergencia.
No necesitaba quedarse con el poder de nadie.
Podía aprender de las conexiones, estabilizar nuevos patrones y convertir ese aprendizaje en magia propia.
El collar de Astrid comenzó a agrietarse.
Un pequeño símbolo apareció sobre la frente de Perla.
Era el mismo que había visto en el libro de la Primera Tejedora.
Miles de hilos luminosos comenzaron a girar alrededor de sus manos.
El número sobre su cabeza parpadeó.
1.
Después apareció un pequeño destello.
10.
Los estudiantes comenzaron a murmurar.
El número siguió cambiando.
50.
Perla abrió los ojos sorprendida.
Kael levantó la mirada.
—¡Perla!
La joven apenas podía escucharlo.
Estaba concentrada en mantener separados los recuerdos de Astrid y Lyra.
100.
Los profesores comenzaron a retroceder.
250.
Magina observaba fascinada.
Nunca había presenciado un despertar de convergencia.
500.
El Devorador intentó lanzar una sombra hacia Perla.
Pero Astarion extendió sus alas y bloqueó el ataque.
Celeste levantó ambas manos, ayudando a sostener la barrera.
750.
El estadio entero comenzó a temblar.
Darian miró hacia las torres.
—¡Su nivel está aumentando!
Nerina comenzó a llorar.
—¡Vamos, Perla!
La muchacha sintió que el sello de su madre terminaba de abrirse.
No como una prisión destruida.
Sino como una protección que ya no necesitaba mantener oculta su verdadera afinidad.
El número llegó a 999.
Magina dejó caer lentamente su bastón.
Durante generaciones había sido considerada la maga más poderosa de Shirfs.
Ahora una estudiante a la que todos habían despreciado acababa de alcanzar su mismo nivel.
Pero la luz no se detuvo.
Kael sintió que el corazón de Perla latía con una fuerza extraordinaria.
La joven abrió los ojos.
Una última estrella apareció sobre su cabeza.
El número cambió.
1000.
El silencio fue absoluto.
Durante varios segundos nadie pudo pronunciar una palabra.
Después Magina susurró:
—La Primera Tejedora...
Los antiguos medidores habían sido construidos para reconocer como máximo el nivel 999.
Pero el registro de la convergencia conservaba una excepción.
Un nivel que no había aparecido durante siglos.
El nivel 1000.
Y ahora estaba sobre la cabeza de Perla Nilsen.
La muchacha que había llegado a Shirfs sin conseguir levantar una piedra.
La alumna a la que todos habían humillado.
La maga que había elegido a una serpiente herida cuando nadie más la quería.
Acababa de convertirse en la primera maga de nivel 1000 de su generación.
Pero la verdadera prueba todavía no había terminado.
Capítulo 17. El último hechizo de la maga más poderosa
El Devorador retrocedió al ver el número que brillaba sobre la cabeza de Perla.
—Imposible...
Su voz ya no estaba llena de arrogancia.
Por primera vez parecía tener miedo.
—Ese nivel fue borrado de los registros hace siglos.
Perla permanecía suspendida sobre la plataforma.
Su cabello flotaba alrededor de su rostro y miles de pequeños símbolos azules giraban entre sus manos.
Pero no sonreía.
Tampoco parecía disfrutar de aquella fuerza extraordinaria.
Observaba las criaturas que continuaban atrapadas por las corrientes oscuras.
Y comprendía exactamente lo que debía hacer.
—No voy a destruirte utilizando el poder de los demás —dijo.
El Devorador comenzó a reír.
—¿Entonces cómo piensas detenerme?
Perla extendió una mano.
Las nueve torres respondieron.
Una luz descendió lentamente hacia el Corazón del Vacío.
Pero no lo atacó.
Comenzó a separar cada hilo de energía que el monstruo había robado.
Primero regresaron los recuerdos de las criaturas utilizadas durante las calibraciones.
Después las pequeñas reservas mágicas arrebatadas a los estudiantes.
Y finalmente los fragmentos de voluntad que Severin había encerrado mediante sus contratos.
El Devorador comenzó a gritar.
Su cuerpo se reducía.
Cada vez que perdía una conexión forzada, desaparecía una parte de su sombra.
Severin observaba aterrorizado.
—¡Detente! ¡Estás destruyendo mil años de conocimiento!
Perla lo miró.
—No. Estoy devolviendo aquello que nunca te perteneció.
Kael se acercó hasta quedar frente a ella.
—Perla, el sello está preparado.
Astarion extendió sus enormes alas.
Lyra apareció fuera del reloj, sostenida por un círculo de protección de Magina.
Astrid también había conseguido salir de su prisión temporal.
Ambas estaban debilitadas, pero libres.
Los tres antiguos guardianes levantaron las manos.
Kael.
Lyra.
Y Astarion.
Pronunciaron las palabras que habían prometido recordar durante ochenta años.
—Ningún corazón será una cadena.
Perla extendió ambas manos.
—Concordia Aeterna.
Una enorme esfera blanca rodeó al Devorador.
No absorbió su energía.
Separó su existencia de todos los vínculos robados y la encerró dentro de un sello sin acceso a corazones ajenos.
La sombra intentó escapar.
Pero ya no tenía de dónde alimentarse.
Las nueve torres comenzaron a brillar.
Después una enorme luz cubrió Shirfs.
Cuando desapareció, el cielo había recuperado su color azul.
El Corazón del Vacío permanecía sellado dentro de un cristal transparente, custodiado por las defensas originales del Archivo del Primer Latido.
Severin cayó de rodillas.
Magina se acercó.
Sus guardianes retiraron los artefactos de magia prohibida que llevaba y colocaron a su alrededor un círculo de contención.
—Severin —dijo la directora—, responderás ante el Consejo por tus crímenes contra Shirfs y sus criaturas.
El consejero levantó la mirada.
Por primera vez no encontró a nadie dispuesto a obedecerlo.
Y Perla descendió lentamente hasta el suelo.
Sobre su cabeza continuaba brillando el número 1000.
Había ganado.
Pero cuando levantó la mirada, solamente buscaba a una persona.
Su madre.
Capítulo 18. Once años esperando un abrazo
Astrid permanecía junto a la plataforma, sostenida por Elowen.
Tenía el cabello castaño, los mismos ojos azules de Perla y una expresión que mezclaba alegría, miedo e incredulidad.
Había pasado once años atrapada dentro de una prisión temporal.
Para ella, su hija seguía siendo una niña pequeña.
Pero ahora tenía frente a sí a una joven de dieciocho años.
Una maga que acababa de salvar Shirfs.
Perla comenzó a caminar lentamente hacia ella.
Durante unos segundos ninguna consiguió hablar.
Finalmente Astrid levantó una mano.
—Perla...
La muchacha comenzó a llorar.
—Mamá.
Corrió hacia ella.
Astrid abrió los brazos.
Y después de once años, madre e hija volvieron a abrazarse.
No hubo hechizos.
Ni grandes explosiones.
Solamente dos personas que habían pasado demasiado tiempo separadas.
—Perdóname —susurró Astrid—. Perdóname por no haber podido regresar.
Perla negó con la cabeza.
—Estabas protegiéndonos.
Astrid acarició su cabello.
—Pero me perdí tantos años de tu vida...
La joven la abrazó con más fuerza.
—Entonces tendremos que recuperar el tiempo que podamos.
Astrid comenzó a llorar.
A pocos metros, Kael observaba la escena junto a Lyra y Astarion.
La maga pelirroja todavía intentaba comprender que habían transcurrido ochenta años desde la guerra.
Kael tomó suavemente su mano.
—Tenemos muchas cosas que contarte.
Lyra lo observó.
Después comenzó a reír entre lágrimas.
—Y tú tienes muchas explicaciones que darme.
Astarion acercó su enorme cabeza.
Los tres permanecieron juntos durante varios minutos.
Por primera vez desde la guerra, ninguno estaba atrapado en una prisión, un recuerdo o un cuerpo que no le pertenecía.
Mientras tanto, Magina observaba desde la escalinata.
Había recuperado a dos antiguas amigas.
Y al mago que durante ochenta años había cargado con una acusación injusta.
La directora cerró lentamente los ojos.
Sabía que todavía quedaban decisiones difíciles.
Debía explicar públicamente la verdad sobre Kael.
Investigar a los miembros del Consejo que habían colaborado con Severin.
Y revisar las leyes que permitían utilizar contratos de obediencia sobre criaturas mágicas.
Pero por primera vez en muchos años tenía esperanza.
Shirfs podía cambiar.
Capítulo 19. La graduación de la alumna más débil
Una semana después, la Academia de las Nueve Torres celebró una nueva ceremonia.
Esta vez no había cristales violetas ni contratos oscuros.
Las criaturas caminaban libremente junto a sus compañeros.
El Consejo había iniciado una investigación sobre Severin y sus colaboradores, y Magina anunció que los contratos de obediencia quedarían suspendidos mientras se reformaban las leyes de vinculación.
También ordenó restituir oficialmente el nombre de Kael Arvandor entre los héroes de Shirfs.
En el centro del Gran Salón aparecía una enorme lista de estudiantes graduados.
Tarek: 56 puntos.
Iris: 56 puntos.
Nerina: 58 puntos.
Darian: 64 puntos.
Celeste: 77 puntos.
Y finalmente...
Perla Nilsen: 99 puntos de armonía. Nivel mágico 1000.
El público comenzó a aplaudir.
Perla avanzó hacia la plataforma acompañada de Kael.
Todavía no conseguía acostumbrarse a que todos la observaran con admiración.
Recordó su primer día.
La maleta esparcida por el suelo.
Los insultos.
La vergüenza.
Y aquella sensación de no pertenecer a ningún lugar.
Magina le entregó su diploma.
—Perla Nilsen, has conseguido algo extraordinario.
La joven sonrió.
—Gracias, directora.
Pero Magina todavía no había terminado.
—También has demostrado que nuestra academia debe cambiar.
Se giró hacia los estudiantes.
—Durante demasiado tiempo enseñamos a nuestros alumnos que el nivel de nacimiento determinaba su valor. Hoy sabemos que estábamos equivocados.
El salón permaneció en silencio.
—Desde el próximo año, Shirfs ofrecerá formación adaptada a las diferentes afinidades mágicas. Ningún estudiante será rechazado únicamente por comenzar en un nivel bajo.
Perla sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.
Era exactamente lo que habría necesitado escuchar cuando llegó desde Noruega.
Después de la ceremonia, Celeste se acercó.
Astarion caminaba tranquilamente detrás de ella.
—Perla...
La joven se giró.
Celeste respiró profundamente.
—Quería decirte algo antes de marcharme.
Perla permaneció callada.
—No espero que olvides cómo te traté. Pero quiero pedirte perdón sin buscar ninguna excusa.
La joven de cabello plateado bajó la mirada.
—Fui cruel contigo porque creía que mi nivel me hacía superior. Y estaba equivocada.
Perla la observó durante unos segundos.
Después respondió:
—Espero que nunca vuelvas a hacerle sentir a otra persona lo que me hiciste sentir a mí.
Celeste asintió.
—No quiero volver a ser esa persona.
Perla sonrió débilmente.
No necesitaban convertirse en mejores amigas.
Pero podían comenzar una relación diferente.
Darian se acercó acompañado de Fenris.
Nerina apareció con Mistral.
Iris sostenía a Lumen y Tarek intentaba evitar que Bront mordiera uno de los diplomas.
Todos comenzaron a reír.
Entonces Kael se acercó a Perla.
Extendió una mano.
—¿Lista para volver a casa?
La joven levantó la mirada.
—¿A Noruega?
Kael sonrió.
—Tu padre todavía no sabe que su hija acaba de convertirse en la maga más poderosa de Shirfs.
Perla abrió mucho los ojos.
—¡Papá!
Había estado tan concentrada en salvar a su madre que apenas podía creer que pronto volverían a estar los tres juntos.
Astrid apareció detrás de ellos.
—Creo que tenemos muchas cosas que contarle a Erik.
Perla abrazó a su madre.
Y por primera vez desde que recibió aquella carta negra, sintió que su aventura estaba acercándose a un final verdaderamente feliz.
Epílogo. La promesa bajo la nieve
Un mes después, una pequeña casa en las montañas de Noruega estaba llena de risas.
Erik Nilsen permanecía sentado junto a la chimenea, observando a su esposa como si todavía temiera que desapareciera cuando cerrara los ojos.
Astrid sostenía una taza de chocolate caliente.
Perla estaba sentada frente a ellos.
Y Kael intentaba ayudar a Erik a reparar una silla.
—No tienes que utilizar magia para todo —decía el carpintero.
Kael observó las piezas de madera.
—Pero sería mucho más rápido.
Erik negó con la cabeza.
—Y mucho menos divertido.
Perla comenzó a reír.
Durante los últimos días, Kael había descubierto que aprender carpintería resultaba más complicado que muchos hechizos de nivel avanzado.
Su nivel continuaba siendo 88.
Y aunque podía realizar magia extraordinaria, todavía no conseguía construir una silla sin que Erik tuviera que corregirlo.
Aquello parecía divertir enormemente al hombre.
Astrid observó a su hija.
—Nunca imaginé que regresarías de Shirfs convertida en una maga de nivel 1000.
Perla sonrió.
—Yo tampoco.
—¿Y ahora qué harás?
La joven miró por la ventana.
La nieve cubría los árboles.
El mismo paisaje que había contemplado durante su infancia.
—Quiero regresar a la academia. Magina me ofreció ayudar a enseñar a estudiantes que comienzan con niveles bajos.
Erik levantó la mirada.
—¿Entonces serás profesora?
—Tal vez. Primero quiero seguir aprendiendo.
Astrid sonrió.
—Eso me alegra.
Perla observó a Kael.
El joven levantó la mirada desde la silla que intentaba reparar.
Durante varios segundos se miraron.
Después él sonrió.
No necesitaban decidir inmediatamente qué significaban todos los sentimientos que habían comenzado a descubrir.
Tenían tiempo.
Por primera vez, Kael tenía todo el tiempo que quisiera.
Aquella noche salieron a caminar bajo las estrellas.
La nieve crujía bajo sus zapatos.
Perla llevaba la misma bufanda con la que había recogido a Kael del invernadero.
El joven la observó.
—Todavía la conservas.
Perla sonrió.
—Por supuesto.
Kael comenzó a reír.
—Supongo que ahora resulta demasiado pequeña para envolverme con ella.
La muchacha soltó una carcajada.
—Bastante.
Caminaron unos minutos en silencio.
Finalmente Kael tomó suavemente su mano.
—¿Sabes algo? Durante ochenta años pensé que mi historia había terminado.
Perla levantó la mirada.
—¿Y ahora?
El joven observó el cielo.
—Ahora creo que apenas está comenzando.
Perla apoyó la cabeza sobre su hombro.
Por encima de ellos brillaban miles de estrellas.
La joven recordó a aquella estudiante de nivel 1 que había llegado a Shirfs completamente aterrada.
Una muchacha que apenas podía encender una vela.
Que era humillada por sus compañeros.
Y que había creído durante demasiado tiempo que su número determinaba cuánto valía.
Sonrió al recordar el día en que encontró a una pequeña serpiente blanca.
Nadie la quería.
Nadie esperaba nada de ella.
Pero Perla había decidido protegerla.
Y aquella decisión había cambiado sus vidas.
Sobre su cabeza apareció una pequeña luz.
Nivel 1000.
Perla la observó durante un segundo.
Después levantó la mano y ocultó voluntariamente el número.
Kael sonrió.
—¿Por qué hiciste eso?
La joven miró las estrellas.
—Porque hay algo que aprendí en Shirfs.
—¿Qué cosa?
Perla apretó suavemente su mano.
—Que no necesito un número sobre mi cabeza para saber quién soy.
Kael sonrió.
Y juntos continuaron caminando bajo la nieve.
En Shirfs, mientras tanto, una nueva estatua había sido colocada frente a la Academia de las Nueve Torres.
Representaba a una joven sosteniendo una pequeña serpiente blanca.
Debajo había una inscripción escrita por Magina:
"La verdadera grandeza no comienza cuando eres más poderoso que los demás, sino cuando utilizas lo que eres para proteger a quienes lo necesitan".
Y así terminó la historia de Perla Nilsen.
La muchacha de nivel 1.
La estudiante que todos despreciaron.
La maga que eligió a la criatura más débil.
Y que, gracias al esfuerzo, la confianza y el amor, consiguió alcanzar aquello que durante siglos parecía imposible.
El nivel 1000.
FIN DE LA NOVELA SHIRFS.
Capítulo 1. El día que Shirfs conocería a su nueva leyenda
El amanecer llegó acompañado de nueve campanadas.
Desde las ventanas de la Academia de las Nueve Torres, miles de estudiantes observaban cómo el cielo se teñía de naranja. Era el día más importante del calendario mágico de Shirfs.
El Examen de Unión Mágica.
Durante generaciones, los alumnos del Noveno Grado habían esperado aquel momento para demostrar todo lo que habían aprendido. Algunos llegaban acompañados de dragones gigantescos. Otros llevaban lobos, gatos, serpientes o aves capaces de controlar los elementos.
El objetivo parecía sencillo.
Entrar en el Círculo de los Corazones, realizar una invocación junto a su compañero mágico y conseguir que la barra de armonía alcanzara al menos cincuenta puntos.
Quienes aprobaran podrían graduarse.
Quienes no alcanzaran aquella puntuación regresarían al ciclo de preparación, que podía durar hasta diez años adicionales.
Pero aquella mañana nadie imaginaba que la ceremonia terminaría cambiando las leyes de la magia.
En su dormitorio, Perla Nilsen permanecía frente al espejo.
Llevaba el uniforme negro del Noveno Grado, una capa azul y el collar que había pertenecido a su madre.
Sobre su cabeza flotaba un pequeño número.
Nivel 1.
Seguía siendo el mismo.
Perla lo observó durante unos segundos.
Después sonrió.
—Parece que todavía no conseguimos cambiarte.
Nerina, que estaba acomodando a Mistral sobre su hombro, comenzó a reír.
—Después de todo lo que has conseguido, creo que ese número ya debería sentir vergüenza.
Perla soltó una carcajada.
Pero entonces su amiga notó que tenía las manos temblorosas.
—¿Estás nerviosa?
—Muchísimo.
Nerina se acercó y le acomodó la capa.
—¿Recuerdas nuestro primer día?
Perla bajó la mirada.
—Cuando recogiste mis libros del suelo.
—Exactamente. Aquella vez pensé que eras la estudiante más asustada que había visto.
—¿Y ahora?
Nerina sonrió.
—Ahora sigues teniendo miedo, pero ya no permites que decida por ti.
Perla la abrazó.
Afuera se escuchó un rugido.
Era Astarion, que sobrevolaba los jardines acompañado de Celeste.
En el patio, Kael esperaba a Perla.
Ya no era una pequeña serpiente blanca.
Había recuperado su cuerpo humano: un joven de cabello blanco, ojos azules y nivel 88.
Cuando la vio aparecer en las escaleras, sonrió.
—Buenos días, compañera.
Perla descendió hasta quedar frente a él.
—¿Preparado?
Kael observó las torres.
—Después de ochenta años convertido en serpiente, creo que puedo soportar un examen escolar.
Perla comenzó a reír.
Pero entonces Kael tomó suavemente su mano.
—Pase lo que pase hoy, estoy orgulloso de lo que hemos conseguido.
La joven sintió que las mejillas se le calentaban.
—Todavía no hemos aprobado.
—No estaba hablando del examen.
Durante unos segundos permanecieron mirándose.
Después las campanas volvieron a sonar.
Había llegado la hora.
Capítulo 2. El estadio de las nueve torres
El examen se celebraba en un enorme estadio construido entre las torres centrales.
Miles de espectadores ocupaban las gradas.
Habían llegado familias de todos los reinos mágicos, profesores, antiguos alumnos y representantes del Consejo.
En lo alto flotaban nueve enormes cristales.
Cada uno representaba una rama de la magia.
En el centro se encontraba una plataforma circular rodeada de símbolos antiguos.
Sobre ella aparecía una barra transparente, capaz de medir hasta cien puntos de armonía.
Magina, la directora de nivel 999, descendió lentamente desde la Torre Principal.
El público se levantó.
La mujer extendió las manos.
—Bienvenidos al Examen Final de Unión Mágica.
Su voz resonó por todo el estadio.
—Hoy no solamente evaluaremos la fuerza de nuestros estudiantes. Evaluaremos su capacidad para construir vínculos voluntarios, respetar los límites de sus compañeros y compartir magia sin perder el control.
Los asistentes comenzaron a aplaudir.
Magina señaló la enorme barra.
—Recuerden que superar cincuenta puntos significa aprobar. Setenta representa una armonía extraordinaria. Y alcanzar noventa es una hazaña que nuestra academia no ha presenciado durante más de doscientos años.
El murmullo aumentó.
Celeste permanecía junto a Astarion en la entrada del estadio.
Darian acariciaba a Fenris.
Nerina sostenía a Mistral entre sus brazos.
Iris observaba a Lumen.
Tarek intentaba conseguir que Bront dejara de morder uno de los bancos de piedra.
Perla sonrió al verlos.
Sin embargo, Kael parecía preocupado.
Había observado una pequeña luz oscura debajo de uno de los cristales.
—Perla —susurró—, ¿ves aquello?
La muchacha siguió su mirada.
Un símbolo violeta apareció durante un instante.
Después desapareció.
Perla sintió un escalofrío.
—Severin.
Kael asintió lentamente.
Magina había reforzado las defensas del estadio.
Pero el consejero conocía las estructuras antiguas mejor que casi cualquier otro mago.
Y si había conseguido conectar su magia con los cristales de evaluación, el examen podía convertirse en una trampa.
Perla apretó la mano de Kael.
—Tenemos que avisar.
El joven asintió.
Pero antes de que pudieran moverse, la voz de Magina anunció:
—Que comience la primera evaluación.
Las puertas se cerraron.
El examen había comenzado.
Capítulo 3. Los primeros cincuenta puntos
Los primeros estudiantes avanzaron hacia la plataforma.
Un muchacho de nivel 52 apareció acompañado de un águila de fuego.
Extendió ambas manos.
El ave comenzó a volar alrededor de él, formando un círculo de llamas.
La barra aumentó lentamente.
Veinte.
Treinta y cinco.
Cuarenta y ocho.
Finalmente se detuvo en cincuenta y tres.
El público aplaudió.
El estudiante había aprobado.
Después apareció una muchacha acompañada de un gato de ilusiones.
Ambos consiguieron cincuenta y nueve puntos.
Otro alumno alcanzó cuarenta y siete.
La barra se apagó.
El muchacho bajó la mirada, decepcionado.
Magina se acercó.
—No has superado el mínimo. Pero eso no significa que tu esfuerzo haya sido inútil.
El estudiante acarició a su compañero.
Aunque tendría que regresar al ciclo de preparación, ninguno de los dos parecía dispuesto a abandonar su vínculo.
Perla observaba desde las gradas inferiores.
Durante toda su vida había temido aquel momento.
Había pensado que reprobar significaría demostrar que no valía nada.
Ahora comprendía que una calificación solamente mostraba cuánto había conseguido aprender hasta ese día.
No cuánto podía llegar a aprender mañana.
Entonces apareció Tarek.
Bront caminó hasta el centro de la plataforma, intentando mantener una expresión solemne.
Pero justo antes de comenzar, el pequeño perro de piedra tropezó con sus propias patas.
El público soltó una carcajada.
Tarek se arrodilló para ayudarlo.
—Tranquilo, compañero. No tenemos que impresionar a nadie.
Bront ladró.
Una pequeña esfera de tierra apareció entre ambos.
Después se transformó en un escudo circular.
La barra comenzó a subir.
Cuarenta.
Cincuenta.
Finalmente se detuvo en 56 puntos.
Tarek levantó ambos brazos.
—¡Aprobamos!
Bront saltó emocionado.
La pequeña criatura terminó chocando contra una columna decorativa.
Tarek corrió a sujetarlo mientras el público volvía a reír.
Perla aplaudió con todas sus fuerzas.
Aquello no era la competencia que había imaginado al llegar a Shirfs.
Era mucho mejor.
Capítulo 4. La sanadora y la guardiana del viento
Iris fue la siguiente.
Entró acompañada de Lumen, su búho de restauración.
A diferencia de otros estudiantes, no preparó un hechizo espectacular.
Colocó una pequeña planta marchita sobre la plataforma.
Después extendió una mano.
Lumen abrió las alas.
Una luz verde comenzó a envolver las hojas.
La planta recuperó lentamente su color.
Pequeñas flores blancas aparecieron entre sus ramas.
La barra se elevó.
Cincuenta.
Cincuenta y cuatro.
Finalmente alcanzó 56 puntos.
Iris comenzó a llorar.
Durante toda su vida había soñado con convertirse en sanadora.
Ahora estaba un paso más cerca.
Perla la abrazó cuando regresó.
—¡Lo conseguiste!
Iris sonrió entre lágrimas.
—Mi abuela estaría tan feliz.
Después llegó el turno de Nerina.
Mistral saltó desde su hombro y comenzó a recorrer la plataforma.
La gata de viento parecía demasiado emocionada para permanecer quieta.
Nerina levantó ambas manos.
Una pequeña corriente de aire apareció entre sus dedos.
Mistral comenzó a girar alrededor de ella.
El viento se transformó lentamente en cientos de pequeñas mariposas transparentes.
Las criaturas atravesaron el estadio, rodeando a los espectadores sin tocarlos.
La barra comenzó a subir.
Cincuenta y dos.
Cincuenta y cinco.
Finalmente se detuvo en 58 puntos.
Nerina lanzó un grito de felicidad.
Mistral saltó directamente hacia sus brazos.
Perla corrió a felicitarla.
—¡Estoy tan orgullosa de ti!
Nerina comenzó a reír.
—¡Y pensar que al principio solamente quería conseguir que mi gata dejara de robarme la comida!
Ambas se abrazaron.
Pero cuando Perla levantó la mirada hacia los cristales superiores, volvió a observar una pequeña corriente violeta.
Esta vez estaba segura.
No era parte del examen.
Algo estaba extrayendo energía de las barras.
Y el peligro crecía con cada nuevo participante.
Capítulo 5. El lobo que volvió a confiar
Darian fue llamado al centro del estadio.
El muchacho de nivel 78 avanzó acompañado de Fenris.
Durante meses había imaginado aquel examen como la oportunidad perfecta para demostrar que pertenecía a una de las familias mágicas más importantes de Shirfs.
Antes habría intentado conseguir una puntuación superior a la de todos sus compañeros.
Habría ordenado a Fenris utilizar sus ataques más destructivos, aunque terminara agotado.
Pero las cosas habían cambiado.
El lobo se detuvo antes de llegar al círculo.
Darian se arrodilló frente a él.
—¿Estás preparado?
Fenris levantó las orejas.
Después apoyó suavemente la cabeza sobre la mano de su compañero.
Darian sonrió.
—Entonces hagámoslo juntos.
Ambos entraron en el círculo.
El joven extendió una mano y creó una esfera de hielo.
Fenris comenzó a caminar alrededor de ella.
Cada paso dejaba pequeñas huellas luminosas sobre el suelo.
La esfera creció hasta convertirse en un enorme lobo transparente.
La criatura de hielo levantó la cabeza.
Después se deshizo en miles de pequeños cristales que descendieron suavemente sobre la plataforma.
La barra comenzó a aumentar.
Cuarenta.
Cincuenta.
Sesenta.
Finalmente se detuvo en 64 puntos.
Darian abrió mucho los ojos.
No era la puntuación más alta de la academia.
Tampoco había conseguido una invocación legendaria.
Pero Fenris estaba tranquilo.
No temblaba.
No parecía agotado.
Y cuando Darian extendió los brazos, el lobo se acercó voluntariamente.
El muchacho lo abrazó.
Por primera vez sintió que había conseguido una victoria que realmente les pertenecía a ambos.
Al regresar, encontró a Perla esperándolo.
—Felicitaciones —dijo ella.
Darian sonrió.
—Gracias.
Durante unos segundos permaneció incómodo.
Después añadió:
—Perla, pase lo que pase en tu evaluación, quiero que sepas que me equivoqué contigo.
La muchacha levantó la mirada.
—Ya me lo dijiste.
—Lo sé. Pero nunca lo había dicho delante de mis compañeros.
Darian se giró hacia los integrantes del antiguo Círculo Dorado.
—Nos burlamos de ella porque tenía nivel 1. Y resulta que fue la primera persona que nos enseñó a respetar a nuestras criaturas.
Los demás guardaron silencio.
Perla sintió que las mejillas se le calentaban.
No sabía cómo responder.
Finalmente sonrió.
—Entonces procura recordar lo que aprendiste cuando seas un mago famoso.
Darian comenzó a reír.
—Haré lo posible.
Y por primera vez, cuando el muchacho se alejó, Perla no sintió que acababa de hablar con uno de sus enemigos.
Capítulo 6. La princesa que decidió perder su corona
El estadio quedó en silencio cuando anunciaron a Celeste Valmora.
La joven caminó hacia la plataforma acompañada de Astarion.
El enorme dragón negro abrió sus alas, proyectando una sombra que cubrió parte de las gradas.
Miles de espectadores comenzaron a murmurar.
Celeste seguía siendo la alumna más admirada del Noveno Grado.
Su nivel 99 era extraordinario.
Pero durante las últimas semanas había dejado de utilizar los adornos de su familia.
Tampoco llevaba la antigua corona negra.
Solamente conservaba una pequeña cicatriz alrededor de la muñeca.
En la tribuna principal, Lord Edric Valmora observaba a su hija con expresión severa.
Celeste lo vio.
Durante un instante sintió el mismo miedo de siempre.
Recordó las exigencias.
Las discusiones.
La amenaza de quedarse sin apoyo económico si no conseguía el primer lugar.
Pero entonces Astarion bajó la cabeza.
Su voz resonó dentro de la mente de la muchacha.
«No tenemos que hacerlo para él».
Celeste cerró los ojos.
—Lo sé.
Se acercó al dragón.
—¿Qué te gustaría invocar?
Astarion pareció sorprendido.
Durante años le habían ordenado utilizar fuego, destruir obstáculos y demostrar su fuerza.
Nadie le había preguntado qué deseaba crear.
Finalmente respondió:
«El cielo que existía antes de la guerra».
Celeste sonrió.
—Entonces mostremos ese cielo.
Levantó ambas manos.
Una pequeña llama violeta apareció entre sus dedos.
Astarion exhaló una nube de energía dorada.
Ambas luces comenzaron a girar.
Sobre el estadio apareció una imagen inmensa.
Un cielo nocturno cubierto de estrellas.
Dragones de diferentes colores volaban entre las constelaciones.
Debajo podían verse los antiguos jardines de Shirfs, mucho antes de que la guerra destruyera una parte de la ciudad.
El público permaneció fascinado.
No era un hechizo de destrucción.
Era un recuerdo convertido en magia compartida.
La barra comenzó a elevarse.
Cincuenta.
Sesenta.
Setenta.
Celeste contuvo la respiración.
La luz continuó creciendo.
Setenta y cinco.
Setenta y seis.
Finalmente se detuvo en 77 puntos.
El estadio estalló en aplausos.
Era la puntuación más alta del día.
Celeste observó a Astarion.
El dragón respiraba tranquilamente.
Por primera vez habían conseguido una invocación extraordinaria sin recurrir a la obediencia forzada.
La muchacha sintió que las lágrimas le llenaban los ojos.
—Lo conseguimos.
Astarion inclinó la cabeza.
«Elegimos hacerlo».
Celeste sonrió.
Desde la tribuna, su padre permanecía inmóvil.
Pero esta vez ella no buscó su aprobación.
Abrazó el enorme cuello del dragón.
Y mientras el público celebraba sus setenta y siete puntos, Celeste comprendió que había conseguido algo que ninguna victoria anterior le había proporcionado.
Libertad.
Capítulo 7. El secreto debajo de la barra
Bajo el estadio, una corriente violeta comenzó a iluminar los túneles.
Severin permanecía frente al Corazón del Vacío, observando cómo pequeñas esferas de energía descendían desde los cristales de evaluación.
Cada puntuación del examen había alimentado una parte de su maquinaria.
Los cincuenta y seis puntos de Tarek.
Los cincuenta y ocho de Nerina.
Los sesenta y cuatro de Darian.
Y ahora los setenta y siete de Celeste.
El consejero sonrió.
—Maravilloso.
Dentro del cristal negro, la enorme sombra abrió lentamente los ojos.
—Todavía no es suficiente.
Severin asintió.
—Lo sé. Estamos esperando a la última participante.
Sobre una esfera apareció la imagen de Perla.
La muchacha permanecía junto a Kael, observando las evaluaciones.
Nivel 1.
Armonía registrada: 58%.
Severin contempló aquel número con desprecio.
—Una niña incapaz de encender una vela cuando llegó a Shirfs.
La sombra respondió:
—Y sin embargo puede unir aquello que ni siquiera Magina comprende.
El consejero extendió una mano.
Una página oscura comenzó a flotar frente a él.
Había sido robada del Archivo del Primer Latido.
Contenía la última parte de un hechizo prohibido.
La Fórmula de la Convergencia Inversa.
A diferencia de la magia que Perla y Kael estaban aprendiendo, aquella técnica no unía voluntades.
Las separaba de sus dueños y transformaba sus vínculos en una sola fuente de energía.
—Cuando la muchacha consiga una invocación superior a noventa puntos —explicó Severin—, los nueve cristales intentarán absorber el exceso de poder.
La sombra comenzó a moverse.
—Y esa energía abrirá el sello.
Severin sonrió.
—Exactamente.
Pero entonces una voz interrumpió la conversación.
—No si destruyo primero los conductos.
Severin se giró.
Varek, el antiguo guardián del santuario, permanecía junto a la entrada.
Llevaba un bastón de protección y varios cristales de cierre.
El consejero comenzó a reír.
—¿Un simple guardián pretende detenerme?
Varek levantó la cabeza.
—Pasé ochenta años vigilando a Astarion mientras ustedes lo mantenían encadenado.
Activó uno de los cristales.
Una tubería violeta se rompió.
Parte de la energía acumulada desapareció.
Severin dejó de sonreír.
—Cometes un grave error.
Varek respondió:
—Ya cometí suficientes obedeciendo.
El consejero levantó una mano.
Una sombra golpeó al guardián y lo lanzó contra una columna.
Varek cayó al suelo, herido.
Pero antes de perder el conocimiento consiguió activar una pequeña esfera de comunicación.
Una señal roja apareció en el despacho de Magina.
La directora comprendió inmediatamente.
Severin había comenzado su ataque.
Capítulo 8. La orden que Magina no quiso dar
Magina observó la señal roja mientras Celeste recibía su reconocimiento.
Su primer impulso fue cancelar el examen y evacuar el estadio.
Pero cuando intentó activar los portales de salida, descubrió que estaban bloqueados.
Los cristales superiores habían sido conectados a un sello de retención.
Si utilizaba directamente su poder de nivel 999 para destruirlos, la energía acumulada podría descargarse sobre las criaturas que permanecían dentro del recinto.
Arven llegó a su lado.
—Directora, encontramos una corriente desconocida debajo de la plataforma.
—Lo sé. Severin está utilizando los medidores.
El profesor levantó su bastón.
—Podemos intentar romperlos.
Magina negó.
—Hay demasiados vínculos conectados. Una descarga podría herir a los estudiantes.
Elowen apareció acompañada de varios sanadores.
—Las criaturas de las primeras evaluaciones están comenzando a mostrar síntomas de agotamiento.
La directora sintió que el tiempo se agotaba.
Desde las gradas, miles de familias continuaban celebrando.
No sabían que estaban atrapadas.
Entonces Magina tomó una decisión.
Levantó el bastón y anunció:
—El examen queda temporalmente suspendido por una emergencia de seguridad.
El público comenzó a murmurar.
Celeste observó hacia las torres.
Astarion levantó la cabeza.
Había reconocido la energía de Severin.
Kael también.
Perla sintió un tirón doloroso en la marca azul de su mano.
—Está debajo de nosotros —susurró.
Magina continuó:
—Los estudiantes deberán permanecer junto a sus compañeros mientras los profesores aseguran los conductos mágicos.
Pero antes de que pudiera explicar algo más, una voz resonó desde las nueve torres.
Era Severin.
—Querida directora, siempre tan dispuesta a detener el progreso cuando algo escapa de su control.
Una enorme imagen apareció sobre el estadio.
El rostro del consejero flotaba entre nubes violetas.
Los espectadores comenzaron a gritar.
Severin sonrió.
—Hoy Shirfs presenciará una demostración de magia que ningún examen ha conseguido registrar.
Magina levantó su bastón.
—¡Severin, detente!
El consejero ignoró la orden.
—Solamente necesito que la última participante entre en el círculo.
Su imagen se giró hacia Perla.
—Vamos, pequeña maga de nivel 1. Todos están esperando tu gran momento.
El estadio quedó en silencio.
Miles de ojos se dirigieron hacia ella.
Y Perla comprendió que Severin no había preparado aquella trampa para cualquier estudiante.
La había preparado específicamente para ella.
Capítulo 9. La alumna que se negó a entrar
Perla permaneció inmóvil frente a la plataforma.
Kael se colocó a su lado.
—No tienes que aceptar su desafío —dijo.
La joven observó los nueve cristales.
Ahora podía ver claramente las corrientes violetas que descendían desde ellos.
Durante sus primeros días en Shirfs habría entrado inmediatamente.
Habría intentado demostrar que no era inútil.
Habría arriesgado todo con tal de escuchar una sola felicitación.
Pero ya no era aquella muchacha.
Levantó la mirada hacia la imagen de Severin.
—No voy a utilizar nuestra magia para abrir tu prisión.
El consejero comenzó a reír.
—Qué decepción. Pensé que deseabas demostrar cuánto habías aprendido.
—Aprendí que no tengo que demostrarte nada.
El público murmuró.
Severin observó a Kael.
—¿Y tú, viejo amigo? ¿También vas a permitir que tu compañera abandone el examen?
Kael respondió con tranquilidad.
—Perla acaba de tomar la decisión correcta.
La sonrisa del consejero desapareció.
Entonces extendió ambas manos.
Los nueve cristales comenzaron a brillar.
Una enorme barrera violeta descendió sobre el estadio.
Las criaturas mágicas sintieron inmediatamente una presión alrededor de sus corazones.
Mistral se escondió entre los brazos de Nerina.
Fenris comenzó a gruñir.
Lumen extendió las alas, intentando proteger a Iris.
Astarion lanzó un rugido.
Severin habló nuevamente.
—Si la maga de nivel 1 no desea entrar voluntariamente, entonces utilizaremos los vínculos que sus compañeros ya han demostrado.
Perla observó aterrada cómo las barras de armonía comenzaron a aparecer sobre las cabezas de los estudiantes.
56.
58.
64.
77.
Los números comenzaron a emitir pequeñas corrientes violetas.
La energía descendía hacia las profundidades.
Iris cayó de rodillas.
Darian intentó levantar un escudo alrededor de Fenris.
Nerina abrazó a Mistral desesperadamente.
Perla sintió que algo se rompía dentro de ella.
Severin estaba utilizando a sus amigos para obligarla a actuar.
Y lo peor era que sabía que funcionaría.
La joven dio un paso hacia el círculo.
Kael tomó su mano.
—Es una trampa.
—Lo sé.
—Podemos buscar otra solución.
Perla observó a sus compañeros.
Después levantó la mirada hacia los cristales.
—Entonces tendremos que encontrarla desde dentro.
Kael guardó silencio.
La muchacha continuó:
—No voy a entrar para demostrar que soy poderosa. Voy a entrar para impedir que siga lastimándolos.
El joven sonrió débilmente.
—Entonces no entrarás sola.
Ambos avanzaron hacia la plataforma.
Severin comenzó a reír.
Creía haber ganado.
Pero no sabía que Perla acababa de recordar la lección más importante del Archivo del Primer Latido.
Cuando alguien intentaba obligarte a elegir entre dos pérdidas, existía una tercera posibilidad.
Negarse a aceptar las reglas de quien había preparado la trampa.
Capítulo 10. La invocación de la serpiente blanca
Perla y Kael se colocaron en el centro del Círculo de los Corazones.
La enorme barra apareció frente a ellos.
Estaba completamente vacía.
Los espectadores observaron sorprendidos.
A pesar del peligro, muchos recordaron las burlas del primer día.
La maga de nivel 1.
La serpiente abandonada.
La pareja que todos consideraban incapaz de superar un examen.
Pero ahora Kael era un mago humano de nivel 88.
Y Perla había aprendido a utilizar una magia que ni siquiera los profesores comprendían completamente.
Magina se acercó hasta el límite de la plataforma.
—Perla, escucha. Los cristales están alterados. Cualquier invocación que realices podría alimentar el Corazón del Vacío.
La joven asintió.
—Lo sé.
—Entonces debes salir.
Perla miró a Kael.
Después a la directora.
—¿Podría utilizar su magia para sostener la barrera sin atacar los cristales?
Magina frunció el ceño.
—Durante un tiempo, sí.
—Entonces necesito que confíe en nosotros.
La directora permaneció inmóvil.
Tenía nivel 999.
Era la maga más poderosa de Shirfs.
Y una alumna de nivel 1 acababa de pedirle que no utilizara su fuerza para resolver el problema.
Magina respiró profundamente.
Después levantó el bastón.
—Tendrán mi protección mientras pueda mantenerla.
Una luz plateada envolvió la plataforma.
Kael se colocó frente a Perla.
Ambos extendieron las manos.
—¿Preparada? —preguntó él.
La joven sonrió.
—Desde el día que te encontré en aquel invernadero.
Cerraron los ojos.
Una pequeña luz azul apareció entre sus dedos.
No era impresionante.
Apenas tenía el tamaño de una vela.
Pero comenzó a crecer lentamente.
Perla sintió el corazón de Kael.
Después el suyo.
Ambos latidos se encontraron.
Una imagen apareció sobre la plataforma.
Era una pequeña serpiente blanca, exactamente como Kael cuando había estado herido y abandonado.
El público comenzó a murmurar.
La serpiente luminosa se deslizó alrededor de Perla.
Después comenzó a elevarse.
Sus escamas se transformaron en pequeñas estrellas.
El cuerpo creció.
Las estrellas se unieron.
Y frente a todos apareció una criatura extraordinaria.
Una enorme serpiente celestial hecha de luz azul y plata.
No tenía colmillos amenazantes.
Tampoco lanzaba fuego.
Su cuerpo parecía estar formado por miles de pequeños recuerdos.
Perla levantó las manos.
Kael hizo lo mismo.
La serpiente celestial rodeó la plataforma sin tocar los cristales oscuros.
La barra comenzó a aumentar.
Diez.
Treinta.
Cincuenta.
El público guardó silencio.
La energía continuó creciendo.
Setenta.
Ochenta.
Celeste abrió mucho los ojos.
Darian dejó de respirar durante unos segundos.
La barra alcanzó noventa.
El estadio entero permaneció inmóvil.
Nadie había conseguido aquella puntuación durante más de doscientos años.
Pero Perla y Kael todavía no habían terminado.
Capítulo 11. Noventa y nueve
La serpiente celestial comenzó a dividirse en pequeños círculos luminosos.
Cada uno mostraba una imagen.
Perla intentando levantar una piedra en Noruega.
Su llegada a Shirfs.
Darian arrojando su maleta.
Nerina ayudándola a recoger sus libros.
La pequeña serpiente blanca herida entre las macetas del invernadero.
Las noches de entrenamiento.
La primera pluma que consiguieron elevar juntos.
El laberinto.
El miedo.
La amistad.
Y finalmente Kael recuperando su forma humana.
No eran recuerdos de victorias extraordinarias.
Eran momentos en los que habían decidido continuar incluso cuando todo parecía imposible.
La barra siguió aumentando.
Noventa y uno.
Noventa y cuatro.
Noventa y siete.
Perla sintió que el corazón latía cada vez más rápido.
Kael mantenía la conexión estable.
La serpiente celestial comenzó a formar un enorme círculo sobre sus cabezas.
Noventa y ocho.
Un silencio absoluto recorrió el estadio.
Y entonces apareció el número que nadie esperaba.
99.
La barra se detuvo.
Durante unos segundos nadie reaccionó.
Después el estadio estalló en gritos.
—¡Noventa y nueve!
—¡Es imposible!
—¡La maga de nivel 1 consiguió noventa y nueve puntos!
Celeste se llevó una mano a la boca.
Su dragón había conseguido setenta y siete puntos.
Los demás estudiantes habían alcanzado resultados cercanos a cincuenta y seis.
Y ahora Perla acababa de superar todos los registros conocidos.
Darian comenzó a aplaudir.
Después Nerina.
Iris.
Tarek.
Y finalmente miles de espectadores.
Pero Perla no sonrió.
Había observado algo mucho más preocupante.
Los cristales superiores habían comenzado a absorber parte de la luz azul.
La invocación estaba alimentando el sistema de Severin.
Kael también lo sintió.
—Perla, tenemos que detener el flujo.
La muchacha intentó interrumpir el hechizo.
Pero la barra permaneció iluminada.
Los noventa y nueve puntos seguían brillando.
Desde las profundidades, Severin comenzó a reír.
—¡Extraordinario! ¡Una armonía casi perfecta!
El cielo sobre el estadio se oscureció.
La voz del consejero resonó nuevamente.
—Gracias, Perla. Acabas de conseguir lo que ningún mago de mi generación pudo lograr.
Los cristales comenzaron a agrietarse.
Una sombra gigantesca apareció debajo de la plataforma.
El Corazón del Vacío había despertado.
Capítulo 12. El enemigo que había esperado mil años
Un estruendo sacudió Shirfs.
Las nueve torres comenzaron a inclinarse ligeramente hacia el centro de la ciudad.
Los cristales superiores proyectaron enormes cadenas violetas.
Debajo de la plataforma apareció una grieta negra.
De ella surgió una criatura tan grande que su sombra cubrió buena parte del estadio.
Tenía dos ojos rojos.
Su cuerpo parecía estar formado por humo, piedra y recuerdos rotos.
No poseía alas ni una forma estable.
Cada vez que intentaba mover uno de sus brazos, su figura cambiaba.
Magina levantó inmediatamente el bastón.
—¡Todos detrás de las barreras!
Un enorme escudo plateado cubrió las gradas.
Los estudiantes comenzaron a evacuar hacia las zonas protegidas.
El monstruo observó a Perla.
Su voz resonó directamente dentro de la mente de los presentes.
—Al fin...
Severin apareció junto a la grieta.
Su expresión estaba llena de admiración.
—Mi señor, he cumplido mi promesa.
La criatura lo observó.
—Has abierto la puerta.
El consejero inclinó la cabeza.
—Ahora podremos crear un reino donde ningún poder vuelva a desperdiciarse.
El monstruo comenzó a reír.
—Los humanos siempre creen que pueden negociar con aquello que no comprenden.
Severin levantó la mirada.
Por primera vez apareció una sombra de duda en sus ojos.
—¿Qué quiere decir?
La criatura extendió una mano.
Una corriente negra rodeó al consejero.
Severin intentó liberarse.
Pero su magia comenzó a desaparecer.
—¡No! ¡Yo te devolví la libertad!
—Y por eso serás el primero en servirme.
La sombra lo arrojó contra una columna y lo mantuvo inmovilizado mediante cadenas oscuras.
Perla observaba aterrada.
El enemigo ni siquiera respetaba a quien lo había liberado.
Kael tomó su mano.
—Es el Devorador de Vínculos.
Magina bajó lentamente el bastón.
—El nombre que los antiguos registros intentaron borrar.
La criatura levantó la cabeza.
—Durante mil años observé cómo convertían la magia en una jerarquía. Cómo los poderosos dominaban a los débiles. Cómo utilizaban a las criaturas para conseguir prestigio.
Su voz se volvió más profunda.
—Cada abuso, cada contrato forzado y cada corazón roto alimentó mi prisión.
Perla comprendió entonces la terrible ironía.
Severin había intentado liberar al Devorador utilizando exactamente aquello que lo fortalecía.
Vínculos convertidos en cadenas.
Criaturas tratadas como objetos.
Personas obligadas a demostrar que merecían ser queridas.
Y ahora el monstruo pretendía alimentarse de toda Shirfs.
Capítulo 13. Cuando incluso el nivel 999 no fue suficiente
Magina avanzó hasta el centro del estadio.
Su túnica plateada comenzó a elevarse alrededor de ella.
Sobre su cabeza apareció el número 999.
Miles de pequeñas estrellas se encendieron a su alrededor.
La directora extendió ambas manos.
—¡Por las Nueve Torres, te ordeno regresar a tu prisión!
Una enorme columna de luz descendió desde el cielo.
El Devorador levantó un brazo.
La magia golpeó su cuerpo y provocó una explosión que hizo temblar las montañas alrededor de Shirfs.
Durante varios segundos nadie pudo ver lo que ocurría.
Cuando el humo desapareció, la criatura seguía allí.
Magina retrocedió.
No estaba herida, pero había perdido una cantidad enorme de energía.
El monstruo comenzó a reír.
—Novecientos noventa y nueve. Tan cerca del límite y todavía incapaz de comprenderlo.
La directora levantó nuevamente su bastón.
Pero Kael intervino.
—¡Magina, no!
La mujer se giró.
—¿Qué sucede?
—Cada vez que utilizas tu poder contra él, está absorbiendo una parte de la energía.
Perla observó atentamente.
Era verdad.
La columna de luz había desaparecido dentro de la sombra.
Después de recibir el ataque, el monstruo parecía todavía más grande.
Magina bajó lentamente el bastón.
—Entonces no podemos destruirlo mediante fuerza.
Kael asintió.
—Eso fue lo que descubrimos durante la primera guerra.
El Devorador levantó nuevamente la cabeza.
—Y aun así necesitaste ochenta años para regresar, pequeño mago.
Kael apretó los puños.
Durante un instante recordó su sacrificio.
Su cuerpo convirtiéndose en serpiente.
Lyra llorando al otro lado de la barrera.
Astarion alejándose entre las llamas.
Pero Perla tomó su mano.
—No vamos a repetir lo que ocurrió.
Kael la observó.
—¿Cómo lo sabes?
La joven miró las nueve torres.
Después los cristales.
Finalmente observó a las criaturas que permanecían protegidas junto a sus compañeros.
—Porque ahora conocemos la diferencia entre compartir magia y arrebatarla.
Magina levantó la mirada.
Perla continuó:
—Severin consiguió abrir el sello utilizando conexiones forzadas. Entonces quizá podamos cerrarlo utilizando vínculos que decidan colaborar voluntariamente.
La directora permaneció inmóvil.
Después sus ojos comenzaron a iluminarse.
—La Fórmula del Primer Latido...
Kael comprendió inmediatamente.
—No necesitamos construir una nueva prisión.
Perla asintió.
—Necesitamos separar al Devorador de la energía que está robando y devolver cada vínculo a quien le pertenece.
Pero para conseguirlo tendrían que utilizar una magia que nunca se había realizado en Shirfs.
Una conexión entre las nueve torres.
Y una maga capaz de mantenerlas unidas sin apropiarse de su poder.
Capítulo 14. Los nueve corazones que respondieron
Perla se colocó frente a Magina.
—Necesito que reúna a quienes deseen ayudarnos.
La directora observó a las criaturas.
—¿A todos?
—Solamente a quienes quieran participar. Si alguien tiene miedo, debe poder retirarse.
Magina levantó lentamente el bastón.
Una voz resonó sobre el estadio.
—Estudiantes, profesores y compañeros mágicos: Shirfs necesita su ayuda. Nadie está obligado a entregar su energía. Quienes decidan colaborar podrán sostener un pequeño vínculo de protección mientras intentamos cerrar la grieta.
Durante unos segundos no ocurrió nada.
Después Nerina levantó la mano.
Mistral saltó sobre su hombro.
—Nosotras ayudaremos.
Iris se acercó acompañada de Lumen.
—Nosotros también.
Tarek levantó los brazos.
Bront comenzó a ladrar emocionado.
Darian avanzó junto a Fenris.
—No pienso quedarme mirando mientras destruyen nuestra escuela.
Celeste apareció sobre una plataforma cercana.
Astarion permanecía detrás de ella.
—Nosotros también estamos preparados.
Pero el dragón levantó una de sus enormes alas.
«Quiero que todos recuerden algo».
Su voz resonó sobre el estadio.
«No estamos obedeciendo una orden. Estamos eligiendo proteger nuestro hogar».
Las criaturas comenzaron a responder.
Primero fueron los lobos.
Después los búhos.
Los gatos de viento.
Las pequeñas serpientes.
Y finalmente los dragones.
Miles de luces aparecieron alrededor del estadio.
No se concentraron en un solo lugar.
Cada una permaneció alrededor de su propio compañero.
Perla cerró los ojos.
Sintió aquellas conexiones.
Pero no intentó absorberlas.
Solamente comenzó a mostrarles cómo podían sostenerse unas a otras sin perder su independencia.
Magina comprendió el procedimiento.
—Las nueve torres pueden funcionar como conductos separados.
Tarek levantó la mirada.
—¡Y si mantenemos los cristales desconectados del sistema de Severin, podremos impedir que el Devorador reciba la energía!
La directora asintió.
Arven comenzó a modificar las runas.
Elowen protegió a las criaturas debilitadas.
Darian y Fenris ayudaron a evacuar a los estudiantes que no deseaban participar.
Celeste y Astarion extendieron una barrera sobre las gradas.
Nerina utilizó el viento para distribuir las señales de coordinación.
Iris mantuvo los círculos de restauración.
Y Perla permaneció en el centro.
Por primera vez, todos trabajaban juntos sin importar sus niveles.
No había estudiantes populares.
Ni familias importantes.
Ni criaturas consideradas inferiores.
Solamente personas intentando protegerse mutuamente.
Pero cuando las nueve torres comenzaron a iluminarse, el Devorador lanzó un rugido.
Había comprendido lo que estaban haciendo.
Y no permitiría que lo encerraran nuevamente.
Capítulo 15. La última puerta de la decimotercera hora
La sombra extendió ambos brazos.
Una enorme grieta se abrió sobre el cielo.
Desde ella comenzaron a caer fragmentos de recuerdos.
Voces.
Imágenes.
Promesas rotas.
Los estudiantes sintieron que sus propios miedos regresaban.
Nerina escuchó la voz de sus padres diciéndole que nunca conseguiría nada importante.
Darian recordó las burlas que había lanzado contra otros alumnos.
Celeste volvió a escuchar a su padre exigiéndole ser la mejor.
Perla vio nuevamente a su madre desapareciendo detrás de una puerta.
El Devorador se alimentaba de aquellas heridas.
Pero entonces Kael levantó las manos.
—¡Perla, recuerda el Archivo!
La joven cerró los ojos.
La Fórmula de los Dos Corazones apareció frente a ella en pequeñas letras luminosas.
Recordó las palabras de Eira.
"El vínculo no borra el dolor. Permite enfrentarlo sin perder la propia voluntad".
Perla respiró profundamente.
Después levantó ambas manos.
Una pequeña puerta azul apareció dentro del círculo.
Era la entrada a la decimotercera hora.
Magina la observó sorprendida.
—¿Qué estás haciendo?
—Necesitamos a los otros guardianes.
Kael comprendió.
Astrid.
Lyra.
Las dos magas que permanecían atrapadas dentro del reloj.
Pero la puerta todavía estaba conectada al Corazón del Vacío.
Abrirla directamente sería peligroso.
Perla levantó el Manual de Separación Temporal que habían recuperado del Archivo.
Las páginas comenzaron a brillar.
Eira apareció dentro de una esfera de comunicación.
—No intentes traerlas mediante fuerza —advirtió la anciana—. Primero separa la prisión de aquello que la mantiene encadenada.
Perla asintió.
Kael extendió las manos.
Astarion bajó su enorme cabeza.
Los tres antiguos guardianes del juramento comenzaron a emitir una luz dorada.
Dentro del reloj apareció Lyra.
Su cabello rojo flotaba alrededor de su rostro.
Cuando vio a Kael en forma humana, comenzó a llorar.
—Regresaste...
El joven sonrió entre lágrimas.
—Te lo prometí.
Lyra levantó ambas manos.
La canción del Puente del Alba comenzó a escucharse sobre el estadio.
Astarion respondió con un rugido suave.
Las tres notas se unieron.
La prisión de Lyra comenzó a separarse lentamente del reloj principal.
Pero todavía faltaba Astrid.
Perla sintió que el collar azul comenzaba a calentarse.
Una segunda figura apareció dentro del cristal.
Su madre.
La mujer que llevaba once años esperando.
Astrid abrió los ojos.
—Perla...
La joven comenzó a llorar.
—Mamá, estoy aquí.
Pero esta vez no intentó romper el cristal desesperadamente.
Recordó todo lo que había aprendido.
Y preguntó:
—¿Quieres que te ayudemos a salir?
Astrid sonrió entre lágrimas.
—Más que nada en el mundo.
Perla extendió ambas manos.
Dos hilos de luz aparecieron sobre el reloj.
Uno pertenecía a Lyra.
El otro a Astrid.
El Devorador lanzó un rugido.
Por primera vez estaba perdiendo los recuerdos que mantenía prisioneros.
Y cuando intentó detenerlos, algo extraordinario ocurrió.
La magia de convergencia de Perla comenzó a despertar.
Capítulo 16. El número que no podía existir
El suelo del estadio se iluminó.
Una enorme corriente azul descendió desde las nueve torres.
No era energía robada.
Cada uno de los participantes conservaba su propio poder.
La luz solamente mostraba cómo sus vínculos podían mantenerse conectados sin perder su independencia.
Perla sintió que algo dentro de ella comenzaba a cambiar.
Durante toda su vida había tenido una reserva de magia diminuta.
Su nivel 1 no había sido una mentira completa.
Astrid había ocultado su afinidad, pero su energía individual siempre había sido pequeña.
Ahora, por primera vez, Perla comprendía cómo desarrollar aquella reserva utilizando su propia capacidad de convergencia.
No necesitaba quedarse con el poder de nadie.
Podía aprender de las conexiones, estabilizar nuevos patrones y convertir ese aprendizaje en magia propia.
El collar de Astrid comenzó a agrietarse.
Un pequeño símbolo apareció sobre la frente de Perla.
Era el mismo que había visto en el libro de la Primera Tejedora.
Miles de hilos luminosos comenzaron a girar alrededor de sus manos.
El número sobre su cabeza parpadeó.
1.
Después apareció un pequeño destello.
10.
Los estudiantes comenzaron a murmurar.
El número siguió cambiando.
50.
Perla abrió los ojos sorprendida.
Kael levantó la mirada.
—¡Perla!
La joven apenas podía escucharlo.
Estaba concentrada en mantener separados los recuerdos de Astrid y Lyra.
100.
Los profesores comenzaron a retroceder.
250.
Magina observaba fascinada.
Nunca había presenciado un despertar de convergencia.
500.
El Devorador intentó lanzar una sombra hacia Perla.
Pero Astarion extendió sus alas y bloqueó el ataque.
Celeste levantó ambas manos, ayudando a sostener la barrera.
750.
El estadio entero comenzó a temblar.
Darian miró hacia las torres.
—¡Su nivel está aumentando!
Nerina comenzó a llorar.
—¡Vamos, Perla!
La muchacha sintió que el sello de su madre terminaba de abrirse.
No como una prisión destruida.
Sino como una protección que ya no necesitaba mantener oculta su verdadera afinidad.
El número llegó a 999.
Magina dejó caer lentamente su bastón.
Durante generaciones había sido considerada la maga más poderosa de Shirfs.
Ahora una estudiante a la que todos habían despreciado acababa de alcanzar su mismo nivel.
Pero la luz no se detuvo.
Kael sintió que el corazón de Perla latía con una fuerza extraordinaria.
La joven abrió los ojos.
Una última estrella apareció sobre su cabeza.
El número cambió.
1000.
El silencio fue absoluto.
Durante varios segundos nadie pudo pronunciar una palabra.
Después Magina susurró:
—La Primera Tejedora...
Los antiguos medidores habían sido construidos para reconocer como máximo el nivel 999.
Pero el registro de la convergencia conservaba una excepción.
Un nivel que no había aparecido durante siglos.
El nivel 1000.
Y ahora estaba sobre la cabeza de Perla Nilsen.
La muchacha que había llegado a Shirfs sin conseguir levantar una piedra.
La alumna a la que todos habían humillado.
La maga que había elegido a una serpiente herida cuando nadie más la quería.
Acababa de convertirse en la primera maga de nivel 1000 de su generación.
Pero la verdadera prueba todavía no había terminado.
Capítulo 17. El último hechizo de la maga más poderosa
El Devorador retrocedió al ver el número que brillaba sobre la cabeza de Perla.
—Imposible...
Su voz ya no estaba llena de arrogancia.
Por primera vez parecía tener miedo.
—Ese nivel fue borrado de los registros hace siglos.
Perla permanecía suspendida sobre la plataforma.
Su cabello flotaba alrededor de su rostro y miles de pequeños símbolos azules giraban entre sus manos.
Pero no sonreía.
Tampoco parecía disfrutar de aquella fuerza extraordinaria.
Observaba las criaturas que continuaban atrapadas por las corrientes oscuras.
Y comprendía exactamente lo que debía hacer.
—No voy a destruirte utilizando el poder de los demás —dijo.
El Devorador comenzó a reír.
—¿Entonces cómo piensas detenerme?
Perla extendió una mano.
Las nueve torres respondieron.
Una luz descendió lentamente hacia el Corazón del Vacío.
Pero no lo atacó.
Comenzó a separar cada hilo de energía que el monstruo había robado.
Primero regresaron los recuerdos de las criaturas utilizadas durante las calibraciones.
Después las pequeñas reservas mágicas arrebatadas a los estudiantes.
Y finalmente los fragmentos de voluntad que Severin había encerrado mediante sus contratos.
El Devorador comenzó a gritar.
Su cuerpo se reducía.
Cada vez que perdía una conexión forzada, desaparecía una parte de su sombra.
Severin observaba aterrorizado.
—¡Detente! ¡Estás destruyendo mil años de conocimiento!
Perla lo miró.
—No. Estoy devolviendo aquello que nunca te perteneció.
Kael se acercó hasta quedar frente a ella.
—Perla, el sello está preparado.
Astarion extendió sus enormes alas.
Lyra apareció fuera del reloj, sostenida por un círculo de protección de Magina.
Astrid también había conseguido salir de su prisión temporal.
Ambas estaban debilitadas, pero libres.
Los tres antiguos guardianes levantaron las manos.
Kael.
Lyra.
Y Astarion.
Pronunciaron las palabras que habían prometido recordar durante ochenta años.
—Ningún corazón será una cadena.
Perla extendió ambas manos.
—Concordia Aeterna.
Una enorme esfera blanca rodeó al Devorador.
No absorbió su energía.
Separó su existencia de todos los vínculos robados y la encerró dentro de un sello sin acceso a corazones ajenos.
La sombra intentó escapar.
Pero ya no tenía de dónde alimentarse.
Las nueve torres comenzaron a brillar.
Después una enorme luz cubrió Shirfs.
Cuando desapareció, el cielo había recuperado su color azul.
El Corazón del Vacío permanecía sellado dentro de un cristal transparente, custodiado por las defensas originales del Archivo del Primer Latido.
Severin cayó de rodillas.
Magina se acercó.
Sus guardianes retiraron los artefactos de magia prohibida que llevaba y colocaron a su alrededor un círculo de contención.
—Severin —dijo la directora—, responderás ante el Consejo por tus crímenes contra Shirfs y sus criaturas.
El consejero levantó la mirada.
Por primera vez no encontró a nadie dispuesto a obedecerlo.
Y Perla descendió lentamente hasta el suelo.
Sobre su cabeza continuaba brillando el número 1000.
Había ganado.
Pero cuando levantó la mirada, solamente buscaba a una persona.
Su madre.
Capítulo 18. Once años esperando un abrazo
Astrid permanecía junto a la plataforma, sostenida por Elowen.
Tenía el cabello castaño, los mismos ojos azules de Perla y una expresión que mezclaba alegría, miedo e incredulidad.
Había pasado once años atrapada dentro de una prisión temporal.
Para ella, su hija seguía siendo una niña pequeña.
Pero ahora tenía frente a sí a una joven de dieciocho años.
Una maga que acababa de salvar Shirfs.
Perla comenzó a caminar lentamente hacia ella.
Durante unos segundos ninguna consiguió hablar.
Finalmente Astrid levantó una mano.
—Perla...
La muchacha comenzó a llorar.
—Mamá.
Corrió hacia ella.
Astrid abrió los brazos.
Y después de once años, madre e hija volvieron a abrazarse.
No hubo hechizos.
Ni grandes explosiones.
Solamente dos personas que habían pasado demasiado tiempo separadas.
—Perdóname —susurró Astrid—. Perdóname por no haber podido regresar.
Perla negó con la cabeza.
—Estabas protegiéndonos.
Astrid acarició su cabello.
—Pero me perdí tantos años de tu vida...
La joven la abrazó con más fuerza.
—Entonces tendremos que recuperar el tiempo que podamos.
Astrid comenzó a llorar.
A pocos metros, Kael observaba la escena junto a Lyra y Astarion.
La maga pelirroja todavía intentaba comprender que habían transcurrido ochenta años desde la guerra.
Kael tomó suavemente su mano.
—Tenemos muchas cosas que contarte.
Lyra lo observó.
Después comenzó a reír entre lágrimas.
—Y tú tienes muchas explicaciones que darme.
Astarion acercó su enorme cabeza.
Los tres permanecieron juntos durante varios minutos.
Por primera vez desde la guerra, ninguno estaba atrapado en una prisión, un recuerdo o un cuerpo que no le pertenecía.
Mientras tanto, Magina observaba desde la escalinata.
Había recuperado a dos antiguas amigas.
Y al mago que durante ochenta años había cargado con una acusación injusta.
La directora cerró lentamente los ojos.
Sabía que todavía quedaban decisiones difíciles.
Debía explicar públicamente la verdad sobre Kael.
Investigar a los miembros del Consejo que habían colaborado con Severin.
Y revisar las leyes que permitían utilizar contratos de obediencia sobre criaturas mágicas.
Pero por primera vez en muchos años tenía esperanza.
Shirfs podía cambiar.
Capítulo 19. La graduación de la alumna más débil
Una semana después, la Academia de las Nueve Torres celebró una nueva ceremonia.
Esta vez no había cristales violetas ni contratos oscuros.
Las criaturas caminaban libremente junto a sus compañeros.
El Consejo había iniciado una investigación sobre Severin y sus colaboradores, y Magina anunció que los contratos de obediencia quedarían suspendidos mientras se reformaban las leyes de vinculación.
También ordenó restituir oficialmente el nombre de Kael Arvandor entre los héroes de Shirfs.
En el centro del Gran Salón aparecía una enorme lista de estudiantes graduados.
Tarek: 56 puntos.
Iris: 56 puntos.
Nerina: 58 puntos.
Darian: 64 puntos.
Celeste: 77 puntos.
Y finalmente...
Perla Nilsen: 99 puntos de armonía. Nivel mágico 1000.
El público comenzó a aplaudir.
Perla avanzó hacia la plataforma acompañada de Kael.
Todavía no conseguía acostumbrarse a que todos la observaran con admiración.
Recordó su primer día.
La maleta esparcida por el suelo.
Los insultos.
La vergüenza.
Y aquella sensación de no pertenecer a ningún lugar.
Magina le entregó su diploma.
—Perla Nilsen, has conseguido algo extraordinario.
La joven sonrió.
—Gracias, directora.
Pero Magina todavía no había terminado.
—También has demostrado que nuestra academia debe cambiar.
Se giró hacia los estudiantes.
—Durante demasiado tiempo enseñamos a nuestros alumnos que el nivel de nacimiento determinaba su valor. Hoy sabemos que estábamos equivocados.
El salón permaneció en silencio.
—Desde el próximo año, Shirfs ofrecerá formación adaptada a las diferentes afinidades mágicas. Ningún estudiante será rechazado únicamente por comenzar en un nivel bajo.
Perla sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.
Era exactamente lo que habría necesitado escuchar cuando llegó desde Noruega.
Después de la ceremonia, Celeste se acercó.
Astarion caminaba tranquilamente detrás de ella.
—Perla...
La joven se giró.
Celeste respiró profundamente.
—Quería decirte algo antes de marcharme.
Perla permaneció callada.
—No espero que olvides cómo te traté. Pero quiero pedirte perdón sin buscar ninguna excusa.
La joven de cabello plateado bajó la mirada.
—Fui cruel contigo porque creía que mi nivel me hacía superior. Y estaba equivocada.
Perla la observó durante unos segundos.
Después respondió:
—Espero que nunca vuelvas a hacerle sentir a otra persona lo que me hiciste sentir a mí.
Celeste asintió.
—No quiero volver a ser esa persona.
Perla sonrió débilmente.
No necesitaban convertirse en mejores amigas.
Pero podían comenzar una relación diferente.
Darian se acercó acompañado de Fenris.
Nerina apareció con Mistral.
Iris sostenía a Lumen y Tarek intentaba evitar que Bront mordiera uno de los diplomas.
Todos comenzaron a reír.
Entonces Kael se acercó a Perla.
Extendió una mano.
—¿Lista para volver a casa?
La joven levantó la mirada.
—¿A Noruega?
Kael sonrió.
—Tu padre todavía no sabe que su hija acaba de convertirse en la maga más poderosa de Shirfs.
Perla abrió mucho los ojos.
—¡Papá!
Había estado tan concentrada en salvar a su madre que apenas podía creer que pronto volverían a estar los tres juntos.
Astrid apareció detrás de ellos.
—Creo que tenemos muchas cosas que contarle a Erik.
Perla abrazó a su madre.
Y por primera vez desde que recibió aquella carta negra, sintió que su aventura estaba acercándose a un final verdaderamente feliz.
Epílogo. La promesa bajo la nieve
Un mes después, una pequeña casa en las montañas de Noruega estaba llena de risas.
Erik Nilsen permanecía sentado junto a la chimenea, observando a su esposa como si todavía temiera que desapareciera cuando cerrara los ojos.
Astrid sostenía una taza de chocolate caliente.
Perla estaba sentada frente a ellos.
Y Kael intentaba ayudar a Erik a reparar una silla.
—No tienes que utilizar magia para todo —decía el carpintero.
Kael observó las piezas de madera.
—Pero sería mucho más rápido.
Erik negó con la cabeza.
—Y mucho menos divertido.
Perla comenzó a reír.
Durante los últimos días, Kael había descubierto que aprender carpintería resultaba más complicado que muchos hechizos de nivel avanzado.
Su nivel continuaba siendo 88.
Y aunque podía realizar magia extraordinaria, todavía no conseguía construir una silla sin que Erik tuviera que corregirlo.
Aquello parecía divertir enormemente al hombre.
Astrid observó a su hija.
—Nunca imaginé que regresarías de Shirfs convertida en una maga de nivel 1000.
Perla sonrió.
—Yo tampoco.
—¿Y ahora qué harás?
La joven miró por la ventana.
La nieve cubría los árboles.
El mismo paisaje que había contemplado durante su infancia.
—Quiero regresar a la academia. Magina me ofreció ayudar a enseñar a estudiantes que comienzan con niveles bajos.
Erik levantó la mirada.
—¿Entonces serás profesora?
—Tal vez. Primero quiero seguir aprendiendo.
Astrid sonrió.
—Eso me alegra.
Perla observó a Kael.
El joven levantó la mirada desde la silla que intentaba reparar.
Durante varios segundos se miraron.
Después él sonrió.
No necesitaban decidir inmediatamente qué significaban todos los sentimientos que habían comenzado a descubrir.
Tenían tiempo.
Por primera vez, Kael tenía todo el tiempo que quisiera.
Aquella noche salieron a caminar bajo las estrellas.
La nieve crujía bajo sus zapatos.
Perla llevaba la misma bufanda con la que había recogido a Kael del invernadero.
El joven la observó.
—Todavía la conservas.
Perla sonrió.
—Por supuesto.
Kael comenzó a reír.
—Supongo que ahora resulta demasiado pequeña para envolverme con ella.
La muchacha soltó una carcajada.
—Bastante.
Caminaron unos minutos en silencio.
Finalmente Kael tomó suavemente su mano.
—¿Sabes algo? Durante ochenta años pensé que mi historia había terminado.
Perla levantó la mirada.
—¿Y ahora?
El joven observó el cielo.
—Ahora creo que apenas está comenzando.
Perla apoyó la cabeza sobre su hombro.
Por encima de ellos brillaban miles de estrellas.
La joven recordó a aquella estudiante de nivel 1 que había llegado a Shirfs completamente aterrada.
Una muchacha que apenas podía encender una vela.
Que era humillada por sus compañeros.
Y que había creído durante demasiado tiempo que su número determinaba cuánto valía.
Sonrió al recordar el día en que encontró a una pequeña serpiente blanca.
Nadie la quería.
Nadie esperaba nada de ella.
Pero Perla había decidido protegerla.
Y aquella decisión había cambiado sus vidas.
Sobre su cabeza apareció una pequeña luz.
Nivel 1000.
Perla la observó durante un segundo.
Después levantó la mano y ocultó voluntariamente el número.
Kael sonrió.
—¿Por qué hiciste eso?
La joven miró las estrellas.
—Porque hay algo que aprendí en Shirfs.
—¿Qué cosa?
Perla apretó suavemente su mano.
—Que no necesito un número sobre mi cabeza para saber quién soy.
Kael sonrió.
Y juntos continuaron caminando bajo la nieve.
En Shirfs, mientras tanto, una nueva estatua había sido colocada frente a la Academia de las Nueve Torres.
Representaba a una joven sosteniendo una pequeña serpiente blanca.
Debajo había una inscripción escrita por Magina:
"La verdadera grandeza no comienza cuando eres más poderoso que los demás, sino cuando utilizas lo que eres para proteger a quienes lo necesitan".
Y así terminó la historia de Perla Nilsen.
La muchacha de nivel 1.
La estudiante que todos despreciaron.
La maga que eligió a la criatura más débil.
Y que, gracias al esfuerzo, la confianza y el amor, consiguió alcanzar aquello que durante siglos parecía imposible.
El nivel 1000.
FIN DE LA NOVELA SHIRFS.
El texto está oculto. El audiolibro puede seguir reproduciéndose. Pulsa «Texto completo» para volver a leer.

Comentarios
0 comentarios