Novelas · Parte 7
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NovelasParte 7

El Archivo del Primer Latido y el secreto del nivel 1

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Detalles

Autor
Gylab Click
Categoría
Novelas
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SHIRFS: La maga de nivel 1 que desafió a los más poderosos
Capítulo
Parte 7
Vistas
2

Sinopsis

Perla, una joven maga de Noruega con apenas nivel 1, ingresa a Shirfs, la academia de magia más poderosa del mundo. Rodeada de estudiantes de niveles superiores, humillada por los populares y despreciada por su debilidad, descubre una antigua fórmula relacionada con las criaturas mágicas y los corazones unidos. Su encuentro con una misteriosa serpiente herida podría cambiar para siempre las reglas de la magia.…

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PARTE 7 DE 9 — El Archivo del Primer Latido y el secreto del nivel 1
Capítulo 1. El lugar que no aparecía en los mapas
Tres días después de la rebelión de las criaturas, Shirfs había recuperado una aparente tranquilidad.

Los estudiantes volvieron a sus clases, las torres reanudaron sus entrenamientos y las mascotas mágicas pudieron descansar sin temor a las misteriosas calibraciones del Consejo.

Sin embargo, bajo aquella calma se escondía una amenaza.

Severin había desaparecido.

Los guardianes registraron sus habitaciones, laboratorios y oficinas. Encontraron documentos destruidos, cristales vacíos y varios contratos de vinculación que habían sido alterados mediante magia prohibida.

Pero no encontraron al consejero.

Tampoco encontraron el fragmento negro que había robado.

Perla permanecía en la biblioteca estudiando los documentos que Magina les había entregado.

Frente a ella descansaba Kael, la pequeña serpiente blanca que había cambiado su vida desde el día en que la encontró herida en un invernadero.

—Aquí dice que el Archivo del Primer Latido fue construido antes de que existieran los niveles mágicos —murmuró.

Kael levantó la cabeza.

«Es verdad».

Perla sonrió.

—Cada vez puedes hablar con mayor claridad.

«Eso es gracias a nuestro vínculo».

La joven observó la barra azul que apareció sobre su muñeca.

Armonía de los Dos Corazones: 38%.

Después miró el pequeño número que flotaba sobre su cabeza.

Nivel 1.

Aunque había conseguido desarrollar un vínculo extraordinario, su nivel personal continuaba siendo el más bajo de toda la academia.

Durante las primeras semanas aquello la habría hecho llorar.

Ahora comenzaba a comprender que las cifras no explicaban completamente sus capacidades.

—¿Y cómo era el mundo antes de los niveles? —preguntó.

Kael permaneció pensativo.

«Los magos no competían para alcanzar números cada vez más altos. Aprendían a reconocer qué clase de magia podían compartir con el mundo».

—Suena bastante diferente de Shirfs.

«Lo era».

La serpiente observó un antiguo dibujo.

Mostraba una ciudad construida alrededor de un árbol gigantesco.

Sus raíces se extendían hacia un edificio subterráneo.

El Archivo.

«Allí se registró el primer vínculo voluntario entre un humano y una criatura mágica».

Perla acarició el dibujo.

—Entonces quizá allí encontraremos la forma de recuperar tu cuerpo.

Kael bajó lentamente la cabeza.

«Y quizá descubramos por qué tu madre decidió ocultar tu verdadero poder».

Perla quedó inmóvil.

—¿Qué acabas de decir?

La serpiente cerró los ojos.

«Creo que tu nivel 1 no es natural».

Antes de que pudiera explicar algo más, las campanas de la biblioteca sonaron.

Una voz anunció:

—Perla Nilsen, preséntese inmediatamente en la Torre Principal.

La muchacha recogió sus libros.

Algo le decía que estaba a punto de descubrir una verdad mucho más importante de lo que había imaginado.
Capítulo 2. La advertencia de Magina
La directora esperaba frente a un enorme mapa de Shirfs.

Nerina, Iris y Tarek ya se encontraban allí.

También estaban Darian y Celeste, algo que sorprendió a Perla.

Durante meses, ambos habían sido responsables de buena parte de sus peores momentos en la academia.

Ahora parecían diferentes.

Darian permanecía junto a Fenris, su lobo de guerra, y Celeste se encontraba cerca de Astarion, sin intentar obligarlo a acercarse.

Magina señaló el mapa.

—Tenemos motivos para creer que Severin ha descubierto una entrada al Archivo del Primer Latido.

Una pequeña luz roja apareció debajo de la ciudad.

—El Archivo fue construido para proteger conocimientos anteriores a la clasificación de los magos por niveles.

Tarek levantó la mano.

—¿Por qué fueron ocultados?

La directora guardó silencio.

Después respondió:

—Porque demostraban que el poder mágico podía desarrollarse sin depender completamente del nivel inicial.

Perla levantó inmediatamente la cabeza.

—¿Entonces una persona de nivel 1 puede convertirse en una maga poderosa?

Magina la observó.

—Puede hacerlo mediante determinados procesos. Pero son extremadamente difíciles y nunca deben confundirse con una simple forma de conseguir energía.

Celeste cruzó los brazos.

—¿Y por qué nunca nos enseñaron eso?

La directora respondió con tristeza:

—Porque hace siglos los grandes linajes comenzaron a utilizar los niveles como una forma de establecer jerarquías. Quienes nacían con más poder recibían mejores oportunidades. Con el tiempo, muchos conocimientos relacionados con la armonía fueron considerados innecesarios.

Darian miró a Perla.

Por primera vez comprendía que sus burlas habían sido parte de algo mucho más antiguo que él.

Magina continuó:

—El Archivo no puede abrirse mediante grandes cantidades de magia. Tiene defensas que reaccionan contra quienes intentan dominarlo.

—Entonces usted no puede entrar —dedujo Nerina.

—No sin correr el riesgo de activar sus barreras. Mi nivel 999 podría provocar una respuesta devastadora si intento atravesar la entrada principal.

Perla observó el mapa.

—Pero nosotros sí podríamos.

Magina asintió.

—Posiblemente.

Iris levantó la mano.

—¿Y qué haremos si encontramos a Severin?

La directora colocó seis pequeñas piedras plateadas sobre la mesa.

—No van a enfrentarlo. Su misión será recuperar el conocimiento necesario para rescatar a Astrid y restaurar el cuerpo de Kael. Si encuentran al consejero, deberán retirarse.

Perla tomó una de las piedras.

—¿Qué son?

—Sellos de retorno. Si se activan, abrirán un camino hacia la superficie.

Magina miró a todos.

—No son soldados. Son estudiantes. Su seguridad es más importante que cualquier documento.

Perla observó a Kael.

La serpiente sostuvo su mirada.

Ambos sabían que aquella misión podía cambiarlo todo.
Capítulo 3. Los enemigos que tuvieron que aprender a caminar juntos
Los preparativos comenzaron aquella misma tarde.

Tarek reunió herramientas para detectar sellos antiguos.

Iris preparó suministros de restauración y varias pociones de emergencia.

Nerina entrenó con Mistral para aprender a reconocer corrientes de aire detrás de paredes aparentemente cerradas.

Perla practicó con Kael la respiración compartida.

Su objetivo no era aumentar rápidamente la armonía, sino conseguir que ambos pudieran utilizar pequeñas cantidades de energía sin terminar agotados.

Pero trabajar con Darian y Celeste resultó mucho más complicado.

Durante una práctica en el patio, Darian se acercó a Perla mientras ella intentaba mantener suspendidas tres pequeñas piedras.

—Creo que estás perdiendo energía porque concentras todo en las manos —comentó.

Perla dejó caer las piedras.

Lo miró desconfiada.

—¿Viniste a burlarte?

Darian negó lentamente.

—No.

El silencio fue incómodo.

Finalmente el muchacho respiró profundamente.

—Perla, quería disculparme.

Ella no respondió.

Darian continuó:

—Desde que llegaste a Shirfs te traté como si no valieras nada. Me burlé de tu nivel y utilicé mi magia para humillarte.

Perla bajó la mirada hacia Kael.

—Lo recuerdo perfectamente.

—Lo sé. Y no espero que me perdones solamente porque ahora me siento mal.

El muchacho observó a Fenris.

—Cuando mi propio compañero comenzó a tenerme miedo, entendí lo que se siente cuando alguien más poderoso decide que tus sentimientos no importan.

Perla permaneció pensativa.

Después respondió:

—No puedo fingir que todo está bien.

Darian asintió.

—No te lo estoy pidiendo.

La joven recogió las piedras.

—Pero podemos trabajar juntos mientras no vuelvas a comportarte de esa manera.

Darian sonrió débilmente.

—Me parece justo.

Celeste observaba la conversación desde las escaleras.

Cuando Perla se acercó a ella, la muchacha de cabello plateado levantó la cabeza.

—Supongo que tú también estás esperando una disculpa.

Perla cruzó los brazos.

—No vine a pedírtela.

Celeste guardó silencio.

Después miró la cicatriz negra que todavía conservaba en la muñeca.

—Nunca pensé que terminaría necesitando ayuda de alguien a quien consideraba inferior.

Perla respondió tranquilamente:

—Ese era el problema. Siempre pensaste que los demás eran inferiores.

Celeste apretó los labios.

Por un instante pareció que iba a responder con uno de sus antiguos insultos.

Pero se contuvo.

—Quizás tengas razón.

No hubo abrazo.

Tampoco una reconciliación inmediata.

Solamente dos muchachas que comenzaron a comprender que podían trabajar juntas sin tener que convertirse en amigas de un día para otro.
Capítulo 4. El bosque donde la magia tenía memoria
La entrada al Archivo estaba escondida en el Bosque de los Ecos, una región situada debajo de los jardines occidentales de la academia.

Magina explicó que aquel bosque había existido antes de la fundación de Shirfs.

Sus árboles poseían raíces capaces de conservar recuerdos.

Y algunos caminos cambiaban según las intenciones de quienes intentaban atravesarlos.

Los seis estudiantes llegaron al anochecer.

Astarion no podía entrar por los túneles estrechos, así que permanecería vigilando desde una abertura superior y mantendría comunicación con Celeste.

Fenris avanzaba junto a Darian.

Mistral observaba las ramas desde el hombro de Nerina.

Bront caminaba detrás de Tarek, produciendo pequeños golpes de piedra contra la tierra.

Lumen, el búho de Iris, volaba sobre el grupo.

Kael descansaba alrededor de la muñeca de Perla.

Después de varios minutos encontraron dos caminos.

Uno estaba iluminado por pequeñas flores doradas.

El otro permanecía cubierto de raíces oscuras.

Tarek consultó su brújula.

—Ambos parecen conducir al mismo lugar.

Nerina observó las flores.

—El primero es más bonito.

Darian se acercó.

—Entonces deberíamos tomarlo.

Pero Kael levantó la cabeza.

«Espera».

Perla se detuvo.

—¿Qué sucede?

«El camino luminoso está ofreciendo lo que cada uno desea encontrar».

La muchacha observó las flores.

Durante un instante vio algo imposible.

Al final del sendero estaba su madre.

Astrid sonreía y extendía los brazos.

—Perla, ven conmigo.

La joven sintió deseos de correr.

Pero cerró los ojos.

Recordó la puerta que había aparecido durante la decimotercera hora.

Cuando volvió a mirar, Astrid había desaparecido.

Solamente quedaban flores.

—Es una ilusión —dijo.

Nerina miró hacia el mismo lugar.

—Yo vi a mis padres diciéndome que estaban orgullosos de mí.

Darian bajó la mirada.

—Yo vi a Fenris ganando una competencia.

Celeste permaneció callada.

Perla la observó.

—¿Qué viste tú?

La muchacha tardó varios segundos en responder.

—A mi padre abrazándome sin preguntarme qué nivel había conseguido.

Nadie se burló.

Todos comprendieron que aquel bosque conocía demasiado bien sus deseos.

Finalmente eligieron el sendero oscuro.

No porque fuera más seguro.

Sino porque era el único que no intentaba convencerlos de olvidar por qué habían llegado.
Capítulo 5. La biblioteca que elegía a sus visitantes
Después de atravesar el bosque llegaron a una enorme construcción oculta entre las raíces de un árbol gigantesco.

No tenía torres.

Tampoco murallas.

Parecía una biblioteca construida dentro de la tierra, con columnas talladas directamente en las raíces.

Sobre la entrada había un símbolo formado por dos corazones.

Perla lo reconoció inmediatamente.

Era el mismo que aparecía sobre el libro de la Fórmula de los Dos Corazones.

Tarek examinó la puerta.

—No encuentro ningún mecanismo.

Darian levantó una mano.

—Podría intentar abrirla.

—No —respondió Perla.

El muchacho la miró.

—Solamente quería ayudar.

—Lo sé. Pero Magina dijo que este lugar rechaza la fuerza.

Perla se acercó lentamente.

Colocó una mano sobre la madera.

Una voz resonó desde el interior.

—Identifica tu nivel mágico.

La joven tragó saliva.

—Nivel 1.

La puerta comenzó a brillar.

—Identifica tu propósito.

Perla observó a sus compañeros.

Después respondió:

—Queremos rescatar a dos personas atrapadas en una prisión temporal y devolverle su cuerpo a un mago que fue transformado injustamente.

La voz guardó silencio.

Finalmente preguntó:

—¿Y qué entregarás a cambio?

Perla sintió que Kael se tensaba.

Recordó la tercera puerta de la décima torre.

La que había intentado quitarle su armonía.

Pero esta vez comprendió que debía responder de otra manera.

—No voy a ofrecer el corazón de nadie sin su consentimiento.

Un pequeño sonido recorrió la entrada.

—Respuesta aceptada.

Las enormes puertas comenzaron a abrirse.

Al otro lado apareció una biblioteca imposible.

Millones de libros flotaban entre árboles de cristal.

Había estanterías que ascendían hasta perderse de vista y pequeños ríos de tinta plateada que atravesaban el suelo.

En el centro se encontraba una mesa circular.

Sentada detrás había una anciana diminuta.

Su cabello parecía hecho de hilos de luz.

Sobre su cabeza no aparecía ningún nivel.

La mujer levantó lentamente la mirada.

—Ochenta años esperando y finalmente llega una muchacha de nivel 1.

Perla quedó inmóvil.

—¿Nos estaba esperando?

La anciana sonrió.

—No exactamente.

Después observó a Kael.

Su expresión cambió.

—Pero a él sí.

La serpiente levantó la cabeza.

Una emoción intensa atravesó el vínculo.

Sorpresa.

Alegría.

Y una tristeza muy antigua.

«Maestra Eira...».

La anciana extendió ambas manos.

—Mi pequeño Kael. Pensé que nunca volvería a verte.
Capítulo 6. La mujer que había enseñado magia antes de los niveles
Eira se levantó lentamente de su silla.

Parecía una mujer frágil, pero cuando caminó, los libros comenzaron a apartarse respetuosamente.

Kael se deslizó desde la muñeca de Perla hasta sus manos.

La anciana acarició suavemente sus escamas.

—Mírate. Siempre fuiste tan testarudo.

Una voz apareció dentro de la mente de Perla.

«Eira fue mi primera maestra».

La joven observó sorprendida a la anciana.

—¿Usted lo conoció cuando era humano?

Eira soltó una carcajada.

—Muchacha, lo conocí cuando todavía no conseguía controlar un hechizo de restauración sin terminar quemándose las cejas.

Kael escondió la cabeza.

Perla comenzó a reír.

Por primera vez escuchaba una historia sobre su compañero que no estaba relacionada con la guerra o el sufrimiento.

Eira los condujo hacia una sala llena de esferas transparentes.

En su interior flotaban imágenes de antiguos magos.

Algunos estaban acompañados de dragones.

Otros caminaban junto a lobos, serpientes o pequeñas criaturas desconocidas.

—Antes de que existieran los niveles —explicó—, nadie podía medir toda la magia de una persona mediante un solo número.

Celeste levantó una ceja.

—¿Entonces cómo sabían quién era más poderoso?

La anciana la miró con diversión.

—Esa pregunta demuestra cuánto ha cambiado el mundo.

Señaló una esfera.

Dentro aparecía una mujer de apariencia humilde que sostenía una pequeña planta.

—Ella podía hacer crecer bosques enteros, pero era incapaz de encender una llama.

Después mostró a un anciano rodeado de pequeñas criaturas.

—Él podía escuchar a cualquier animal mágico, pero apenas podía levantar una piedra.

Finalmente apareció la imagen de un guerrero sosteniendo una espada.

—Y aquel podía destruir una fortaleza, pero nunca aprendió a sanar una herida.

Eira observó al grupo.

—¿Cuál de los tres era más poderoso?

Nadie respondió inmediatamente.

Iris levantó una mano.

—Depende de lo que necesiten hacer.

Eira sonrió.

—Exactamente.

Perla sintió que aquellas palabras le quitaban un peso enorme del pecho.

Durante toda su vida había pensado que nivel 1 significaba ser inútil.

Quizá solamente significaba que el sistema de Shirfs no conseguía comprender su magia.

Pero Eira todavía tenía algo más que explicar.

Algo que cambiaría completamente lo que Perla creía saber sobre su nacimiento.
Capítulo 7. La verdad sobre el número 1
Eira colocó una esfera de cristal frente a Perla.

—Quiero que pongas tu mano sobre ella.

La muchacha obedeció.

El cristal comenzó a brillar.

Apareció una pequeña línea azul.

Después un número.

1.

Darian observó el resultado.

—Es lo mismo que muestran todos los medidores.

Eira asintió.

—Porque todos utilizan el mismo sistema.

La anciana golpeó suavemente la esfera.

Una segunda capa apareció debajo del número.

Estaba cubierta de símbolos antiguos.

Eira los examinó.

Por primera vez su expresión se volvió completamente seria.

—Astrid...

Perla levantó inmediatamente la cabeza.

—¿Qué ocurre?

Eira observó el collar azul que llevaba alrededor del cuello.

—Tu madre colocó sobre ti un sello de ocultamiento cuando eras muy pequeña.

La joven quedó inmóvil.

—¿Mi mamá hizo que fuera nivel 1?

—No exactamente. Ella impidió que los medidores pudieran reconocer tu verdadera afinidad.

Nerina se acercó.

—¿Por qué haría algo así?

Eira permaneció callada durante varios segundos.

Después explicó que existía una clase de magia extremadamente rara.

Una magia capaz de conectar diferentes fuentes de energía sin destruir su identidad.

Se conocía como magia de convergencia.

Los antiguos registros aseguraban que una persona con aquella afinidad podía aprender a unir habilidades incompatibles.

Restauración y oscuridad.

Fuego y agua.

Materia y tiempo.

Pero había un peligro.

Si alguien intentaba utilizar a un mago de convergencia como instrumento, podía convertirlo en una puerta hacia fuerzas que normalmente permanecerían separadas.

Perla sintió que el collar comenzaba a calentarse.

—¿Severin quiere utilizarme para abrir el Corazón del Vacío?

Eira asintió lentamente.

—Es posible.

Celeste observó el medidor.

—Entonces, ¿cuál es su verdadero nivel?

La anciana negó con la cabeza.

—La afinidad y el nivel no son lo mismo. Perla realmente tiene acceso a una cantidad muy pequeña de energía individual. Lo que está oculto no es una reserva gigantesca esperando ser liberada, sino una capacidad de conexión extraordinaria.

Perla bajó la mirada hacia sus manos.

Seguía siendo nivel 1.

Pero por primera vez aquella cifra no parecía una sentencia.

Eira continuó:

—Tu madre no te quitó la magia. Impidió que alguien descubriera demasiado pronto lo que podías llegar a hacer con ella.

Kael apoyó la cabeza sobre los dedos de Perla.

«Astrid intentó darte tiempo para elegir tu propio camino».

La joven cerró los ojos.

Su madre había estado protegiéndola incluso durante los años en que no pudo regresar a casa.
Capítulo 8. Un examen que no podía aprobarse con fuerza
Eira condujo a los estudiantes hasta una sala donde flotaban siete puertas pequeñas.

Cada una estaba marcada con un símbolo diferente.

—El Archivo no entrega sus conocimientos solamente porque alguien consiga entrar —explicó—. Deben demostrar que comprenden el propósito de aquello que buscan.

Tarek examinó las puertas.

—¿Tenemos que superar siete pruebas?

—Solamente una. Pero no podrán elegirla.

Las puertas comenzaron a girar.

Después desaparecieron seis.

La última quedó frente a Perla.

Tenía dibujada una pequeña serpiente.

Una voz resonó desde su interior.

—Una criatura está atrapada. Para liberarla debes utilizar la energía de otra. ¿A cuál sacrificarás?

El suelo se transformó.

Frente a Perla aparecieron dos pequeñas criaturas de luz.

Una estaba dentro de una jaula.

La otra permanecía libre.

Sobre ambas flotaban medidores de energía.

La primera estaba agotada.

La segunda poseía una reserva abundante.

Celeste observó la escena.

—Parece un ejercicio de transferencia.

Darian se acercó.

—La solución más rápida sería utilizar una pequeña parte de la energía de la segunda.

Pero Perla permaneció inmóvil.

Recordó lo ocurrido durante las calibraciones de Severin.

El problema no era solamente cuánta energía se tomaba.

También importaba la voluntad de quien debía entregarla.

Se arrodilló frente a la criatura libre.

—¿Quieres ayudarla?

El animal luminoso la observó.

Después negó con la cabeza.

Darian suspiró.

—Entonces estamos perdidos.

Perla sonrió débilmente.

—Todavía no.

Se acercó a la criatura encerrada.

Examinó cuidadosamente los barrotes.

La jaula estaba hecha de energía antigua.

Pero tenía una cerradura pequeña.

Perla levantó la mirada.

—¿Y si no necesitamos utilizar a ninguna criatura?

Tarek se acercó inmediatamente.

—Podemos buscar una manera de abrirla sin extraer energía.

Nerina utilizó una pequeña corriente de viento para limpiar los símbolos.

Iris identificó la marca de restauración.

Darian sostuvo una luz para que pudieran leer.

Finalmente Perla colocó su mano sobre la cerradura.

Pronunció un hechizo básico.

—Apertura.

La cerradura se abrió.

La criatura salió caminando.

La segunda permaneció libre.

La sala comenzó a brillar.

Eira sonrió.

—La prueba ha sido superada.

Celeste observó la jaula vacía.

—Pero utilizó un hechizo de nivel básico.

—Precisamente —respondió Eira—. El problema nunca exigió un sacrificio. Fueron ustedes quienes asumieron que debía existir uno.

Perla miró a Kael.

Ambos habían aprendido aquella lección de la manera más difícil.
Capítulo 9. La memoria que Celeste estaba perdiendo
Mientras Eira preparaba los documentos que necesitaban, Celeste comenzó a sentirse mareada.

Se apoyó contra una columna.

Astarion, que permanecía comunicándose mediante el vínculo, percibió inmediatamente su malestar.

Una voz grave apareció en la mente de la muchacha.

«¿Qué ocurre?».

Celeste cerró los ojos.

—No lo sé.

De pronto escuchó una risa infantil.

La imagen de una niña apareció frente a ella.

Tenía cabello plateado y sostenía una pequeña figura de dragón tallada en madera.

Un hombre estaba arrodillado a su lado.

Era su padre.

Mucho más joven.

—Algún día tendrás un dragón verdadero —decía el hombre.

La niña sonreía.

—¿Y entonces estarás orgulloso de mí?

Edric le acariciaba el cabello.

—Siempre que seas la mejor.

El recuerdo desapareció.

Celeste abrió los ojos con lágrimas.

Perla se acercó.

—¿Estás bien?

La muchacha negó lentamente.

—Creo que acabo de recuperar algo que había olvidado.

Eira examinó la cicatriz negra de su muñeca.

Su expresión se volvió seria.

—Esto es un contrato de memoria.

Celeste bajó la mirada.

—Lo sé.

La anciana negó.

—No completamente. Estos contratos no solamente extraen recuerdos. También alteran la manera en que una persona recuerda sus propias decisiones.

Perla sintió un escalofrío.

—¿Severin pudo hacer que creyera que quería cosas que nunca eligió?

—Pudo reforzar ciertos deseos y debilitar otros. No significa que cada acción de Celeste haya sido provocada por él, pero sí que utilizó sus inseguridades para hacerla más fácil de controlar.

Celeste comenzó a llorar.

—Entonces, ¿cómo sé quién soy realmente?

Eira se acercó.

—No puedes cambiar todo tu pasado. Pero puedes decidir qué hacer después de conocer la verdad.

La muchacha observó a Perla.

Durante unos segundos pareció que iba a disculparse nuevamente.

Pero solamente dijo:

—Cuando salgamos de aquí, quiero recuperar mis recuerdos. Incluso los que me hagan sentir vergüenza.

Perla asintió.

—Entonces buscaremos cómo ayudarte.

Astarion respondió mediante el vínculo.

«Y esta vez no tendrás que hacerlo sola».

Celeste cerró los ojos.

Por primera vez aquellas palabras no le parecieron una promesa de poder.

Le parecieron una promesa de compañía.
Capítulo 10. La fórmula que podía devolverle su cuerpo a Kael
Eira abrió un libro tan antiguo que sus páginas parecían hojas de cristal.

En la portada aparecía un dibujo de dos figuras.

Un humano.

Y una serpiente.

Kael se quedó completamente inmóvil.

«Ese es el libro que utilicé durante la guerra».

Eira asintió.

—La Fórmula de los Dos Corazones no fue creada para transformar personas en animales. Su propósito original era permitir que dos seres compartieran temporalmente determinadas capacidades sin perder su identidad.

Perla se acercó.

—Entonces, ¿por qué Kael terminó convertido en serpiente?

La anciana señaló varios símbolos.

—Porque utilizó la fórmula de una manera que nadie había intentado antes. Separó su forma humana de su esencia y convirtió esta última en una pequeña criatura capaz de sobrevivir mientras el sello permanecía cerrado.

Tarek observó las páginas.

—¿Su cuerpo humano fue destruido?

Eira negó.

—No. Fue convertido en un patrón mágico, una especie de recuerdo completo de su existencia.

Kael levantó lentamente la cabeza.

«Entonces todavía existe».

—Sí —respondió su antigua maestra—. Pero recuperar ese patrón no será suficiente. Necesitarás un ancla que mantenga cerrado el Corazón del Vacío cuando recuperes tu forma.

Perla recordó inmediatamente su propia afinidad.

—¿Magia de convergencia?

Eira la observó.

—Exactamente.

La anciana explicó que Perla podía aprender a conectar temporalmente dos sellos incompatibles.

Mientras Kael recuperaba su cuerpo, ella tendría que mantener unidas las dos partes del encantamiento.

No sería sencillo.

Un error podría debilitar el sello.

Y si intentaban realizarlo demasiado pronto, ambos quedarían atrapados en una transformación incompleta.

—¿Cuánta armonía necesitamos? —preguntó Perla.

Eira pasó una página.

—Para iniciar el proceso necesitarán una armonía estable de al menos cincuenta puntos.

La joven observó su barra.

38%.

Todavía le faltaban doce puntos.

Pero por primera vez tenía una meta concreta.

—Entonces entrenaremos hasta conseguirlo.

Kael la observó.

«Perla, no quiero que pongas tu vida en peligro por devolverme mi cuerpo».

La muchacha sonrió.

—Y yo no quiero que tengas que continuar viviendo atrapado solamente porque todos consideran imposible ayudarte.

Eira cerró cuidadosamente el libro.

—Eso es precisamente lo que deberán aprender. Ninguno puede tomar esa decisión por el otro.

Después entregó a Perla una pequeña página plateada.

Contenía el primer ejercicio de convergencia.

Y una advertencia escrita debajo:

"El amor y la confianza pueden fortalecer el vínculo, pero jamás sustituyen el consentimiento".
Capítulo 11. El verdadero significado de alcanzar un nivel imposible
Antes de guardar el libro, Perla señaló una ilustración situada en la última página.

Mostraba a una mujer rodeada de mil pequeñas estrellas.

Sobre su cabeza aparecía un número.

1000.

La joven abrió mucho los ojos.

—¿Ese nivel existe realmente?

Eira tardó varios segundos en responder.

—Los antiguos textos mencionan a una persona que consiguió alcanzarlo. Pero casi todos los registros de su existencia fueron destruidos.

Celeste se acercó inmediatamente.

—¿Quién era?

La anciana señaló una inscripción.

—La llamaban la Primera Tejedora.

Perla observó el dibujo.

La figura tenía las manos extendidas y miles de hilos luminosos conectaban diferentes criaturas alrededor de ella.

—¿Cómo consiguió tanto poder?

Eira negó lentamente.

—No lo consiguió absorbiendo la energía de otros. Durante toda su vida aprendió a comprender diferentes formas de magia. Cada vínculo voluntario le permitió ampliar lo que podía hacer sin apropiarse de la fuerza ajena.

Darian frunció el ceño.

—Entonces cualquiera podría llegar a nivel 1000 si consigue suficientes compañeros.

—No —respondió Eira con firmeza—. Un vínculo no es una herramienta para acumular niveles. La mayoría de los magos jamás desarrollará esa afinidad, por mucho que entrene. Y quienes la poseen pueden fracasar si no aprenden a respetar sus límites.

Perla volvió a observar el número.

Durante toda su vida había soñado con convertirse en una gran maga.

Pero ahora aquella cifra le parecía tan distante como las estrellas.

—¿Podría conseguirlo algún día? —preguntó.

Eira la miró con una sonrisa tranquila.

—No puedo prometerte un destino que todavía no has construido.

La joven bajó la mirada.

La anciana continuó:

—Pero puedo decirte algo. Tu afinidad de convergencia es compatible con la magia de la Primera Tejedora.

Todos guardaron silencio.

Perla sintió que el corazón comenzaba a latirle con fuerza.

—¿Eso significa que podría superar incluso a Magina?

—Significa que existe un camino. No que llegarás al final.

Eira colocó una mano sobre su hombro.

—Y si algún día alcanzas ese poder, tendrás que recordar por qué comenzaste a buscarlo.

Perla observó a Kael.

Después pensó en Astrid.

En sus amigos.

Y en todas las criaturas que habían sufrido bajo el control de Severin.

—Para protegerlos —respondió.

Eira sonrió.

—Entonces todavía vas por el camino correcto.
Capítulo 12. El consejero que había llegado primero
Un estruendo interrumpió la conversación.

Los libros comenzaron a temblar.

Una enorme columna de humo violeta apareció al fondo de la biblioteca.

Eira levantó inmediatamente la cabeza.

—Severin...

El consejero salió lentamente de entre las estanterías.

Llevaba una túnica desgarrada y sostenía un pequeño fragmento negro entre los dedos.

—Qué reunión tan conmovedora —dijo—. La alumna olvidada, el mago convertido en serpiente y los herederos de familias que finalmente aprendieron a desobedecer.

Darian se colocó frente a Perla.

Fenris mostró los colmillos.

Severin sonrió.

—Tranquilos. No he venido a pelear con estudiantes.

Eira avanzó hacia él.

—No tienes derecho a utilizar el Archivo.

—Ya utilicé una de sus entradas.

El consejero señaló una puerta rota.

—Y he descubierto algo extraordinario. El Archivo conserva las instrucciones originales para separar los recuerdos de sus propietarios.

Kael comenzó a emitir una luz azul.

«No permitas que toque el libro».

Perla apretó la página plateada.

Severin observó la pequeña serpiente.

—Kael Arvandor. Ochenta años convertido en una criatura insignificante y todavía crees que puedes detenerme.

Una voz masculina resonó desde el vínculo.

«Ya te detuve una vez».

El consejero dejó de sonreír.

—Y perdiste tu cuerpo por hacerlo.

Eira levantó una mano.

Cientos de libros comenzaron a girar alrededor de Severin.

—Sal de mi Archivo.

El hombre extendió el fragmento negro.

Una enorme sombra apareció detrás de él.

Los libros quedaron suspendidos.

La anciana retrocedió.

Severin observó a Perla.

—No necesito llevarte conmigo, muchacha. Solamente necesito que sigas intentando salvar a tu madre.

La joven sintió una rabia inmensa.

—No voy a abrir el Corazón del Vacío.

El consejero sonrió.

—Eso dices ahora. Pero cuando tengas que elegir entre salvar a Astrid o mantener cerrado el sello, descubrirás que incluso los corazones más nobles pueden ser utilizados.

Después lanzó el fragmento hacia una estantería.

Una explosión oscura sacudió la biblioteca.

Las lámparas comenzaron a apagarse.

Y en el centro de la sala apareció una puerta que nunca había estado allí.
Capítulo 13. La puerta de las dos respuestas
La puerta negra mostraba dos imágenes.

A la izquierda, Astrid permanecía encerrada dentro del reloj sin agujas.

A la derecha, cientos de criaturas mágicas descansaban bajo las nueve torres de Shirfs.

Una voz resonó desde la oscuridad.

—Elige.

Perla retrocedió.

Severin observó la puerta satisfecho.

—El Archivo conserva decisiones que todavía no han ocurrido. Esta es una de ellas.

La voz volvió a escucharse.

—Puedes abrir el reloj y recuperar a tu madre. Pero si lo haces, el Corazón del Vacío despertará antes de que las torres estén preparadas.

La imagen de Astrid comenzó a brillar.

Perla sintió que las lágrimas le llenaban los ojos.

Su madre estaba allí.

Tan cerca.

Después de once años de separación, la posibilidad de abrazarla parecía encontrarse a un solo paso.

Severin extendió una mano.

—Solamente tienes que elegir.

Nerina se acercó.

—Perla, no tienes que responder ahora.

Pero la puerta comenzó a cerrarse.

La voz anunció:

—Si rechazas la oportunidad, el camino hacia Astrid desaparecerá.

Perla comenzó a temblar.

Había esperado tantos años.

Había soportado las burlas, el miedo y la soledad.

¿Y ahora debía marcharse cuando por fin estaba tan cerca?

Kael se deslizó lentamente hasta su mano.

«No puedo elegir por ti».

La joven lo observó.

—¿Qué harías en mi lugar?

«También tengo miedo de perder a quienes amo».

Perla cerró los ojos.

Recordó a su madre enseñándole a cuidar los animales heridos que encontraba durante el invierno.

Astrid siempre le decía que ninguna vida debía utilizarse como moneda para comprar otra.

La joven respiró profundamente.

Después levantó la cabeza.

—No voy a elegir entre mi madre y cientos de personas inocentes.

Severin frunció el ceño.

—Entonces la abandonarás.

Perla negó.

—Voy a encontrar una manera de salvarla sin destruir Shirfs.

La puerta comenzó a agrietarse.

La voz se volvió más intensa.

—Esa respuesta no está entre las opciones.

Perla extendió la mano.

—Entonces tus opciones están incompletas.

Una luz azul apareció alrededor de sus dedos.

Kael levantó la cabeza.

Y por primera vez, la puerta negra retrocedió ante una magia de nivel 1.
Capítulo 14. El poder de no aceptar una respuesta
La puerta comenzó a temblar.

Severin retrocedió sorprendido.

—Imposible. Ese encantamiento fue creado para obligar al corazón a escoger entre dos pérdidas.

Eira observó la luz azul que rodeaba a Perla.

Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.

—La convergencia...

Kael permanecía enroscado alrededor de la muñeca de la joven.

La energía que ambos compartían no era suficiente para destruir la puerta.

Pero estaba haciendo algo que ningún mago de Shirfs habría imaginado.

Estaba separando el encantamiento de la voluntad que intentaba controlar.

Perla respiró lentamente.

—No voy a entregar a mi madre. Tampoco voy a entregar a mis amigos.

La luz comenzó a extenderse.

Celeste levantó la mirada.

—¿Cómo podemos ayudar?

Perla observó a sus compañeros.

—No necesito que me den su poder. Necesito que mantengan a Severin alejado de la puerta.

Darian asintió.

Fenris avanzó voluntariamente a su lado.

Nerina y Mistral crearon una barrera de viento.

Iris preparó un círculo de restauración para proteger a los estudiantes agotados.

Tarek colocó varios cristales alrededor de la sala.

Celeste levantó su mano.

Una pequeña llama violeta apareció entre sus dedos.

Pero esta vez no intentó extraer energía de Astarion.

Utilizó solamente su propia magia.

Severin levantó el fragmento negro.

Una sombra gigantesca comenzó a formarse detrás de él.

Eira golpeó el suelo con su bastón.

Las raíces del Archivo se levantaron y rodearon la sombra.

—Mientras yo sea su guardiana, no convertirás estos conocimientos en otra prisión.

La puerta negra emitió un sonido terrible.

Después se rompió en cientos de partículas.

En su lugar apareció un libro blanco.

No tenía título.

Perla lo tomó cuidadosamente.

Una inscripción apareció sobre la portada.

"Manual de Separación Temporal: restauración sin ruptura del sello".

Severin intentó alcanzarlo.

Pero Kael levantó la cabeza.

Una voz masculina resonó por toda la sala.

—¡Esta vez no!

Una onda azul salió de sus escamas.

Durante un instante apareció detrás de Perla la figura de un joven de cabello blanco.

Severin retrocedió.

La sombra que lo acompañaba comenzó a deshacerse.

El consejero observó a Kael con una expresión de odio.

—Todavía eres demasiado débil para detenerme.

Después abrió un pequeño portal.

Antes de desaparecer arrancó una página oscura de un estante cercano.

Eira intentó impedirlo.

Pero el portal se cerró.

El silencio regresó a la biblioteca.

Perla cayó de rodillas.

Kael estaba agotado, pero permanecía consciente.

La joven lo sostuvo cuidadosamente.

—Lo conseguimos.

La serpiente apoyó la cabeza sobre su mano.

«Juntos».

La barra azul apareció lentamente.

"Armonía de los Dos Corazones: 44%".

Perla sonrió.

Habían avanzado seis puntos.

Y aunque todavía no podía realizar grandes hechizos, por primera vez había utilizado su afinidad de convergencia de manera consciente.
Capítulo 15. El camino hacia el examen final
Eira acompañó a los estudiantes hasta la salida del Archivo.

Antes de despedirse, entregó a Perla el Manual de Separación Temporal.

—Este conocimiento fue utilizado una sola vez con éxito —explicó—. Necesitarán tres guardianes, un ancla de convergencia y una armonía suficientemente estable.

Perla miró a Kael.

—Nos faltan seis puntos para llegar al mínimo.

La anciana asintió.

—Pero recuerda que el cincuenta por ciento solamente les permitirá comenzar. Para completar el proceso deberán demostrar que pueden mantener el vínculo incluso cuando uno de los dos tenga miedo de perder al otro.

Kael levantó la cabeza.

«¿Y Lyra?».

Eira sonrió con tristeza.

—Su prisión está conectada al mismo reloj que mantiene encerrada a Astrid. Si restauran el sello correctamente, podrán intentar liberar a ambas.

Perla sintió una esperanza renovada.

Finalmente existía una solución que no exigía sacrificar la ciudad.

Cuando regresaron a Shirfs, Magina los esperaba frente a la Torre Principal.

Escuchó atentamente todo lo ocurrido.

Examinó el manual.

Después observó a Perla.

—Has conseguido encontrar un conocimiento que ni siquiera yo pude recuperar.

La joven bajó la mirada.

—Pero sigo siendo nivel 1.

Magina sonrió.

—Y hoy has hecho algo que varios magos de nivel 500 no habrían conseguido.

Perla levantó la cabeza.

—¿Eso significa que estoy mejorando?

—Significa que estás aprendiendo. Tu nivel aumentará cuando consigas desarrollar y estabilizar tu propia reserva de energía. No necesitas apresurarlo.

La directora guardó el manual dentro de un estuche protector.

—Tenemos poco tiempo. El Consejo ha adelantado las evaluaciones preparatorias para el Examen de Unión Mágica.

Celeste se acercó.

—¿Cuándo serán?

—Dentro de siete días.

Todos quedaron sorprendidos.

Darian miró a Fenris.

—Eso es mucho antes de lo previsto.

Magina asintió.

—Los sucesos recientes han provocado una crisis. Necesitamos comprobar que los vínculos pueden mantenerse estables sin los dispositivos de Severin.

Perla sintió que el estómago se le encogía.

El examen final exigía un mínimo de cincuenta puntos de armonía para graduarse.

Ella tenía cuarenta y cuatro.

Todavía no había alcanzado el mínimo.

Y aunque su afinidad era extraordinaria, continuaba siendo la estudiante de menor nivel de toda la academia.

Kael levantó la cabeza.

«Lo conseguiremos».

Perla sonrió.

—Pero esta vez vamos a hacerlo sin agotarnos.

La serpiente se acomodó sobre su hombro.

Desde una terraza cercana, Astarion observaba el regreso de los estudiantes.

Celeste se acercó al dragón.

—No sé si podremos superar el examen.

Astarion bajó lentamente la cabeza.

«Tampoco yo».

La joven lo miró sorprendida.

Era la primera vez que su compañero admitía tener miedo.

Celeste extendió la mano.

—Entonces tendremos que aprender juntos.

El dragón permitió que acariciara sus escamas.

En el despacho de Magina, mientras tanto, una pequeña página había comenzado a brillar dentro del Manual de Separación Temporal.

La directora la abrió.

Era un mensaje enviado desde la prisión temporal.

Estaba escrito con la letra de Astrid.

"Magina, si Perla ha encontrado el Archivo, dile que no intente devolverle el cuerpo a Kael sin descubrir primero lo que Severin robó de sus recuerdos".

La directora frunció el ceño.

Debajo apareció una segunda frase.

"La transformación de Kael no fue el último sacrificio de aquella guerra. El verdadero sello está escondido en el corazón de alguien que todavía cree haber sido abandonado".

Magina levantó la mirada hacia la ventana.

Astarion descansaba junto a Celeste, observando la ciudad bajo la luz del atardecer.

Y por primera vez, la directora comprendió que la última pieza del rompecabezas podía haber permanecido frente a ellos durante ochenta años.

No estaba escondida dentro del reloj.

Tampoco dentro de la serpiente.

Estaba dentro del dragón negro.

Mientras tanto, en una cámara subterránea, Severin colocó la página oscura que había robado frente al Corazón del Vacío.

Dos ojos rojos se abrieron lentamente.

—¿Conseguiste lo que necesitábamos? —preguntó la criatura.

Severin sonrió.

—Conseguí algo mejor.

La página comenzó a mostrar una lista de los estudiantes que participarían en las próximas evaluaciones.

Junto a cada nombre aparecía su nivel mágico y el vínculo con su criatura.

El consejero señaló el nombre de Perla.

Nivel 1.

Armonía: 44%.

Después observó el nombre de Celeste.

Nivel 99.

Compañero: Astarion.

—En siete días —murmuró— todos estarán reunidos para demostrar sus poderes.

El Corazón del Vacío comenzó a latir.

Severin cerró lentamente el libro.

—Y cuando comiencen las evaluaciones, descubriremos cuánto poder puede reunir Shirfs antes de que los estudiantes comprendan que el verdadero examen nunca estuvo diseñado para graduarlos.

En la superficie, Perla practicaba con Kael bajo un árbol plateado.

Tres pequeñas piedras flotaban frente a ella.

Todavía temblaban.

Todavía le costaba mantenerlas suspendidas.

Pero esta vez ninguna cayó.

La joven sonrió.

Y Kael, observándola desde su hombro, sintió que una parte de su antiguo corazón humano volvía a despertar.

Fin de la Parte 7.

Continuará en la Parte 8: El corazón del dragón y el regreso del mago perdido.
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