Novelas · Parte 6
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NovelasParte 6

La última promesa de Lyra y la rebelión de las criaturas

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Detalles

Autor
Gylab Click
Categoría
Novelas
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SHIRFS: La maga de nivel 1 que desafió a los más poderosos
Capítulo
Parte 6
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2

Sinopsis

Perla, una joven maga de Noruega con apenas nivel 1, ingresa a Shirfs, la academia de magia más poderosa del mundo. Rodeada de estudiantes de niveles superiores, humillada por los populares y despreciada por su debilidad, descubre una antigua fórmula relacionada con las criaturas mágicas y los corazones unidos. Su encuentro con una misteriosa serpiente herida podría cambiar para siempre las reglas de la magia.…

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PARTE 6 DE 9 — La última promesa de Lyra y la rebelión de las criaturas
Capítulo 1. La tercera voz
La inscripción había desaparecido de la puerta antes del amanecer, pero Kael no había vuelto a dormir.

Desde su cesta observaba a Perla, que descansaba con una mano sobre el libro de Astrid. La pequeña serpiente blanca conocía aquellas palabras. Las había escuchado por primera vez ochenta años atrás, cuando Shirfs todavía ardía y tres amigos habían prometido proteger un secreto que no podía confiarse a ningún consejo de magos.

«El primer corazón ha recordado. El segundo ha despertado. Cuando el tercero pronuncie su nombre, comenzará la verdadera prueba».

El primer corazón era el suyo. Había comenzado a recuperar su identidad. El segundo era Astarion, que por fin recordaba que Kael no lo había abandonado. Pero el tercero seguía prisionero en la decimotercera hora.

Lyra.

Kael cerró los ojos. Durante décadas había conservado de ella imágenes aisladas: el cabello rojo moviéndose sobre una montura de dragón, una carcajada junto a una fuente, dos manos intentando atravesar la barrera de su último hechizo. Después de la guerra, Lyra había entrado voluntariamente en la prisión de los recuerdos para impedir que Severin se apoderara de la última pieza del sello.

Perla despertó al sentir un temblor en su muñeca.

—¿Otra pesadilla?

«No era un sueño» —respondió Kael en su mente—. «Sé quién es el tercer corazón».

La muchacha se incorporó.

—Lyra.

La serpiente levantó la cabeza, sorprendida.

—Lo supuse cuando mamá nos pidió buscarla. Tú, Astarion y ella estaban juntos en la guerra, ¿verdad?

«Éramos una familia elegida. Lyra mantenía vivos nuestros recuerdos cuando el combate nos hacía olvidar por qué luchábamos».

Perla acarició cuidadosamente sus escamas.

—Entonces iremos por ella también.

«No podemos entrar en la decimotercera hora por la fuerza. Su prisión reconoce solamente un recuerdo que sus tres guardianes compartieron de manera libre».

—¿Y cuál es?

La respuesta tardó en llegar.

«La última promesa. Sé que existió, pero Severin arrancó de mí las palabras».

En aquel instante las campanas comenzaron a sonar. No anunciaban el desayuno: sonaron siete veces, demasiado deprisa, seguidas por un rugido procedente del Santuario de las Criaturas.

Kael se tensó.

«Algo está ocurriendo con los vínculos».

Perla se puso de pie, tomó su capa y corrió a despertar a Nerina. No sabía todavía que aquella mañana iba a cambiar para siempre la relación entre los estudiantes de Shirfs y sus compañeros mágicos.
Capítulo 2. Los animales que dejaron de obedecer
En los jardines de la academia había un caos que ningún profesor conseguía explicar.

Los búhos de restauración se negaban a entrar en sus jaulas. Los gatos de viento se escondían debajo de los bancos y varios lobos aullaban mirando hacia las nueve torres. Bront, el pequeño perro de piedra de Tarek, permanecía inmóvil frente a una escalera, como si una fuerza invisible le hubiera quitado la voluntad de avanzar.

—Nunca hace esto —dijo Tarek, agachándose a su lado—. Ni siquiera cuando se queda sin energía.

Mistral apareció sobre el hombro de Nerina. Sus bigotes temblaban y sus ojos verdes seguían algo que nadie más podía ver.

—Está aterrada —murmuró la muchacha.

Perla abrió ligeramente su bufanda. Kael sacó la cabeza y comenzó a emitir pequeños destellos azules. En su mente apareció una sensación extraña: centenares de voces que intentaban hablar al mismo tiempo.

«No es una enfermedad» —dijo la serpiente—. «Alguien está tirando de los vínculos».

Iris llegó corriendo desde la enfermería, acompañada de Lumen.

—Elowen dice que han ingresado doce criaturas esta mañana. Todas tienen el mismo agotamiento, aunque sus magos aseguran que no han entrenado.

Un golpe sacudió el patio. A lo lejos, Astarion había extendido las alas y golpeaba con ellas la entrada del santuario. Los guardianes levantaron barreras a su alrededor.

Darian apareció junto a Fenris. El lobo gris caminaba pegado a sus piernas, mostrando los dientes cada vez que un guardián se acercaba.

—¿Qué está pasando? —preguntó Darian, esta vez sin arrogancia.

—Sus compañeros sienten algo que nosotros no —respondió Perla.

Una voz amplificada llenó el patio. Era Severin, que hablaba desde un cristal instalado sobre la Torre Central.

—Estudiantes, mantengan la calma. Hemos detectado una fluctuación de energía. Por su seguridad, todos deberán presentar hoy a sus criaturas para una calibración obligatoria.

Sobre la imagen apareció el dibujo de una pulsera negra con un diminuto cristal violeta.

—Este regulador permitirá estabilizar los vínculos —continuó el consejero—. Quienes no lo utilicen quedarán temporalmente excluidos de las prácticas y evaluaciones.

Nerina miró a Perla.

—Es casi la misma piedra que llevaba la corona de Celeste.

Kael dejó escapar un siseo.

«No es una cura. Es una forma de abrir una puerta dentro de cada corazón».
Capítulo 3. La demostración que salió mal
La oportunidad de obtener pruebas llegó esa misma tarde. Severin anunció una demostración pública del regulador. Un estudiante voluntario y su criatura debían atravesar un circuito de obstáculos mientras la nueva pulsera estabilizaba su vínculo.

El elegido fue un alumno llamado Oren, de nivel 54. Su compañero era un pequeño ciervo de cristal capaz de proyectar senderos luminosos.

—No hay motivo para preocuparse —declaró Severin ante los asistentes—. El sistema ha sido probado por expertos del Consejo.

Oren colocó la pulsera alrededor de su muñeca. Una línea violeta apareció en el cuello del ciervo. Al principio la criatura caminó sin dificultad.

Después comenzó a perder brillo.

Perla, sentada junto a sus amigos, sintió que la cinta de Magina se calentaba.

—Está extrayendo energía —susurró.

Tarek observaba una pequeña brújula de medición escondida entre sus dedos.

—Y no va hacia el estudiante. Está viajando debajo del suelo.

En la plataforma, Severin pidió que Oren activara la siguiente fase. El ciervo se detuvo. Sus patas temblaron y una grieta atravesó uno de sus cuernos.

—No quiere continuar —dijo el alumno.

—Un momento de inestabilidad —respondió el consejero—. Adelante.

Oren volvió a intentarlo. El ciervo cayó sobre las rodillas.

Perla se puso de pie.

—¡Detenga la prueba!

Severin la observó desde el escenario.

—Perla Nilsen. Me alegra ver tanto interés de una estudiante de nivel 1, pero este procedimiento requiere conocimientos avanzados.

—No necesita un nivel alto para ver que está sufriendo.

Varias personas comenzaron a murmurar.

Severin hizo una señal a los guardianes para que la apartaran. Kael se tensó en el hombro de Perla, pero ella mantuvo una mano sobre su cabeza.

No quería obligarlo a utilizar más poder.

Oren se arrodilló junto al ciervo.

—Por favor, quítenle eso.

La pulsera se cerró con fuerza. Un hilo violeta salió del cuerpo del animal y desapareció entre las tablas del escenario.

La cinta plateada de Perla comenzó a arder.
Capítulo 4. Un refugio en vez de un ataque
Elowen se abrió paso entre los espectadores cuando vio el estado del ciervo. Severin intentó impedirle subir, pero la enfermera mostró su insignia de restauración.

—La integridad de una criatura bajo evaluación es mi responsabilidad —declaró.

Tarek lanzó hacia la plataforma una pequeña pieza de cobre. El objeto se adhirió al hilo violeta y comenzó a brillar, dejando visible el recorrido de la energía que desaparecía bajo el suelo.

Por primera vez, todos pudieron ver que el regulador no estaba estabilizando el vínculo: lo estaba drenando.

Severin levantó una mano.

—¡Retiren ese objeto! Está alterando los resultados.

Dos guardianes avanzaron. Oren intentó levantar a su ciervo, pero el animal apenas podía moverse.

Perla subió las escaleras antes de pensarlo. No pronunció ningún hechizo. Se arrodilló junto a la criatura y le habló con suavidad.

—No tienes que seguir. Tu compañero está aquí.

Oren le tomó una de las manos.

—¿Puedes ayudarlo?

—No sé si puedo romper la pulsera. Pero podemos dejar de exigirle que resista solo.

Kael descendió hasta la madera. La pequeña serpiente apoyó la cabeza cerca del ciervo y cerró los ojos. Perla sintió una corriente de angustia que no era suya: la del animal intentando cumplir una orden aunque estaba agotado.

—Está bien detenerse —susurró.

El ciervo levantó débilmente la cabeza. Oren rompió a llorar.

—Perdóname. Pensé que debía terminar la prueba.

La luz violeta empezó a temblar. El ciervo dejó de entregar energía al sistema. Tarek acercó su medidor y gritó:

—¡El flujo se ha interrumpido!

La pulsera se abrió con un chasquido. Elowen envolvió a la criatura en una manta de restauración.

Sobre la cabeza de Perla apareció una breve inscripción: «Armonía de los Dos Corazones: 27%».

Seguía siendo nivel 1.

Kael no había lanzado un ataque poderoso ni la había convertido en una gran hechicera. Juntos habían conseguido algo mucho más pequeño y necesario: ayudar a una criatura a dejar de obedecer una orden que la estaba destruyendo.

Severin observó el hilo de cobre que Tarek sostenía como prueba. Su rostro permaneció sereno, pero uno de sus dedos comenzó a temblar.

—La demostración queda suspendida —anunció.

Y el público ya no aplaudió.
Capítulo 5. La última promesa no estaba en un libro
Magina convocó a Perla, Celeste y sus amigos cuando recibió el informe de Elowen. Ya tenía pruebas suficientes para suspender la calibración mientras el Consejo investigaba. Pero había un problema: Severin había retirado durante la noche los cristales principales del pabellón.

—Está borrando los registros —dijo Arven, mostrando un armario vacío.

Tarek colocó sobre la mesa su pequeño medidor de cobre.

—No pudo borrar esto. La energía drenada viajaba hacia las galerías inferiores.

—Hacia el Corazón del Vacío —concluyó Magina.

Kael levantó la cabeza. Una voz llegó a Perla.

«Severin no necesita todavía romper el reloj. Está reuniendo fuerza suficiente para obligarnos a abrirlo».

La directora observó a Astarion mediante una esfera de comunicación. El dragón mostraba otra escama de memoria, mucho más pequeña que la primera.

«Conservé la batalla» —dijo con su voz grave—. «Pero Lyra conservó la promesa».

Perla frunció el ceño.

—¿Qué prometieron exactamente?

«Que ninguno de nosotros usaría el corazón de otro como una llave. Aunque la ciudad entera nos ordenara hacerlo».

La sala quedó en silencio.

Magina se acercó al mapa de la décima torre.

—Entonces la promesa no era solamente una despedida. Era un juramento mágico entre tres guardianes.

Arven examinó los símbolos del plano.

—Si logramos que Lyra reconozca ese juramento, la decimotercera hora podría abrir una comunicación que Severin no pueda controlar.

—¿Y rescatar a mi madre? —preguntó Perla.

Magina respondió con cuidado:

—Podríamos saber cómo hacerlo sin destruir el sello. No te prometeré más que eso.

Perla agradeció que, por una vez, nadie intentara consolarla con una certeza falsa.

Astarion inclinó su enorme cabeza hacia Kael.

«El lugar donde hicimos aquella promesa ya no aparece en los mapas. Pero yo recuerdo el camino».

Celeste levantó la mirada.

—Entonces iremos allí.

El dragón la observó durante varios segundos.

«Irás solo si comprendes que puedo decidir no acompañarte».

Celeste tragó saliva.

—Lo comprendo.
Capítulo 6. La canción de Lyra
Astarion los condujo hasta el antiguo Puente del Alba, oculto más allá de una cascada donde ninguna brújula común funcionaba. Allí, según el dragón, él, Lyra y Kael habían jurado no utilizar jamás el corazón de otro como arma.

Cuando la luna apareció sobre el valle, Astarion comenzó a emitir un sonido grave, casi musical. No era un rugido de combate. Parecía una melodía antigua, repetida con cuidado para no olvidar las notas.

Kael levantó la cabeza. En la mente de Perla surgieron palabras sueltas: un puente, tres manos, una promesa y la voz de una joven riendo.

—¿Es una canción? —preguntó Iris.

«Lyra la cantaba cuando volvíamos heridos de entrenar» —respondió el dragón—. «Decía que una melodía era más difícil de robar que una carta».

Perla acompañó el ritmo dando pequeños golpes sobre la piedra. No conocía la canción, pero Kael comenzó a guiar sus dedos con el cuerpo. Nerina dejó que Mistral hiciera circular el aire entre los arcos rotos, y el viento produjo una tercera nota.

Las huellas brillaron.

Sobre el puente apareció la figura transparente de Lyra, todavía joven, con su cabello rojo recogido detrás de la cabeza. Era un recuerdo, no su cuerpo verdadero. Sonrió al ver a Astarion.

—Si algún día olvidan el camino —dijo la imagen—, recuerden que nadie tiene derecho a poseer el corazón de otro.

Kael dejó escapar un sonido triste.

La figura extendió las manos hacia los tres lugares marcados en la piedra.

—Prometan que elegirán proteger antes que dominar, incluso cuando proteger les cueste aquello que más desean.

La imagen desapareció y dejó flotando una pequeña nota de luz. Magina, que observaba el puente mediante el cristal de comunicación, reconoció inmediatamente la señal.

—Esa nota pertenece al lenguaje de la decimotercera hora. Guárdenla, pero no intenten abrir un portal desde allí.

Perla recibió la luz entre las manos. No pesaba nada, pero sintió en ella un recuerdo de una emoción muy precisa: el alivio de encontrar a alguien después de creerlo perdido.

Astarion miró hacia el cielo.

«Lyra guardó la promesa para que volviéramos a reunirnos. No para que uno de nosotros tuviera que sacrificarse otra vez».

Kael apoyó la cabeza sobre el dedo de Perla.

Y el viento devolvió durante un instante la última nota de la canción.
Capítulo 7. Los registros de los corazones
Mientras el grupo regresaba, Darian y Tarek obtuvieron permiso de Arven para revisar el viejo almacén del pabellón. Fenris avanzaba con cautela, olfateando cada puerta. No buscaban cristales de poder, sino los documentos que Severin había dejado atrás al retirar las máquinas.

En el sótano encontraron un armario cerrado con el escudo del Consejo. Darian utilizó su autorización familiar, pero el sello rechazó el acceso.

—Mi padre ya debió cancelar el permiso —murmuró.

Tarek examinó el marco.

—No necesitamos abrirlo. Necesitamos saber qué transportaron.

Bront, el perro de piedra, se colocó debajo de una tubería y comenzó a ladrar. Una vibración viajaba por el metal hacia la torre central. Tarek apoyó su medidor y descubrió que todavía quedaba un registro residual.

En la esfera de cobre aparecieron números y nombres.

Cuarenta y ocho criaturas calibradas. Energía transferida a una cámara subterránea. Fecha de una extracción mayor: la noche siguiente, durante la reunión general de compañeros mágicos.

Darian palideció.

—Van a reunir a todos en el mismo sitio.

—Para drenar sus vínculos al mismo tiempo —terminó Tarek.

Fenris emitió un gruñido. En lugar de ordenarle callar, Darian se agachó.

—¿Quieres que salgamos?

El lobo miró hacia la escalera y movió la cabeza.

—Entonces vámonos.

Al abrir la puerta encontraron a Varek, el guardián del santuario. Bloqueaba el corredor con su bastón.

—Esos registros pertenecen al Consejo.

Darian apretó la esfera contra su pecho.

—Y las criaturas no son propiedad del Consejo.

Varek observó a Fenris. Después miró a Bront, que estaba dispuesto a morderle una bota aunque apenas le llegaba a la rodilla.

Durante largo tiempo no dijo nada.

Finalmente se apartó.

—No me hagan arrepentirme de esto. Salgan por la escalera de servicio. Los guardianes de Severin están en la entrada principal.

Tarek lo miró sorprendido.

—¿Por qué nos ayuda?

Varek respondió sin volver la cabeza:

—Porque llevo ochenta años escuchando llorar a un dragón detrás de una puerta. Y estoy cansado de decir que cumplía órdenes.
Capítulo 8. El nombre de la tercera guardiana
Magina dispuso una pequeña cámara de comunicación en la Torre del Vínculo. No intentarían liberar a nadie ni abrir el reloj. Solo utilizarían la nota que Lyra había dejado en el Puente del Alba para enviarle el recuerdo de su promesa.

Astarion permaneció al otro lado del círculo. Celeste se sentó a varios metros, respetando la distancia que el dragón había elegido. Perla sostuvo a Kael sobre sus manos y colocó la pequeña nota luminosa en el centro.

—Si la conexión comienza a extraer energía de alguno de ustedes, la interrumpiré —advirtió Magina.

La nota se elevó. Surgió un reloj sin agujas. Dentro de él apareció una puerta azul, y tras ella una sala cubierta de agua inmóvil. En el fondo se distinguía una figura pelirroja.

Kael cerró los ojos.

«Lyra, estamos aquí».

El agua se agitó. La figura levantó lentamente el rostro. No parecía una anciana; el tiempo apenas había avanzado para ella, aunque sus ojos mostraban una soledad de ochenta años.

Astarion acercó su enorme cabeza al círculo.

«Recuerdo nuestra canción».

Lyra apoyó ambas manos sobre una pared invisible. La luz fluctuó. Perla tuvo la impresión de que la joven intentaba hablar, pero algo le impedía recordar las palabras.

—No tienes que decirnos dónde está el fragmento —dijo Perla—. No queremos utilizarte como una llave. Solo queremos que sepas que ellos han regresado.

Kael y Astarion permanecieron inmóviles.

Lyra cerró los ojos. Una lágrima descendió por su rostro. Después movió los labios.

—Mi nombre... es Lyra.

El reloj emitió tres latidos.

Una inscripción apareció bajo la imagen: «Tercer corazón reconocido. Juramento de los guardianes: restaurado».

Kael comenzó a brillar, pero no sufrió. Astarion extendió suavemente un ala sobre Celeste y Perla, protegiéndolas de una ráfaga de viento temporal.

Lyra habló nuevamente, ahora con voz clara:

—Escúchenme. Severin necesita que el Corazón del Vacío se alimente de vínculos obligados. No podrá completar la apertura si las criaturas retiran voluntariamente su consentimiento.

Magina dio un paso al frente.

—¿Cómo liberaremos a Astrid?

Lyra miró hacia un lugar que ninguno podía ver.

—Hay una forma. Pero primero deben impedir la extracción de mañana. Después busquen el Archivo del Primer Latido. Allí está escrito cómo separar un recuerdo de una prisión sin liberar a su carcelero.

El agua volvió a cubrir la imagen.

Kael levantó la cabeza desesperadamente.

«Lyra...».

—Estoy aquí —respondió ella, apenas audible—. No olvidé nuestra promesa.

El reloj desapareció.
Capítulo 9. Una rebelión sin dueño
La reunión general comenzó al atardecer en el Gran Patio. Severin había convocado a todos los alumnos de Noveno Grado y a sus compañeros mágicos bajo el pretexto de una evaluación extraordinaria de seguridad.

Había centenares de criaturas. Dragones jóvenes, gatos de viento, serpientes, lobos, búhos y pequeñas especies que apenas aparecían en los libros. Alrededor del patio se levantaban nueve columnas equipadas con cristales violetas.

Perla estaba entre los estudiantes, acompañada de Nerina, Iris, Tarek y Darian. Celeste permanecía junto a Astarion. Magina y los profesores observaban desde la plataforma, preparados para intervenir si aparecía una prueba definitiva.

Severin levantó las manos.

—La armonía de Shirfs requiere disciplina. Hoy demostraremos que la academia puede alcanzar una energía compartida jamás vista.

Las columnas comenzaron a brillar. Varias criaturas retrocedieron. Los estudiantes intentaron calmarlas, confundidos.

Entonces Darian levantó la esfera que había recuperado del almacén.

—¡Esto es lo que hizo su calibración! ¡Cuarenta y ocho criaturas perdieron energía para alimentar una cámara secreta!

Su voz no llegaba a todos, pero Tarek amplificó la imagen sobre una pantalla de cristal. Aparecieron los registros, los nombres y las corrientes de energía hacia los sótanos.

El murmullo se convirtió en indignación.

Severin sonrió con frialdad.

—Documentos fuera de contexto. Directora, controle a sus alumnos.

Magina levantó su bastón.

—Por autoridad sanitaria de la academia, exijo la suspensión inmediata de la prueba.

El consejero alzó un sello del Consejo.

—El procedimiento ya ha comenzado.

Las nueve columnas lanzaron haces violetas sobre el patio. Los vínculos de los estudiantes comenzaron a brillar contra su voluntad. Un lobo cayó de rodillas. Varios búhos perdieron altura. Astarion lanzó un rugido tan fuerte que las ventanas temblaron.

Perla sintió un tirón en la marca de su mano. Kael se enroscó con fuerza en su muñeca.

—No —susurró ella—. No vamos a permitirlo.

Pero no se lanzó contra Severin. Miró a los estudiantes que intentaban obligar a sus compañeros a mantenerse de pie.

—¡Dejen de darles órdenes! —gritó—. ¡Pregúntenles qué quieren hacer!

Al principio nadie reaccionó. Después Oren, el alumno del ciervo, se arrodilló y abrió su mano.

—No tienes que seguir, amigo.

El ciervo retiró su luz del regulador.

Iris hizo lo mismo con Lumen. Nerina permitió que Mistral se escondiera bajo su capa. Tarek soltó a Bront para que eligiera dónde colocarse.

Los haces violetas comenzaron a perder intensidad.
Capítulo 10. La elección de Astarion
Severin comprendió que el sistema estaba fallando. Los alumnos podían tener niveles muy diferentes, pero las criaturas estaban dejando de responder a la extracción.

El consejero dirigió su bastón hacia Astarion.

—¡Contrato antiguo, orden de obediencia! ¡Entrega tu memoria y tu fuego!

La marca de la corona volvió a encenderse en el brazo de Celeste. La joven cayó de rodillas, sujetándose la muñeca. Astarion se arqueó de dolor. Un chorro de energía negra comenzó a elevarse hacia las columnas.

Perla intentó acercarse, pero Celeste alzó la voz.

—¡No! Esta decisión me corresponde.

Se puso de pie con dificultad. Miró al dragón, que temblaba bajo el peso de las cadenas invisibles.

—Astarion, no te pediré que me salves. No te pediré que ganes el examen por mí. Si quieres marcharte, eres libre.

Una grieta apareció en la marca negra.

Severin apretó los dientes.

—¡La firma sigue siendo válida!

Celeste dejó caer al suelo la insignia dorada de su familia.

—Entonces renuncio a todo lo que esa firma pretendía conseguir.

El cristal incrustado en la marca se rompió. Una onda de luz recorrió los cuernos del dragón. Astarion levantó la cabeza y desplegó sus alas, libre por primera vez de la parte del contrato que exigía obediencia.

Todos esperaron que atacara a Severin.

Pero Astarion no lanzó fuego.

Extendió sus enormes alas alrededor de las criaturas más pequeñas, formando un refugio contra la corriente violeta. El rugido que emitió después no fue una orden. Fue una llamada.

Desde el bosque respondieron los lobos. Desde las torres, los búhos. Las serpientes comenzaron a deslizarse fuera de los círculos de extracción y los gatos de viento se alejaron de las columnas.

Darian se arrodilló junto a Fenris.

—Puedes irte si quieres. No voy a obligarte a luchar.

El lobo lo observó. Después se colocó a su lado por voluntad propia.

Magina aprovechó la interrupción del flujo y levantó una barrera plateada alrededor del patio. Arven y Elowen evacuaron a las criaturas debilitadas. Varek ordenó a sus guardianes apartarse de las columnas.

La extracción masiva se había detenido.

No porque alguien hubiera vencido a Severin mediante un hechizo más grande, sino porque los corazones que pretendía utilizar habían decidido decir que no.
Capítulo 11. Lo que el consejero se llevó
Severin contempló la escena con una expresión de odio que nunca había mostrado en público. Las columnas estaban apagándose y el sello del Consejo comenzaba a agrietarse entre sus dedos.

—Creen que han ganado porque han protegido a unas cuantas mascotas —murmuró.

Perla sostuvo a Kael con ambas manos.

—No son mascotas que puedas utilizar. Son seres vivos.

Severin la miró fijamente.

—Tu madre dijo algo parecido antes de encerrarse en el reloj.

La joven sintió un impulso de correr hacia él. Kael apoyó la cabeza sobre su mano y aquel pequeño contacto bastó para detenerla.

Severin abrió un portal violeta. Magina lanzó un sello para cerrarlo, pero el consejero tenía una última pieza escondida bajo la túnica: un fragmento negro que había reunido la energía robada durante las primeras calibraciones.

—No necesitaba toda la fuerza de Shirfs —dijo—. Solo suficiente para despertar la siguiente cerradura.

El portal se cerró antes de que pudieran alcanzarlo.

Durante varios minutos el patio permaneció en silencio. Después comenzaron a escucharse voces, pasos de sanadores y el llanto de estudiantes abrazando a sus compañeros. Algunas criaturas necesitaban tratamiento. Otras estaban asustadas. Ninguna había salido completamente ilesa de aquellos días.

Magina ordenó clausurar todos los dispositivos de calibración y convocó una investigación formal con los registros de Tarek y Elowen. Severin había perdido el control público de la academia, pero seguía libre.

Celeste estaba sentada cerca de Astarion, observando su muñeca. La corona había desaparecido casi por completo. Quedaba una cicatriz delgada, suficiente para recordarle lo ocurrido.

—No tienes que quedarte conmigo —le dijo al dragón.

Astarion se acomodó a su lado. No respondió con palabras, pero tampoco se marchó.

Perla contempló la escena desde la escalinata. Nerina se sentó a su lado.

—¿Crees que ahora todos dejarán de tratar mal a las criaturas débiles?

—No de un día para otro —respondió Perla—. Pero algunos empezaron a escucharlas.

Kael levantó la cabeza. Sobre Perla apareció una pequeña barra: «Armonía de los Dos Corazones: 38%». Debajo permanecía el mismo número de siempre: «Nivel mágico: 1».

Perla sonrió. Había aprendido que avanzar no siempre significaba subir de nivel.
Capítulo 12. La puerta que pronunció su nombre
A la mañana siguiente, Magina llamó a Perla antes de la primera clase. La directora la esperaba en una sala que Perla no conocía, detrás de la Torre del Vínculo.

En el centro había una mesa sencilla y un pergamino que había aparecido durante la noche, sellado con tres corazones: uno blanco, uno dorado y uno rojo.

—Lyra consiguió enviarlo —explicó Magina—. La recuperación de su nombre permitió restablecer una parte del juramento.

Perla abrió el pergamino con cuidado.

No contenía un mapa hacia Astrid. Había una frase:

«Para rescatar a quienes están atrapados, busquen el Archivo del Primer Latido. Allí se conserva la diferencia entre un vínculo y una cadena».

Debajo aparecía una localización: la biblioteca más antigua de Shirfs, enterrada antes de que se construyera la primera de las nueve torres.

—No es la décima torre —dijo Perla.

—No —respondió Magina—. Es un lugar todavía más antiguo. Y ahora sabemos que Severin también está buscando la entrada.

Kael se deslizó hasta el pergamino. La marca azul de Perla comenzó a brillar.

«Conozco ese archivo» —dijo en su mente—. «Fue allí donde aprendí la Fórmula de los Dos Corazones, antes de convertirme en serpiente».

Perla levantó la mirada.

—¿Podría decirnos cómo recuperar tu cuerpo?

Kael guardó silencio. Después respondió:

«Tal vez. Pero para hacerlo tendremos que separar mi verdadera forma del sello sin destruirlo».

Magina contempló la luz azul que unía a ambos.

—Entonces nuestro siguiente objetivo está claro. Encontrar el Archivo antes de que Severin utilice el fragmento robado.

Al salir, Perla cruzó el patio donde las criaturas descansaban después de la rebelión. Astarion dormía junto a Celeste. Fenris acompañaba a Darian sin correas. Mistral perseguía hojas con una alegría que había perdido durante la calibración.

Perla se llevó a Kael cerca del rostro.

—Vamos a encontrarlos. A Lyra, a mi madre... y al verdadero tú.

La serpiente apoyó suavemente la cabeza sobre su mejilla.

Muy por debajo de Shirfs, Severin colocó el fragmento negro frente a una puerta cubierta de símbolos. La piedra comenzó a abrirse y una voz surgió desde su interior:

—El archivo recuerda todos los corazones que alguna vez fueron traicionados.

Severin sonrió.

—Entonces recordará también el secreto que necesito.

La puerta se cerró detrás de él.

Y en la superficie, sin saberlo, Perla acababa de comenzar la cuenta regresiva hacia la prueba que decidiría si Kael volvería a ser humano o permanecería atrapado para siempre.

Fin de la Parte 6.

Continuará en la Parte 7: El Archivo del Primer Latido y el secreto del sello.
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