Novelas · Parte 5
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NovelasParte 5

El reloj sin agujas y la memoria del dragón

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Detalles

Autor
Gylab Click
Categoría
Novelas
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SHIRFS: La maga de nivel 1 que desafió a los más poderosos
Capítulo
Parte 5
Vistas
4

Sinopsis

Perla, una joven maga de Noruega con apenas nivel 1, ingresa a Shirfs, la academia de magia más poderosa del mundo. Rodeada de estudiantes de niveles superiores, humillada por los populares y despreciada por su debilidad, descubre una antigua fórmula relacionada con las criaturas mágicas y los corazones unidos. Su encuentro con una misteriosa serpiente herida podría cambiar para siempre las reglas de la magia.…

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PARTE 5 DE 9 — El reloj sin agujas y la memoria del dragón
Capítulo 1. La mujer atrapada entre los segundos
En las profundidades de Shirfs, donde ninguna campana podía escucharse y los hechizos de los grandes maestros perdían su fuerza, Astrid Nilsen abrió los ojos por primera vez en once años.

Estaba encerrada dentro de un enorme reloj de cristal que no tenía agujas.

Su cuerpo permanecía suspendido entre partículas de luz azul. Para el mundo exterior habían transcurrido once años, pero para ella el tiempo se había convertido en una sucesión confusa de sueños, recuerdos y silencios.

Frente al cristal estaba Severin.

El consejero de túnica gris sonrió cuando vio que la mujer despertaba.

—Buenas noches, Astrid. Aunque supongo que para ti todavía es la misma noche de hace once años.

Astrid intentó mover las manos. Unas cadenas de luz aparecieron alrededor de sus muñecas.

—¿Qué haces aquí?

—Vengo a darte una noticia maravillosa. Tu hija está en Shirfs.

El rostro de Astrid cambió inmediatamente.

—No te acerques a ella.

Severin soltó una pequeña carcajada.

—Qué curioso. Hace once años dijiste exactamente lo mismo.

La mujer intentó utilizar un hechizo, pero el reloj absorbió la energía antes de que pudiera formar una llama.

—Perla no tiene nada que ver con esto.

—Al contrario. Tu hija posee algo que ni siquiera Magina puede comprender completamente.

Severin colocó una mano sobre el cristal.

Una imagen apareció en su superficie.

Perla sostenía a Kael durante la ceremonia de las criaturas.

Astrid dejó de respirar.

—Kael...

—La pequeña serpiente ha conseguido recordar parte de su pasado. Y todo gracias a tu hija.

Astrid cerró los ojos.

Sabía lo que significaba.

El vínculo de los dos corazones estaba despertando.

Y si alcanzaba suficiente armonía, los sellos de la décima torre comenzarían a debilitarse.

—No vas a utilizarla —susurró.

Severin se inclinó hacia el cristal.

—No necesito obligarla. Solamente tengo que conseguir que siga buscando a su madre.

Aquellas palabras hicieron que Astrid sintiera verdadero miedo.

Porque conocía a Perla.

Sabía que su hija sería capaz de atravesar un reino entero si creía que al final del camino podría encontrarla.

Severin se dio media vuelta.

—Pronto volveré. Quiero que estés despierta cuando llegue.

La puerta se cerró.

Astrid quedó sola.

Durante varios minutos permaneció mirando su reflejo en el cristal.

Después colocó lentamente una mano sobre el corazón.

—Perla, mi pequeña... no sigas el camino que él está preparando.

Una lágrima recorrió su mejilla.

El reloj comenzó a brillar.

Y una diminuta chispa azul escapó por una grieta que Severin no había descubierto.
Capítulo 2. La decisión de la directora
En la torre principal, Magina reunió a Perla, Nerina, Iris, Tarek y Celeste.

La directora permanecía frente a un enorme mapa de las nueve torres.

Su nivel 999 brillaba sobre su cabeza como una advertencia silenciosa.

—Severin ha encontrado la cámara temporal —anunció—. Eso significa que Astrid está en peligro.

Perla se levantó inmediatamente.

—Entonces tenemos que ir por ella.

—No es tan sencillo.

—¡Usted sabe dónde está!

Magina cerró los ojos.

—Y también sé que abrir el reloj incorrectamente podría destruir el sello que mantiene encerrado al Corazón del Vacío.

Perla apretó los puños.

—Siempre hay una razón para no hacer nada.

Aquella acusación provocó un silencio incómodo.

Nerina intentó intervenir, pero la directora levantó una mano.

—Tienes derecho a estar enojada conmigo, Perla. Durante años elegí mantener ciertos secretos porque creía que estaba protegiendo Shirfs.

Se acercó a la ventana.

—Y ahora esos secretos están poniendo en peligro a los estudiantes que juré cuidar.

Celeste permanecía sentada junto a una mesa.

Desde que había aparecido en la décima torre, sus recuerdos continuaban fallando.

En ocasiones olvidaba conversaciones recientes.

Otras veces despertaba sin recordar qué había hecho durante la tarde.

La corona negra permanecía unida a su muñeca mediante una marca oscura.

—¿Y qué pasará conmigo? —preguntó.

Magina la observó.

—Debemos romper tu contrato con Astarion.

Celeste levantó inmediatamente la cabeza.

—¡No!

Perla se sorprendió.

Después de todo lo ocurrido, la joven seguía negándose a renunciar al dragón.

—Celeste —intervino Iris—, ese sello está haciéndote daño.

—¡Es mi compañero!

Magina respondió con firmeza:

—Una criatura obligada a permanecer contigo no es una compañera.

Celeste bajó la mirada.

Durante unos segundos pareció que iba a llorar.

Pero volvió a levantar el rostro.

—Si rompo el contrato, mi familia me considerará una fracasada.

Perla la observó en silencio.

Por primera vez comprendió que Celeste también vivía encerrada en una especie de prisión.

No estaba construida con cadenas.

Estaba hecha de expectativas.

Magina colocó sobre la mesa un antiguo documento.

—Existe otra posibilidad. Podemos debilitar la corona sin romper inmediatamente el contrato, pero Astarion tendrá que colaborar voluntariamente.

Celeste levantó la mirada.

—¿Y si no quiere?

La directora respondió:

—Entonces tendrás que aceptar su decisión.
Capítulo 3. La carta que llegó cubierta de hielo
Aquella tarde, Perla regresó a su dormitorio completamente agotada.

Habían pasado varios días desde que entró en la décima torre, pero todavía tenía la sensación de escuchar la voz de su madre dentro de los pasillos.

Nerina estaba sentada junto a la ventana alimentando a Mistral.

La pequeña gata de viento había aprendido a producir diminutos remolinos cuando quería comida.

—Tu mascota está volviéndose exigente —comentó Perla.

Nerina sonrió.

—Creo que está aprendiendo de mí.

Por primera vez en todo el día, Perla soltó una carcajada.

Pero la tranquilidad duró poco.

Un golpe seco resonó contra la ventana.

Las muchachas se giraron.

Sobre el cristal había una pequeña mariposa azul.

Sus alas parecían hechas de hielo.

Perla abrió cuidadosamente la ventana.

La criatura entró y aterrizó sobre el libro de Astrid.

Después comenzó a deshacerse.

Sus alas se transformaron en pequeñas gotas de agua que formaron palabras sobre la página.

"El reloj no se abre con poder. Se abre con un recuerdo que todavía no ha ocurrido".

Perla leyó la frase varias veces.

—¿Qué significa eso?

Nerina se acercó.

—Un recuerdo del futuro... Eso no debería existir.

La última gota de agua comenzó a moverse.

Dibujó tres símbolos.

Un dragón.

Una serpiente.

Y un reloj.

Kael, que descansaba dentro de su cesta, levantó inmediatamente la cabeza.

Sus ojos azules comenzaron a brillar.

Una voz apareció dentro de la mente de Perla.

«Astrid está intentando comunicarse».

La joven acarició el collar.

—¿Cómo lo sabes?

«Reconozco su magia».

Perla sintió una mezcla de alegría y tristeza.

Su madre estaba viva.

No era solamente una esperanza.

Había conseguido enviarle una señal.

Nerina examinó los símbolos.

—Si esto es un mensaje, quizá el dragón y la serpiente tengan que trabajar juntos.

Perla miró a Kael.

—Astarion...

La serpiente bajó lentamente la cabeza.

«Él conoce un recuerdo que yo perdí durante la guerra».

—¿Qué recuerdo?

Kael permaneció callado durante varios segundos.

«El último momento en que fui humano».

Perla se arrodilló junto a su cesta.

—Entonces tendremos que recuperarlo.

La serpiente se acercó a sus dedos.

«No será fácil. Astarion cree que lo abandoné».
Capítulo 4. Una petición frente al dragón negro
Perla nunca había estado tan nerviosa al entrar en el Santuario de las Criaturas.

Astarion descansaba sobre una plataforma de piedra negra.

Su cuerpo era gigantesco.

Las alas plegadas parecían dos montañas oscuras y sus ojos dorados seguían cada movimiento de quienes se acercaban.

Celeste estaba junto a él.

Llevaba varios minutos intentando convencerlo de aceptar una sesión de memoria compartida.

—No voy a obligarte —decía—. Solamente necesito que nos ayudes.

El dragón no reaccionó.

Cuando Perla apareció acompañada de Kael, Astarion levantó inmediatamente la cabeza.

Su enorme cola golpeó el suelo.

Celeste se giró.

—¿Qué haces aquí?

—La directora me autorizó a venir.

Celeste observó a la serpiente.

Su expresión cambió.

—Astarion lleva toda la mañana inquieto. Creo que es por ella.

Perla avanzó lentamente.

—Kael quiere hablar con él.

El dragón abrió sus enormes ojos.

Un rugido profundo hizo temblar las columnas.

Perla retrocedió instintivamente.

Pero Kael se deslizó desde su hombro hasta el suelo.

Su pequeño cuerpo blanco parecía insignificante frente a la enorme criatura negra.

Astarion bajó la cabeza.

Durante varios segundos se observaron.

Nadie habló.

Entonces Perla sintió una corriente de energía recorrer su muñeca.

Una voz grave apareció dentro de su mente.

«Lo recuerdo».

Era Astarion.

Perla levantó la mirada sorprendida.

«Recuerdo el fuego. La torre. Y el momento en que nos dejaste».

Kael permaneció inmóvil.

Después respondió mediante el vínculo.

«No quise abandonarte».

El dragón lanzó un gruñido.

«Te vi desaparecer. Durante ochenta años creí que habías muerto».

Perla sintió el dolor de ambos como una presión en el pecho.

Kael avanzó un poco más.

«Yo también pensé que nunca volvería a verte».

Astarion cerró los ojos.

Una lágrima dorada descendió por sus escamas.

Celeste observaba la escena sin comprender completamente lo que estaba ocurriendo.

—¿Por qué está llorando?

Perla respondió en voz baja:

—Porque acaba de encontrar a un viejo amigo.

El dragón abrió nuevamente los ojos.

Su mirada se dirigió hacia Celeste.

Después hacia la corona negra de su muñeca.

Un rugido de rabia recorrió el santuario.

Kael levantó la cabeza.

«Astarion, necesitamos tu ayuda. Severin está intentando abrir el reloj».

El dragón quedó inmóvil.

Su respiración se volvió lenta.

Y finalmente respondió:

«Entonces ha llegado la hora de recordar lo que todos intentaron olvidar».
Capítulo 5. El recuerdo que Astarion había escondido
Magina llegó al santuario acompañada de Elowen y el profesor Arven.

La directora había preparado un círculo de protección capaz de contener los recuerdos de un dragón sin permitir que dañaran a quienes los contemplaran.

—Astarion, lo que voy a pedirte podría provocarte dolor —advirtió.

El dragón la observó.

«He soportado ochenta años de dolor. Lo que no quiero soportar es otra mentira».

Magina bajó la cabeza.

Celeste se acercó a la enorme criatura.

Por primera vez no intentó tocarlo sin permiso.

—Yo también quiero saber qué pasó —dijo—. Pero si no estás preparado, podemos esperar.

Astarion la miró con sorpresa.

Había pasado semanas escuchando órdenes de aquella joven. Nunca le había preguntado qué deseaba.

El dragón extendió lentamente una de sus alas.

Sobre la membrana negra apareció una escama plateada.

Magina la reconoció inmediatamente.

—Una escama de memoria...

La directora explicó que ciertos dragones podían conservar recuerdos tan importantes que terminaban formando parte de sus cuerpos.

No eran simples imágenes.

Contenían emociones, sonidos y fragmentos de energía.

Astarion había guardado aquella escama desde la guerra.

Arven preparó el círculo.

—Todos deberán permanecer unidos. Si el recuerdo intenta separarlos, cierren los ojos y pronuncien el nombre de su compañero.

Perla sostuvo a Kael.

Celeste permaneció junto a Astarion.

Magina colocó su bastón sobre la escama.

Una enorme luz dorada cubrió el santuario.

Cuando Perla volvió a abrir los ojos, estaba suspendida sobre una ciudad en llamas.

Debajo de ella se desarrollaba la Guerra de los Nueve Reinos.

Astarion volaba entre las torres destruidas.

Sobre su espalda viajaba Lyra, la maga pelirroja que Perla había visto en los recuerdos de Kael.

—¡Tenemos que regresar! —gritó Lyra.

El dragón giró la cabeza.

En la distancia, una enorme explosión azul iluminó el cielo.

La décima torre estaba siendo sellada.

Lyra comenzó a llorar.

—¡Kael sigue allí!

Astarion intentó regresar.

Pero entonces una voz resonó dentro de su cabeza.

Era la de Kael.

«Protege a Lyra. Pase lo que pase, no vuelvas».

El dragón rugió desesperadamente.

«¡No voy a dejarte!».

La respuesta llegó entre el estruendo de las llamas.

«Entonces prométeme que algún día protegerás a quien consiga escucharme».

La explosión volvió a iluminar el cielo.

Después todo quedó oscuro.

Perla sintió el dolor de Astarion.

No solamente había perdido a su compañero.

Había obedecido una última orden que durante ochenta años había interpretado como una traición a su amistad.

El recuerdo cambió.

Astarion apareció encadenado dentro del santuario.

Severin caminaba frente a él sosteniendo una corona negra.

—Podría devolverte a Kael —decía—. Solamente necesito que entregues el recuerdo de su último hechizo.

Astarion respondió con un rugido.

Severin sonrió.

—Entonces permanecerás aquí hasta que alguien consiga reclamarte.

La imagen comenzó a desvanecerse.

Antes de desaparecer, Perla observó algo extraordinario.

Durante la explosión azul, una pequeña esfera había salido de la torre y quedado atrapada entre las escamas de Astarion.

Dentro de ella había un reloj diminuto.

Un reloj que, a diferencia del que mantenía encerrada a Astrid, sí tenía agujas.

Y ambas señalaban un número imposible.

Trece.
Capítulo 6. La hora que no existe
Cuando terminó la visión, Perla cayó de rodillas.

Kael permanecía enroscado alrededor de su muñeca.

Astarion respiraba con dificultad, pero la escama de memoria seguía intacta.

Magina se acercó rápidamente.

—¿Qué viste?

Perla describió el reloj.

La directora se quedó inmóvil.

—La decimotercera hora...

Arven levantó la mirada.

—Creí que era una leyenda.

Celeste los observó confundida.

—¿Qué significa?

Magina explicó que los antiguos magos habían intentado dividir el tiempo en trece horas mágicas.

Las primeras doce pertenecían al mundo conocido.

Pero la decimotercera existía fuera del tiempo normal.

Era un instante que todavía no había ocurrido y, al mismo tiempo, podía contener recuerdos de acontecimientos que nunca llegarían a suceder.

—Por eso Astrid escribió que necesitamos un recuerdo del futuro —murmuró Perla.

Magina asintió.

—El reloj sin agujas se encuentra atrapado en esa hora.

Celeste cruzó los brazos.

—Entonces, ¿qué tenemos que hacer? ¿Crear una hora nueva?

Arven negó lentamente.

—No podemos crearla. Solamente encontrar un camino hacia ella.

Astarion levantó la cabeza.

«Conservé la última imagen de Kael porque tenía miedo de olvidarla. Pero aquella esfera también guarda la posición de la decimotercera hora».

Perla acarició a la serpiente.

—¿Podemos utilizarla?

El dragón permaneció callado.

Después observó a Celeste.

La joven bajó la mirada hacia su muñeca.

La corona negra seguía brillando.

—Severin puede utilizar mi contrato para observar lo que hace Astarion, ¿verdad?

Magina respondió:

—Es posible.

Celeste cerró los ojos.

Aquello significaba que su presencia podía poner en peligro la misión.

Durante un instante sintió deseos de marcharse.

Pero recordó cómo Perla había intentado ayudarla incluso después de todas las humillaciones que había sufrido.

—Entonces tienen que quitarme la corona.

Magina se acercó.

—Podría provocarte una pérdida permanente de algunos recuerdos.

Celeste tragó saliva.

—Ya estoy perdiéndolos de todos modos.

Astarion bajó su enorme cabeza.

Por primera vez, Celeste extendió la mano sin activar ningún hechizo.

El dragón permitió que apoyara los dedos sobre sus escamas.

—Lo siento —susurró ella—. Nunca te pregunté si querías estar conmigo.

Astarion cerró lentamente los ojos.

Pero la corona no desapareció.

El contrato había sido escrito con una magia que no podía romperse simplemente mediante arrepentimiento.

Todavía faltaba descubrir quién poseía su verdadera llave.
Capítulo 7. La familia que exigía una victoria
Esa misma tarde, Celeste recibió una visita inesperada.

Su padre, Lord Edric Valmora, había llegado a la academia acompañado de dos guardianes.

Era un mago de nivel 648, reconocido por su dominio de las tormentas eléctricas.

Su presencia obligó a varios estudiantes a inclinar la cabeza cuando atravesó los pasillos.

Celeste lo esperaba en una sala privada.

—Padre.

Edric ni siquiera respondió al saludo.

Colocó sobre la mesa un informe de entrenamiento.

—Tu armonía con Astarion sigue siendo inestable.

La joven guardó silencio.

—¿Cómo es posible que hayas conseguido al dragón más poderoso de Shirfs y todavía no puedas realizar una invocación completa?

—Estamos entrenando.

—Eso no es suficiente.

Celeste apretó los dedos.

—Astarion no quiere compartir su poder de esa manera.

Su padre la observó con desprecio.

—Entonces tendrás que demostrarle quién dirige el vínculo.

—No funciona así.

Edric levantó una ceja.

—¿Desde cuándo cuestionas los métodos que te han llevado hasta el nivel 99?

Celeste bajó la mirada.

Durante toda su infancia había escuchado aquellas palabras.

Su valor dependía de sus resultados.

Cuando alcanzaba una meta, su padre fijaba otra más alta.

Nunca había tiempo para descansar.

Nunca había una felicitación que no estuviera acompañada de una exigencia.

Edric se acercó.

—Severin me aseguró que el contrato permitiría obtener resultados extraordinarios.

Celeste levantó la cabeza.

—¿Tú sabías lo de la corona?

Su padre guardó silencio.

Aquello fue suficiente.

—¿Sabías que podía quitarme recuerdos?

—Los grandes logros requieren sacrificios.

La muchacha sintió que algo se rompía dentro de ella.

—¿Incluso si dejo de recordar quién soy?

Edric no respondió directamente.

—No dramatices. La directora puede solucionar cualquier efecto secundario cuando termine el examen.

Celeste se levantó lentamente.

—No voy a seguir utilizando la corona para obligar a Astarion.

Su padre la miró furioso.

—Si abandonas ese contrato, no esperes que nuestra familia siga financiando tus caprichos.

Celeste sintió miedo.

Por primera vez comprendió que podía perder el apoyo económico, la posición y la admiración de su familia.

Pero también comprendió algo más.

Si seguía obedeciendo, terminaría perdiéndose a sí misma.

—Entonces tendré que aprender a vivir sin sus privilegios —respondió.

Edric se marchó sin despedirse.

Celeste permaneció sola.

No lloró inmediatamente.

Caminó hasta una ventana y observó las nueve torres.

Después se quitó la insignia dorada de los Valmora y la guardó en un cajón.

Por primera vez en diecinueve años había tomado una decisión que sus padres no aprobarían.

Y aunque estaba aterrada, también sintió una pequeña libertad.
Capítulo 8. El estudiante que dejó de reírse
Darian encontró a Celeste sentada en las escaleras de la Torre del Fuego.

Durante años habían sido amigos.

Él conocía sus costumbres, sus ambiciones y la manera en que ocultaba cualquier señal de debilidad.

Pero nunca la había visto tan derrotada.

—¿Qué ocurrió? —preguntó.

Celeste se limpió rápidamente los ojos.

—Nada que te importe.

Darian se sentó a su lado.

—Llevamos años siendo amigos. Puedes contarme.

La muchacha soltó una carcajada amarga.

—¿Amigos? Nos pasamos la vida burlándonos de cualquiera que tenga menos nivel.

Darian bajó la mirada.

—No siempre.

—Sí, Darian. Casi siempre.

El muchacho no respondió.

Recordó a Perla recogiendo sus libros del suelo.

Recordó las veces que había utilizado su magia para hacerla quedar en ridículo.

Y después pensó en Fenris, su lobo de guerra, que había terminado herido porque él necesitaba demostrar que era más fuerte que los demás.

—Creo que ambos hemos sido bastante estúpidos —murmuró.

Celeste lo observó sorprendida.

Darian le contó lo ocurrido con Fenris.

Le explicó que el lobo había comenzado a confiar en él solamente cuando dejó de darle órdenes constantemente.

—Perla fue quien me hizo entenderlo.

Celeste apartó la mirada.

—No puedo creer que ahora todos hablen maravillas de esa muchacha.

—Sigue siendo nivel 1 —respondió Darian—. Pero quizá hay cosas que ella entiende mejor que nosotros.

Celeste permaneció en silencio.

Después preguntó:

—¿Crees que todavía podemos cambiar?

Darian tardó varios segundos en contestar.

—No sé si Perla alguna vez va a perdonarnos. Pero podemos dejar de comportarnos como antes.

La joven sonrió débilmente.

—Eso suena demasiado sencillo.

Darian levantó los hombros.

—Fenris tampoco me perdonó el primer día.

Por primera vez en varias semanas, Celeste consiguió reírse sinceramente.

No significaba que se hubiera convertido de repente en una buena persona.

Todavía sentía celos de Perla.

Todavía deseaba ganar el examen.

Y una parte de ella seguía creyendo que merecía ser reconocida como la mejor estudiante.

Pero había comenzado a preguntarse si valía la pena conseguir todo aquello perdiendo su memoria y la confianza de Astarion.
Capítulo 9. El laboratorio de los recuerdos prestados
Tarek pasó tres noches intentando descifrar los símbolos que habían aparecido sobre la escama de Astarion.

Su laboratorio estaba lleno de instrumentos, pequeños cristales y cuadernos cubiertos de fórmulas.

Bront, su perro guardián de piedra, dormía debajo de la mesa.

Nerina, Iris y Perla lo acompañaban.

Celeste había aceptado participar, aunque todavía evitaba mirar directamente a Perla durante mucho tiempo.

Tarek colocó la escama de memoria dentro de un recipiente especial.

—Creo que podemos proyectar la decimotercera hora sin tener que viajar físicamente hasta ella.

Nerina levantó una ceja.

—¿Y eso es seguro?

—Relativamente.

—Odio cuando dices eso.

Tarek sonrió.

Después explicó que el recuerdo de Astarion contenía un punto temporal incompleto.

Si conseguían combinarlo con el collar de Astrid y la energía de Kael, podrían construir una ventana hacia el reloj.

No abriría la prisión.

Solamente les permitiría observarla.

Perla se acercó inmediatamente.

—¿Podría hablar con mi madre?

Tarek guardó silencio.

—No lo sé. Pero quizá pueda verte.

La joven respiró profundamente.

Iris levantó una mano.

—Antes de comenzar, necesitamos establecer un límite. Kael no puede seguir utilizando toda su energía cada vez que intentamos algo nuevo.

Perla asintió.

—Estoy de acuerdo.

Elowen les había enseñado a reconocer las señales de agotamiento mágico.

Si las escamas de Kael perdían su brillo, debían detenerse.

Si Perla comenzaba a escuchar recuerdos ajenos sin poder distinguirlos de los suyos, también.

Y si la escama de Astarion emitía una luz roja, el experimento debía terminar inmediatamente.

Tarek activó los cristales.

Una pequeña imagen apareció sobre la mesa.

Era el reloj sin agujas.

Al principio solamente mostraba oscuridad.

Después apareció una mujer suspendida dentro del cristal.

Astrid.

Perla se llevó una mano a la boca.

—Mamá...

La imagen comenzó a temblar.

Kael levantó la cabeza.

La piedra azul del collar brilló intensamente.

Y entonces Astrid abrió los ojos.

No parecía sorprendida.

Parecía haber estado esperando.

Sus labios se movieron lentamente.

Perla se inclinó hacia delante.

—¿Qué está diciendo?

Tarek aumentó la energía del proyector.

Una voz débil comenzó a escucharse entre los cristales.

—Perla... no abras... la puerta...

La joven sintió que las lágrimas le recorrían el rostro.

Habían conseguido encontrarla.

Pero antes de que pudiera responder, una sombra apareció detrás del reloj.

La escama de Astarion se volvió roja.

Tarek desconectó inmediatamente el dispositivo.

La imagen desapareció.

Durante varios segundos nadie habló.

Finalmente Nerina susurró:

—Severin nos estaba observando.
Capítulo 10. La decisión que Perla no esperaba
Perla permaneció mirando el recipiente apagado.

Durante once años había soñado con escuchar nuevamente la voz de su madre.

Ahora la había escuchado.

Solamente habían sido unas pocas palabras, pero bastaron para despertar todos los recuerdos de su infancia.

Astrid peinándole el cabello frente a la chimenea.

Astrid enseñándole a reconocer las estrellas.

Astrid abrazándola cuando tenía pesadillas.

La joven se sentó lentamente.

—La encontramos.

Nerina se acercó.

—Sí.

—Estaba allí, frente a nosotros.

Iris le colocó una mano sobre el hombro.

—Y ahora sabemos que está viva.

Pero Perla no parecía tranquila.

—Nos pidió que no abriéramos la puerta.

Tarek examinó los cristales.

—Creo que el reloj está conectado al Corazón del Vacío mediante una corriente temporal. Si lo abrimos directamente, podríamos permitir que esa energía salga.

Celeste observó la escama de Astarion.

—Entonces Severin quiere que vayamos hasta allí y cometamos ese error.

Perla levantó la cabeza.

—Exactamente.

La muchacha sintió una rabia enorme.

Severin conocía su deseo de recuperar a su madre.

Sabía que estaba desesperada por verla.

Y estaba utilizando aquel sentimiento para conducirla hacia el reloj.

Durante un instante Perla quiso destruir el laboratorio y marcharse sola a buscar a Astrid.

Pero entonces Kael se deslizó lentamente hasta su mano.

Una voz apareció en su mente.

«Perla, mírame».

La joven levantó los ojos.

«Astrid sigue viva porque ha conseguido mantener el sello. Si la liberamos sin comprender cómo funciona, podríamos destruir aquello que ha protegido durante once años».

Perla comenzó a llorar.

—¿Entonces tengo que dejarla allí?

«No. Tenemos que encontrar otra manera».

La joven abrazó cuidadosamente a la serpiente.

Por primera vez comprendió que salvar a alguien no siempre significaba actuar inmediatamente.

A veces implicaba detenerse cuando todo el corazón te exigía correr.

Nerina se sentó junto a ella.

—No vamos a abandonarla.

Iris asintió.

—Pero tampoco vamos a darle a Severin exactamente lo que quiere.

Tarek guardó los cristales.

—Necesitamos investigar qué mantiene cerrado el reloj.

Celeste permaneció callada durante unos segundos.

Después dijo algo que sorprendió a todos.

—Entonces necesitamos que Astarion recuerde cómo se construyó el primer sello.

Perla levantó la mirada.

Era la primera vez que Celeste proponía utilizar el conocimiento del dragón en lugar de exigirle poder.

Y aunque todavía existía mucha desconfianza entre ambas, aquella pequeña diferencia podía cambiarlo todo.
Capítulo 11. La corona comenzó a romperse
La segunda visita a Astarion fue diferente.

Celeste llegó sin su capa blanca y sin los adornos que normalmente utilizaba durante los entrenamientos.

Solamente llevaba el uniforme de la academia.

Perla caminaba a su lado con Kael sobre el hombro.

Magina las esperaba junto al dragón.

—Antes de intentar recuperar otro recuerdo, necesitamos reducir la influencia de Severin sobre el contrato —explicó.

Celeste levantó la muñeca.

La marca negra parecía extenderse lentamente hacia sus dedos.

—¿Qué tengo que hacer?

La directora colocó un cristal sobre una mesa.

—El sello fue construido mediante una promesa de obediencia. Solamente puede debilitarse si ambas partes rechazan voluntariamente esa promesa.

Celeste miró a Astarion.

El dragón permanecía inmóvil.

—¿Y si me rechaza por completo?

Magina respondió:

—Tendrás que aceptarlo.

La joven respiró profundamente.

Se acercó a la enorme criatura.

Durante varios segundos no consiguió hablar.

Finalmente bajó la mirada.

—Astarion, cuando te elegí solamente pensaba en lo que podía conseguir contigo.

El dragón abrió lentamente los ojos.

—Quería demostrar que era mejor que todos. Quería que mi padre estuviera orgulloso de mí.

Celeste apretó los dedos.

—Y cuando no quisiste obedecerme, utilicé la corona.

La marca negra comenzó a brillar.

La muchacha sintió un dolor intenso, pero continuó.

—No puedo cambiar lo que hice. Tampoco puedo exigirte que me perdones.

Levantó la mirada.

—Pero ya no quiero que estés obligado a quedarte conmigo.

Un silencio profundo llenó el santuario.

Astarion observó a la joven durante largo tiempo.

Después levantó lentamente una de sus enormes garras.

Una luz dorada apareció sobre la corona.

La marca negra comenzó a agrietarse.

Celeste cayó de rodillas.

Perla intentó acercarse, pero Magina la detuvo.

—Es una decisión entre ellos.

La luz aumentó.

Una pequeña pieza oscura se desprendió de la muñeca de Celeste y cayó al suelo.

El cristal se rompió.

El santuario comenzó a temblar.

Astarion lanzó un rugido.

Pero esta vez no era de dolor.

Era una declaración de libertad.

La corona no desapareció completamente.

Todavía quedaban símbolos oscuros sobre el brazo de Celeste.

Sin embargo, una de las cadenas que rodeaban los cuernos del dragón se había desvanecido.

Magina observó el resultado.

—El contrato está debilitándose.

Celeste levantó la mirada.

Tenía lágrimas en los ojos.

—¿Eso significa que ya no tienes que obedecerme?

Astarion bajó lentamente la cabeza.

Su voz resonó dentro de las mentes de las dos jóvenes.

«Nunca debí tener que hacerlo».

Celeste comenzó a llorar.

Y por primera vez Perla no sintió satisfacción al verla derrotada.

Comprendió que aquella muchacha estaba enfrentándose a una verdad que llevaba años evitando.
Capítulo 12. El minuto que desapareció de Shirfs
La ruptura parcial de la corona tuvo una consecuencia que nadie esperaba.

A la mañana siguiente, todos los relojes de Shirfs se detuvieron exactamente a las doce.

Las campanas no sonaron.

Las criaturas flotantes quedaron suspendidas en el aire.

Y durante sesenta segundos, la ciudad entera permaneció inmóvil.

Todos, excepto quienes estaban vinculados con el sello del Corazón del Vacío.

Perla estaba en la biblioteca cuando ocurrió.

Había abierto un libro sobre magia temporal.

De repente, las páginas dejaron de moverse.

Una pluma quedó suspendida frente a su rostro.

La joven levantó la mirada.

Nerina permanecía inmóvil junto a una estantería.

Mistral también.

Pero Kael seguía moviéndose.

—¿Qué está pasando? —susurró Perla.

La serpiente levantó la cabeza.

«La decimotercera hora».

Una puerta azul apareció al final del pasillo.

No estaba allí unos segundos antes.

Perla sintió que el collar de Astrid comenzaba a calentarse.

Desde el interior de la puerta escuchó una voz.

—Perla...

La joven dio un paso.

Era la voz de su madre.

La puerta comenzó a abrirse lentamente.

Del otro lado podía verse una habitación iluminada por un enorme reloj de cristal.

Astrid permanecía suspendida en su interior.

Pero esta vez no estaba dormida.

Miraba directamente hacia la entrada.

—Mamá...

Perla comenzó a caminar.

Kael se enroscó alrededor de su muñeca.

«Detente».

La joven permaneció inmóvil.

—Está allí.

«Lo sé».

—¡Puedo llegar hasta ella!

La serpiente levantó la cabeza.

«Mira el suelo».

Perla bajó la mirada.

Entre sus pies y la puerta había una línea negra.

No parecía una sombra.

Era una grieta que se extendía hacia un vacío interminable.

Dentro podía verse una enorme criatura oscura moviéndose lentamente.

Dos ojos rojos se abrieron.

Una voz profunda resonó desde las profundidades.

—Ven, pequeña heredera. Tu madre te espera.

Perla retrocedió aterrada.

La imagen de Astrid comenzó a desvanecerse.

Su voz resonó nuevamente.

—No escuches al corazón...

El reloj del pasillo comenzó a vibrar.

Kael levantó la cabeza.

Una luz azul apareció alrededor de ambos.

La grieta comenzó a cerrarse.

Perla extendió la mano una última vez.

—¡Mamá!

Astrid apoyó los dedos contra el cristal.

Y antes de desaparecer pronunció una frase.

—Busca a Lyra. Ella recuerda la última promesa.

La puerta se cerró.

Las campanas comenzaron a sonar.

Nerina dejó caer el libro que sostenía.

Mistral aterrizó sobre el suelo.

Y Shirfs continuó funcionando como si nada hubiera ocurrido.

Perla permanecía inmóvil frente a la pared.

Su corazón latía desesperadamente.

Había visto a su madre.

Había estado a pocos pasos de ella.

Pero también había descubierto que Severin no era el único que intentaba utilizarla.

Algo mucho más antiguo estaba esperándola dentro del reloj.
Capítulo 13. La segunda prisionera
Magina convocó una reunión de emergencia aquella noche.

El fenómeno temporal había afectado a toda la ciudad.

Los profesores no conseguían explicar por qué había desaparecido un minuto completo de sus registros.

Perla contó lo ocurrido.

Describió la puerta azul, el reloj, los ojos rojos y la voz de Astrid.

Cuando mencionó a Lyra, la directora dejó caer el documento que sostenía.

—¿Estás segura de que pronunció ese nombre?

Perla asintió.

—Dijo que Lyra recuerda la última promesa.

Astarion, que escuchaba mediante un pequeño cristal de comunicación, lanzó un rugido.

Kael levantó inmediatamente la cabeza.

Su cuerpo comenzó a emitir una luz intensa.

Magina caminó hacia una estantería.

Sacó un libro antiguo y lo abrió frente a todos.

En una de las páginas aparecía el retrato de una joven pelirroja.

Era Lyra.

La misma maga que Perla había visto durante la guerra.

—Después de la transformación de Kael, Lyra intentó recuperar sus recuerdos —explicó Magina.

Pasó lentamente la página.

—Descubrió que el sello temporal tenía una segunda cámara.

Perla frunció el ceño.

—¿Qué había dentro?

La directora tardó varios segundos en responder.

—Una prisión donde podían conservarse los recuerdos que Severin no había conseguido destruir.

Kael comenzó a temblar.

Magina continuó:

—Lyra entró para proteger la última memoria de Astarion. Pero nunca logró regresar.

Nerina se llevó una mano a la boca.

—¿Entonces también está atrapada?

—Eso creemos.

Perla miró el retrato.

Lyra llevaba desaparecida ochenta años.

Pero si el tiempo no avanzaba normalmente dentro de aquella prisión, quizá seguía viva.

Magina cerró el libro.

—La decimotercera hora contiene más de una cámara. Astrid está en la primera. Lyra podría encontrarse en otra mucho más profunda.

Kael levantó la cabeza.

Una voz apareció dentro de la mente de Perla.

«Ella se quedó para protegerme incluso después de que todos me consideraran un traidor».

Perla sintió una tristeza inmensa.

—Entonces tenemos dos personas a quienes encontrar.

Magina observó a la joven.

—Y un enemigo que ahora conoce la entrada.

Desde una torre lejana, las campanas comenzaron a sonar.

Era medianoche.

Pero durante un instante una campana adicional respondió desde debajo de Shirfs.

La número trece.

Nadie volvió a escucharla.

Sin embargo, Astarion abrió sus enormes ojos dorados.

Y por primera vez en ochenta años pronunció en voz alta el nombre que creía perdido.

—Lyra...
Capítulo 14. El juramento de los dos corazones
Aquella noche, Perla regresó a su habitación sin conseguir dormir.

Kael estaba sobre su almohada.

La joven lo observó durante varios minutos.

—Hoy estuve a punto de entrar en esa puerta sin pensar en las consecuencias.

La serpiente levantó la cabeza.

«Querías encontrar a tu madre».

—Sí. Pero si lo hubiera hecho, quizá habría liberado a esa criatura.

Kael se acercó lentamente.

«Sentir miedo no te convierte en una mala maga».

Perla sonrió con tristeza.

—Entonces todavía tengo muchas cosas que aprender.

La serpiente apoyó la cabeza sobre su mano.

Una luz azul comenzó a envolverlos.

Por primera vez, Perla consiguió sentir los dos corazones latiendo al mismo ritmo sin necesidad de pronunciar un hechizo.

No había dolor.

Tampoco agotamiento.

Solamente una sensación de tranquilidad.

Sobre su cabeza apareció una barra luminosa.

"Nivel mágico: 1".

"Armonía de los Dos Corazones: 24%".

Perla abrió los ojos sorprendida.

Habían avanzado cinco puntos desde su última evaluación.

Pero el número no fue lo que más la emocionó.

Por primera vez comprendía que su conexión con Kael podía crecer sin obligarlo a sufrir.

—Lo estamos consiguiendo —susurró.

Kael levantó la cabeza.

«Todavía nos queda mucho camino».

La joven sonrió.

—Entonces seguiremos entrenando.

En la distancia, un trueno sacudió las torres.

Bajo la academia, Severin permanecía frente al Corazón del Vacío.

El cristal negro estaba atravesado por una nueva grieta.

Dentro, dos enormes ojos rojos observaban al consejero.

—La decimotercera hora ha despertado —anunció Severin.

La criatura respondió con una voz que hizo temblar las paredes.

—Entonces comienza a reunir a los magos. Pronto necesitaré sus vínculos.

Severin inclinó lentamente la cabeza.

Arriba, en Shirfs, los estudiantes se preparaban para las próximas evaluaciones sin sospechar que sus mascotas mágicas podían convertirse en el objetivo de una conspiración mucho mayor.

Y mientras Perla dormía junto a Kael, una inscripción apareció sobre la puerta de su habitación.

Estaba escrita con una magia antigua.

"El primer corazón ha recordado. El segundo ha despertado. Cuando el tercero pronuncie su nombre, comenzará la verdadera prueba".

La inscripción desapareció antes del amanecer.

Pero dentro de la cesta, Kael abrió los ojos.

Había reconocido aquellas palabras.

Y sabía exactamente quién era el tercer corazón.

Fin de la Parte 5.

Continuará en la Parte 6: La última promesa de Lyra y la rebelión de las criaturas.
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