
Novelas · Parte 4
La torre prohibida y el pasado del mago de nivel 88
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La torre prohibida y el pasado del mago de nivel 88
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Detalles
- Autor
- Gylab Click
- Categoría
- Novelas
- Click
- SHIRFS: La maga de nivel 1 que desafió a los más poderosos
- Capítulo
- Parte 4
- Vistas
- 4
Sinopsis
Perla, una joven maga de Noruega con apenas nivel 1, ingresa a Shirfs, la academia de magia más poderosa del mundo. Rodeada de estudiantes de niveles superiores, humillada por los populares y despreciada por su debilidad, descubre una antigua fórmula relacionada con las criaturas mágicas y los corazones unidos. Su encuentro con una misteriosa serpiente herida podría cambiar para siempre las reglas de la magia.…
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PARTE 4 DE 9 — La torre prohibida y el pasado del mago de nivel 88
Capítulo 1. El secreto que la serpiente ya no podía ocultar
Perla permanecía inmóvil frente a la ventana de su dormitorio.
La pequeña serpiente blanca descansaba sobre sus manos. Sus escamas brillaban débilmente bajo la luz de la luna y sus ojos azules parecían observar algo mucho más lejano que las nueve torres de Shirfs.
—¿De verdad fuiste humano? —preguntó finalmente.
Nerina estaba junto a la puerta, incapaz de apartar la mirada de Kael.
Ninguna de las dos había conseguido dormir después de escuchar aquella voz masculina y ver la silueta del joven de cabello blanco.
La serpiente levantó lentamente la cabeza.
Una voz resonó dentro de la mente de Perla.
«Sí».
La muchacha sintió que el corazón se le aceleraba.
—¿Entonces eres el mismo Kael Arvandor que desapareció durante la guerra?
Pasaron varios segundos antes de que recibiera una respuesta.
«Lo fui».
Perla recordó la crónica que había encontrado en la biblioteca.
Un mago de nivel 88.
Un héroe acusado de desobedecer órdenes.
Un hombre que había desaparecido ochenta años atrás.
—¿Qué te ocurrió?
Kael cerró los ojos.
Durante un instante pareció incapaz de recordar.
«Me quitaron mi cuerpo para impedir que utilizara mi magia. Pero fui yo quien aceptó el último sello».
Nerina se acercó.
—¿Qué está diciendo?
Perla repitió sus palabras.
Su amiga palideció.
—Eso significa que alguien lo transformó deliberadamente.
Kael movió la cabeza.
«No fue solamente un castigo».
Una luz azul apareció entre sus escamas.
«Fue la única manera de mantener cerrada la décima torre».
Perla miró el libro que había pertenecido a su madre.
La imagen de la torre invertida continuaba brillando sobre la página.
—¿Y mi mamá? ¿Qué relación tenía con todo esto?
La serpiente guardó silencio.
No porque quisiera ocultarlo.
Sino porque el recuerdo parecía producirle un dolor insoportable.
Finalmente respondió:
«Astrid me encontró hace once años. Intentó liberarme sin romper el sello».
Perla dejó de respirar.
—¿La viste desaparecer?
Kael bajó la cabeza.
«Estuve allí».
La muchacha sintió que el suelo parecía moverse debajo de sus pies.
Había pasado once años esperando conocer la verdad.
Y ahora la criatura a la que había salvado de un invernadero conocía el último lugar donde habían visto a su madre.
Capítulo 2. La promesa de no volver a mentir
Perla acercó a Kael hasta su rostro.
—Necesito que me cuentes todo.
La serpiente emitió una luz tenue.
«Mis recuerdos están incompletos. Si intento recuperarlos demasiado rápido, el sello me obliga a revivir la transformación».
—¿Te hace daño?
«Sí».
Perla retiró inmediatamente la mano.
Había estado tan concentrada en encontrar a su madre que no había pensado en el sufrimiento de Kael.
—Lo siento.
La serpiente la observó, sorprendida.
«¿Por qué te disculpas?».
—Porque estaba exigiéndote respuestas sin preguntarte si podías dármelas.
Durante unos segundos no ocurrió nada.
Después Kael acercó suavemente la cabeza a sus dedos.
«Puedes preguntarme lo que quieras, Perla. Solo necesito que tengas paciencia».
Nerina se sentó frente a ellos.
—Entonces empezaremos por lo que sabemos.
Sacó una libreta y dibujó las nueve torres de la academia.
En el centro trazó una décima, invertida, debajo de todas las demás.
—Sabemos que esta torre existe —dijo—. Sabemos que tu madre estuvo allí. Y ahora sabemos que Kael perdió su cuerpo por algo relacionado con ella.
Perla señaló una inscripción del libro.
—También sabemos que Severin quiere encontrar un corazón que falta.
Nerina levantó la mirada.
—¿Cómo lo sabes?
—Mi madre dejó una advertencia. Dijo que no debíamos permitir que lo encontrara.
Las dos permanecieron calladas.
Finalmente Nerina cerró la libreta.
—Tenemos que averiguar qué significa.
Perla observó la serpiente.
—Pero esta vez no voy a arrastrar a Kael a un lugar peligroso solamente porque necesito respuestas.
Una voz apareció en su mente.
«No tienes que hacerlo».
Kael levantó la cabeza.
«Quiero ir contigo».
La muchacha sonrió tristemente.
—Entonces iremos juntos. Pero si alguno necesita detenerse, nos detendremos.
Nerina extendió una mano sobre la mesa.
—Y no tendrán que hacerlo solos.
Por primera vez, Perla comprendió que aquella investigación ya no trataba solamente de recuperar el pasado.
También debía proteger a quienes estaban dispuestos a acompañarla.
Capítulo 3. El profesor que conocía una entrada olvidada
A la mañana siguiente, Perla solicitó hablar con el profesor Arven.
El maestro estaba organizando varias esferas de entrenamiento cuando ella llegó acompañada de Nerina.
—¿Otra dificultad con tus hechizos? —preguntó sin levantar la vista.
—Necesitamos información sobre los niveles inferiores de la academia.
Arven detuvo inmediatamente lo que estaba haciendo.
—¿Qué niveles?
Perla colocó sobre la mesa el dibujo de la torre invertida.
El profesor permaneció inmóvil.
Después cerró la puerta mediante un hechizo.
—¿Dónde encontraste esto?
—En un libro de mi madre.
Arven observó el mapa durante varios segundos.
—Pensé que todos los registros de esa estructura habían sido destruidos.
Nerina se inclinó hacia delante.
—Entonces existe.
—Existió —corrigió el profesor—. Oficialmente fue clausurada después de la Guerra de los Nueve Reinos.
Perla cruzó los brazos.
—¿Y extraoficialmente?
Arven no respondió.
Se acercó a un armario y sacó un plano antiguo.
Mostraba pasadizos de servicio que conectaban las torres principales con una red de túneles subterráneos.
—Hace muchos años trabajé restaurando los sellos exteriores de la academia —explicó—. Encontramos corredores que no aparecían en los planos modernos.
Señaló uno situado debajo de la Torre de Restauración.
—Uno de ellos terminaba frente a una puerta que no pudimos abrir.
Perla observó el dibujo.
—¿Por qué?
—Porque no respondía a la fuerza mágica.
Arven levantó la mirada.
—Intentaron abrirla maestros de nivel 300 y 400. Incluso varios miembros del Consejo. Ninguno consiguió moverla.
Kael comenzó a agitarse dentro de la bufanda.
El profesor lo notó.
—Tu serpiente parece reconocer ese lugar.
Perla dudó.
No quería revelar todavía su identidad.
Arven suspiró.
—No voy a obligarte a contarme tus secretos. Pero escucha bien: hay puertas que permanecen cerradas porque alguien pagó un precio terrible para mantenerlas así.
Perla bajó la mirada.
—Lo entiendo.
Cuando estaban a punto de marcharse, Arven añadió:
—El corredor antiguo pasa detrás de una estatua de piedra blanca. Pero si piensas entrar, antes tendrás que responder una pregunta.
—¿Cuál?
—¿Buscas salvar a alguien o solamente satisfacer tu curiosidad?
Perla tardó varios segundos en contestar.
—Quiero encontrar a mi madre. Pero no a costa de perder a quienes están conmigo.
Arven la observó largamente.
Finalmente le entregó una pequeña brújula plateada.
—Entonces procura recordar esas palabras cuando tengas que elegir.
Capítulo 4. El muchacho que comenzó a dudar de su propio grupo
Mientras Perla investigaba la décima torre, Darian atravesaba una situación que jamás habría imaginado.
Su lobo Fenris continuaba recuperándose en la enfermería después del agotamiento sufrido durante el entrenamiento.
Darian había ido a visitarlo tres veces.
En las dos primeras, Fenris se negó a acercarse.
La tercera fue todavía peor.
Cuando intentó acariciarle la cabeza, el lobo retrocedió hasta el fondo de su cama.
—Soy tu compañero —murmuró Darian.
Fenris bajó las orejas.
El muchacho sintió una vergüenza que no sabía cómo expresar.
Estaba acostumbrado a que los demás lo obedecieran.
Tenía nivel 78, pertenecía a una familia importante y era uno de los alumnos más populares de Shirfs.
Pero su propia criatura le tenía miedo.
Elowen apareció detrás de él.
—No puedes exigir confianza como si fuera una calificación.
Darian se giró.
—Solo intentaba entrenarlo.
—Lo obligaste a utilizar magia cuando estaba agotado.
—Los lobos de guerra están preparados para soportar mucho.
La enfermera cruzó los brazos.
—Y los magos deberían estar preparados para reconocer cuándo se equivocan.
Darian guardó silencio.
Fenris volvió a levantar la cabeza.
En ese momento Perla apareció en la enfermería para recoger un ungüento para Kael.
Al ver al lobo, se acercó lentamente.
—Hola, Fenris.
La criatura movió la cola.
Darian sintió una punzada de celos.
—Parece que te reconoce —dijo.
Perla acarició suavemente al animal.
—Estaba asustado cuando lo encontramos.
Darian observó a su compañero.
Después preguntó algo que jamás habría preguntado frente a sus amigos.
—¿Cómo consigues que confíe en ti?
Perla levantó la mirada.
—No lo consigo. Dejo que decida si quiere acercarse.
—Eso suena demasiado sencillo.
—No significa que sea fácil.
Darian permaneció pensativo.
Cuando Perla salió, el muchacho se sentó junto a Fenris.
Por primera vez no le ordenó nada.
Simplemente permaneció allí.
Y después de casi una hora, el lobo se acercó lentamente hasta apoyar la cabeza sobre su rodilla.
Darian sonrió.
Era un gesto pequeño.
Pero significaba más que todos los aplausos que había recibido durante sus entrenamientos.
Capítulo 5. Celeste comenzó a olvidar
Celeste despertó aquella mañana sin recordar cómo había llegado a su dormitorio.
Sobre su escritorio había un trofeo ganado durante una competencia de magia elemental.
Lo reconocía perfectamente.
Sin embargo, no recordaba haber participado en aquella competencia.
Intentó reconstruir la tarde anterior.
Recordaba haber entrenado con Astarion.
Recordaba una llamarada violeta.
Después, nada.
Como si alguien hubiera arrancado varias páginas de su memoria.
Su compañera de dormitorio, Helena, la encontró mirando fijamente el trofeo.
—¿Te ocurre algo?
Celeste reaccionó inmediatamente.
—No.
Helena se acercó.
—Llevas varios días comportándote de forma extraña.
—Estoy cansada.
—Ayer me preguntaste tres veces cuándo sería la evaluación de vínculo.
Celeste apretó los dientes.
—¿Y?
—Que ya te había respondido las otras dos.
La muchacha se levantó furiosa.
—No necesito que vigiles mis conversaciones.
Helena retrocedió.
Celeste tomó su capa y salió del dormitorio.
Pero al llegar a las escaleras descubrió algo todavía más preocupante.
No recordaba hacia qué torre debía dirigirse.
Había vivido en aquella academia durante años.
Conocía sus corredores mejor que muchos profesores.
Y ahora permanecía inmóvil frente a dos escaleras, intentando recordar cuál conducía al Santuario.
Se llevó una mano a la frente.
Debajo de su manga, la corona negra comenzó a calentarse.
Una voz resonó dentro de su mente.
«Utiliza el sello».
Celeste cerró los ojos.
—No.
La voz insistió.
«Astarion puede devolverte lo que has perdido».
La joven retrocedió, aterrada.
Por primera vez comenzó a sospechar que la corona no era simplemente una herramienta de vinculación.
Estaba robándole algo.
Y Severin había sabido que eso ocurriría.
Capítulo 6. La reunión secreta de los cinco estudiantes
Aquella tarde, Perla reunió a sus amigos en una antigua sala de música que nadie utilizaba.
Estaban Nerina, Iris y Tarek.
Mistral dormía sobre un piano encantado, Lumen observaba desde una ventana y Bront intentaba morder una pata de mesa.
Kael permanecía junto a Perla.
La joven extendió el mapa.
—Encontramos una posible entrada a los niveles inferiores.
Tarek examinó las líneas.
—Estos corredores parecen conductos de energía.
—¿Qué significa? —preguntó Iris.
—Que las torres no solamente reciben magia de la ciudad. También la envían hacia algo que se encuentra debajo.
Nerina señaló la estructura invertida.
—¿Como una batería?
Tarek negó lentamente.
—Más bien como una cerradura.
Todos guardaron silencio.
Perla recordó las palabras de su madre.
Las nueve torres habían sido construidas para mantener algo encerrado.
—Tenemos que descubrir qué están protegiendo —dijo.
Iris miró a Kael.
—¿Él sabe cómo entrar?
La serpiente levantó la cabeza.
Una voz apareció dentro de la mente de Perla.
«Recuerdo tres puertas. La primera escucha. La segunda recuerda. La tercera exige una renuncia».
Perla repitió aquellas palabras.
Tarek comenzó a escribir inmediatamente.
—Tres pruebas diferentes. Eso suena a una estructura diseñada para impedir el paso mediante fuerza bruta.
Nerina levantó una mano.
—Entonces tenemos una ventaja.
—¿Cuál? —preguntó Perla.
—Tú nunca has tenido fuerza bruta.
La joven abrió la boca, fingiendo indignación.
Después comenzó a reírse.
Incluso Iris sonrió.
Durante un momento olvidaron el peligro.
Pero entonces Tarek levantó la mirada.
—Hay algo más que debemos considerar.
Señaló una pequeña anotación en el mapa.
—Este corredor pasa directamente debajo de la cámara de entrenamiento de Astarion.
Perla sintió un escalofrío.
El dragón negro.
La corona de Celeste.
El sello violeta.
Todo parecía conducir al mismo lugar.
Y nadie sabía todavía qué relación tenía aquello con Kael.
Capítulo 7. La estatua que escuchaba secretos
La entrada se encontraba detrás de la Torre de Restauración.
Era un corredor estrecho, utilizado antiguamente por los trabajadores encargados de transportar cristales mágicos.
Las paredes estaban cubiertas de polvo y las lámparas apenas funcionaban.
Perla caminaba delante.
Nerina sostenía una esfera de viento que iluminaba el camino.
Iris llevaba suministros médicos.
Tarek había preparado pequeños cristales capaces de detectar trampas.
Kael permanecía sobre el hombro de Perla.
Después de casi veinte minutos llegaron a una estatua de piedra blanca.
Representaba a una mujer con los ojos cerrados.
En sus manos sostenía un corazón partido en dos.
—Debe ser esta —susurró Nerina.
Tarek examinó la base.
—No hay cerradura.
Perla recordó las palabras de Kael.
La primera puerta escucha.
Se acercó a la estatua.
—Estamos buscando la décima torre.
No ocurrió nada.
Nerina intentó pronunciar un hechizo.
La estatua permaneció inmóvil.
Tarek colocó un cristal detector sobre la base.
El objeto comenzó a vibrar.
—Hay magia antigua aquí. Muchísima.
Iris observó una inscripción casi invisible.
—Creo que dice algo.
Limpió cuidadosamente la piedra.
Las palabras aparecieron.
"Solamente escuchará la verdad de quien no tema reconocer su propia debilidad".
Perla respiró profundamente.
Después colocó su mano sobre el corazón de piedra.
—Soy Perla Nilsen. Maga de nivel 1.
La estatua emitió una luz tenue.
—He pasado toda mi vida deseando ser poderosa. Durante mucho tiempo pensé que, si conseguía suficiente magia, nadie volvería a reírse de mí.
La luz aumentó.
Perla miró a sus amigos.
—Pero todavía tengo miedo. No sé si podré protegerlos. Y no sé si estoy preparada para encontrar la verdad sobre mi madre.
Un pequeño sonido recorrió las paredes.
El corazón de piedra comenzó a latir.
Perla continuó:
—Aun así, quiero intentarlo. Y si tengo que pedir ayuda, lo haré.
La estatua abrió lentamente los ojos.
Una voz femenina resonó desde su interior.
—La debilidad reconocida deja de ser una cadena.
El corazón se unió.
Detrás de la estatua apareció una escalera que descendía hacia la oscuridad.
Nerina sonrió nerviosamente.
—Bueno... parece que ahora sí estamos entrando en problemas.
Perla tomó la brújula de Arven.
La aguja comenzó a girar.
Después señaló hacia abajo.
El primer acceso había sido abierto.
Capítulo 8. Los recuerdos de una escuela desaparecida
La escalera descendía mucho más de lo que cualquiera había imaginado.
Al principio las paredes estaban construidas con la misma piedra blanca de la academia.
Después comenzaron a aparecer materiales diferentes.
Columnas oscuras.
Símbolos desconocidos.
Puertas cubiertas por enormes cadenas de cristal.
Finalmente llegaron a una sala circular.
En el centro había un espejo gigantesco.
Su superficie parecía hecha de agua inmóvil.
Sobre el marco aparecía la siguiente inscripción:
"La segunda puerta no reconoce nombres. Reconoce aquello que el corazón desearía olvidar".
Iris retrocedió.
—Eso no suena nada bien.
Tarek examinó el espejo.
—Es un dispositivo de memoria. Podría mostrar recuerdos antiguos.
Kael levantó la cabeza.
«No permitan que los separe».
Perla repitió la advertencia.
Pero antes de que pudieran prepararse, la superficie comenzó a brillar.
El suelo desapareció bajo sus pies.
Todos sintieron que caían.
Cuando Perla volvió a abrir los ojos, estaba en un lugar completamente diferente.
Se encontraba en el Gran Salón de Shirfs.
Pero no era la academia que conocía.
Las paredes estaban cubiertas de estandartes antiguos.
Los estudiantes utilizaban uniformes azules.
Y en el centro entrenaba un joven de cabello blanco.
Sobre su cabeza brillaba un número.
88.
Perla lo reconoció inmediatamente.
—Kael...
El joven levantó la mirada.
Tenía los mismos ojos azules de la serpiente.
Sonreía mientras sostenía una pequeña esfera de magia.
Junto a él había una muchacha de cabello rojo y un dragón negro todavía joven.
Astarion.
La joven pelirroja se acercó.
—Kael, prometiste que hoy entrenaríamos juntos.
Él comenzó a reír.
—Y lo haremos, Lyra. Pero primero tengo que terminar esto.
Perla dio un paso hacia ellos.
—¡Kael!
Ninguno reaccionó.
Entonces comprendió que estaba observando un recuerdo.
Uno que había permanecido enterrado durante ochenta años.
Capítulo 9. Kael Arvandor antes de la maldición
La imagen del pasado continuó moviéndose alrededor de Perla.
Era como caminar por una obra de teatro donde los actores no podían verla.
Kael parecía tener unos veinticuatro años.
Era alto, de cabello blanco y expresión tranquila. Su uniforme llevaba una insignia plateada que lo identificaba como investigador de magia espiritual.
Lyra, la muchacha pelirroja, caminaba junto a él.
Sobre su cabeza aparecía el nivel 91.
Perla observó sorprendida que era más poderosa que Kael.
—No comprendo por qué insistes tanto en investigar la décima torre —decía Lyra.
Kael cerró el libro que sostenía.
—Porque las corrientes mágicas de las nueve torres están cambiando.
—Magina dice que es normal.
—Magina sabe más de lo que nos cuenta.
Lyra suspiró.
—Algún día tus investigaciones van a meterte en problemas.
Kael sonrió.
—Entonces espero que vengas a rescatarme.
Astarion, que descansaba junto a ellos, emitió un pequeño rugido.
Lyra acarició su cabeza.
—Por supuesto que iremos. Aunque probablemente él tenga que cargarte.
El joven comenzó a reír.
Perla observaba fascinada.
Aquel muchacho no se parecía a la criatura herida que había encontrado en el invernadero.
Era alegre.
Confiado.
Parecía disfrutar de cada pequeño descubrimiento.
Entonces apareció Magina.
Su cabello ya era blanco, pero llevaba un uniforme diferente del que utilizaba en el presente.
—Kael —llamó—. Necesito hablar contigo.
El joven dejó de sonreír.
Lyra miró preocupada a la directora.
Magina colocó una mano sobre el hombro de Kael.
—El Consejo ha autorizado abrir una investigación sobre la torre inferior.
Los ojos del joven se iluminaron.
—¿Encontraron algo?
La directora asintió lentamente.
—Un corazón mágico que no pertenece a ninguna criatura conocida.
Perla sintió un escalofrío.
Recordó la advertencia de su madre.
El corazón que faltaba.
Kael preguntó:
—¿Qué tipo de energía contiene?
Magina guardó silencio.
Finalmente respondió:
—Una magia capaz de alimentarse de los vínculos entre las personas.
La expresión de Kael cambió.
—Eso es imposible. Los vínculos no pueden convertirse en combustible.
La directora lo miró con tristeza.
—Ese es precisamente el problema.
La escena comenzó a desvanecerse.
Perla intentó acercarse.
—¡Esperen!
Pero el recuerdo desapareció.
Y una nueva imagen comenzó a formarse ante sus ojos.
Capítulo 10. El descubrimiento que condenó a los nueve reinos
El recuerdo mostró una cámara subterránea.
En el centro flotaba un cristal negro rodeado de nueve cadenas.
Kael, Lyra y Magina se encontraban frente a él.
También estaba Severin.
Su apariencia era más joven, pero su sonrisa era exactamente la misma.
—Lo llamamos el Corazón del Vacío —explicó Severin.
Kael observó el cristal.
—¿Por qué está encadenado?
—Porque todavía no sabemos controlarlo.
Lyra se acercó a su compañero.
—No me gusta este lugar.
El cristal emitió un latido.
Durante un instante, Perla sintió una presión terrible dentro del pecho.
La imagen pertenecía al pasado, pero el poder parecía atravesar incluso el recuerdo.
Severin colocó una pequeña esfera junto al cristal.
—Hemos descubierto que puede multiplicar la energía de un vínculo.
Una luz violeta apareció.
Después la esfera comenzó a agrietarse.
Kael retrocedió.
—Estás destruyendo el vínculo.
Severin sonrió.
—Estoy utilizando la energía que contiene.
—¡No es lo mismo!
La discusión se volvió cada vez más intensa.
Kael explicó que la magia de los compañeros dependía de una conexión voluntaria. Intentar extraerla por la fuerza podía romper la memoria, la identidad y la voluntad de ambos.
Severin no parecía preocupado.
—Imagina un ejército capaz de utilizar la energía de mil dragones.
Lyra intervino.
—Imagina también lo que les ocurriría a esos dragones.
El consejero la ignoró.
Magina levantó una mano.
—La investigación queda suspendida hasta que podamos garantizar que ninguna criatura será dañada.
Severin se giró furioso.
—¡Estamos frente al descubrimiento más importante de nuestra historia!
—Y precisamente por eso no podemos actuar sin comprenderlo —respondió la directora.
La escena cambió abruptamente.
Perla vio a Severin regresando a la cámara durante la noche.
Llevaba un recipiente lleno de recuerdos cristalizados.
Uno por uno comenzó a colocarlos sobre el Corazón del Vacío.
El cristal despertó.
Dentro apareció una sombra gigantesca.
Dos ojos rojos se abrieron.
Una voz resonó por toda la cámara.
—Al fin alguien ha recordado mi hambre.
Perla retrocedió aterrada.
La sombra comenzó a crecer.
Y antes de que el recuerdo desapareciera, escuchó el grito de Severin.
No era de miedo.
Era de admiración.
Capítulo 11. La batalla que ningún libro contaba
El suelo tembló.
Perla volvió a encontrarse frente a una nueva escena.
La academia estaba en llamas.
Las nueve torres emitían columnas de luz mientras criaturas oscuras avanzaban por las calles de Shirfs.
Los magos intentaban defender los puentes.
Los estudiantes corrían hacia refugios subterráneos.
Astarion volaba sobre el castillo, lanzando enormes ráfagas de fuego negro contra las sombras.
Kael apareció en medio de la batalla.
Tenía una herida en el brazo y su uniforme estaba cubierto de ceniza.
Lyra corría junto a él.
—¡El sello principal ha caído! —gritó.
Kael observó la torre central.
—Tenemos que llegar al corazón.
—¡Severin ha desaparecido!
—Entonces tendremos que cerrarlo nosotros.
Una criatura oscura descendió desde el cielo.
Kael levantó ambas manos.
Un círculo azul apareció frente a él.
La criatura chocó contra la barrera y retrocedió.
Pero el muchacho perdió el equilibrio.
Su nivel 88 brilló intensamente.
Después comenzó a parpadear.
Lyra se acercó.
—No puedes seguir utilizando tu magia de esa manera.
—No tenemos tiempo.
Astarion aterrizó junto a ellos.
El dragón inclinó la cabeza.
Kael acarició una de sus escamas.
—Necesito que lleves a Lyra hasta la torre.
Ella protestó.
—No pienso abandonarte.
—No te estoy pidiendo que me abandones. Necesito que protejas la entrada mientras preparo el sello.
Lyra lo observó durante unos segundos.
Después asintió.
Astarion extendió sus alas.
Ambos desaparecieron entre las llamas.
Perla siguió a Kael a través del recuerdo.
El joven llegó a la cámara inferior.
En el centro, el Corazón del Vacío latía con una fuerza monstruosa.
Dentro de él aparecía una figura gigantesca.
Kael abrió un libro negro.
Era el mismo que Perla había encontrado en la biblioteca.
La Fórmula de los Dos Corazones.
El joven comenzó a leer.
Pero entonces una voz resonó desde el cristal.
—Para encerrarme necesitarás algo más que tu magia, pequeño hechicero.
Kael levantó la mirada.
—Lo sé.
Extendió una mano sobre su propio pecho.
Una luz azul comenzó a desprenderse de su cuerpo.
Perla comprendió lo que estaba viendo.
Kael estaba utilizando su propia esencia para completar el sello.
Y el precio sería su forma humana.
Capítulo 12. La decisión de un mago de nivel 88
Kael permaneció frente al cristal mientras su cuerpo comenzaba a desvanecerse.
Sus manos se volvieron transparentes.
El cabello blanco flotó alrededor de su rostro.
La voz del Corazón del Vacío resonó nuevamente.
—Podrías alcanzar niveles inimaginables si aceptaras servirme.
Kael sonrió con tristeza.
—Ya he visto lo que haces con quienes confían en otros.
—Te convertiré en el mago más poderoso de los nueve reinos.
—Prefiero seguir siendo nivel 88.
El cristal tembló.
La sombra avanzó hacia él.
Kael cerró los ojos.
Una segunda luz apareció frente a su pecho.
Era pequeña, blanca y brillante.
Tenía la forma de un corazón.
Desde la entrada de la cámara, Lyra gritó su nombre.
—¡Kael, detente!
La joven intentó acercarse, pero una barrera invisible se interpuso.
Astarion golpeó el suelo con sus enormes garras.
El dragón también intentó atravesar el sello.
No pudo.
Kael abrió los ojos.
—Lyra, necesito que me prometas algo.
Ella lloraba.
—No voy a despedirme de ti.
—No te estoy pidiendo eso.
La muchacha levantó la mirada.
Kael continuó:
—Si alguna vez alguien encuentra lo que quede de mí, no permitas que utilicen mi corazón como una fuente de energía.
Lyra intentó romper la barrera.
—¡No puedes hacer esto solo!
El joven sonrió.
—Nunca estuve solo.
Miró a Astarion.
Después a su amiga.
—Ustedes me enseñaron eso.
El Corazón del Vacío lanzó un rugido.
Kael pronunció las palabras finales del hechizo.
—Concordia Aeterna.
Una explosión de luz azul iluminó toda la cámara.
Su cuerpo desapareció.
En el centro de la plataforma quedó una pequeña serpiente blanca.
Tenía los ojos cerrados.
Una marca azul recorría sus escamas.
Lyra consiguió atravesar la barrera cuando el sello terminó de formarse.
Corrió hacia la serpiente.
La sostuvo entre sus manos.
—Kael...
El animal abrió lentamente un ojo.
Pero ya no podía hablar.
Su magia estaba sellada.
Su nivel permanecía oculto.
Y casi todos sus recuerdos habían quedado encerrados junto al Corazón del Vacío.
Lyra comenzó a llorar.
Astarion se acercó.
El dragón apoyó su enorme cabeza junto a la pequeña criatura.
Durante varios minutos ninguno se movió.
Perla observó aquella escena con lágrimas en los ojos.
Por primera vez comprendió que Kael no había sido transformado simplemente por una maldición.
Había renunciado a su cuerpo para salvar a quienes amaba.
Capítulo 13. La mentira que convirtió a un héroe en traidor
El recuerdo no terminó allí.
La escena cambió nuevamente.
Ahora Perla se encontraba frente al Gran Salón de Shirfs.
La guerra había terminado.
Las calles estaban siendo reconstruidas.
Los estudiantes regresaban lentamente a la academia.
Severin hablaba ante cientos de personas.
A su lado se encontraba Magina.
La directora tenía una expresión agotada.
Severin levantó una mano.
—La investigación ha concluido.
El público guardó silencio.
—El mago Kael Arvandor desobedeció las órdenes del Consejo y utilizó magia prohibida durante la batalla.
Perla sintió una rabia inmediata.
No era verdad.
Había visto lo ocurrido.
Kael había salvado Shirfs.
Pero Severin continuó:
—Su intervención provocó la pérdida de importantes conocimientos y puso en peligro las nueve torres.
Lyra apareció entre la multitud.
—¡Eso es mentira!
Varios guardianes intentaron detenerla.
Astarion lanzó un rugido desde el patio.
Severin permaneció tranquilo.
—Comprendo tu dolor, Lyra. Pero las pruebas son claras.
—¡Kael cerró el corazón! ¡Sin él todos estaríamos muertos!
El consejero miró a Magina.
—Directora, ¿desea añadir algo?
La mujer permaneció inmóvil.
Perla observó su rostro.
Había lágrimas contenidas en sus ojos.
Finalmente respondió:
—Kael Arvandor no regresará a la academia.
No confirmó la acusación.
Pero tampoco la desmintió.
El público interpretó su silencio como una aceptación.
Lyra retrocedió horrorizada.
—¿Usted también?
Magina bajó la mirada.
Severin ordenó retirar todos los registros oficiales del joven.
Su nombre fue eliminado de los monumentos.
Sus investigaciones quedaron prohibidas.
Y la pequeña serpiente blanca desapareció del cuidado de los sanadores.
La escena comenzó a desvanecerse.
Antes de desaparecer, Perla vio a Severin entrando en una habitación oscura.
Sobre una mesa había un recipiente que contenía una pequeña escama azul.
El consejero sonrió.
—El héroe se convirtió en una serpiente. Nadie volverá a creer en su palabra.
Después guardó el recipiente.
Perla comprendió algo terrible.
Kael había sido castigado por salvar a Shirfs.
Y durante ochenta años, las personas responsables habían conseguido convertirlo en el villano de su propia historia.
Capítulo 14. Once años atrás, una maga llamada Astrid
El espejo volvió a oscurecerse.
Perla intentó tocar la imagen de Kael, pero sus dedos atravesaron el recuerdo como si estuviera hecho de agua.
—No fue tu culpa —susurró.
El espejo respondió mostrando una nueva escena.
Esta vez la academia parecía mucho más cercana al presente.
Los jardines tenían las mismas flores que Perla conocía.
Las torres utilizaban los estandartes actuales.
Y una mujer de cabello castaño caminaba por los corredores inferiores llevando una lámpara.
Perla sintió que el corazón dejaba de latirle.
—Mamá...
Era Astrid Nilsen.
Llevaba el mismo collar azul que Perla tenía ahora alrededor del cuello.
En sus brazos descansaba una pequeña serpiente blanca.
Kael.
Astrid entró en una habitación llena de documentos antiguos.
Magina la esperaba frente a una mesa.
—Has conseguido encontrarlo —dijo la directora.
Astrid colocó la serpiente sobre una manta.
—Estaba encerrado en un depósito de criaturas olvidadas. Apenas recuerda quién es.
Magina se acercó.
—Si Severin descubre que sigue vivo, intentará recuperar el sello.
Astrid levantó la mirada.
—Entonces tenemos que protegerlo.
La directora guardó silencio.
Después señaló un libro.
Era la Fórmula de los Dos Corazones.
—El vínculo que Kael utilizó para cerrar el Corazón del Vacío nunca estuvo completo.
Astrid observó las páginas.
—¿Qué le falta?
Magina respondió lentamente:
—Una persona capaz de escucharlo sin intentar utilizar su poder.
La maga noruega acarició la cabeza de la serpiente.
—Entonces encontraremos a esa persona.
El recuerdo comenzó a temblar.
Perla vio a su madre acercándose a una enorme puerta.
Detrás brillaba una luz azul.
Astrid se giró hacia Magina.
—Si no regreso, prométeme que cuidarás de mi hija.
La directora bajó la cabeza.
—Lo prometo.
Astrid atravesó la puerta.
La luz desapareció.
Y la imagen quedó completamente negra.
Capítulo 15. El lugar donde cada corazón estaba solo
Perla despertó dentro de la sala del espejo.
Estaba arrodillada sobre el suelo.
Nerina, Iris y Tarek habían desaparecido.
—¡Nerina! —gritó.
No obtuvo respuesta.
Kael descansaba sobre su muñeca, pero parecía exhausto.
La joven se levantó y comenzó a buscar una salida.
Entonces escuchó la voz del espejo.
—Has contemplado el pasado. Ahora deberás enfrentarte a aquello que temes perder.
Una nueva imagen apareció frente a ella.
Era su casa en Noruega.
Su padre estaba sentado junto a la chimenea.
Parecía mucho más anciano.
—Perla —dijo—. Regresa a casa.
La joven sintió que las lágrimas le llenaban los ojos.
—Papá...
Erik levantó la mirada.
—No tienes que seguir sufriendo por un sueño imposible.
Perla dio un paso hacia él.
Pero Kael comenzó a moverse inquieto.
La imagen de su padre extendió una mano.
—Ven conmigo. Aquí nadie volverá a burlarse de ti.
Perla se detuvo.
Recordó las palabras del profesor Arven.
La segunda puerta mostraba aquello que el corazón desearía olvidar.
Su miedo no era solamente fracasar.
Era descubrir que todo su esfuerzo había sido inútil.
—Mi papá nunca me pediría que abandonara a mis amigos —respondió.
La imagen comenzó a agrietarse.
Perla continuó:
—Quizás no consiga convertirme en una gran maga. Pero no voy a regresar a casa solamente porque tengo miedo.
La figura desapareció.
Una puerta se abrió frente a ella.
Al otro lado encontró a Nerina llorando frente a una ilusión de sus propios padres, que la acusaban de ser una decepción.
Perla se acercó y le tomó la mano.
—No tienes que demostrarles nada ahora.
Nerina levantó la mirada.
La ilusión desapareció.
Juntas encontraron a Iris y Tarek.
Habían superado sus propios recuerdos.
Y por primera vez los cuatro comprendieron que aquella torre no estaba evaluando únicamente a Perla.
Estaba probando si realmente podían confiar unos en otros.
Capítulo 16. La tercera puerta y el precio de avanzar
Al final del corredor encontraron una puerta completamente blanca.
No tenía cerradura.
Tampoco símbolos de protección.
Solamente una inscripción:
"Para continuar, cada corazón deberá entregar algo que considere valioso".
Tarek examinó la superficie.
—No es una puerta común. Está conectada a nuestras reservas mágicas.
Iris retrocedió.
—¿Qué tendremos que entregar?
Kael levantó la cabeza.
«No se trata necesariamente de dinero, poder o recuerdos. Se trata de renunciar a algo voluntariamente».
Perla observó la puerta.
Pensó en su sueño de alcanzar un nivel superior.
En las burlas que había soportado.
En lo mucho que deseaba demostrar que podía ser poderosa.
Entonces recordó las palabras de su madre.
La magia más poderosa era la que protegía.
Colocó su mano sobre la puerta.
—Estoy dispuesta a entregar parte de la armonía que he conseguido si eso permite que mis amigos salgan de aquí.
Nerina se acercó inmediatamente.
—¡Perla, no tienes que hacerlo sola!
Pero la puerta ya había reaccionado.
La barra azul apareció sobre su cabeza.
Marcaba 16%.
Un pequeño destello descendió desde el número.
La barra comenzó a disminuir.
15.
14.
12.
Perla sintió que sus piernas perdían fuerza.
Kael emitió un siseo alarmado.
La joven cayó de rodillas.
La puerta se abrió lentamente.
Pero entonces Nerina colocó su mano junto a la de Perla.
—Yo renuncio a salir primero.
Iris hizo lo mismo.
—Yo también.
Tarek se acercó.
—Y yo renuncio a utilizar mi magia para protegerme si alguno de ustedes necesita ayuda.
La puerta se iluminó.
La barra de Perla dejó de disminuir.
Una voz resonó desde la piedra.
—La renuncia compartida no destruye el vínculo. Lo revela.
La armonía comenzó a recuperarse.
13.
15.
17.
Finalmente se detuvo en 19%.
Perla abrió los ojos, sorprendida.
Habían perdido energía intentando avanzar solos.
Pero al apoyarse mutuamente habían conseguido fortalecer algo mucho más importante.
La confianza.
Capítulo 17. Magina encontró a los intrusos
Al atravesar la tercera puerta, los estudiantes llegaron a una sala inmensa.
En el centro había nueve columnas de cristal.
Todas enviaban energía hacia un enorme corazón negro suspendido debajo del techo.
Era el Corazón del Vacío.
Pero no estaba completo.
Le faltaba un fragmento.
Antes de que pudieran acercarse, una voz resonó detrás de ellos.
—Les advertí que no debían entrar aquí.
Magina apareció frente a la puerta.
Su nivel 999 brillaba intensamente.
Perla retrocedió.
—Directora...
Magina observó a los cuatro estudiantes.
Después a Kael.
Su expresión se volvió triste.
—Así que has comenzado a recordar.
La serpiente levantó la cabeza.
Una voz resonó dentro de la mente de Perla.
«Pregúntale por qué permitió que me acusaran».
La joven respiró profundamente.
—¿Por qué dejó que Severin llamara traidor a Kael?
Magina cerró los ojos.
Durante varios segundos permaneció inmóvil.
Finalmente respondió:
—Porque amenazó con romper el sello si revelábamos lo ocurrido.
Perla sintió una rabia inmediata.
—¡Kael salvó Shirfs!
—Lo sé.
—¡Y usted permitió que todos lo odiaran!
La directora bajó la mirada.
—He cometido errores que ninguna cantidad de magia podrá reparar.
El silencio llenó la habitación.
Magina se acercó lentamente.
—Cuando Kael selló el Corazón del Vacío, Severin consiguió conservar parte de la energía de aquella batalla. Utilizó ese fragmento para amenazarnos durante décadas.
Nerina frunció el ceño.
—¿Y por qué no lo detuvieron?
—Porque no sabíamos dónde había escondido la pieza que faltaba.
La directora miró a Kael.
—Él era el único que conocía su ubicación.
Perla comprendió.
Severin necesitaba recuperar los recuerdos de la serpiente.
Por eso había permitido que comenzara su entrenamiento.
Porque si Kael recordaba dónde estaba el fragmento perdido, el consejero también podría encontrarlo.
Capítulo 18. La verdad que Magina no quería decir
Perla observó el Corazón del Vacío.
Parecía latir lentamente dentro de una jaula de cristal.
—¿Mi mamá sigue viva? —preguntó.
Magina permaneció callada.
Aquello fue suficiente para que la joven sintiera una pequeña esperanza.
—Directora, por favor.
La mujer levantó lentamente la mirada.
—Astrid no murió durante su expedición.
Perla sintió que el mundo se detenía.
Nerina le apretó la mano.
—¿Dónde está? —preguntó la joven.
Magina señaló el corazón negro.
—Hace once años descubrió que Severin estaba intentando reconstruir el fragmento perdido. Para impedirlo, entró voluntariamente en una prisión temporal.
Perla negó con la cabeza.
—No entiendo.
—Existe una cámara donde el tiempo avanza de manera diferente. Astrid permanece allí manteniendo estable una parte del sello.
La muchacha comenzó a llorar.
—Entonces podemos sacarla.
Magina apartó la mirada.
—Si abrimos esa prisión sin reemplazar la energía que la sostiene, el Corazón del Vacío podría despertar.
—¡Pero usted es nivel 999!
La directora la observó con tristeza.
—Y aun así no puedo resolverlo mediante fuerza.
Perla miró su propia mano.
Su nivel continuaba siendo 1.
Durante toda su vida había pensado que la diferencia entre ambas era una medida de su valor.
Ahora comprendía que incluso la maga más poderosa de Shirfs tenía límites.
Kael se deslizó lentamente hasta su muñeca.
Una voz apareció dentro de su mente.
«Astrid me salvó cuando nadie más quiso hacerlo».
Perla acarició sus escamas.
«Y ahora debemos salvarla a ella».
La joven levantó la mirada hacia Magina.
—Entonces enséñenos cómo hacerlo.
La directora permaneció pensativa.
Finalmente respondió:
—Existe una posibilidad. Pero si queremos intentarla, primero debemos encontrar el corazón que falta antes que Severin.
Capítulo 19. Una enemiga pidió ayuda
Magina estaba explicando cómo funcionaban los sellos cuando la sala comenzó a temblar.
Una alarma resonó desde las nueve columnas.
La directora levantó inmediatamente su bastón.
—¡Aléjense del corazón!
Una grieta violeta apareció sobre el techo.
Después se abrió un pequeño portal.
Del otro lado cayó una muchacha de cabello plateado.
Celeste.
Su uniforme estaba desgarrado y tenía una pequeña herida en la frente.
Perla corrió hacia ella instintivamente.
—¡Celeste!
La joven levantó la mirada.
Sus ojos violetas estaban llenos de lágrimas.
—No... no sé dónde estoy.
Magina se arrodilló frente a ella.
—¿Qué ocurrió?
Celeste intentó hablar, pero parecía incapaz de ordenar sus recuerdos.
—Estaba entrenando con Astarion. Después Severin apareció y me pidió que utilizara la corona.
Se llevó ambas manos a la cabeza.
—No recuerdo lo que pasó después.
Perla observó su muñeca.
Debajo de la manga había una marca negra.
Tenía forma de corona.
Kael comenzó a temblar.
«Esa magia...».
Perla levantó la mirada.
—¡Directora, la corona está robándole sus recuerdos!
Magina examinó inmediatamente el sello.
Su expresión cambió.
—Celeste, necesito que me escuches. ¿Cuántas veces has utilizado este objeto?
La joven negó desesperadamente.
—No lo sé.
Comenzó a llorar.
—No recuerdo ni siquiera cuándo fue la última vez que hablé con mi padre.
Perla sintió una tristeza inesperada.
Había pasado meses soportando sus burlas.
Pero ahora tenía frente a ella a una muchacha aterrada que estaba perdiendo parte de sí misma.
Kael se acercó lentamente.
Celeste lo observó.
Durante unos segundos pareció recordar algo.
—Esa serpiente...
Perla la sostuvo cuidadosamente.
—Se llama Kael.
Celeste abrió mucho los ojos.
—¡Ese nombre!
Magina se inclinó hacia ella.
—¿Qué sabes?
La muchacha comenzó a temblar.
—Severin dijo que Astarion había guardado un recuerdo durante ochenta años. Dijo que necesitaba recuperarlo antes de que la serpiente recordara todo.
La directora quedó inmóvil.
Celeste levantó la mirada hacia Perla.
Y pronunció unas palabras que nadie esperaba escuchar.
—Por favor... ayúdame.
Perla no respondió inmediatamente.
Después se arrodilló junto a ella.
—Vamos a intentar detenerlo.
La joven de nivel 99 comenzó a llorar.
Por primera vez no había orgullo, amenazas ni insultos entre ambas.
Solamente dos estudiantes que no comprendían completamente el peligro al que estaban enfrentándose.
Capítulo 20. El recuerdo que despertó al verdadero enemigo
Magina colocó su bastón sobre la marca de Celeste.
Una pequeña luz plateada apareció alrededor de la corona.
Durante varios segundos, la directora intentó separarla de su muñeca.
Pero entonces las nueve columnas comenzaron a oscurecerse.
Una risa resonó desde el corazón negro.
—Demasiado tarde, Magina.
Severin apareció dentro de un círculo violeta.
Su expresión era completamente diferente de la que mostraba durante las ceremonias.
Había desaparecido su sonrisa amable.
Ahora observaba a todos con una satisfacción aterradora.
—Has conseguido reunir exactamente lo que necesitaba.
Magina levantó su bastón.
—¡No darás un paso más!
Una barrera plateada apareció entre ambos.
Severin ni siquiera intentó atravesarla.
Solamente miró a Kael.
—Ochenta años, viejo amigo.
La serpiente levantó la cabeza.
Sus ojos comenzaron a brillar.
«Tú destruiste Shirfs».
Severin sonrió.
—No. Yo descubrí lo que Shirfs podía llegar a ser.
Después extendió una mano hacia la corona de Celeste.
La marca negra reaccionó inmediatamente.
La muchacha gritó de dolor.
Perla se interpuso.
—¡Déjala!
Kael comenzó a emitir una luz azul.
Por un instante apareció nuevamente la silueta del joven de cabello blanco.
La figura extendió una mano hacia Severin.
Una enorme onda de energía recorrió la sala.
El consejero retrocedió sorprendido.
Magina aprovechó el momento para levantar un escudo alrededor de los estudiantes.
Pero aquello había sido suficiente.
Severin observó la sombra humana de Kael y comenzó a reír.
—¡Lo sabía! ¡El sello está debilitándose!
El corazón negro emitió un latido.
Después otro.
Una de las nueve columnas comenzó a agrietarse.
Magina palideció.
—Severin, si continúas, destruirás el equilibrio de toda la ciudad.
El consejero levantó la mano.
—Solamente necesito el último recuerdo.
Kael comenzó a temblar.
Una imagen apareció dentro de la mente de Perla.
Una habitación cubierta de hielo.
Un reloj sin agujas.
Y una mujer dormida dentro de un cristal azul.
Astrid.
Perla sintió que le faltaba el aire.
—¡Mamá!
El recuerdo desapareció.
Severin sonrió.
Había visto la misma imagen a través de la corona.
—Así que allí escondieron el fragmento.
Magina intentó detenerlo.
Pero el consejero desapareció en un portal violeta.
La directora golpeó el suelo con su bastón.
Las nueve columnas recuperaron lentamente su luz.
El peligro inmediato había terminado.
Pero algo mucho peor acababa de ocurrir.
Severin había descubierto dónde buscar.
Perla permaneció de rodillas abrazando a Kael.
La pequeña serpiente apenas podía moverse.
La joven tenía lágrimas en los ojos.
—Lo siento. No quería que recuperaras esos recuerdos de esta manera.
Una voz débil apareció dentro de su mente.
«No tienes que disculparte».
Perla acarició sus escamas.
La barra azul apareció sobre su cabeza.
"Nivel mágico: 1".
"Armonía de los Dos Corazones: 19%".
Kael abrió lentamente los ojos.
«Perla...».
—Estoy aquí.
«Tenemos que encontrar a Astrid antes que él».
La joven levantó la mirada.
Magina permanecía frente a las columnas dañadas.
Nerina, Iris y Tarek se acercaron para ayudarla a ponerse de pie.
Celeste seguía sentada junto al escudo, intentando comprender cuántos recuerdos había perdido.
Por primera vez, todos tenían un enemigo común.
Y mientras Shirfs celebraba en la superficie las primeras semanas de entrenamiento de sus estudiantes, debajo de la academia comenzaba una lucha que nadie había previsto.
Una lucha donde el poder de nivel 999 de la directora no sería suficiente.
Donde un mago de nivel 88 atrapado en el cuerpo de una serpiente tendría que recuperar su verdadera identidad.
Y donde una joven de nivel 1 tendría que aprender que algunas puertas solamente podían abrirse cuando dos corazones estaban dispuestos a protegerse mutuamente.
En la profundidad de una torre oculta, Severin apareció frente a un enorme reloj de cristal.
No tenía agujas.
En su interior descansaba una mujer de cabello castaño.
Astrid Nilsen.
El consejero se acercó lentamente.
Colocó una mano sobre el cristal.
—Tu hija finalmente ha encontrado el camino.
Los ojos de Astrid se abrieron.
Y por primera vez en once años pronunció una palabra.
—Perla...
Fin de la Parte 4.
Continuará en la Parte 5: El reloj sin agujas y la memoria del dragón.
Capítulo 1. El secreto que la serpiente ya no podía ocultar
Perla permanecía inmóvil frente a la ventana de su dormitorio.
La pequeña serpiente blanca descansaba sobre sus manos. Sus escamas brillaban débilmente bajo la luz de la luna y sus ojos azules parecían observar algo mucho más lejano que las nueve torres de Shirfs.
—¿De verdad fuiste humano? —preguntó finalmente.
Nerina estaba junto a la puerta, incapaz de apartar la mirada de Kael.
Ninguna de las dos había conseguido dormir después de escuchar aquella voz masculina y ver la silueta del joven de cabello blanco.
La serpiente levantó lentamente la cabeza.
Una voz resonó dentro de la mente de Perla.
«Sí».
La muchacha sintió que el corazón se le aceleraba.
—¿Entonces eres el mismo Kael Arvandor que desapareció durante la guerra?
Pasaron varios segundos antes de que recibiera una respuesta.
«Lo fui».
Perla recordó la crónica que había encontrado en la biblioteca.
Un mago de nivel 88.
Un héroe acusado de desobedecer órdenes.
Un hombre que había desaparecido ochenta años atrás.
—¿Qué te ocurrió?
Kael cerró los ojos.
Durante un instante pareció incapaz de recordar.
«Me quitaron mi cuerpo para impedir que utilizara mi magia. Pero fui yo quien aceptó el último sello».
Nerina se acercó.
—¿Qué está diciendo?
Perla repitió sus palabras.
Su amiga palideció.
—Eso significa que alguien lo transformó deliberadamente.
Kael movió la cabeza.
«No fue solamente un castigo».
Una luz azul apareció entre sus escamas.
«Fue la única manera de mantener cerrada la décima torre».
Perla miró el libro que había pertenecido a su madre.
La imagen de la torre invertida continuaba brillando sobre la página.
—¿Y mi mamá? ¿Qué relación tenía con todo esto?
La serpiente guardó silencio.
No porque quisiera ocultarlo.
Sino porque el recuerdo parecía producirle un dolor insoportable.
Finalmente respondió:
«Astrid me encontró hace once años. Intentó liberarme sin romper el sello».
Perla dejó de respirar.
—¿La viste desaparecer?
Kael bajó la cabeza.
«Estuve allí».
La muchacha sintió que el suelo parecía moverse debajo de sus pies.
Había pasado once años esperando conocer la verdad.
Y ahora la criatura a la que había salvado de un invernadero conocía el último lugar donde habían visto a su madre.
Capítulo 2. La promesa de no volver a mentir
Perla acercó a Kael hasta su rostro.
—Necesito que me cuentes todo.
La serpiente emitió una luz tenue.
«Mis recuerdos están incompletos. Si intento recuperarlos demasiado rápido, el sello me obliga a revivir la transformación».
—¿Te hace daño?
«Sí».
Perla retiró inmediatamente la mano.
Había estado tan concentrada en encontrar a su madre que no había pensado en el sufrimiento de Kael.
—Lo siento.
La serpiente la observó, sorprendida.
«¿Por qué te disculpas?».
—Porque estaba exigiéndote respuestas sin preguntarte si podías dármelas.
Durante unos segundos no ocurrió nada.
Después Kael acercó suavemente la cabeza a sus dedos.
«Puedes preguntarme lo que quieras, Perla. Solo necesito que tengas paciencia».
Nerina se sentó frente a ellos.
—Entonces empezaremos por lo que sabemos.
Sacó una libreta y dibujó las nueve torres de la academia.
En el centro trazó una décima, invertida, debajo de todas las demás.
—Sabemos que esta torre existe —dijo—. Sabemos que tu madre estuvo allí. Y ahora sabemos que Kael perdió su cuerpo por algo relacionado con ella.
Perla señaló una inscripción del libro.
—También sabemos que Severin quiere encontrar un corazón que falta.
Nerina levantó la mirada.
—¿Cómo lo sabes?
—Mi madre dejó una advertencia. Dijo que no debíamos permitir que lo encontrara.
Las dos permanecieron calladas.
Finalmente Nerina cerró la libreta.
—Tenemos que averiguar qué significa.
Perla observó la serpiente.
—Pero esta vez no voy a arrastrar a Kael a un lugar peligroso solamente porque necesito respuestas.
Una voz apareció en su mente.
«No tienes que hacerlo».
Kael levantó la cabeza.
«Quiero ir contigo».
La muchacha sonrió tristemente.
—Entonces iremos juntos. Pero si alguno necesita detenerse, nos detendremos.
Nerina extendió una mano sobre la mesa.
—Y no tendrán que hacerlo solos.
Por primera vez, Perla comprendió que aquella investigación ya no trataba solamente de recuperar el pasado.
También debía proteger a quienes estaban dispuestos a acompañarla.
Capítulo 3. El profesor que conocía una entrada olvidada
A la mañana siguiente, Perla solicitó hablar con el profesor Arven.
El maestro estaba organizando varias esferas de entrenamiento cuando ella llegó acompañada de Nerina.
—¿Otra dificultad con tus hechizos? —preguntó sin levantar la vista.
—Necesitamos información sobre los niveles inferiores de la academia.
Arven detuvo inmediatamente lo que estaba haciendo.
—¿Qué niveles?
Perla colocó sobre la mesa el dibujo de la torre invertida.
El profesor permaneció inmóvil.
Después cerró la puerta mediante un hechizo.
—¿Dónde encontraste esto?
—En un libro de mi madre.
Arven observó el mapa durante varios segundos.
—Pensé que todos los registros de esa estructura habían sido destruidos.
Nerina se inclinó hacia delante.
—Entonces existe.
—Existió —corrigió el profesor—. Oficialmente fue clausurada después de la Guerra de los Nueve Reinos.
Perla cruzó los brazos.
—¿Y extraoficialmente?
Arven no respondió.
Se acercó a un armario y sacó un plano antiguo.
Mostraba pasadizos de servicio que conectaban las torres principales con una red de túneles subterráneos.
—Hace muchos años trabajé restaurando los sellos exteriores de la academia —explicó—. Encontramos corredores que no aparecían en los planos modernos.
Señaló uno situado debajo de la Torre de Restauración.
—Uno de ellos terminaba frente a una puerta que no pudimos abrir.
Perla observó el dibujo.
—¿Por qué?
—Porque no respondía a la fuerza mágica.
Arven levantó la mirada.
—Intentaron abrirla maestros de nivel 300 y 400. Incluso varios miembros del Consejo. Ninguno consiguió moverla.
Kael comenzó a agitarse dentro de la bufanda.
El profesor lo notó.
—Tu serpiente parece reconocer ese lugar.
Perla dudó.
No quería revelar todavía su identidad.
Arven suspiró.
—No voy a obligarte a contarme tus secretos. Pero escucha bien: hay puertas que permanecen cerradas porque alguien pagó un precio terrible para mantenerlas así.
Perla bajó la mirada.
—Lo entiendo.
Cuando estaban a punto de marcharse, Arven añadió:
—El corredor antiguo pasa detrás de una estatua de piedra blanca. Pero si piensas entrar, antes tendrás que responder una pregunta.
—¿Cuál?
—¿Buscas salvar a alguien o solamente satisfacer tu curiosidad?
Perla tardó varios segundos en contestar.
—Quiero encontrar a mi madre. Pero no a costa de perder a quienes están conmigo.
Arven la observó largamente.
Finalmente le entregó una pequeña brújula plateada.
—Entonces procura recordar esas palabras cuando tengas que elegir.
Capítulo 4. El muchacho que comenzó a dudar de su propio grupo
Mientras Perla investigaba la décima torre, Darian atravesaba una situación que jamás habría imaginado.
Su lobo Fenris continuaba recuperándose en la enfermería después del agotamiento sufrido durante el entrenamiento.
Darian había ido a visitarlo tres veces.
En las dos primeras, Fenris se negó a acercarse.
La tercera fue todavía peor.
Cuando intentó acariciarle la cabeza, el lobo retrocedió hasta el fondo de su cama.
—Soy tu compañero —murmuró Darian.
Fenris bajó las orejas.
El muchacho sintió una vergüenza que no sabía cómo expresar.
Estaba acostumbrado a que los demás lo obedecieran.
Tenía nivel 78, pertenecía a una familia importante y era uno de los alumnos más populares de Shirfs.
Pero su propia criatura le tenía miedo.
Elowen apareció detrás de él.
—No puedes exigir confianza como si fuera una calificación.
Darian se giró.
—Solo intentaba entrenarlo.
—Lo obligaste a utilizar magia cuando estaba agotado.
—Los lobos de guerra están preparados para soportar mucho.
La enfermera cruzó los brazos.
—Y los magos deberían estar preparados para reconocer cuándo se equivocan.
Darian guardó silencio.
Fenris volvió a levantar la cabeza.
En ese momento Perla apareció en la enfermería para recoger un ungüento para Kael.
Al ver al lobo, se acercó lentamente.
—Hola, Fenris.
La criatura movió la cola.
Darian sintió una punzada de celos.
—Parece que te reconoce —dijo.
Perla acarició suavemente al animal.
—Estaba asustado cuando lo encontramos.
Darian observó a su compañero.
Después preguntó algo que jamás habría preguntado frente a sus amigos.
—¿Cómo consigues que confíe en ti?
Perla levantó la mirada.
—No lo consigo. Dejo que decida si quiere acercarse.
—Eso suena demasiado sencillo.
—No significa que sea fácil.
Darian permaneció pensativo.
Cuando Perla salió, el muchacho se sentó junto a Fenris.
Por primera vez no le ordenó nada.
Simplemente permaneció allí.
Y después de casi una hora, el lobo se acercó lentamente hasta apoyar la cabeza sobre su rodilla.
Darian sonrió.
Era un gesto pequeño.
Pero significaba más que todos los aplausos que había recibido durante sus entrenamientos.
Capítulo 5. Celeste comenzó a olvidar
Celeste despertó aquella mañana sin recordar cómo había llegado a su dormitorio.
Sobre su escritorio había un trofeo ganado durante una competencia de magia elemental.
Lo reconocía perfectamente.
Sin embargo, no recordaba haber participado en aquella competencia.
Intentó reconstruir la tarde anterior.
Recordaba haber entrenado con Astarion.
Recordaba una llamarada violeta.
Después, nada.
Como si alguien hubiera arrancado varias páginas de su memoria.
Su compañera de dormitorio, Helena, la encontró mirando fijamente el trofeo.
—¿Te ocurre algo?
Celeste reaccionó inmediatamente.
—No.
Helena se acercó.
—Llevas varios días comportándote de forma extraña.
—Estoy cansada.
—Ayer me preguntaste tres veces cuándo sería la evaluación de vínculo.
Celeste apretó los dientes.
—¿Y?
—Que ya te había respondido las otras dos.
La muchacha se levantó furiosa.
—No necesito que vigiles mis conversaciones.
Helena retrocedió.
Celeste tomó su capa y salió del dormitorio.
Pero al llegar a las escaleras descubrió algo todavía más preocupante.
No recordaba hacia qué torre debía dirigirse.
Había vivido en aquella academia durante años.
Conocía sus corredores mejor que muchos profesores.
Y ahora permanecía inmóvil frente a dos escaleras, intentando recordar cuál conducía al Santuario.
Se llevó una mano a la frente.
Debajo de su manga, la corona negra comenzó a calentarse.
Una voz resonó dentro de su mente.
«Utiliza el sello».
Celeste cerró los ojos.
—No.
La voz insistió.
«Astarion puede devolverte lo que has perdido».
La joven retrocedió, aterrada.
Por primera vez comenzó a sospechar que la corona no era simplemente una herramienta de vinculación.
Estaba robándole algo.
Y Severin había sabido que eso ocurriría.
Capítulo 6. La reunión secreta de los cinco estudiantes
Aquella tarde, Perla reunió a sus amigos en una antigua sala de música que nadie utilizaba.
Estaban Nerina, Iris y Tarek.
Mistral dormía sobre un piano encantado, Lumen observaba desde una ventana y Bront intentaba morder una pata de mesa.
Kael permanecía junto a Perla.
La joven extendió el mapa.
—Encontramos una posible entrada a los niveles inferiores.
Tarek examinó las líneas.
—Estos corredores parecen conductos de energía.
—¿Qué significa? —preguntó Iris.
—Que las torres no solamente reciben magia de la ciudad. También la envían hacia algo que se encuentra debajo.
Nerina señaló la estructura invertida.
—¿Como una batería?
Tarek negó lentamente.
—Más bien como una cerradura.
Todos guardaron silencio.
Perla recordó las palabras de su madre.
Las nueve torres habían sido construidas para mantener algo encerrado.
—Tenemos que descubrir qué están protegiendo —dijo.
Iris miró a Kael.
—¿Él sabe cómo entrar?
La serpiente levantó la cabeza.
Una voz apareció dentro de la mente de Perla.
«Recuerdo tres puertas. La primera escucha. La segunda recuerda. La tercera exige una renuncia».
Perla repitió aquellas palabras.
Tarek comenzó a escribir inmediatamente.
—Tres pruebas diferentes. Eso suena a una estructura diseñada para impedir el paso mediante fuerza bruta.
Nerina levantó una mano.
—Entonces tenemos una ventaja.
—¿Cuál? —preguntó Perla.
—Tú nunca has tenido fuerza bruta.
La joven abrió la boca, fingiendo indignación.
Después comenzó a reírse.
Incluso Iris sonrió.
Durante un momento olvidaron el peligro.
Pero entonces Tarek levantó la mirada.
—Hay algo más que debemos considerar.
Señaló una pequeña anotación en el mapa.
—Este corredor pasa directamente debajo de la cámara de entrenamiento de Astarion.
Perla sintió un escalofrío.
El dragón negro.
La corona de Celeste.
El sello violeta.
Todo parecía conducir al mismo lugar.
Y nadie sabía todavía qué relación tenía aquello con Kael.
Capítulo 7. La estatua que escuchaba secretos
La entrada se encontraba detrás de la Torre de Restauración.
Era un corredor estrecho, utilizado antiguamente por los trabajadores encargados de transportar cristales mágicos.
Las paredes estaban cubiertas de polvo y las lámparas apenas funcionaban.
Perla caminaba delante.
Nerina sostenía una esfera de viento que iluminaba el camino.
Iris llevaba suministros médicos.
Tarek había preparado pequeños cristales capaces de detectar trampas.
Kael permanecía sobre el hombro de Perla.
Después de casi veinte minutos llegaron a una estatua de piedra blanca.
Representaba a una mujer con los ojos cerrados.
En sus manos sostenía un corazón partido en dos.
—Debe ser esta —susurró Nerina.
Tarek examinó la base.
—No hay cerradura.
Perla recordó las palabras de Kael.
La primera puerta escucha.
Se acercó a la estatua.
—Estamos buscando la décima torre.
No ocurrió nada.
Nerina intentó pronunciar un hechizo.
La estatua permaneció inmóvil.
Tarek colocó un cristal detector sobre la base.
El objeto comenzó a vibrar.
—Hay magia antigua aquí. Muchísima.
Iris observó una inscripción casi invisible.
—Creo que dice algo.
Limpió cuidadosamente la piedra.
Las palabras aparecieron.
"Solamente escuchará la verdad de quien no tema reconocer su propia debilidad".
Perla respiró profundamente.
Después colocó su mano sobre el corazón de piedra.
—Soy Perla Nilsen. Maga de nivel 1.
La estatua emitió una luz tenue.
—He pasado toda mi vida deseando ser poderosa. Durante mucho tiempo pensé que, si conseguía suficiente magia, nadie volvería a reírse de mí.
La luz aumentó.
Perla miró a sus amigos.
—Pero todavía tengo miedo. No sé si podré protegerlos. Y no sé si estoy preparada para encontrar la verdad sobre mi madre.
Un pequeño sonido recorrió las paredes.
El corazón de piedra comenzó a latir.
Perla continuó:
—Aun así, quiero intentarlo. Y si tengo que pedir ayuda, lo haré.
La estatua abrió lentamente los ojos.
Una voz femenina resonó desde su interior.
—La debilidad reconocida deja de ser una cadena.
El corazón se unió.
Detrás de la estatua apareció una escalera que descendía hacia la oscuridad.
Nerina sonrió nerviosamente.
—Bueno... parece que ahora sí estamos entrando en problemas.
Perla tomó la brújula de Arven.
La aguja comenzó a girar.
Después señaló hacia abajo.
El primer acceso había sido abierto.
Capítulo 8. Los recuerdos de una escuela desaparecida
La escalera descendía mucho más de lo que cualquiera había imaginado.
Al principio las paredes estaban construidas con la misma piedra blanca de la academia.
Después comenzaron a aparecer materiales diferentes.
Columnas oscuras.
Símbolos desconocidos.
Puertas cubiertas por enormes cadenas de cristal.
Finalmente llegaron a una sala circular.
En el centro había un espejo gigantesco.
Su superficie parecía hecha de agua inmóvil.
Sobre el marco aparecía la siguiente inscripción:
"La segunda puerta no reconoce nombres. Reconoce aquello que el corazón desearía olvidar".
Iris retrocedió.
—Eso no suena nada bien.
Tarek examinó el espejo.
—Es un dispositivo de memoria. Podría mostrar recuerdos antiguos.
Kael levantó la cabeza.
«No permitan que los separe».
Perla repitió la advertencia.
Pero antes de que pudieran prepararse, la superficie comenzó a brillar.
El suelo desapareció bajo sus pies.
Todos sintieron que caían.
Cuando Perla volvió a abrir los ojos, estaba en un lugar completamente diferente.
Se encontraba en el Gran Salón de Shirfs.
Pero no era la academia que conocía.
Las paredes estaban cubiertas de estandartes antiguos.
Los estudiantes utilizaban uniformes azules.
Y en el centro entrenaba un joven de cabello blanco.
Sobre su cabeza brillaba un número.
88.
Perla lo reconoció inmediatamente.
—Kael...
El joven levantó la mirada.
Tenía los mismos ojos azules de la serpiente.
Sonreía mientras sostenía una pequeña esfera de magia.
Junto a él había una muchacha de cabello rojo y un dragón negro todavía joven.
Astarion.
La joven pelirroja se acercó.
—Kael, prometiste que hoy entrenaríamos juntos.
Él comenzó a reír.
—Y lo haremos, Lyra. Pero primero tengo que terminar esto.
Perla dio un paso hacia ellos.
—¡Kael!
Ninguno reaccionó.
Entonces comprendió que estaba observando un recuerdo.
Uno que había permanecido enterrado durante ochenta años.
Capítulo 9. Kael Arvandor antes de la maldición
La imagen del pasado continuó moviéndose alrededor de Perla.
Era como caminar por una obra de teatro donde los actores no podían verla.
Kael parecía tener unos veinticuatro años.
Era alto, de cabello blanco y expresión tranquila. Su uniforme llevaba una insignia plateada que lo identificaba como investigador de magia espiritual.
Lyra, la muchacha pelirroja, caminaba junto a él.
Sobre su cabeza aparecía el nivel 91.
Perla observó sorprendida que era más poderosa que Kael.
—No comprendo por qué insistes tanto en investigar la décima torre —decía Lyra.
Kael cerró el libro que sostenía.
—Porque las corrientes mágicas de las nueve torres están cambiando.
—Magina dice que es normal.
—Magina sabe más de lo que nos cuenta.
Lyra suspiró.
—Algún día tus investigaciones van a meterte en problemas.
Kael sonrió.
—Entonces espero que vengas a rescatarme.
Astarion, que descansaba junto a ellos, emitió un pequeño rugido.
Lyra acarició su cabeza.
—Por supuesto que iremos. Aunque probablemente él tenga que cargarte.
El joven comenzó a reír.
Perla observaba fascinada.
Aquel muchacho no se parecía a la criatura herida que había encontrado en el invernadero.
Era alegre.
Confiado.
Parecía disfrutar de cada pequeño descubrimiento.
Entonces apareció Magina.
Su cabello ya era blanco, pero llevaba un uniforme diferente del que utilizaba en el presente.
—Kael —llamó—. Necesito hablar contigo.
El joven dejó de sonreír.
Lyra miró preocupada a la directora.
Magina colocó una mano sobre el hombro de Kael.
—El Consejo ha autorizado abrir una investigación sobre la torre inferior.
Los ojos del joven se iluminaron.
—¿Encontraron algo?
La directora asintió lentamente.
—Un corazón mágico que no pertenece a ninguna criatura conocida.
Perla sintió un escalofrío.
Recordó la advertencia de su madre.
El corazón que faltaba.
Kael preguntó:
—¿Qué tipo de energía contiene?
Magina guardó silencio.
Finalmente respondió:
—Una magia capaz de alimentarse de los vínculos entre las personas.
La expresión de Kael cambió.
—Eso es imposible. Los vínculos no pueden convertirse en combustible.
La directora lo miró con tristeza.
—Ese es precisamente el problema.
La escena comenzó a desvanecerse.
Perla intentó acercarse.
—¡Esperen!
Pero el recuerdo desapareció.
Y una nueva imagen comenzó a formarse ante sus ojos.
Capítulo 10. El descubrimiento que condenó a los nueve reinos
El recuerdo mostró una cámara subterránea.
En el centro flotaba un cristal negro rodeado de nueve cadenas.
Kael, Lyra y Magina se encontraban frente a él.
También estaba Severin.
Su apariencia era más joven, pero su sonrisa era exactamente la misma.
—Lo llamamos el Corazón del Vacío —explicó Severin.
Kael observó el cristal.
—¿Por qué está encadenado?
—Porque todavía no sabemos controlarlo.
Lyra se acercó a su compañero.
—No me gusta este lugar.
El cristal emitió un latido.
Durante un instante, Perla sintió una presión terrible dentro del pecho.
La imagen pertenecía al pasado, pero el poder parecía atravesar incluso el recuerdo.
Severin colocó una pequeña esfera junto al cristal.
—Hemos descubierto que puede multiplicar la energía de un vínculo.
Una luz violeta apareció.
Después la esfera comenzó a agrietarse.
Kael retrocedió.
—Estás destruyendo el vínculo.
Severin sonrió.
—Estoy utilizando la energía que contiene.
—¡No es lo mismo!
La discusión se volvió cada vez más intensa.
Kael explicó que la magia de los compañeros dependía de una conexión voluntaria. Intentar extraerla por la fuerza podía romper la memoria, la identidad y la voluntad de ambos.
Severin no parecía preocupado.
—Imagina un ejército capaz de utilizar la energía de mil dragones.
Lyra intervino.
—Imagina también lo que les ocurriría a esos dragones.
El consejero la ignoró.
Magina levantó una mano.
—La investigación queda suspendida hasta que podamos garantizar que ninguna criatura será dañada.
Severin se giró furioso.
—¡Estamos frente al descubrimiento más importante de nuestra historia!
—Y precisamente por eso no podemos actuar sin comprenderlo —respondió la directora.
La escena cambió abruptamente.
Perla vio a Severin regresando a la cámara durante la noche.
Llevaba un recipiente lleno de recuerdos cristalizados.
Uno por uno comenzó a colocarlos sobre el Corazón del Vacío.
El cristal despertó.
Dentro apareció una sombra gigantesca.
Dos ojos rojos se abrieron.
Una voz resonó por toda la cámara.
—Al fin alguien ha recordado mi hambre.
Perla retrocedió aterrada.
La sombra comenzó a crecer.
Y antes de que el recuerdo desapareciera, escuchó el grito de Severin.
No era de miedo.
Era de admiración.
Capítulo 11. La batalla que ningún libro contaba
El suelo tembló.
Perla volvió a encontrarse frente a una nueva escena.
La academia estaba en llamas.
Las nueve torres emitían columnas de luz mientras criaturas oscuras avanzaban por las calles de Shirfs.
Los magos intentaban defender los puentes.
Los estudiantes corrían hacia refugios subterráneos.
Astarion volaba sobre el castillo, lanzando enormes ráfagas de fuego negro contra las sombras.
Kael apareció en medio de la batalla.
Tenía una herida en el brazo y su uniforme estaba cubierto de ceniza.
Lyra corría junto a él.
—¡El sello principal ha caído! —gritó.
Kael observó la torre central.
—Tenemos que llegar al corazón.
—¡Severin ha desaparecido!
—Entonces tendremos que cerrarlo nosotros.
Una criatura oscura descendió desde el cielo.
Kael levantó ambas manos.
Un círculo azul apareció frente a él.
La criatura chocó contra la barrera y retrocedió.
Pero el muchacho perdió el equilibrio.
Su nivel 88 brilló intensamente.
Después comenzó a parpadear.
Lyra se acercó.
—No puedes seguir utilizando tu magia de esa manera.
—No tenemos tiempo.
Astarion aterrizó junto a ellos.
El dragón inclinó la cabeza.
Kael acarició una de sus escamas.
—Necesito que lleves a Lyra hasta la torre.
Ella protestó.
—No pienso abandonarte.
—No te estoy pidiendo que me abandones. Necesito que protejas la entrada mientras preparo el sello.
Lyra lo observó durante unos segundos.
Después asintió.
Astarion extendió sus alas.
Ambos desaparecieron entre las llamas.
Perla siguió a Kael a través del recuerdo.
El joven llegó a la cámara inferior.
En el centro, el Corazón del Vacío latía con una fuerza monstruosa.
Dentro de él aparecía una figura gigantesca.
Kael abrió un libro negro.
Era el mismo que Perla había encontrado en la biblioteca.
La Fórmula de los Dos Corazones.
El joven comenzó a leer.
Pero entonces una voz resonó desde el cristal.
—Para encerrarme necesitarás algo más que tu magia, pequeño hechicero.
Kael levantó la mirada.
—Lo sé.
Extendió una mano sobre su propio pecho.
Una luz azul comenzó a desprenderse de su cuerpo.
Perla comprendió lo que estaba viendo.
Kael estaba utilizando su propia esencia para completar el sello.
Y el precio sería su forma humana.
Capítulo 12. La decisión de un mago de nivel 88
Kael permaneció frente al cristal mientras su cuerpo comenzaba a desvanecerse.
Sus manos se volvieron transparentes.
El cabello blanco flotó alrededor de su rostro.
La voz del Corazón del Vacío resonó nuevamente.
—Podrías alcanzar niveles inimaginables si aceptaras servirme.
Kael sonrió con tristeza.
—Ya he visto lo que haces con quienes confían en otros.
—Te convertiré en el mago más poderoso de los nueve reinos.
—Prefiero seguir siendo nivel 88.
El cristal tembló.
La sombra avanzó hacia él.
Kael cerró los ojos.
Una segunda luz apareció frente a su pecho.
Era pequeña, blanca y brillante.
Tenía la forma de un corazón.
Desde la entrada de la cámara, Lyra gritó su nombre.
—¡Kael, detente!
La joven intentó acercarse, pero una barrera invisible se interpuso.
Astarion golpeó el suelo con sus enormes garras.
El dragón también intentó atravesar el sello.
No pudo.
Kael abrió los ojos.
—Lyra, necesito que me prometas algo.
Ella lloraba.
—No voy a despedirme de ti.
—No te estoy pidiendo eso.
La muchacha levantó la mirada.
Kael continuó:
—Si alguna vez alguien encuentra lo que quede de mí, no permitas que utilicen mi corazón como una fuente de energía.
Lyra intentó romper la barrera.
—¡No puedes hacer esto solo!
El joven sonrió.
—Nunca estuve solo.
Miró a Astarion.
Después a su amiga.
—Ustedes me enseñaron eso.
El Corazón del Vacío lanzó un rugido.
Kael pronunció las palabras finales del hechizo.
—Concordia Aeterna.
Una explosión de luz azul iluminó toda la cámara.
Su cuerpo desapareció.
En el centro de la plataforma quedó una pequeña serpiente blanca.
Tenía los ojos cerrados.
Una marca azul recorría sus escamas.
Lyra consiguió atravesar la barrera cuando el sello terminó de formarse.
Corrió hacia la serpiente.
La sostuvo entre sus manos.
—Kael...
El animal abrió lentamente un ojo.
Pero ya no podía hablar.
Su magia estaba sellada.
Su nivel permanecía oculto.
Y casi todos sus recuerdos habían quedado encerrados junto al Corazón del Vacío.
Lyra comenzó a llorar.
Astarion se acercó.
El dragón apoyó su enorme cabeza junto a la pequeña criatura.
Durante varios minutos ninguno se movió.
Perla observó aquella escena con lágrimas en los ojos.
Por primera vez comprendió que Kael no había sido transformado simplemente por una maldición.
Había renunciado a su cuerpo para salvar a quienes amaba.
Capítulo 13. La mentira que convirtió a un héroe en traidor
El recuerdo no terminó allí.
La escena cambió nuevamente.
Ahora Perla se encontraba frente al Gran Salón de Shirfs.
La guerra había terminado.
Las calles estaban siendo reconstruidas.
Los estudiantes regresaban lentamente a la academia.
Severin hablaba ante cientos de personas.
A su lado se encontraba Magina.
La directora tenía una expresión agotada.
Severin levantó una mano.
—La investigación ha concluido.
El público guardó silencio.
—El mago Kael Arvandor desobedeció las órdenes del Consejo y utilizó magia prohibida durante la batalla.
Perla sintió una rabia inmediata.
No era verdad.
Había visto lo ocurrido.
Kael había salvado Shirfs.
Pero Severin continuó:
—Su intervención provocó la pérdida de importantes conocimientos y puso en peligro las nueve torres.
Lyra apareció entre la multitud.
—¡Eso es mentira!
Varios guardianes intentaron detenerla.
Astarion lanzó un rugido desde el patio.
Severin permaneció tranquilo.
—Comprendo tu dolor, Lyra. Pero las pruebas son claras.
—¡Kael cerró el corazón! ¡Sin él todos estaríamos muertos!
El consejero miró a Magina.
—Directora, ¿desea añadir algo?
La mujer permaneció inmóvil.
Perla observó su rostro.
Había lágrimas contenidas en sus ojos.
Finalmente respondió:
—Kael Arvandor no regresará a la academia.
No confirmó la acusación.
Pero tampoco la desmintió.
El público interpretó su silencio como una aceptación.
Lyra retrocedió horrorizada.
—¿Usted también?
Magina bajó la mirada.
Severin ordenó retirar todos los registros oficiales del joven.
Su nombre fue eliminado de los monumentos.
Sus investigaciones quedaron prohibidas.
Y la pequeña serpiente blanca desapareció del cuidado de los sanadores.
La escena comenzó a desvanecerse.
Antes de desaparecer, Perla vio a Severin entrando en una habitación oscura.
Sobre una mesa había un recipiente que contenía una pequeña escama azul.
El consejero sonrió.
—El héroe se convirtió en una serpiente. Nadie volverá a creer en su palabra.
Después guardó el recipiente.
Perla comprendió algo terrible.
Kael había sido castigado por salvar a Shirfs.
Y durante ochenta años, las personas responsables habían conseguido convertirlo en el villano de su propia historia.
Capítulo 14. Once años atrás, una maga llamada Astrid
El espejo volvió a oscurecerse.
Perla intentó tocar la imagen de Kael, pero sus dedos atravesaron el recuerdo como si estuviera hecho de agua.
—No fue tu culpa —susurró.
El espejo respondió mostrando una nueva escena.
Esta vez la academia parecía mucho más cercana al presente.
Los jardines tenían las mismas flores que Perla conocía.
Las torres utilizaban los estandartes actuales.
Y una mujer de cabello castaño caminaba por los corredores inferiores llevando una lámpara.
Perla sintió que el corazón dejaba de latirle.
—Mamá...
Era Astrid Nilsen.
Llevaba el mismo collar azul que Perla tenía ahora alrededor del cuello.
En sus brazos descansaba una pequeña serpiente blanca.
Kael.
Astrid entró en una habitación llena de documentos antiguos.
Magina la esperaba frente a una mesa.
—Has conseguido encontrarlo —dijo la directora.
Astrid colocó la serpiente sobre una manta.
—Estaba encerrado en un depósito de criaturas olvidadas. Apenas recuerda quién es.
Magina se acercó.
—Si Severin descubre que sigue vivo, intentará recuperar el sello.
Astrid levantó la mirada.
—Entonces tenemos que protegerlo.
La directora guardó silencio.
Después señaló un libro.
Era la Fórmula de los Dos Corazones.
—El vínculo que Kael utilizó para cerrar el Corazón del Vacío nunca estuvo completo.
Astrid observó las páginas.
—¿Qué le falta?
Magina respondió lentamente:
—Una persona capaz de escucharlo sin intentar utilizar su poder.
La maga noruega acarició la cabeza de la serpiente.
—Entonces encontraremos a esa persona.
El recuerdo comenzó a temblar.
Perla vio a su madre acercándose a una enorme puerta.
Detrás brillaba una luz azul.
Astrid se giró hacia Magina.
—Si no regreso, prométeme que cuidarás de mi hija.
La directora bajó la cabeza.
—Lo prometo.
Astrid atravesó la puerta.
La luz desapareció.
Y la imagen quedó completamente negra.
Capítulo 15. El lugar donde cada corazón estaba solo
Perla despertó dentro de la sala del espejo.
Estaba arrodillada sobre el suelo.
Nerina, Iris y Tarek habían desaparecido.
—¡Nerina! —gritó.
No obtuvo respuesta.
Kael descansaba sobre su muñeca, pero parecía exhausto.
La joven se levantó y comenzó a buscar una salida.
Entonces escuchó la voz del espejo.
—Has contemplado el pasado. Ahora deberás enfrentarte a aquello que temes perder.
Una nueva imagen apareció frente a ella.
Era su casa en Noruega.
Su padre estaba sentado junto a la chimenea.
Parecía mucho más anciano.
—Perla —dijo—. Regresa a casa.
La joven sintió que las lágrimas le llenaban los ojos.
—Papá...
Erik levantó la mirada.
—No tienes que seguir sufriendo por un sueño imposible.
Perla dio un paso hacia él.
Pero Kael comenzó a moverse inquieto.
La imagen de su padre extendió una mano.
—Ven conmigo. Aquí nadie volverá a burlarse de ti.
Perla se detuvo.
Recordó las palabras del profesor Arven.
La segunda puerta mostraba aquello que el corazón desearía olvidar.
Su miedo no era solamente fracasar.
Era descubrir que todo su esfuerzo había sido inútil.
—Mi papá nunca me pediría que abandonara a mis amigos —respondió.
La imagen comenzó a agrietarse.
Perla continuó:
—Quizás no consiga convertirme en una gran maga. Pero no voy a regresar a casa solamente porque tengo miedo.
La figura desapareció.
Una puerta se abrió frente a ella.
Al otro lado encontró a Nerina llorando frente a una ilusión de sus propios padres, que la acusaban de ser una decepción.
Perla se acercó y le tomó la mano.
—No tienes que demostrarles nada ahora.
Nerina levantó la mirada.
La ilusión desapareció.
Juntas encontraron a Iris y Tarek.
Habían superado sus propios recuerdos.
Y por primera vez los cuatro comprendieron que aquella torre no estaba evaluando únicamente a Perla.
Estaba probando si realmente podían confiar unos en otros.
Capítulo 16. La tercera puerta y el precio de avanzar
Al final del corredor encontraron una puerta completamente blanca.
No tenía cerradura.
Tampoco símbolos de protección.
Solamente una inscripción:
"Para continuar, cada corazón deberá entregar algo que considere valioso".
Tarek examinó la superficie.
—No es una puerta común. Está conectada a nuestras reservas mágicas.
Iris retrocedió.
—¿Qué tendremos que entregar?
Kael levantó la cabeza.
«No se trata necesariamente de dinero, poder o recuerdos. Se trata de renunciar a algo voluntariamente».
Perla observó la puerta.
Pensó en su sueño de alcanzar un nivel superior.
En las burlas que había soportado.
En lo mucho que deseaba demostrar que podía ser poderosa.
Entonces recordó las palabras de su madre.
La magia más poderosa era la que protegía.
Colocó su mano sobre la puerta.
—Estoy dispuesta a entregar parte de la armonía que he conseguido si eso permite que mis amigos salgan de aquí.
Nerina se acercó inmediatamente.
—¡Perla, no tienes que hacerlo sola!
Pero la puerta ya había reaccionado.
La barra azul apareció sobre su cabeza.
Marcaba 16%.
Un pequeño destello descendió desde el número.
La barra comenzó a disminuir.
15.
14.
12.
Perla sintió que sus piernas perdían fuerza.
Kael emitió un siseo alarmado.
La joven cayó de rodillas.
La puerta se abrió lentamente.
Pero entonces Nerina colocó su mano junto a la de Perla.
—Yo renuncio a salir primero.
Iris hizo lo mismo.
—Yo también.
Tarek se acercó.
—Y yo renuncio a utilizar mi magia para protegerme si alguno de ustedes necesita ayuda.
La puerta se iluminó.
La barra de Perla dejó de disminuir.
Una voz resonó desde la piedra.
—La renuncia compartida no destruye el vínculo. Lo revela.
La armonía comenzó a recuperarse.
13.
15.
17.
Finalmente se detuvo en 19%.
Perla abrió los ojos, sorprendida.
Habían perdido energía intentando avanzar solos.
Pero al apoyarse mutuamente habían conseguido fortalecer algo mucho más importante.
La confianza.
Capítulo 17. Magina encontró a los intrusos
Al atravesar la tercera puerta, los estudiantes llegaron a una sala inmensa.
En el centro había nueve columnas de cristal.
Todas enviaban energía hacia un enorme corazón negro suspendido debajo del techo.
Era el Corazón del Vacío.
Pero no estaba completo.
Le faltaba un fragmento.
Antes de que pudieran acercarse, una voz resonó detrás de ellos.
—Les advertí que no debían entrar aquí.
Magina apareció frente a la puerta.
Su nivel 999 brillaba intensamente.
Perla retrocedió.
—Directora...
Magina observó a los cuatro estudiantes.
Después a Kael.
Su expresión se volvió triste.
—Así que has comenzado a recordar.
La serpiente levantó la cabeza.
Una voz resonó dentro de la mente de Perla.
«Pregúntale por qué permitió que me acusaran».
La joven respiró profundamente.
—¿Por qué dejó que Severin llamara traidor a Kael?
Magina cerró los ojos.
Durante varios segundos permaneció inmóvil.
Finalmente respondió:
—Porque amenazó con romper el sello si revelábamos lo ocurrido.
Perla sintió una rabia inmediata.
—¡Kael salvó Shirfs!
—Lo sé.
—¡Y usted permitió que todos lo odiaran!
La directora bajó la mirada.
—He cometido errores que ninguna cantidad de magia podrá reparar.
El silencio llenó la habitación.
Magina se acercó lentamente.
—Cuando Kael selló el Corazón del Vacío, Severin consiguió conservar parte de la energía de aquella batalla. Utilizó ese fragmento para amenazarnos durante décadas.
Nerina frunció el ceño.
—¿Y por qué no lo detuvieron?
—Porque no sabíamos dónde había escondido la pieza que faltaba.
La directora miró a Kael.
—Él era el único que conocía su ubicación.
Perla comprendió.
Severin necesitaba recuperar los recuerdos de la serpiente.
Por eso había permitido que comenzara su entrenamiento.
Porque si Kael recordaba dónde estaba el fragmento perdido, el consejero también podría encontrarlo.
Capítulo 18. La verdad que Magina no quería decir
Perla observó el Corazón del Vacío.
Parecía latir lentamente dentro de una jaula de cristal.
—¿Mi mamá sigue viva? —preguntó.
Magina permaneció callada.
Aquello fue suficiente para que la joven sintiera una pequeña esperanza.
—Directora, por favor.
La mujer levantó lentamente la mirada.
—Astrid no murió durante su expedición.
Perla sintió que el mundo se detenía.
Nerina le apretó la mano.
—¿Dónde está? —preguntó la joven.
Magina señaló el corazón negro.
—Hace once años descubrió que Severin estaba intentando reconstruir el fragmento perdido. Para impedirlo, entró voluntariamente en una prisión temporal.
Perla negó con la cabeza.
—No entiendo.
—Existe una cámara donde el tiempo avanza de manera diferente. Astrid permanece allí manteniendo estable una parte del sello.
La muchacha comenzó a llorar.
—Entonces podemos sacarla.
Magina apartó la mirada.
—Si abrimos esa prisión sin reemplazar la energía que la sostiene, el Corazón del Vacío podría despertar.
—¡Pero usted es nivel 999!
La directora la observó con tristeza.
—Y aun así no puedo resolverlo mediante fuerza.
Perla miró su propia mano.
Su nivel continuaba siendo 1.
Durante toda su vida había pensado que la diferencia entre ambas era una medida de su valor.
Ahora comprendía que incluso la maga más poderosa de Shirfs tenía límites.
Kael se deslizó lentamente hasta su muñeca.
Una voz apareció dentro de su mente.
«Astrid me salvó cuando nadie más quiso hacerlo».
Perla acarició sus escamas.
«Y ahora debemos salvarla a ella».
La joven levantó la mirada hacia Magina.
—Entonces enséñenos cómo hacerlo.
La directora permaneció pensativa.
Finalmente respondió:
—Existe una posibilidad. Pero si queremos intentarla, primero debemos encontrar el corazón que falta antes que Severin.
Capítulo 19. Una enemiga pidió ayuda
Magina estaba explicando cómo funcionaban los sellos cuando la sala comenzó a temblar.
Una alarma resonó desde las nueve columnas.
La directora levantó inmediatamente su bastón.
—¡Aléjense del corazón!
Una grieta violeta apareció sobre el techo.
Después se abrió un pequeño portal.
Del otro lado cayó una muchacha de cabello plateado.
Celeste.
Su uniforme estaba desgarrado y tenía una pequeña herida en la frente.
Perla corrió hacia ella instintivamente.
—¡Celeste!
La joven levantó la mirada.
Sus ojos violetas estaban llenos de lágrimas.
—No... no sé dónde estoy.
Magina se arrodilló frente a ella.
—¿Qué ocurrió?
Celeste intentó hablar, pero parecía incapaz de ordenar sus recuerdos.
—Estaba entrenando con Astarion. Después Severin apareció y me pidió que utilizara la corona.
Se llevó ambas manos a la cabeza.
—No recuerdo lo que pasó después.
Perla observó su muñeca.
Debajo de la manga había una marca negra.
Tenía forma de corona.
Kael comenzó a temblar.
«Esa magia...».
Perla levantó la mirada.
—¡Directora, la corona está robándole sus recuerdos!
Magina examinó inmediatamente el sello.
Su expresión cambió.
—Celeste, necesito que me escuches. ¿Cuántas veces has utilizado este objeto?
La joven negó desesperadamente.
—No lo sé.
Comenzó a llorar.
—No recuerdo ni siquiera cuándo fue la última vez que hablé con mi padre.
Perla sintió una tristeza inesperada.
Había pasado meses soportando sus burlas.
Pero ahora tenía frente a ella a una muchacha aterrada que estaba perdiendo parte de sí misma.
Kael se acercó lentamente.
Celeste lo observó.
Durante unos segundos pareció recordar algo.
—Esa serpiente...
Perla la sostuvo cuidadosamente.
—Se llama Kael.
Celeste abrió mucho los ojos.
—¡Ese nombre!
Magina se inclinó hacia ella.
—¿Qué sabes?
La muchacha comenzó a temblar.
—Severin dijo que Astarion había guardado un recuerdo durante ochenta años. Dijo que necesitaba recuperarlo antes de que la serpiente recordara todo.
La directora quedó inmóvil.
Celeste levantó la mirada hacia Perla.
Y pronunció unas palabras que nadie esperaba escuchar.
—Por favor... ayúdame.
Perla no respondió inmediatamente.
Después se arrodilló junto a ella.
—Vamos a intentar detenerlo.
La joven de nivel 99 comenzó a llorar.
Por primera vez no había orgullo, amenazas ni insultos entre ambas.
Solamente dos estudiantes que no comprendían completamente el peligro al que estaban enfrentándose.
Capítulo 20. El recuerdo que despertó al verdadero enemigo
Magina colocó su bastón sobre la marca de Celeste.
Una pequeña luz plateada apareció alrededor de la corona.
Durante varios segundos, la directora intentó separarla de su muñeca.
Pero entonces las nueve columnas comenzaron a oscurecerse.
Una risa resonó desde el corazón negro.
—Demasiado tarde, Magina.
Severin apareció dentro de un círculo violeta.
Su expresión era completamente diferente de la que mostraba durante las ceremonias.
Había desaparecido su sonrisa amable.
Ahora observaba a todos con una satisfacción aterradora.
—Has conseguido reunir exactamente lo que necesitaba.
Magina levantó su bastón.
—¡No darás un paso más!
Una barrera plateada apareció entre ambos.
Severin ni siquiera intentó atravesarla.
Solamente miró a Kael.
—Ochenta años, viejo amigo.
La serpiente levantó la cabeza.
Sus ojos comenzaron a brillar.
«Tú destruiste Shirfs».
Severin sonrió.
—No. Yo descubrí lo que Shirfs podía llegar a ser.
Después extendió una mano hacia la corona de Celeste.
La marca negra reaccionó inmediatamente.
La muchacha gritó de dolor.
Perla se interpuso.
—¡Déjala!
Kael comenzó a emitir una luz azul.
Por un instante apareció nuevamente la silueta del joven de cabello blanco.
La figura extendió una mano hacia Severin.
Una enorme onda de energía recorrió la sala.
El consejero retrocedió sorprendido.
Magina aprovechó el momento para levantar un escudo alrededor de los estudiantes.
Pero aquello había sido suficiente.
Severin observó la sombra humana de Kael y comenzó a reír.
—¡Lo sabía! ¡El sello está debilitándose!
El corazón negro emitió un latido.
Después otro.
Una de las nueve columnas comenzó a agrietarse.
Magina palideció.
—Severin, si continúas, destruirás el equilibrio de toda la ciudad.
El consejero levantó la mano.
—Solamente necesito el último recuerdo.
Kael comenzó a temblar.
Una imagen apareció dentro de la mente de Perla.
Una habitación cubierta de hielo.
Un reloj sin agujas.
Y una mujer dormida dentro de un cristal azul.
Astrid.
Perla sintió que le faltaba el aire.
—¡Mamá!
El recuerdo desapareció.
Severin sonrió.
Había visto la misma imagen a través de la corona.
—Así que allí escondieron el fragmento.
Magina intentó detenerlo.
Pero el consejero desapareció en un portal violeta.
La directora golpeó el suelo con su bastón.
Las nueve columnas recuperaron lentamente su luz.
El peligro inmediato había terminado.
Pero algo mucho peor acababa de ocurrir.
Severin había descubierto dónde buscar.
Perla permaneció de rodillas abrazando a Kael.
La pequeña serpiente apenas podía moverse.
La joven tenía lágrimas en los ojos.
—Lo siento. No quería que recuperaras esos recuerdos de esta manera.
Una voz débil apareció dentro de su mente.
«No tienes que disculparte».
Perla acarició sus escamas.
La barra azul apareció sobre su cabeza.
"Nivel mágico: 1".
"Armonía de los Dos Corazones: 19%".
Kael abrió lentamente los ojos.
«Perla...».
—Estoy aquí.
«Tenemos que encontrar a Astrid antes que él».
La joven levantó la mirada.
Magina permanecía frente a las columnas dañadas.
Nerina, Iris y Tarek se acercaron para ayudarla a ponerse de pie.
Celeste seguía sentada junto al escudo, intentando comprender cuántos recuerdos había perdido.
Por primera vez, todos tenían un enemigo común.
Y mientras Shirfs celebraba en la superficie las primeras semanas de entrenamiento de sus estudiantes, debajo de la academia comenzaba una lucha que nadie había previsto.
Una lucha donde el poder de nivel 999 de la directora no sería suficiente.
Donde un mago de nivel 88 atrapado en el cuerpo de una serpiente tendría que recuperar su verdadera identidad.
Y donde una joven de nivel 1 tendría que aprender que algunas puertas solamente podían abrirse cuando dos corazones estaban dispuestos a protegerse mutuamente.
En la profundidad de una torre oculta, Severin apareció frente a un enorme reloj de cristal.
No tenía agujas.
En su interior descansaba una mujer de cabello castaño.
Astrid Nilsen.
El consejero se acercó lentamente.
Colocó una mano sobre el cristal.
—Tu hija finalmente ha encontrado el camino.
Los ojos de Astrid se abrieron.
Y por primera vez en once años pronunció una palabra.
—Perla...
Fin de la Parte 4.
Continuará en la Parte 5: El reloj sin agujas y la memoria del dragón.
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