
Novelas · Parte 3
La ceremonia de las criaturas y el pacto del dragón negro
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La ceremonia de las criaturas y el pacto del dragón negro
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Detalles
- Autor
- Gylab Click
- Categoría
- Novelas
- Click
- SHIRFS: La maga de nivel 1 que desafió a los más poderosos
- Capítulo
- Parte 3
- Vistas
- 5
Sinopsis
Perla, una joven maga de Noruega con apenas nivel 1, ingresa a Shirfs, la academia de magia más poderosa del mundo. Rodeada de estudiantes de niveles superiores, humillada por los populares y despreciada por su debilidad, descubre una antigua fórmula relacionada con las criaturas mágicas y los corazones unidos. Su encuentro con una misteriosa serpiente herida podría cambiar para siempre las reglas de la magia.…
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PARTE 3 DE 9 — La ceremonia de las criaturas y el pacto del dragón negro
Capítulo 1. La promesa que hicieron bajo la medianoche
A medianoche, cuando las campanas de Shirfs anunciaron el comienzo del Festival de las Criaturas, Celeste Valmora abandonó su dormitorio sin avisar a nadie.
Llevaba una capa negra sobre su uniforme y una carta con un sello dorado escondida entre los dedos.
La carta había llegado aquella tarde.
No tenía remitente.
Solamente contenía una frase:
"Si quieres que Astarion sea tuyo, preséntate en el Santuario de las Criaturas cuando suene la duodécima campana".
Celeste nunca había sido una estudiante acostumbrada a esperar.
Desde pequeña, su familia le había enseñado que los Valmora estaban destinados a ocupar posiciones importantes.
Su padre, un mago de nivel 648, era miembro del Consejo de los Nueve Reinos.
Su madre dirigía una de las instituciones mágicas más prestigiosas de Shirfs.
Y Celeste había crecido escuchando que algún día superaría a ambos.
Pero existía algo que la joven nunca admitiría delante de sus compañeros.
Tenía miedo de fracasar.
Había alcanzado el nivel 99 antes de cumplir diecinueve años, una hazaña extraordinaria.
Sin embargo, para su familia parecía insuficiente.
Su padre esperaba que alcanzara el nivel 200 antes de terminar sus estudios superiores.
Su madre exigía que consiguiera una criatura legendaria.
Y ambos hablaban constantemente del examen de armonía como si cualquier resultado inferior al primer lugar fuera una vergüenza.
Por eso, cuando recibió aquella carta, no dudó demasiado.
El Santuario estaba casi completamente oscuro.
Solamente algunas antorchas azules iluminaban el camino.
Al final del pasillo encontró al guardián Varek.
—Llegas puntual —dijo el hombre.
—¿Fuiste tú quien envió la carta?
Varek negó lentamente.
—Yo solamente tengo órdenes de acompañarte.
—¿Órdenes de quién?
Una tercera voz respondió desde la oscuridad.
—De alguien que conoce tu verdadero potencial, señorita Valmora.
Un hombre apareció detrás de las columnas.
Era alto, de cabello gris y llevaba una túnica adornada con símbolos antiguos.
Celeste lo reconoció inmediatamente.
Se llamaba Severin.
Era uno de los consejeros mágicos más influyentes del reino.
Su nivel superaba los 600, aunque nunca permitía que el número apareciera públicamente sobre su cabeza.
—Consejero Severin —dijo Celeste, inclinando ligeramente la cabeza.
El hombre sonrió.
—He escuchado que deseas vincularte con Astarion.
—Es el dragón más poderoso de la academia.
—Y también el más difícil.
Severin comenzó a caminar hacia una enorme puerta de hierro.
—Los dragones recuerdan todo, Celeste. Las batallas, las promesas y especialmente las traiciones.
La muchacha levantó el mentón.
—Yo nunca lo traicionaría.
Severin soltó una risa suave.
—Todos dicen eso antes de tener que elegir entre su criatura y su propia ambición.
La puerta comenzó a abrirse.
Al otro lado descansaba Astarion.
El enorme dragón negro levantó la cabeza.
Sus ojos dorados se clavaron inmediatamente en Severin.
Y un gruñido estremeció las paredes.
—Tranquilo, viejo amigo —murmuró el consejero.
Pero el dragón respondió mostrando los colmillos.
Celeste retrocedió instintivamente.
Severin extendió una mano y las cadenas mágicas que rodeaban al animal comenzaron a brillar.
Astarion bajó la cabeza, obligado por una fuerza invisible.
—¿Por qué está encadenado? —preguntó Celeste.
—Porque incluso las criaturas más extraordinarias necesitan límites.
El consejero sacó una pequeña corona de cristal negro.
—Con esto podrás reclamar su derecho de vinculación durante la ceremonia.
Celeste observó el objeto.
—¿Y qué tengo que hacer?
Severin sonrió.
—Solamente demostrar que estás dispuesta a pagar el precio del poder.
Capítulo 2. El contrato que los dragones nunca olvidan
Severin colocó la corona sobre una mesa de piedra.
En su interior brillaba una pequeña llama violeta.
—Esto es un Sello de Obediencia Antigua —explicó—. No puede crear amor ni confianza, pero permite establecer una prioridad temporal sobre una criatura que todavía no haya aceptado un compañero.
Celeste examinó el sello.
—Entonces Astarion tendrá que elegirme.
—Tendrá que reconocer tu reclamación. Elegirte de corazón será otra cuestión.
La muchacha frunció el ceño.
—No entiendo la diferencia.
Severin se acercó.
—La magia posee reglas más antiguas que nuestros exámenes. Un contrato puede obligar a una criatura a permanecer a tu lado. Pero solamente un vínculo verdadero puede conseguir que comparta contigo todo su poder.
Celeste observó nuevamente al dragón.
Astarion permanecía inmóvil, aunque sus ojos continuaban fijos en el consejero.
—¿Y qué recibirá a cambio? —preguntó.
Severin sonrió.
—Una nueva oportunidad de servir a una gran maga.
Era una respuesta conveniente.
Pero no respondía realmente a la pregunta.
Celeste lo sabía.
Sin embargo, llevaba demasiado tiempo soñando con aquel momento.
Imaginaba entrar al Gran Salón acompañada del dragón negro.
Veía las expresiones de sus compañeros.
Escuchaba los aplausos.
Y, sobre todo, imaginaba el rostro de su padre cuando anunciara que su hija había conseguido a Astarion.
—Acepto —respondió.
Severin le entregó una pluma plateada.
Un contrato apareció suspendido en el aire.
La mayoría de sus cláusulas estaban escritas en un idioma antiguo.
Celeste solamente logró comprender algunas frases.
"Prioridad de vinculación".
"Obligación de permanencia".
"Cesión de recuerdos en caso de ruptura".
Esta última llamó su atención.
—¿Qué significa ceder recuerdos?
Severin respondió sin vacilar.
—Los vínculos mágicos necesitan una garantía. Si el dragón rechaza el contrato antes del examen, el sello conservará una parte de tu energía y algunos recuerdos asociados al vínculo.
—¿Podría olvidar cosas?
—Solamente si fracasa tu reclamación.
Celeste apretó la pluma.
Durante un instante pensó en marcharse.
Pero recordó las palabras de su padre antes de comenzar el curso.
"No regreses a casa siendo una estudiante común".
Firmó.
La corona comenzó a brillar.
Astarion lanzó un rugido tan fuerte que varias antorchas se apagaron.
Una cadena violeta apareció alrededor de uno de sus cuernos.
Celeste sonrió, convencida de haber conseguido su primera victoria.
No vio la expresión de Severin.
Tampoco escuchó lo que el consejero murmuró cuando ella abandonó el santuario.
—Una memoria ha sido entregada. Solamente faltan las otras.
Astarion abrió sus enormes ojos dorados.
Y por primera vez en ochenta años intentó pronunciar un nombre.
—Kael...
Capítulo 3. La serpiente que no quería dormir
Mientras Celeste firmaba el contrato, Perla seguía despierta en la Torre del Viento.
Kael llevaba varios minutos moviéndose inquieto dentro de su cesta.
Sus escamas blancas brillaban de manera intermitente.
Cada vez que intentaba cerrar los ojos, levantaba nuevamente la cabeza, como si escuchara algo que Perla no podía percibir.
—¿Te duele la herida? —preguntó la joven.
La serpiente negó lentamente.
Perla se sorprendió.
Hasta entonces Kael había respondido principalmente a emociones y sonidos.
Aquella vez parecía comprender perfectamente la pregunta.
—¿Entonces tienes miedo?
Kael permaneció inmóvil.
La piedra de la escucha comenzó a brillar.
Una imagen apareció dentro de la mente de Perla.
Un dragón negro.
Cadenas violetas.
Un hombre sosteniendo una corona.
La visión desapareció inmediatamente.
Perla se llevó una mano a la frente.
—¿Astarion?
Kael levantó la cabeza.
—¿Está en peligro?
La serpiente intentó incorporarse, pero perdió el equilibrio.
Perla la sostuvo cuidadosamente.
—Tranquilo. No tienes que hacerlo todo tú solo.
Una voz débil apareció dentro de su mente.
«Otra vez... el sello».
Perla sintió que se le helaba la sangre.
—¿Qué sello?
No recibió respuesta.
La serpiente comenzó a temblar.
Perla se levantó y caminó hacia la ventana.
Desde allí podía observar la Torre del Santuario.
Una luz violeta apareció durante unos segundos entre sus ventanas.
Después desapareció.
La joven pensó en acudir inmediatamente a la directora.
Pero recordó las palabras que Kael había pronunciado la noche anterior.
«No confíes en quien te entregue al dragón».
No sabía si la advertencia se refería a Celeste, a Severin o a alguien completamente diferente.
Y lo más preocupante era que tampoco sabía cuánto podía confiar en Magina.
La directora conocía a su madre.
Sabía algo sobre Kael.
Y había evitado responder demasiadas preguntas.
Perla regresó a su escritorio y abrió el libro que Astrid le había dejado.
Las páginas estaban cubiertas de símbolos que nunca había conseguido comprender.
Pero aquella noche algo cambió.
Cuando Kael se acercó, varias letras comenzaron a iluminarse.
Una frase apareció sobre el papel.
"Cuando el dragón vuelva a llevar cadenas, el corazón olvidado deberá despertar".
Perla leyó las palabras en voz baja.
Kael cerró lentamente los ojos.
Y una lágrima azul apareció sobre una de sus escamas.
Capítulo 4. La mañana de las nueve banderas
Al amanecer, Shirfs parecía una ciudad completamente diferente.
Las calles estaban cubiertas de flores luminosas y miles de banderas flotaban entre los edificios.
Cada una representaba una de las nueve ramas de la magia.
Fuego.
Agua.
Viento.
Tierra.
Luz.
Oscuridad.
Invocación.
Restauración.
Y vínculo espiritual.
La Ceremonia de Elección era el acontecimiento más importante del Noveno Grado.
Familias de diferentes reinos viajaban hasta la academia para observar cómo los estudiantes elegían a sus criaturas mágicas.
Los comerciantes vendían amuletos protectores.
Los músicos tocaban instrumentos encantados.
Y enormes pantallas de cristal mostraban imágenes de las criaturas disponibles.
Perla caminaba junto a Nerina e Iris.
Kael descansaba dentro de una pequeña bolsa especialmente preparada para él.
Tenía espacio suficiente para moverse y una abertura por la que podía observar el exterior.
Nerina había pasado la noche cosiéndola.
—No podemos permitir que nuestro compañero más importante viaje en una cesta de verduras —había dicho.
Perla sonrió al recordarlo.
—¿Ya decidiste qué criatura elegirás? —preguntó a Nerina.
Su amiga asintió.
—Quiero conocer a los felinos de viento. Son rápidos, inteligentes y dicen que pueden encontrar caminos invisibles.
Iris sostuvo un pequeño libro contra su pecho.
—Yo buscaré un búho de restauración.
—¿Por qué? —preguntó Perla.
—Mi abuela era sanadora. Siempre decía que una criatura capaz de salvar una vida vale más que cien capaces de destruirla.
Nerina sonrió.
—Eso suena como algo que diría Perla.
La joven noruega acarició suavemente la cabeza de Kael.
—Yo ya encontré a mi compañero.
Iris miró la serpiente.
—¿Estás segura de que te permitirán registrarlo?
Perla guardó silencio.
Aunque la directora había autorizado que permanecieran juntos, el registro oficial todavía estaba pendiente.
Kael seguía apareciendo como una criatura de especie desconocida.
Y las reglas de Shirfs exigían que todas las mascotas del examen estuvieran inscritas en el Santuario.
—Voy a intentarlo —respondió finalmente.
En ese momento escucharon una voz conocida.
—Qué adorable. La maga de nivel 1 todavía cree que su serpiente puede graduarse.
Darian apareció acompañado por sus amigos.
Sobre su cabeza brillaba el número 78.
Se acercó observando la bolsa de Kael.
—Espero que no lo coloques cerca de las criaturas verdaderas. Podrían confundirlo con el desayuno.
Sus compañeros comenzaron a reírse.
Perla sintió que Kael se tensaba.
Pero antes de responder, Nerina dio un paso al frente.
—¿No tienes nada mejor que hacer, Darian?
El muchacho sonrió.
—En realidad sí. Hoy elegiré un lobo de guerra.
Se inclinó hacia Perla.
—Y cuando llegue el examen final, procuraré que todos recuerden quién terminó en primer lugar y quién tendrá que repetir diez años de clases.
Perla lo miró directamente.
—Entonces deberías preocuparte por tu propio entrenamiento.
Darian dejó de sonreír.
No estaba acostumbrado a que ella respondiera.
Pero antes de que pudiera decir algo más, las campanas de la academia comenzaron a sonar.
La ceremonia estaba a punto de comenzar.
Capítulo 5. El Santuario de las Mil Criaturas
Las puertas del santuario se abrieron lentamente.
Un enorme pasillo apareció frente a los estudiantes.
A ambos lados había jardines flotantes, lagunas de agua luminosa y pequeños bosques donde descansaban criaturas mágicas de diferentes especies.
Un zorro de nueve colas cruzó el camino dejando pequeñas chispas doradas.
Más adelante, varios lobos de hielo dormían debajo de un árbol cristalizado.
En las ramas superiores descansaban búhos con plumas transparentes.
También había gatos capaces de desaparecer, perros guardianes de piedra y enormes serpientes verdes que flotaban entre las hojas.
Los estudiantes observaban fascinados.
En el centro se encontraba una plataforma circular con nueve pedestales.
Magina apareció sobre el primero.
Su número 999 brilló brevemente antes de desaparecer.
—Bienvenidos a la Ceremonia de Elección —anunció.
Todos guardaron silencio.
—Hoy comenzará una relación que podría acompañarlos durante el resto de sus vidas.
La directora extendió las manos.
Sobre la plataforma apareció una enorme esfera de cristal.
—Cada estudiante deberá acercarse a una criatura y solicitar voluntariamente su compañía.
La esfera mostró a un mago rodeado por un lobo.
Ambos estaban unidos por una línea luminosa.
—Si la criatura acepta, se registrará un vínculo inicial.
Después apareció la imagen de un dragón rechazando a un estudiante.
—Pero si no acepta, deberán respetar su decisión.
Darian levantó una mano.
—Directora, ¿qué ocurre si una criatura ya tiene un contrato de prioridad?
Magina lo observó con seriedad.
—Los contratos de prioridad permiten reservar una presentación. No garantizan un vínculo de corazón.
El muchacho sonrió y miró hacia Celeste.
Perla notó el gesto.
Algo extraño estaba ocurriendo entre ellos.
Magina continuó explicando las reglas.
Los estudiantes dispondrían de varias horas para conocer a los animales.
Después, uno por uno, deberían regresar a la plataforma para registrar oficialmente a su compañero.
Quienes no lograran obtener una aceptación podrían continuar buscando durante los siguientes días.
No era necesario elegir la criatura más poderosa.
Tampoco existía una obligación de escoger alguna en particular.
Pero la mayoría ya había decidido qué quería.
Los estudiantes de familias nobles buscaban dragones, lobos de guerra o criaturas elementales.
Otros preferían animales pequeños con habilidades especializadas.
Perla observó a Kael.
La serpiente estaba mirando una enorme puerta de hierro situada al otro extremo del santuario.
Tenía el cuerpo completamente rígido.
De pronto, una voz resonó desde el interior.
Era un rugido grave.
Astarion.
Kael comenzó a temblar.
Perla lo sostuvo cuidadosamente.
—¿Qué ocurre?
La serpiente no respondió.
Pero sus ojos azules permanecían fijos en aquella puerta.
Y durante un segundo, Perla sintió algo que nunca antes había experimentado a través del vínculo.
No era miedo.
Era tristeza.
Una tristeza antigua, inmensa y llena de recuerdos.
Capítulo 6. Celeste y el dragón negro
El primer gran acontecimiento de la ceremonia ocurrió cuando Celeste avanzó hacia el centro de la plataforma.
Su cabello plateado estaba recogido con una corona de pequeñas estrellas.
Llevaba una capa blanca y un broche con el escudo de los Valmora.
Los estudiantes comenzaron a murmurar emocionados.
—Va a elegir a Astarion.
—Dicen que es el dragón más poderoso de Shirfs.
—Si consigue vincularse con él, nadie podrá superarla.
Celeste levantó la mirada hacia la directora.
—Solicito presentar mi contrato de prioridad.
Un asistente recibió el documento.
Magina lo examinó.
Durante varios segundos su expresión permaneció completamente inmóvil.
Después levantó los ojos.
—¿Quién autorizó este sello?
Celeste respondió con seguridad.
—El consejero Severin.
Un silencio extraño recorrió la plataforma.
Magina observó la firma.
—Ese tipo de contrato lleva décadas sin utilizarse en esta academia.
—Pero sigue siendo legal —intervino una voz.
Severin apareció entre los representantes del Consejo.
Vestía una túnica gris adornada con piedras violetas.
Magina lo miró fríamente.
—No esperaba encontrarlo hoy aquí.
El consejero sonrió.
—La ceremonia de mi antigua academia siempre merece una visita.
Celeste observó a ambos.
Por primera vez tuvo la sensación de que había algo que no le habían explicado.
Magina terminó de leer el documento.
—El contrato concede prioridad de presentación, no derecho a someter a la criatura.
Severin inclinó ligeramente la cabeza.
—Naturalmente.
La directora levantó una mano.
Las enormes puertas del santuario comenzaron a abrirse.
Un rugido estremeció el suelo.
Después apareció Astarion.
El dragón negro avanzó lentamente sobre la plataforma.
Sus alas estaban plegadas y sus escamas reflejaban destellos dorados.
Era tan grande que varios estudiantes retrocedieron instintivamente.
Sobre sus cuernos brillaban símbolos antiguos.
Perla los observó desde el fondo.
Uno de ellos era violeta.
Exactamente como las cadenas que había visto en su visión.
Kael comenzó a moverse desesperadamente dentro de la bolsa.
—Tranquilo —susurró Perla.
Pero la serpiente no podía apartar los ojos del dragón.
Celeste avanzó hacia Astarion.
Extendió una mano.
—Gran Astarion, soy Celeste Valmora. Te ofrezco convertirte en mi compañero durante el último año de formación.
El dragón la observó.
No se movió.
Celeste volvió a extender la mano.
—Juntos podremos superar cualquier récord.
Astarion exhaló una pequeña nube de humo.
Después giró la cabeza.
Un murmullo recorrió el salón.
La criatura estaba rechazándola.
Celeste sintió que las mejillas le ardían.
En la tribuna principal se encontraban sus padres.
Su padre la observaba con una expresión dura.
Su madre permanecía completamente seria.
La joven sintió que miles de ojos esperaban verla fracasar.
Entonces recordó la corona de cristal negro.
La tenía escondida debajo de su manga.
Apretó el objeto con los dedos.
El símbolo violeta del cuerno de Astarion comenzó a brillar.
El dragón lanzó un rugido doloroso.
Magina se incorporó inmediatamente.
—¡Celeste, detente!
Pero el contrato ya había reaccionado.
Astarion bajó lentamente la cabeza hasta quedar frente a la mano de Celeste.
La esfera de registro emitió una luz dorada.
Una inscripción apareció sobre la plataforma.
"Prioridad reconocida".
"Compañero provisional: Astarion".
Los estudiantes comenzaron a aplaudir.
Darian levantó los brazos celebrando.
Celeste sonrió.
Había conseguido lo que quería.
Pero Perla observó algo que nadie más parecía notar.
Astarion no estaba feliz.
Su mirada dorada permanecía fija en la pequeña serpiente blanca que descansaba entre sus brazos.
Y una lágrima oscura descendía lentamente por sus escamas.
Capítulo 7. El nombre que paralizó al dragón
La ceremonia continuó entre aplausos.
Celeste se colocó frente al público mientras Astarion permanecía detrás de ella.
Todos hablaban de lo extraordinario que sería ver a la maga de nivel 99 entrenando junto al dragón negro.
Sin embargo, Magina no parecía satisfecha.
Se acercó a Severin.
—Quiero revisar los registros originales de ese contrato.
El consejero sonrió.
—Están a disposición del Consejo.
—Los quiero hoy.
—Por supuesto, directora.
Pero sus ojos no reflejaban ninguna intención de colaborar.
Mientras tanto, Kael comenzó a moverse con desesperación.
Perla intentó tranquilizarlo.
—¿Quieres que salgamos?
La serpiente negó con la cabeza.
Después se deslizó lentamente desde la bolsa hasta su muñeca.
La marca azul comenzó a brillar.
Perla sintió que alguien tiraba de sus pensamientos.
Una imagen apareció en su mente.
Astarion volando sobre una ciudad en llamas.
Un joven de cabello blanco montado sobre su espalda.
Una mujer extendiendo los brazos para proteger una puerta.
Después, un sonido.
Una palabra pronunciada con inmenso dolor.
«Traición».
La visión desapareció.
Perla perdió el equilibrio.
Iris consiguió sostenerla antes de que cayera.
—¿Estás bien?
La joven asintió débilmente.
Pero entonces Kael levantó la cabeza.
Sus ojos se iluminaron con una fuerza que nunca antes había mostrado.
Astarion giró inmediatamente hacia ellas.
El enorme dragón abrió las alas.
Un rugido estremeció el santuario.
Los estudiantes comenzaron a gritar.
Celeste intentó recuperar su atención.
—¡Astarion, obedece!
El símbolo violeta de su cuerno brilló nuevamente.
Pero el dragón apenas reaccionó.
Su mirada permanecía fija en la serpiente.
Perla escuchó una voz grave dentro de su mente.
Era diferente de la de Kael.
Mucho más antigua.
«No puede ser...».
La joven levantó la mirada.
Astarion la observaba directamente.
«¿Kael?».
La serpiente blanca cerró los ojos.
Su pequeño cuerpo comenzó a temblar.
Por un instante, un círculo azul apareció alrededor de ambos animales.
Magina lo vio desde la plataforma.
Su expresión cambió.
Levantó inmediatamente ambas manos.
—¡Sello de silencio!
Una enorme barrera transparente cubrió el santuario.
El círculo azul desapareció.
Astarion bajó lentamente la cabeza.
Kael quedó inmóvil entre los brazos de Perla.
Los estudiantes comenzaron a murmurar.
Celeste miró furiosa hacia la muchacha noruega.
—¿Qué le hiciste a mi dragón?
Perla levantó la mirada.
—No hice nada.
—¡Estaba completamente tranquilo hasta que apareció tu serpiente!
Nerina intervino.
—Perla ni siquiera se movió de su lugar.
Celeste apretó los puños.
Darian se acercó.
—Deberían expulsarla del santuario.
Magina levantó una mano.
—¡Silencio!
Su voz resonó como un trueno.
Todos quedaron inmóviles.
La directora observó a Perla.
Después a Astarion.
Finalmente anunció:
—La ceremonia continuará. Nadie abandonará la plataforma sin autorización.
Pero en su interior estaba profundamente preocupada.
Porque acababa de presenciar algo que creía imposible.
El dragón negro había reconocido a Kael.
Y eso significaba que los sellos de la guerra comenzaban a debilitarse.
Capítulo 8. Los compañeros elegidos
Después de aquel incidente, los profesores intentaron devolver la tranquilidad al santuario.
La ceremonia continuó con los demás estudiantes.
Darian fue uno de los primeros.
Caminó hasta el territorio de los lobos de guerra y eligió al ejemplar más grande.
Era una criatura de pelaje gris oscuro, ojos amarillos y enormes colmillos.
Su nombre era Fenris.
Tenía un nivel registrado de 83.
Darian extendió su mano con confianza.
—Ven conmigo y seremos los más fuertes de la academia.
Fenris lo observó.
Después olfateó sus dedos.
Durante unos segundos pareció dudar.
Pero finalmente acercó la cabeza.
La esfera de registro se iluminó.
"Vínculo inicial aceptado".
Darian sonrió triunfante.
—Perfecto.
Sin embargo, el lobo apartó la mirada cuando su nuevo compañero intentó abrazarlo.
Nerina eligió una criatura completamente diferente.
Era una gata de viento, pequeña y de pelaje gris azulado.
Tenía enormes ojos verdes y una cola tan larga que parecía una cinta flotante.
Se llamaba Mistral.
Cuando Nerina se acercó, la gata saltó directamente sobre su hombro.
—Creo que ya decidió por mí —dijo riendo.
La esfera confirmó el vínculo.
Iris encontró a un búho blanco de restauración llamado Lumen.
El ave tenía una de sus alas ligeramente debilitada, pero podía emitir pequeñas ondas curativas.
Iris no escogió al búho de mayor nivel.
Escogió al que se acercó voluntariamente y apoyó la cabeza sobre su mano.
Tarek, el amigo alquimista de Nerina, consiguió vincularse con un perro guardián de piedra llamado Bront.
La criatura era pequeña y bastante torpe.
Cada vez que intentaba correr, sus patas producían un sonido parecido al de cuatro platos golpeando el suelo.
Pero Tarek parecía encantado.
—Será perfecto para vigilar mi laboratorio.
Bront respondió ladrando.
Una pequeña roca salió disparada de su boca y golpeó un barril.
Tarek se quedó mirando el desastre.
—Bueno... tendremos que practicar eso.
Nerina comenzó a reírse.
Incluso Perla consiguió sonreír después de lo ocurrido con Astarion.
La mayoría de los estudiantes encontró compañeros adecuados.
Algunos eligieron criaturas poderosas.
Otros prefirieron especies especializadas.
Pero había algo que comenzó a hacerse evidente.
Las criaturas no siempre aceptaban al estudiante con mayor nivel.
En varias ocasiones animales considerados débiles rechazaron a magos extraordinarios.
Y otras criaturas de gran poder se acercaron voluntariamente a estudiantes modestos.
Magina observó aquellos vínculos con satisfacción.
Era precisamente lo que quería enseñar.
La verdadera magia no nacía solamente de la fuerza.
También dependía de la voluntad.
Pero todavía faltaba la elección que provocaría más comentarios que todas las anteriores.
La de Perla.
Capítulo 9. La criatura que nadie quiso elegir
Cuando llegó su turno, Perla caminó hacia la plataforma sosteniendo a Kael entre sus manos.
El murmullo comenzó inmediatamente.
—¿En serio va a presentar esa serpiente?
—Ni siquiera tiene nivel.
—Tal vez quiere reprobar antes de comenzar.
Darian soltó una carcajada desde la primera fila.
—¡Esto será maravilloso!
Celeste permanecía de pie junto a Astarion.
Su expresión había cambiado desde el incidente.
Ya no miraba a Perla solamente con desprecio.
Había algo más.
Una sospecha que no conseguía comprender.
Magina observó a la joven noruega.
—Perla Nilsen, ¿has decidido qué criatura deseas presentar?
Perla respiró profundamente.
—Sí, directora.
Extendió las manos.
Kael levantó lentamente la cabeza.
Un silencio extraño recorrió el salón.
Magina se acercó.
—Esta criatura todavía no posee una clasificación oficial.
—Lo sé.
—Tampoco podemos determinar su nivel.
—También lo sé.
—Y una vez que formalices el vínculo, no podrás cambiar de compañero durante este ciclo de exámenes sin una causa extraordinaria.
Perla miró a Kael.
La serpiente estaba observándola.
Recordó el día en que la encontró.
Herida.
Abandonada.
Demasiado débil para defenderse.
También recordó sus propios primeros días en Shirfs.
Los insultos.
Las risas.
Las miradas de desprecio.
Durante toda su vida había deseado que alguien creyera en ella.
Y ahora tenía la oportunidad de demostrar que podía creer en alguien más.
—Estoy segura —respondió.
Magina levantó la mano.
La esfera de registro descendió lentamente.
—Entonces coloca a la criatura en el círculo y solicita su consentimiento.
Perla obedeció.
Kael quedó sobre una pequeña plataforma de piedra.
La joven se arrodilló frente a él.
No pronunció un discurso sobre poder.
Tampoco prometió convertirlo en la serpiente más fuerte de Shirfs.
Solamente extendió la mano.
—Kael, no sé cuánto tiempo necesitaremos para aprender. Quizás fracase muchas veces. Quizás nunca consiga ser tan poderosa como los demás.
La serpiente levantó la cabeza.
—Pero quiero que estés conmigo mientras lo intentamos. Y si algún día decides marcharte, no voy a obligarte a quedarte.
La sala permaneció en silencio.
Incluso Darian dejó de reírse durante unos segundos.
Kael se deslizó lentamente hasta la mano de Perla.
Se enroscó suavemente alrededor de su muñeca.
Después apoyó la cabeza sobre la marca azul.
Dos corazones luminosos aparecieron sobre la plataforma.
La esfera comenzó a girar.
"Vínculo voluntario reconocido".
"Compañera: Perla Nilsen".
"Criatura: Kael".
"Clasificación: pendiente".
"Armonía inicial: 12%".
Los profesores intercambiaron miradas.
Una criatura sin nivel reconocido acababa de aceptar formalmente a una estudiante de nivel 1.
Magina observó el registro.
Después pronunció unas palabras que hicieron que todos guardaran silencio.
—De acuerdo con la Ley del Primer Latido, un vínculo voluntario tiene validez incluso cuando la especie de la criatura no puede clasificarse.
Se acercó a Perla.
—Tu elección queda registrada.
La joven sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.
—Gracias, directora.
Pero entonces Celeste comenzó a aplaudir lentamente.
Su sonrisa era fría.
—Qué conmovedor. Una maga inútil consiguió que una serpiente inútil la quisiera.
Darian soltó una carcajada.
Varios estudiantes lo imitaron.
Perla bajó la cabeza.
Pero esta vez no se marchó.
Acarició a Kael y respondió con tranquilidad:
—Prefiero que me elija una criatura débil por voluntad propia a tener que obligar a una poderosa a quedarse conmigo.
El silencio fue inmediato.
Celeste dejó de sonreír.
Sus ojos violetas parecieron oscurecerse.
—Ten cuidado con lo que dices, Perla.
La joven sostuvo su mirada.
—Solamente dije lo que pienso.
Magina intervino antes de que la discusión continuara.
—La ceremonia ha terminado. Todos los estudiantes deberán comenzar su preparación para la primera evaluación de vínculo.
Perla recogió a Kael y descendió de la plataforma.
Nerina la abrazó inmediatamente.
—¡Lo conseguiste!
Iris también sonrió.
—Ahora somos oficialmente compañeras de entrenamiento.
Perla rió.
Pero cuando miró hacia atrás, encontró a Celeste observándola desde el otro extremo del salón.
Astarion permanecía detrás de ella.
El dragón negro tenía los ojos cerrados.
Y Perla habría jurado que estaba llorando.
Capítulo 10. La primera noche después de la elección
Aquella noche, las torres de Shirfs permanecieron iluminadas hasta el amanecer.
Los estudiantes celebraban sus nuevos vínculos.
En los jardines podían verse pequeños hechizos, criaturas voladoras y grupos de jóvenes compartiendo comida.
Nerina insistió en que Perla debía asistir a la celebración.
—No todos los días conseguimos oficialmente nuestras mascotas mágicas.
Perla observó a Kael.
—Está cansado.
—Entonces iremos solamente un rato.
Finalmente aceptó.
El grupo se reunió bajo un árbol de hojas plateadas.
Nerina llevó a Mistral, que no dejaba de perseguir pequeñas mariposas luminosas.
Iris acomodó a Lumen sobre una rama.
Tarek intentó convencer a Bront de permanecer quieto.
Pero el perro de piedra seguía intentando morder una roca decorativa.
—Creo que está enamorado de esa piedra —bromeó Nerina.
Tarek suspiró.
—Es la tercera vez que intenta llevársela.
Perla comenzó a reírse.
Durante unos minutos consiguió olvidarse de Celeste, Darian y los problemas que había tenido desde su llegada.
Hablaron sobre sus sueños.
Iris quería convertirse en sanadora.
Nerina soñaba con explorar los reinos escondidos detrás de las montañas flotantes.
Tarek quería fabricar herramientas mágicas que pudieran utilizar incluso las personas con niveles bajos.
Cuando llegó el turno de Perla, todos la observaron.
La joven guardó silencio durante unos segundos.
—Antes quería convertirme en la maga más poderosa del mundo.
Nerina sonrió.
—¿Y ahora?
Perla miró a Kael.
—Ahora solamente quiero comprender por qué mi magia es tan diferente.
Iris inclinó la cabeza.
—¿Ya no quieres ser poderosa?
—Sí. Pero creo que durante mucho tiempo pensé que necesitaba ser fuerte para que los demás me respetaran.
Acarició suavemente la cabeza de la serpiente.
—Ahora quiero aprender a proteger a las personas que me importan.
Tarek levantó su vaso.
—Entonces brindemos por eso.
Los demás imitaron el gesto.
Por primera vez, Perla sintió que Shirfs podía convertirse en su hogar.
Pero lejos de allí, en una habitación escondida bajo el santuario, Severin observaba una pequeña esfera de cristal.
Dentro aparecía el rostro de la joven noruega.
—La serpiente fue registrada oficialmente —informó Varek.
Severin cerró los ojos.
—Magina está cometiendo el mismo error que hace ochenta años.
—¿Debemos detener el vínculo?
El consejero negó.
—Todavía no. Si intentamos separarlos ahora, despertaremos el sello por completo.
Varek miró la imagen de Kael.
—Entonces, ¿qué haremos?
Severin sonrió.
—Permitiremos que la muchacha lo entrene.
El guardián pareció confundido.
—¿Por qué?
—Porque necesitamos que Kael recupere suficiente poder para recordar dónde escondió la llave.
Varek guardó silencio.
Severin acercó un dedo a la esfera.
—Cuando los dos corazones estén preparados, recuperaremos lo que nos pertenece.
Capítulo 11. El entrenamiento de la respiración compartida
La mañana siguiente comenzó con una sorpresa.
El profesor Arven había preparado un programa especial para los estudiantes que todavía no conseguían controlar correctamente la energía de sus criaturas.
Perla estaba en la lista.
También Iris y varios alumnos de niveles intermedios.
Nerina decidió acompañarlos durante sus horas libres.
El entrenamiento se realizaría en un jardín circular detrás de la Torre de Restauración.
Arven colocó nueve recipientes de cristal sobre una mesa.
Cada uno contenía una pequeña llama azul.
—La mayoría de ustedes intenta extraer poder de su criatura —explicó—. Eso funciona durante un tiempo, pero termina agotándola.
Perla observó a Kael.
Recordó cómo había terminado temblando después de ayudarla en el laberinto.
Arven continuó:
—La energía compartida no debe funcionar como una cuerda que tira de una sola dirección.
Levantó ambas manos.
Dos pequeñas luces aparecieron frente a él.
Comenzaron a girar una alrededor de la otra.
—Debe parecerse a una respiración.
Una luz se acercó.
La otra se alejó.
Después intercambiaron posiciones.
—Dar, recibir y devolver.
Los estudiantes comenzaron a practicar.
Iris consiguió que Lumen proyectara una pequeña onda curativa.
Nerina logró que Mistral creara una corriente de viento que movió varias hojas.
Perla intentó hacer lo mismo.
Se sentó frente a Kael.
Cerró los ojos.
Respiró lentamente.
Pero no ocurrió nada.
Intentó concentrarse más.
La pequeña llama de su recipiente comenzó a temblar.
Después se apagó.
Darian, que entrenaba cerca con Fenris, comenzó a reír.
—Parece que la ceremonia no hizo milagros.
Perla apretó los labios.
Estaba a punto de intentarlo nuevamente cuando Arven se acercó.
—Deja de intentar controlar a la serpiente.
—Pero estoy siguiendo el ejercicio.
—Estás intentando conseguir un resultado. No estás escuchando a tu compañero.
Perla miró a Kael.
La serpiente permanecía inmóvil.
Arven se arrodilló.
—Observa cómo respira.
La joven obedeció.
Kael tenía una respiración lenta y delicada.
—Ahora adapta la tuya.
Perla comenzó a respirar al mismo ritmo.
Durante varios segundos no ocurrió absolutamente nada.
Después sintió un pequeño latido.
No provenía de su propio pecho.
Era como escuchar un segundo corazón dentro de su cuerpo.
Una luz azul apareció entre sus manos.
Kael levantó la cabeza.
La llama del recipiente volvió a encenderse.
Perla abrió los ojos sorprendida.
Pero Arven levantó un dedo.
—No te distraigas.
La joven volvió a cerrar los ojos.
La luz comenzó a crecer.
Después se dividió en dos pequeñas llamas.
Una quedó frente a Perla.
La otra frente a Kael.
Ambas comenzaron a moverse al mismo ritmo.
Arven observó el fenómeno con una expresión difícil de interpretar.
—Interesante...
La luz desapareció lentamente.
Perla estaba agotada.
Pero Kael no parecía haber sufrido.
Por primera vez habían compartido energía sin que uno tuviera que sacrificarse completamente por el otro.
La barra azul apareció durante unos segundos.
"Armonía: 14%".
Perla sonrió.
Habían avanzado dos puntos.
Solamente dos.
Pero eran dos puntos conseguidos juntos.
Y aquello significaba mucho más de lo que cualquiera en Shirfs podía imaginar.
Capítulo 12. La primera grieta en la corona de Celeste
Celeste había imaginado que su primera mañana junto a Astarion sería gloriosa.
Esperaba dominar el fuego negro del dragón y demostrar frente a todos que podía realizar hechizos superiores a su nivel.
Pero nada salió como esperaba.
En el campo de entrenamiento, Astarion permanecía acostado sobre una enorme plataforma de piedra.
Su cuerpo parecía una montaña cubierta de escamas oscuras.
Celeste caminaba frente a él intentando conseguir que obedeciera.
—Astarion, invoca una llama.
El dragón no respondió.
—Te he dado una orden.
Solamente movió la cola.
Darian observaba desde una grada.
—Quizás todavía necesita acostumbrarse a ti.
Celeste apretó los dientes.
Había firmado un contrato.
Había conseguido que el dragón reconociera su prioridad.
¿Por qué se comportaba como si ella no existiera?
Levantó la mano derecha.
Debajo de su manga, la pequeña corona de cristal negro comenzó a brillar.
Astarion abrió los ojos inmediatamente.
Una sombra de dolor cruzó su rostro.
—Ahora —ordenó Celeste.
El dragón exhaló una llamarada violeta que alcanzó una columna de entrenamiento.
La piedra se convirtió en ceniza.
Los estudiantes comenzaron a aplaudir.
Celeste sonrió triunfante.
Pero entonces algo extraño ocurrió.
Durante unos segundos olvidó dónde estaba.
Miró a su alrededor, confundida.
No recordaba cómo había llegado al campo.
Tampoco recordaba la conversación que había tenido con su madre aquella mañana.
Darian se acercó.
—¡Eso fue increíble!
Celeste parpadeó.
—¿Qué?
—¡La columna! ¡La destruiste!
La muchacha observó los restos de piedra.
Recordó haber dado una orden.
Pero había un espacio vacío en su memoria.
Pequeño.
Apenas unos minutos.
Se llevó una mano a la frente.
—Necesito descansar.
Darian la miró preocupado.
—¿Te encuentras bien?
—Perfectamente.
Se alejó antes de que pudiera hacer más preguntas.
Astarion permaneció inmóvil.
En lo profundo de su mirada dorada había una tristeza antigua.
El dragón conocía demasiado bien aquel tipo de magia.
La había visto utilizar durante la guerra.
Y sabía cuál era su verdadero precio.
Cada vez que Celeste obligara al dragón a compartir poder, el sello tomaría algo de sus recuerdos.
Al principio serían cosas pequeñas.
Una conversación.
Una fecha.
El rostro de alguien que apenas conocía.
Pero si continuaba utilizando aquella magia, llegaría un momento en que olvidaría incluso quién era.
Y Severin lo sabía.
Ese era precisamente el motivo por el que le había entregado la corona.
Capítulo 13. La página que Astrid había escondido
Aquella tarde, Perla decidió revisar nuevamente el libro de su madre.
Kael estaba descansando después del entrenamiento.
La joven colocó el volumen sobre su escritorio y abrió las páginas donde habían aparecido las palabras sobre los corazones unidos.
Durante mucho tiempo había pensado que el libro solamente contenía hechizos básicos.
Pero ahora comprendía que Astrid había escondido información mediante una magia que reaccionaba a su collar.
Perla acercó la piedra azul a una página vacía.
Una línea plateada apareció lentamente.
Después otra.
Finalmente surgió un pequeño dibujo.
Era un mapa de Shirfs.
Mostraba las nueve torres de la academia.
Pero debajo de ellas aparecía una décima estructura.
Una torre invertida.
Sus cimientos descendían profundamente bajo la ciudad.
Perla acercó el rostro.
—¿Una torre subterránea?
Kael levantó la cabeza.
Cuando vio el mapa, sus ojos se iluminaron.
La joven sintió nuevamente aquella conexión extraña.
Una imagen apareció en su mente.
Un pasillo cubierto de símbolos.
Una puerta de piedra.
Y una mujer arrodillada frente a un círculo mágico.
La mujer llevaba una capa azul.
En su cuello brillaba un collar idéntico al suyo.
Perla dejó de respirar.
—Mamá...
La visión desapareció.
La joven se levantó tan rápido que derribó la silla.
Nerina, que acababa de entrar, corrió hacia ella.
—¿Qué sucede?
Perla señaló el libro.
—Creo que mi madre estuvo debajo de la academia.
Nerina observó el mapa.
Su expresión cambió.
—Esa estructura no aparece en los planos oficiales.
—¿La conoces?
—He escuchado rumores. Algunos profesores hablan de una décima torre construida antes de que existiera Shirfs.
Perla volvió a observar el dibujo.
Debajo de la torre invertida apareció una nueva inscripción.
"Cuando los dos corazones encuentren el camino, la puerta recordará su verdadero nombre".
Kael se deslizó lentamente hasta el libro.
Apoyó la cabeza sobre una pequeña marca dibujada junto a la torre.
Entonces la página comenzó a calentarse.
Una frase apareció escrita con la letra de Astrid.
"Perla, si estás leyendo esto, significa que ya no puedo protegerte desde donde estoy".
La joven sintió que las lágrimas le llenaban los ojos.
Nerina permaneció en silencio.
Las siguientes palabras aparecieron lentamente.
"No busques respuestas en el poder de los maestros. Búscalas en aquello que tuvieron que esconder".
Perla acarició la página.
Durante once años había creído que su madre simplemente había desaparecido.
Ahora descubría que Astrid había dejado pistas destinadas específicamente a ella.
Y quizá aquello significaba que su desaparición nunca había sido accidental.
Capítulo 14. El lobo que cayó durante el entrenamiento
Dos días después, los estudiantes comenzaron las prácticas de cooperación en el Bosque de Cristal.
Cada pareja debía atravesar una zona encantada, reconocer señales de peligro y proteger a su criatura sin utilizar magia superior al límite establecido por los profesores.
Darian había decidido demostrar que Fenris era el lobo de guerra más poderoso del curso.
Desde el inicio exigió que utilizara ataques cada vez más grandes.
El animal obedecía, pero no parecía cómodo.
Sus movimientos eran tensos.
Su respiración se volvía más rápida.
Y cada vez que intentaba descansar, Darian le ordenaba continuar.
—¡Otra vez! —gritó.
Fenris lanzó una ráfaga de hielo contra un árbol.
El tronco quedó completamente congelado.
Los compañeros de Darian aplaudieron.
Pero el lobo comenzó a tambalearse.
Nerina, que observaba desde otro sendero, frunció el ceño.
—Está agotado.
Perla miró al animal.
Sus patas temblaban.
—Debería detenerse.
Darian levantó nuevamente la mano.
—¡Fenris, ataque de colmillo helado!
El lobo intentó responder.
Pero perdió el equilibrio.
Cayó sobre la tierra.
Una grieta apareció en una de las placas de hielo que protegían su pecho.
Darian retrocedió.
—¿Qué estás haciendo? ¡Levántate!
Fenris intentó incorporarse, pero no pudo.
Los demás estudiantes comenzaron a murmurar.
Perla corrió hacia él.
—¡No puede seguir!
Darian le bloqueó el paso.
—No te metas con mi criatura.
—Está herido.
—Es un lobo de guerra. Puede soportarlo.
Perla lo miró directamente.
—Que pueda soportar el dolor no significa que debas provocárselo.
Darian apretó los puños.
Durante unos segundos pareció dispuesto a lanzar un hechizo.
Pero Fenris emitió un gemido.
Perla se arrodilló a su lado.
Kael se deslizó desde su manga.
El lobo abrió un ojo.
Su mirada estaba llena de miedo.
La serpiente blanca acercó lentamente la cabeza a la placa de hielo dañada.
Perla sintió que una corriente de energía comenzaba a fluir entre los tres.
No era como el hechizo de restauración de Elowen.
Era algo diferente.
Una pequeña luz azul cubrió la grieta.
El hielo dejó de extenderse.
Fenris consiguió respirar con mayor tranquilidad.
Perla sostuvo suavemente su cabeza.
—Ya está. No tienes que luchar ahora.
Darian observaba sin decir una palabra.
Por primera vez vio a su lobo acercarse voluntariamente a otra persona.
Aquello le produjo una sensación desagradable.
Celos.
Pero también vergüenza.
El profesor Arven llegó unos segundos después.
Examinó a Fenris y ordenó llevarlo a la enfermería.
Después miró a Darian.
—Los animales de guerra también necesitan descanso.
El muchacho bajó la cabeza.
No respondió.
Perla permaneció junto al lobo hasta que llegó una camilla mágica.
Entonces Kael cerró los ojos.
Su cuerpo comenzó a temblar.
La joven lo sostuvo cuidadosamente.
La barra azul apareció durante unos segundos.
"Armonía: 16%".
Habían ganado dos puntos.
Pero Perla apenas prestó atención al número.
Estaba preocupada por el agotamiento de Kael.
Y, por primera vez, comprendió algo que el libro de los dos corazones no explicaba completamente.
Ayudar a otros podía fortalecer el vínculo.
Pero también podía exigir un precio.
Capítulo 15. La puerta que despertó bajo Shirfs
Aquella noche, Perla regresó a su dormitorio completamente agotada.
Kael dormía dentro de su cesta.
La joven había pasado varias horas preocupada por su salud, pero Elowen le aseguró que solamente necesitaba descansar después de utilizar demasiada energía.
Nerina se encontraba sentada junto a la ventana.
Cuando vio entrar a su amiga, cerró el libro que estaba leyendo.
—¿Cómo está?
—Mejor.
—¿Y tú?
Perla dejó caer su mochila sobre la cama.
—No lo sé.
Nerina la observó preocupada.
—¿Qué sucede?
La joven se sentó.
Durante unos segundos permaneció mirando sus manos.
—Hoy Kael ayudó a Fenris. Pero terminó completamente agotado. Cada vez que utilizamos nuestra magia, siento que algo dentro de él está luchando por despertar.
Nerina guardó silencio.
Perla continuó:
—Tengo miedo de hacerle daño.
Su amiga se acercó.
—Entonces tendrás que aprender a reconocer sus límites.
—¿Y si nunca consigo hacerlo?
Nerina sonrió con tristeza.
—Eso también forma parte del entrenamiento.
Perla levantó la mirada.
—¿Qué quieres decir?
—Que cuidar de una criatura no significa protegerla de absolutamente todo. Significa aprender a escucharla cuando necesita descansar y respetar sus decisiones.
La joven permaneció pensativa.
Después observó a Kael.
La pequeña serpiente parecía dormir tranquilamente.
Pero bajo sus escamas continuaba brillando una luz azul.
Perla se levantó y se acercó a la ventana.
Shirfs estaba cubierta por una enorme luna plateada.
Las nueve torres brillaban bajo el cielo nocturno.
A lo lejos, el Santuario de las Criaturas permanecía completamente oscuro.
Entonces el collar de Astrid comenzó a calentarse.
Perla bajó la mirada.
La piedra azul emitía una luz cada vez más intensa.
Sobre su escritorio, el libro de su madre se abrió por sí solo.
Las páginas comenzaron a girar rápidamente.
Nerina se levantó sobresaltada.
—¡Perla!
Ambas se acercaron.
El libro se detuvo en la página del mapa de Shirfs.
La torre invertida comenzó a brillar.
Una pequeña línea azul apareció desde la habitación de Perla hasta el centro del castillo.
Después descendió hacia las profundidades de la tierra.
Las muchachas observaron fascinadas.
—Está mostrando un camino —susurró Nerina.
Perla acercó la mano.
Entonces escuchó una voz.
No era la de Kael.
Tampoco la de Magina.
Era una voz femenina.
Suave.
Lejana.
Y extrañamente familiar.
«Perla...».
La joven sintió que el corazón comenzaba a latirle con fuerza.
—¿Mamá?
La luz del libro aumentó.
La voz regresó.
«No permitas que Severin encuentre el corazón que falta».
Perla retrocedió.
Nerina intentó sujetarla.
Pero una pequeña ráfaga azul comenzó a girar alrededor de la habitación.
Kael despertó inmediatamente.
Sus ojos brillaron.
El libro mostró una última frase.
"Las nueve torres no fueron construidas solamente para enseñar magia. Fueron construidas para mantener algo encerrado".
Después todas las luces se apagaron.
Perla quedó inmóvil.
Nerina encendió una pequeña lámpara.
El libro estaba cerrado.
El collar había dejado de brillar.
Y Kael permanecía observando la puerta del dormitorio.
—¿Escuchaste esa voz? —preguntó Perla.
Nerina negó lentamente.
—Solamente escuché el viento.
La joven sintió un escalofrío.
Había escuchado a su madre.
Estaba segura.
Pero antes de que pudiera explicar lo ocurrido, Kael levantó la cabeza.
Una voz masculina resonó dentro de su mente.
Esta vez era mucho más clara.
«Perla, debemos encontrar la torre que está debajo de la academia».
La joven observó a la serpiente.
—¿Por qué?
Kael permaneció inmóvil durante varios segundos.
Después respondió:
«Porque allí fue donde perdí mi cuerpo humano... y donde tu madre descubrió la verdad sobre Shirfs».
Perla dejó de respirar.
La pequeña serpiente blanca comenzó a emitir una luz azul.
Durante un instante, detrás de ella apareció la sombra de un joven de cabello blanco.
Tenía los ojos del mismo color que Kael.
Pero la figura desapareció inmediatamente.
Nerina retrocedió, completamente aterrada.
—Perla... ¿qué fue eso?
La joven no respondió.
Continuaba mirando a la serpiente.
Por primera vez comprendió que su compañero no era una mascota mágica común.
Había sido una persona.
Un mago.
Y quizá conocía la verdad sobre la desaparición de su madre.
Mientras tanto, en lo profundo de la academia, una enorme puerta de piedra comenzó a abrirse.
Detrás de ella había una habitación circular.
En el centro flotaba un cristal negro cubierto de cadenas.
Severin observaba el objeto acompañado de Varek.
El consejero sonrió lentamente.
—La serpiente está recuperando sus recuerdos.
Varek bajó la cabeza.
—¿Eso significa que pronto podremos abrir el sello?
—Sí.
Severin colocó una mano sobre el cristal.
Una enorme sombra se movió en su interior.
—Ochenta años esperando este momento...
La sombra abrió dos ojos rojos.
Una voz grave resonó desde las profundidades.
—¿La heredera ha llegado?
Severin inclinó la cabeza.
—Sí, mi señor.
—¿Y el mago que me encerró?
El consejero sonrió.
—También ha regresado.
La criatura permaneció en silencio.
Después comenzó a reír.
Las cadenas del cristal temblaron.
—Entonces preparen las nueve torres.
Una grieta apareció sobre la superficie negra.
Y una última orden resonó en la habitación.
—Cuando la maga de nivel 1 alcance el verdadero poder de los dos corazones, utilizaré su magia para recuperar mi libertad.
Severin cerró lentamente los ojos.
Había llegado el momento de comenzar la siguiente fase de su plan.
En lo alto de la academia, Perla todavía abrazaba a Kael, sin imaginar que su deseo de convertirse en una gran maga podía terminar liberando aquello que los hechiceros más poderosos habían intentado mantener encerrado durante siglos.
Y que la pequeña serpiente que había encontrado herida en un invernadero era una de las pocas criaturas capaces de impedirlo.
Fin de la Parte 3.
Continuará en la Parte 4: La torre prohibida y el pasado del mago de nivel 88.
Capítulo 1. La promesa que hicieron bajo la medianoche
A medianoche, cuando las campanas de Shirfs anunciaron el comienzo del Festival de las Criaturas, Celeste Valmora abandonó su dormitorio sin avisar a nadie.
Llevaba una capa negra sobre su uniforme y una carta con un sello dorado escondida entre los dedos.
La carta había llegado aquella tarde.
No tenía remitente.
Solamente contenía una frase:
"Si quieres que Astarion sea tuyo, preséntate en el Santuario de las Criaturas cuando suene la duodécima campana".
Celeste nunca había sido una estudiante acostumbrada a esperar.
Desde pequeña, su familia le había enseñado que los Valmora estaban destinados a ocupar posiciones importantes.
Su padre, un mago de nivel 648, era miembro del Consejo de los Nueve Reinos.
Su madre dirigía una de las instituciones mágicas más prestigiosas de Shirfs.
Y Celeste había crecido escuchando que algún día superaría a ambos.
Pero existía algo que la joven nunca admitiría delante de sus compañeros.
Tenía miedo de fracasar.
Había alcanzado el nivel 99 antes de cumplir diecinueve años, una hazaña extraordinaria.
Sin embargo, para su familia parecía insuficiente.
Su padre esperaba que alcanzara el nivel 200 antes de terminar sus estudios superiores.
Su madre exigía que consiguiera una criatura legendaria.
Y ambos hablaban constantemente del examen de armonía como si cualquier resultado inferior al primer lugar fuera una vergüenza.
Por eso, cuando recibió aquella carta, no dudó demasiado.
El Santuario estaba casi completamente oscuro.
Solamente algunas antorchas azules iluminaban el camino.
Al final del pasillo encontró al guardián Varek.
—Llegas puntual —dijo el hombre.
—¿Fuiste tú quien envió la carta?
Varek negó lentamente.
—Yo solamente tengo órdenes de acompañarte.
—¿Órdenes de quién?
Una tercera voz respondió desde la oscuridad.
—De alguien que conoce tu verdadero potencial, señorita Valmora.
Un hombre apareció detrás de las columnas.
Era alto, de cabello gris y llevaba una túnica adornada con símbolos antiguos.
Celeste lo reconoció inmediatamente.
Se llamaba Severin.
Era uno de los consejeros mágicos más influyentes del reino.
Su nivel superaba los 600, aunque nunca permitía que el número apareciera públicamente sobre su cabeza.
—Consejero Severin —dijo Celeste, inclinando ligeramente la cabeza.
El hombre sonrió.
—He escuchado que deseas vincularte con Astarion.
—Es el dragón más poderoso de la academia.
—Y también el más difícil.
Severin comenzó a caminar hacia una enorme puerta de hierro.
—Los dragones recuerdan todo, Celeste. Las batallas, las promesas y especialmente las traiciones.
La muchacha levantó el mentón.
—Yo nunca lo traicionaría.
Severin soltó una risa suave.
—Todos dicen eso antes de tener que elegir entre su criatura y su propia ambición.
La puerta comenzó a abrirse.
Al otro lado descansaba Astarion.
El enorme dragón negro levantó la cabeza.
Sus ojos dorados se clavaron inmediatamente en Severin.
Y un gruñido estremeció las paredes.
—Tranquilo, viejo amigo —murmuró el consejero.
Pero el dragón respondió mostrando los colmillos.
Celeste retrocedió instintivamente.
Severin extendió una mano y las cadenas mágicas que rodeaban al animal comenzaron a brillar.
Astarion bajó la cabeza, obligado por una fuerza invisible.
—¿Por qué está encadenado? —preguntó Celeste.
—Porque incluso las criaturas más extraordinarias necesitan límites.
El consejero sacó una pequeña corona de cristal negro.
—Con esto podrás reclamar su derecho de vinculación durante la ceremonia.
Celeste observó el objeto.
—¿Y qué tengo que hacer?
Severin sonrió.
—Solamente demostrar que estás dispuesta a pagar el precio del poder.
Capítulo 2. El contrato que los dragones nunca olvidan
Severin colocó la corona sobre una mesa de piedra.
En su interior brillaba una pequeña llama violeta.
—Esto es un Sello de Obediencia Antigua —explicó—. No puede crear amor ni confianza, pero permite establecer una prioridad temporal sobre una criatura que todavía no haya aceptado un compañero.
Celeste examinó el sello.
—Entonces Astarion tendrá que elegirme.
—Tendrá que reconocer tu reclamación. Elegirte de corazón será otra cuestión.
La muchacha frunció el ceño.
—No entiendo la diferencia.
Severin se acercó.
—La magia posee reglas más antiguas que nuestros exámenes. Un contrato puede obligar a una criatura a permanecer a tu lado. Pero solamente un vínculo verdadero puede conseguir que comparta contigo todo su poder.
Celeste observó nuevamente al dragón.
Astarion permanecía inmóvil, aunque sus ojos continuaban fijos en el consejero.
—¿Y qué recibirá a cambio? —preguntó.
Severin sonrió.
—Una nueva oportunidad de servir a una gran maga.
Era una respuesta conveniente.
Pero no respondía realmente a la pregunta.
Celeste lo sabía.
Sin embargo, llevaba demasiado tiempo soñando con aquel momento.
Imaginaba entrar al Gran Salón acompañada del dragón negro.
Veía las expresiones de sus compañeros.
Escuchaba los aplausos.
Y, sobre todo, imaginaba el rostro de su padre cuando anunciara que su hija había conseguido a Astarion.
—Acepto —respondió.
Severin le entregó una pluma plateada.
Un contrato apareció suspendido en el aire.
La mayoría de sus cláusulas estaban escritas en un idioma antiguo.
Celeste solamente logró comprender algunas frases.
"Prioridad de vinculación".
"Obligación de permanencia".
"Cesión de recuerdos en caso de ruptura".
Esta última llamó su atención.
—¿Qué significa ceder recuerdos?
Severin respondió sin vacilar.
—Los vínculos mágicos necesitan una garantía. Si el dragón rechaza el contrato antes del examen, el sello conservará una parte de tu energía y algunos recuerdos asociados al vínculo.
—¿Podría olvidar cosas?
—Solamente si fracasa tu reclamación.
Celeste apretó la pluma.
Durante un instante pensó en marcharse.
Pero recordó las palabras de su padre antes de comenzar el curso.
"No regreses a casa siendo una estudiante común".
Firmó.
La corona comenzó a brillar.
Astarion lanzó un rugido tan fuerte que varias antorchas se apagaron.
Una cadena violeta apareció alrededor de uno de sus cuernos.
Celeste sonrió, convencida de haber conseguido su primera victoria.
No vio la expresión de Severin.
Tampoco escuchó lo que el consejero murmuró cuando ella abandonó el santuario.
—Una memoria ha sido entregada. Solamente faltan las otras.
Astarion abrió sus enormes ojos dorados.
Y por primera vez en ochenta años intentó pronunciar un nombre.
—Kael...
Capítulo 3. La serpiente que no quería dormir
Mientras Celeste firmaba el contrato, Perla seguía despierta en la Torre del Viento.
Kael llevaba varios minutos moviéndose inquieto dentro de su cesta.
Sus escamas blancas brillaban de manera intermitente.
Cada vez que intentaba cerrar los ojos, levantaba nuevamente la cabeza, como si escuchara algo que Perla no podía percibir.
—¿Te duele la herida? —preguntó la joven.
La serpiente negó lentamente.
Perla se sorprendió.
Hasta entonces Kael había respondido principalmente a emociones y sonidos.
Aquella vez parecía comprender perfectamente la pregunta.
—¿Entonces tienes miedo?
Kael permaneció inmóvil.
La piedra de la escucha comenzó a brillar.
Una imagen apareció dentro de la mente de Perla.
Un dragón negro.
Cadenas violetas.
Un hombre sosteniendo una corona.
La visión desapareció inmediatamente.
Perla se llevó una mano a la frente.
—¿Astarion?
Kael levantó la cabeza.
—¿Está en peligro?
La serpiente intentó incorporarse, pero perdió el equilibrio.
Perla la sostuvo cuidadosamente.
—Tranquilo. No tienes que hacerlo todo tú solo.
Una voz débil apareció dentro de su mente.
«Otra vez... el sello».
Perla sintió que se le helaba la sangre.
—¿Qué sello?
No recibió respuesta.
La serpiente comenzó a temblar.
Perla se levantó y caminó hacia la ventana.
Desde allí podía observar la Torre del Santuario.
Una luz violeta apareció durante unos segundos entre sus ventanas.
Después desapareció.
La joven pensó en acudir inmediatamente a la directora.
Pero recordó las palabras que Kael había pronunciado la noche anterior.
«No confíes en quien te entregue al dragón».
No sabía si la advertencia se refería a Celeste, a Severin o a alguien completamente diferente.
Y lo más preocupante era que tampoco sabía cuánto podía confiar en Magina.
La directora conocía a su madre.
Sabía algo sobre Kael.
Y había evitado responder demasiadas preguntas.
Perla regresó a su escritorio y abrió el libro que Astrid le había dejado.
Las páginas estaban cubiertas de símbolos que nunca había conseguido comprender.
Pero aquella noche algo cambió.
Cuando Kael se acercó, varias letras comenzaron a iluminarse.
Una frase apareció sobre el papel.
"Cuando el dragón vuelva a llevar cadenas, el corazón olvidado deberá despertar".
Perla leyó las palabras en voz baja.
Kael cerró lentamente los ojos.
Y una lágrima azul apareció sobre una de sus escamas.
Capítulo 4. La mañana de las nueve banderas
Al amanecer, Shirfs parecía una ciudad completamente diferente.
Las calles estaban cubiertas de flores luminosas y miles de banderas flotaban entre los edificios.
Cada una representaba una de las nueve ramas de la magia.
Fuego.
Agua.
Viento.
Tierra.
Luz.
Oscuridad.
Invocación.
Restauración.
Y vínculo espiritual.
La Ceremonia de Elección era el acontecimiento más importante del Noveno Grado.
Familias de diferentes reinos viajaban hasta la academia para observar cómo los estudiantes elegían a sus criaturas mágicas.
Los comerciantes vendían amuletos protectores.
Los músicos tocaban instrumentos encantados.
Y enormes pantallas de cristal mostraban imágenes de las criaturas disponibles.
Perla caminaba junto a Nerina e Iris.
Kael descansaba dentro de una pequeña bolsa especialmente preparada para él.
Tenía espacio suficiente para moverse y una abertura por la que podía observar el exterior.
Nerina había pasado la noche cosiéndola.
—No podemos permitir que nuestro compañero más importante viaje en una cesta de verduras —había dicho.
Perla sonrió al recordarlo.
—¿Ya decidiste qué criatura elegirás? —preguntó a Nerina.
Su amiga asintió.
—Quiero conocer a los felinos de viento. Son rápidos, inteligentes y dicen que pueden encontrar caminos invisibles.
Iris sostuvo un pequeño libro contra su pecho.
—Yo buscaré un búho de restauración.
—¿Por qué? —preguntó Perla.
—Mi abuela era sanadora. Siempre decía que una criatura capaz de salvar una vida vale más que cien capaces de destruirla.
Nerina sonrió.
—Eso suena como algo que diría Perla.
La joven noruega acarició suavemente la cabeza de Kael.
—Yo ya encontré a mi compañero.
Iris miró la serpiente.
—¿Estás segura de que te permitirán registrarlo?
Perla guardó silencio.
Aunque la directora había autorizado que permanecieran juntos, el registro oficial todavía estaba pendiente.
Kael seguía apareciendo como una criatura de especie desconocida.
Y las reglas de Shirfs exigían que todas las mascotas del examen estuvieran inscritas en el Santuario.
—Voy a intentarlo —respondió finalmente.
En ese momento escucharon una voz conocida.
—Qué adorable. La maga de nivel 1 todavía cree que su serpiente puede graduarse.
Darian apareció acompañado por sus amigos.
Sobre su cabeza brillaba el número 78.
Se acercó observando la bolsa de Kael.
—Espero que no lo coloques cerca de las criaturas verdaderas. Podrían confundirlo con el desayuno.
Sus compañeros comenzaron a reírse.
Perla sintió que Kael se tensaba.
Pero antes de responder, Nerina dio un paso al frente.
—¿No tienes nada mejor que hacer, Darian?
El muchacho sonrió.
—En realidad sí. Hoy elegiré un lobo de guerra.
Se inclinó hacia Perla.
—Y cuando llegue el examen final, procuraré que todos recuerden quién terminó en primer lugar y quién tendrá que repetir diez años de clases.
Perla lo miró directamente.
—Entonces deberías preocuparte por tu propio entrenamiento.
Darian dejó de sonreír.
No estaba acostumbrado a que ella respondiera.
Pero antes de que pudiera decir algo más, las campanas de la academia comenzaron a sonar.
La ceremonia estaba a punto de comenzar.
Capítulo 5. El Santuario de las Mil Criaturas
Las puertas del santuario se abrieron lentamente.
Un enorme pasillo apareció frente a los estudiantes.
A ambos lados había jardines flotantes, lagunas de agua luminosa y pequeños bosques donde descansaban criaturas mágicas de diferentes especies.
Un zorro de nueve colas cruzó el camino dejando pequeñas chispas doradas.
Más adelante, varios lobos de hielo dormían debajo de un árbol cristalizado.
En las ramas superiores descansaban búhos con plumas transparentes.
También había gatos capaces de desaparecer, perros guardianes de piedra y enormes serpientes verdes que flotaban entre las hojas.
Los estudiantes observaban fascinados.
En el centro se encontraba una plataforma circular con nueve pedestales.
Magina apareció sobre el primero.
Su número 999 brilló brevemente antes de desaparecer.
—Bienvenidos a la Ceremonia de Elección —anunció.
Todos guardaron silencio.
—Hoy comenzará una relación que podría acompañarlos durante el resto de sus vidas.
La directora extendió las manos.
Sobre la plataforma apareció una enorme esfera de cristal.
—Cada estudiante deberá acercarse a una criatura y solicitar voluntariamente su compañía.
La esfera mostró a un mago rodeado por un lobo.
Ambos estaban unidos por una línea luminosa.
—Si la criatura acepta, se registrará un vínculo inicial.
Después apareció la imagen de un dragón rechazando a un estudiante.
—Pero si no acepta, deberán respetar su decisión.
Darian levantó una mano.
—Directora, ¿qué ocurre si una criatura ya tiene un contrato de prioridad?
Magina lo observó con seriedad.
—Los contratos de prioridad permiten reservar una presentación. No garantizan un vínculo de corazón.
El muchacho sonrió y miró hacia Celeste.
Perla notó el gesto.
Algo extraño estaba ocurriendo entre ellos.
Magina continuó explicando las reglas.
Los estudiantes dispondrían de varias horas para conocer a los animales.
Después, uno por uno, deberían regresar a la plataforma para registrar oficialmente a su compañero.
Quienes no lograran obtener una aceptación podrían continuar buscando durante los siguientes días.
No era necesario elegir la criatura más poderosa.
Tampoco existía una obligación de escoger alguna en particular.
Pero la mayoría ya había decidido qué quería.
Los estudiantes de familias nobles buscaban dragones, lobos de guerra o criaturas elementales.
Otros preferían animales pequeños con habilidades especializadas.
Perla observó a Kael.
La serpiente estaba mirando una enorme puerta de hierro situada al otro extremo del santuario.
Tenía el cuerpo completamente rígido.
De pronto, una voz resonó desde el interior.
Era un rugido grave.
Astarion.
Kael comenzó a temblar.
Perla lo sostuvo cuidadosamente.
—¿Qué ocurre?
La serpiente no respondió.
Pero sus ojos azules permanecían fijos en aquella puerta.
Y durante un segundo, Perla sintió algo que nunca antes había experimentado a través del vínculo.
No era miedo.
Era tristeza.
Una tristeza antigua, inmensa y llena de recuerdos.
Capítulo 6. Celeste y el dragón negro
El primer gran acontecimiento de la ceremonia ocurrió cuando Celeste avanzó hacia el centro de la plataforma.
Su cabello plateado estaba recogido con una corona de pequeñas estrellas.
Llevaba una capa blanca y un broche con el escudo de los Valmora.
Los estudiantes comenzaron a murmurar emocionados.
—Va a elegir a Astarion.
—Dicen que es el dragón más poderoso de Shirfs.
—Si consigue vincularse con él, nadie podrá superarla.
Celeste levantó la mirada hacia la directora.
—Solicito presentar mi contrato de prioridad.
Un asistente recibió el documento.
Magina lo examinó.
Durante varios segundos su expresión permaneció completamente inmóvil.
Después levantó los ojos.
—¿Quién autorizó este sello?
Celeste respondió con seguridad.
—El consejero Severin.
Un silencio extraño recorrió la plataforma.
Magina observó la firma.
—Ese tipo de contrato lleva décadas sin utilizarse en esta academia.
—Pero sigue siendo legal —intervino una voz.
Severin apareció entre los representantes del Consejo.
Vestía una túnica gris adornada con piedras violetas.
Magina lo miró fríamente.
—No esperaba encontrarlo hoy aquí.
El consejero sonrió.
—La ceremonia de mi antigua academia siempre merece una visita.
Celeste observó a ambos.
Por primera vez tuvo la sensación de que había algo que no le habían explicado.
Magina terminó de leer el documento.
—El contrato concede prioridad de presentación, no derecho a someter a la criatura.
Severin inclinó ligeramente la cabeza.
—Naturalmente.
La directora levantó una mano.
Las enormes puertas del santuario comenzaron a abrirse.
Un rugido estremeció el suelo.
Después apareció Astarion.
El dragón negro avanzó lentamente sobre la plataforma.
Sus alas estaban plegadas y sus escamas reflejaban destellos dorados.
Era tan grande que varios estudiantes retrocedieron instintivamente.
Sobre sus cuernos brillaban símbolos antiguos.
Perla los observó desde el fondo.
Uno de ellos era violeta.
Exactamente como las cadenas que había visto en su visión.
Kael comenzó a moverse desesperadamente dentro de la bolsa.
—Tranquilo —susurró Perla.
Pero la serpiente no podía apartar los ojos del dragón.
Celeste avanzó hacia Astarion.
Extendió una mano.
—Gran Astarion, soy Celeste Valmora. Te ofrezco convertirte en mi compañero durante el último año de formación.
El dragón la observó.
No se movió.
Celeste volvió a extender la mano.
—Juntos podremos superar cualquier récord.
Astarion exhaló una pequeña nube de humo.
Después giró la cabeza.
Un murmullo recorrió el salón.
La criatura estaba rechazándola.
Celeste sintió que las mejillas le ardían.
En la tribuna principal se encontraban sus padres.
Su padre la observaba con una expresión dura.
Su madre permanecía completamente seria.
La joven sintió que miles de ojos esperaban verla fracasar.
Entonces recordó la corona de cristal negro.
La tenía escondida debajo de su manga.
Apretó el objeto con los dedos.
El símbolo violeta del cuerno de Astarion comenzó a brillar.
El dragón lanzó un rugido doloroso.
Magina se incorporó inmediatamente.
—¡Celeste, detente!
Pero el contrato ya había reaccionado.
Astarion bajó lentamente la cabeza hasta quedar frente a la mano de Celeste.
La esfera de registro emitió una luz dorada.
Una inscripción apareció sobre la plataforma.
"Prioridad reconocida".
"Compañero provisional: Astarion".
Los estudiantes comenzaron a aplaudir.
Darian levantó los brazos celebrando.
Celeste sonrió.
Había conseguido lo que quería.
Pero Perla observó algo que nadie más parecía notar.
Astarion no estaba feliz.
Su mirada dorada permanecía fija en la pequeña serpiente blanca que descansaba entre sus brazos.
Y una lágrima oscura descendía lentamente por sus escamas.
Capítulo 7. El nombre que paralizó al dragón
La ceremonia continuó entre aplausos.
Celeste se colocó frente al público mientras Astarion permanecía detrás de ella.
Todos hablaban de lo extraordinario que sería ver a la maga de nivel 99 entrenando junto al dragón negro.
Sin embargo, Magina no parecía satisfecha.
Se acercó a Severin.
—Quiero revisar los registros originales de ese contrato.
El consejero sonrió.
—Están a disposición del Consejo.
—Los quiero hoy.
—Por supuesto, directora.
Pero sus ojos no reflejaban ninguna intención de colaborar.
Mientras tanto, Kael comenzó a moverse con desesperación.
Perla intentó tranquilizarlo.
—¿Quieres que salgamos?
La serpiente negó con la cabeza.
Después se deslizó lentamente desde la bolsa hasta su muñeca.
La marca azul comenzó a brillar.
Perla sintió que alguien tiraba de sus pensamientos.
Una imagen apareció en su mente.
Astarion volando sobre una ciudad en llamas.
Un joven de cabello blanco montado sobre su espalda.
Una mujer extendiendo los brazos para proteger una puerta.
Después, un sonido.
Una palabra pronunciada con inmenso dolor.
«Traición».
La visión desapareció.
Perla perdió el equilibrio.
Iris consiguió sostenerla antes de que cayera.
—¿Estás bien?
La joven asintió débilmente.
Pero entonces Kael levantó la cabeza.
Sus ojos se iluminaron con una fuerza que nunca antes había mostrado.
Astarion giró inmediatamente hacia ellas.
El enorme dragón abrió las alas.
Un rugido estremeció el santuario.
Los estudiantes comenzaron a gritar.
Celeste intentó recuperar su atención.
—¡Astarion, obedece!
El símbolo violeta de su cuerno brilló nuevamente.
Pero el dragón apenas reaccionó.
Su mirada permanecía fija en la serpiente.
Perla escuchó una voz grave dentro de su mente.
Era diferente de la de Kael.
Mucho más antigua.
«No puede ser...».
La joven levantó la mirada.
Astarion la observaba directamente.
«¿Kael?».
La serpiente blanca cerró los ojos.
Su pequeño cuerpo comenzó a temblar.
Por un instante, un círculo azul apareció alrededor de ambos animales.
Magina lo vio desde la plataforma.
Su expresión cambió.
Levantó inmediatamente ambas manos.
—¡Sello de silencio!
Una enorme barrera transparente cubrió el santuario.
El círculo azul desapareció.
Astarion bajó lentamente la cabeza.
Kael quedó inmóvil entre los brazos de Perla.
Los estudiantes comenzaron a murmurar.
Celeste miró furiosa hacia la muchacha noruega.
—¿Qué le hiciste a mi dragón?
Perla levantó la mirada.
—No hice nada.
—¡Estaba completamente tranquilo hasta que apareció tu serpiente!
Nerina intervino.
—Perla ni siquiera se movió de su lugar.
Celeste apretó los puños.
Darian se acercó.
—Deberían expulsarla del santuario.
Magina levantó una mano.
—¡Silencio!
Su voz resonó como un trueno.
Todos quedaron inmóviles.
La directora observó a Perla.
Después a Astarion.
Finalmente anunció:
—La ceremonia continuará. Nadie abandonará la plataforma sin autorización.
Pero en su interior estaba profundamente preocupada.
Porque acababa de presenciar algo que creía imposible.
El dragón negro había reconocido a Kael.
Y eso significaba que los sellos de la guerra comenzaban a debilitarse.
Capítulo 8. Los compañeros elegidos
Después de aquel incidente, los profesores intentaron devolver la tranquilidad al santuario.
La ceremonia continuó con los demás estudiantes.
Darian fue uno de los primeros.
Caminó hasta el territorio de los lobos de guerra y eligió al ejemplar más grande.
Era una criatura de pelaje gris oscuro, ojos amarillos y enormes colmillos.
Su nombre era Fenris.
Tenía un nivel registrado de 83.
Darian extendió su mano con confianza.
—Ven conmigo y seremos los más fuertes de la academia.
Fenris lo observó.
Después olfateó sus dedos.
Durante unos segundos pareció dudar.
Pero finalmente acercó la cabeza.
La esfera de registro se iluminó.
"Vínculo inicial aceptado".
Darian sonrió triunfante.
—Perfecto.
Sin embargo, el lobo apartó la mirada cuando su nuevo compañero intentó abrazarlo.
Nerina eligió una criatura completamente diferente.
Era una gata de viento, pequeña y de pelaje gris azulado.
Tenía enormes ojos verdes y una cola tan larga que parecía una cinta flotante.
Se llamaba Mistral.
Cuando Nerina se acercó, la gata saltó directamente sobre su hombro.
—Creo que ya decidió por mí —dijo riendo.
La esfera confirmó el vínculo.
Iris encontró a un búho blanco de restauración llamado Lumen.
El ave tenía una de sus alas ligeramente debilitada, pero podía emitir pequeñas ondas curativas.
Iris no escogió al búho de mayor nivel.
Escogió al que se acercó voluntariamente y apoyó la cabeza sobre su mano.
Tarek, el amigo alquimista de Nerina, consiguió vincularse con un perro guardián de piedra llamado Bront.
La criatura era pequeña y bastante torpe.
Cada vez que intentaba correr, sus patas producían un sonido parecido al de cuatro platos golpeando el suelo.
Pero Tarek parecía encantado.
—Será perfecto para vigilar mi laboratorio.
Bront respondió ladrando.
Una pequeña roca salió disparada de su boca y golpeó un barril.
Tarek se quedó mirando el desastre.
—Bueno... tendremos que practicar eso.
Nerina comenzó a reírse.
Incluso Perla consiguió sonreír después de lo ocurrido con Astarion.
La mayoría de los estudiantes encontró compañeros adecuados.
Algunos eligieron criaturas poderosas.
Otros prefirieron especies especializadas.
Pero había algo que comenzó a hacerse evidente.
Las criaturas no siempre aceptaban al estudiante con mayor nivel.
En varias ocasiones animales considerados débiles rechazaron a magos extraordinarios.
Y otras criaturas de gran poder se acercaron voluntariamente a estudiantes modestos.
Magina observó aquellos vínculos con satisfacción.
Era precisamente lo que quería enseñar.
La verdadera magia no nacía solamente de la fuerza.
También dependía de la voluntad.
Pero todavía faltaba la elección que provocaría más comentarios que todas las anteriores.
La de Perla.
Capítulo 9. La criatura que nadie quiso elegir
Cuando llegó su turno, Perla caminó hacia la plataforma sosteniendo a Kael entre sus manos.
El murmullo comenzó inmediatamente.
—¿En serio va a presentar esa serpiente?
—Ni siquiera tiene nivel.
—Tal vez quiere reprobar antes de comenzar.
Darian soltó una carcajada desde la primera fila.
—¡Esto será maravilloso!
Celeste permanecía de pie junto a Astarion.
Su expresión había cambiado desde el incidente.
Ya no miraba a Perla solamente con desprecio.
Había algo más.
Una sospecha que no conseguía comprender.
Magina observó a la joven noruega.
—Perla Nilsen, ¿has decidido qué criatura deseas presentar?
Perla respiró profundamente.
—Sí, directora.
Extendió las manos.
Kael levantó lentamente la cabeza.
Un silencio extraño recorrió el salón.
Magina se acercó.
—Esta criatura todavía no posee una clasificación oficial.
—Lo sé.
—Tampoco podemos determinar su nivel.
—También lo sé.
—Y una vez que formalices el vínculo, no podrás cambiar de compañero durante este ciclo de exámenes sin una causa extraordinaria.
Perla miró a Kael.
La serpiente estaba observándola.
Recordó el día en que la encontró.
Herida.
Abandonada.
Demasiado débil para defenderse.
También recordó sus propios primeros días en Shirfs.
Los insultos.
Las risas.
Las miradas de desprecio.
Durante toda su vida había deseado que alguien creyera en ella.
Y ahora tenía la oportunidad de demostrar que podía creer en alguien más.
—Estoy segura —respondió.
Magina levantó la mano.
La esfera de registro descendió lentamente.
—Entonces coloca a la criatura en el círculo y solicita su consentimiento.
Perla obedeció.
Kael quedó sobre una pequeña plataforma de piedra.
La joven se arrodilló frente a él.
No pronunció un discurso sobre poder.
Tampoco prometió convertirlo en la serpiente más fuerte de Shirfs.
Solamente extendió la mano.
—Kael, no sé cuánto tiempo necesitaremos para aprender. Quizás fracase muchas veces. Quizás nunca consiga ser tan poderosa como los demás.
La serpiente levantó la cabeza.
—Pero quiero que estés conmigo mientras lo intentamos. Y si algún día decides marcharte, no voy a obligarte a quedarte.
La sala permaneció en silencio.
Incluso Darian dejó de reírse durante unos segundos.
Kael se deslizó lentamente hasta la mano de Perla.
Se enroscó suavemente alrededor de su muñeca.
Después apoyó la cabeza sobre la marca azul.
Dos corazones luminosos aparecieron sobre la plataforma.
La esfera comenzó a girar.
"Vínculo voluntario reconocido".
"Compañera: Perla Nilsen".
"Criatura: Kael".
"Clasificación: pendiente".
"Armonía inicial: 12%".
Los profesores intercambiaron miradas.
Una criatura sin nivel reconocido acababa de aceptar formalmente a una estudiante de nivel 1.
Magina observó el registro.
Después pronunció unas palabras que hicieron que todos guardaran silencio.
—De acuerdo con la Ley del Primer Latido, un vínculo voluntario tiene validez incluso cuando la especie de la criatura no puede clasificarse.
Se acercó a Perla.
—Tu elección queda registrada.
La joven sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.
—Gracias, directora.
Pero entonces Celeste comenzó a aplaudir lentamente.
Su sonrisa era fría.
—Qué conmovedor. Una maga inútil consiguió que una serpiente inútil la quisiera.
Darian soltó una carcajada.
Varios estudiantes lo imitaron.
Perla bajó la cabeza.
Pero esta vez no se marchó.
Acarició a Kael y respondió con tranquilidad:
—Prefiero que me elija una criatura débil por voluntad propia a tener que obligar a una poderosa a quedarse conmigo.
El silencio fue inmediato.
Celeste dejó de sonreír.
Sus ojos violetas parecieron oscurecerse.
—Ten cuidado con lo que dices, Perla.
La joven sostuvo su mirada.
—Solamente dije lo que pienso.
Magina intervino antes de que la discusión continuara.
—La ceremonia ha terminado. Todos los estudiantes deberán comenzar su preparación para la primera evaluación de vínculo.
Perla recogió a Kael y descendió de la plataforma.
Nerina la abrazó inmediatamente.
—¡Lo conseguiste!
Iris también sonrió.
—Ahora somos oficialmente compañeras de entrenamiento.
Perla rió.
Pero cuando miró hacia atrás, encontró a Celeste observándola desde el otro extremo del salón.
Astarion permanecía detrás de ella.
El dragón negro tenía los ojos cerrados.
Y Perla habría jurado que estaba llorando.
Capítulo 10. La primera noche después de la elección
Aquella noche, las torres de Shirfs permanecieron iluminadas hasta el amanecer.
Los estudiantes celebraban sus nuevos vínculos.
En los jardines podían verse pequeños hechizos, criaturas voladoras y grupos de jóvenes compartiendo comida.
Nerina insistió en que Perla debía asistir a la celebración.
—No todos los días conseguimos oficialmente nuestras mascotas mágicas.
Perla observó a Kael.
—Está cansado.
—Entonces iremos solamente un rato.
Finalmente aceptó.
El grupo se reunió bajo un árbol de hojas plateadas.
Nerina llevó a Mistral, que no dejaba de perseguir pequeñas mariposas luminosas.
Iris acomodó a Lumen sobre una rama.
Tarek intentó convencer a Bront de permanecer quieto.
Pero el perro de piedra seguía intentando morder una roca decorativa.
—Creo que está enamorado de esa piedra —bromeó Nerina.
Tarek suspiró.
—Es la tercera vez que intenta llevársela.
Perla comenzó a reírse.
Durante unos minutos consiguió olvidarse de Celeste, Darian y los problemas que había tenido desde su llegada.
Hablaron sobre sus sueños.
Iris quería convertirse en sanadora.
Nerina soñaba con explorar los reinos escondidos detrás de las montañas flotantes.
Tarek quería fabricar herramientas mágicas que pudieran utilizar incluso las personas con niveles bajos.
Cuando llegó el turno de Perla, todos la observaron.
La joven guardó silencio durante unos segundos.
—Antes quería convertirme en la maga más poderosa del mundo.
Nerina sonrió.
—¿Y ahora?
Perla miró a Kael.
—Ahora solamente quiero comprender por qué mi magia es tan diferente.
Iris inclinó la cabeza.
—¿Ya no quieres ser poderosa?
—Sí. Pero creo que durante mucho tiempo pensé que necesitaba ser fuerte para que los demás me respetaran.
Acarició suavemente la cabeza de la serpiente.
—Ahora quiero aprender a proteger a las personas que me importan.
Tarek levantó su vaso.
—Entonces brindemos por eso.
Los demás imitaron el gesto.
Por primera vez, Perla sintió que Shirfs podía convertirse en su hogar.
Pero lejos de allí, en una habitación escondida bajo el santuario, Severin observaba una pequeña esfera de cristal.
Dentro aparecía el rostro de la joven noruega.
—La serpiente fue registrada oficialmente —informó Varek.
Severin cerró los ojos.
—Magina está cometiendo el mismo error que hace ochenta años.
—¿Debemos detener el vínculo?
El consejero negó.
—Todavía no. Si intentamos separarlos ahora, despertaremos el sello por completo.
Varek miró la imagen de Kael.
—Entonces, ¿qué haremos?
Severin sonrió.
—Permitiremos que la muchacha lo entrene.
El guardián pareció confundido.
—¿Por qué?
—Porque necesitamos que Kael recupere suficiente poder para recordar dónde escondió la llave.
Varek guardó silencio.
Severin acercó un dedo a la esfera.
—Cuando los dos corazones estén preparados, recuperaremos lo que nos pertenece.
Capítulo 11. El entrenamiento de la respiración compartida
La mañana siguiente comenzó con una sorpresa.
El profesor Arven había preparado un programa especial para los estudiantes que todavía no conseguían controlar correctamente la energía de sus criaturas.
Perla estaba en la lista.
También Iris y varios alumnos de niveles intermedios.
Nerina decidió acompañarlos durante sus horas libres.
El entrenamiento se realizaría en un jardín circular detrás de la Torre de Restauración.
Arven colocó nueve recipientes de cristal sobre una mesa.
Cada uno contenía una pequeña llama azul.
—La mayoría de ustedes intenta extraer poder de su criatura —explicó—. Eso funciona durante un tiempo, pero termina agotándola.
Perla observó a Kael.
Recordó cómo había terminado temblando después de ayudarla en el laberinto.
Arven continuó:
—La energía compartida no debe funcionar como una cuerda que tira de una sola dirección.
Levantó ambas manos.
Dos pequeñas luces aparecieron frente a él.
Comenzaron a girar una alrededor de la otra.
—Debe parecerse a una respiración.
Una luz se acercó.
La otra se alejó.
Después intercambiaron posiciones.
—Dar, recibir y devolver.
Los estudiantes comenzaron a practicar.
Iris consiguió que Lumen proyectara una pequeña onda curativa.
Nerina logró que Mistral creara una corriente de viento que movió varias hojas.
Perla intentó hacer lo mismo.
Se sentó frente a Kael.
Cerró los ojos.
Respiró lentamente.
Pero no ocurrió nada.
Intentó concentrarse más.
La pequeña llama de su recipiente comenzó a temblar.
Después se apagó.
Darian, que entrenaba cerca con Fenris, comenzó a reír.
—Parece que la ceremonia no hizo milagros.
Perla apretó los labios.
Estaba a punto de intentarlo nuevamente cuando Arven se acercó.
—Deja de intentar controlar a la serpiente.
—Pero estoy siguiendo el ejercicio.
—Estás intentando conseguir un resultado. No estás escuchando a tu compañero.
Perla miró a Kael.
La serpiente permanecía inmóvil.
Arven se arrodilló.
—Observa cómo respira.
La joven obedeció.
Kael tenía una respiración lenta y delicada.
—Ahora adapta la tuya.
Perla comenzó a respirar al mismo ritmo.
Durante varios segundos no ocurrió absolutamente nada.
Después sintió un pequeño latido.
No provenía de su propio pecho.
Era como escuchar un segundo corazón dentro de su cuerpo.
Una luz azul apareció entre sus manos.
Kael levantó la cabeza.
La llama del recipiente volvió a encenderse.
Perla abrió los ojos sorprendida.
Pero Arven levantó un dedo.
—No te distraigas.
La joven volvió a cerrar los ojos.
La luz comenzó a crecer.
Después se dividió en dos pequeñas llamas.
Una quedó frente a Perla.
La otra frente a Kael.
Ambas comenzaron a moverse al mismo ritmo.
Arven observó el fenómeno con una expresión difícil de interpretar.
—Interesante...
La luz desapareció lentamente.
Perla estaba agotada.
Pero Kael no parecía haber sufrido.
Por primera vez habían compartido energía sin que uno tuviera que sacrificarse completamente por el otro.
La barra azul apareció durante unos segundos.
"Armonía: 14%".
Perla sonrió.
Habían avanzado dos puntos.
Solamente dos.
Pero eran dos puntos conseguidos juntos.
Y aquello significaba mucho más de lo que cualquiera en Shirfs podía imaginar.
Capítulo 12. La primera grieta en la corona de Celeste
Celeste había imaginado que su primera mañana junto a Astarion sería gloriosa.
Esperaba dominar el fuego negro del dragón y demostrar frente a todos que podía realizar hechizos superiores a su nivel.
Pero nada salió como esperaba.
En el campo de entrenamiento, Astarion permanecía acostado sobre una enorme plataforma de piedra.
Su cuerpo parecía una montaña cubierta de escamas oscuras.
Celeste caminaba frente a él intentando conseguir que obedeciera.
—Astarion, invoca una llama.
El dragón no respondió.
—Te he dado una orden.
Solamente movió la cola.
Darian observaba desde una grada.
—Quizás todavía necesita acostumbrarse a ti.
Celeste apretó los dientes.
Había firmado un contrato.
Había conseguido que el dragón reconociera su prioridad.
¿Por qué se comportaba como si ella no existiera?
Levantó la mano derecha.
Debajo de su manga, la pequeña corona de cristal negro comenzó a brillar.
Astarion abrió los ojos inmediatamente.
Una sombra de dolor cruzó su rostro.
—Ahora —ordenó Celeste.
El dragón exhaló una llamarada violeta que alcanzó una columna de entrenamiento.
La piedra se convirtió en ceniza.
Los estudiantes comenzaron a aplaudir.
Celeste sonrió triunfante.
Pero entonces algo extraño ocurrió.
Durante unos segundos olvidó dónde estaba.
Miró a su alrededor, confundida.
No recordaba cómo había llegado al campo.
Tampoco recordaba la conversación que había tenido con su madre aquella mañana.
Darian se acercó.
—¡Eso fue increíble!
Celeste parpadeó.
—¿Qué?
—¡La columna! ¡La destruiste!
La muchacha observó los restos de piedra.
Recordó haber dado una orden.
Pero había un espacio vacío en su memoria.
Pequeño.
Apenas unos minutos.
Se llevó una mano a la frente.
—Necesito descansar.
Darian la miró preocupado.
—¿Te encuentras bien?
—Perfectamente.
Se alejó antes de que pudiera hacer más preguntas.
Astarion permaneció inmóvil.
En lo profundo de su mirada dorada había una tristeza antigua.
El dragón conocía demasiado bien aquel tipo de magia.
La había visto utilizar durante la guerra.
Y sabía cuál era su verdadero precio.
Cada vez que Celeste obligara al dragón a compartir poder, el sello tomaría algo de sus recuerdos.
Al principio serían cosas pequeñas.
Una conversación.
Una fecha.
El rostro de alguien que apenas conocía.
Pero si continuaba utilizando aquella magia, llegaría un momento en que olvidaría incluso quién era.
Y Severin lo sabía.
Ese era precisamente el motivo por el que le había entregado la corona.
Capítulo 13. La página que Astrid había escondido
Aquella tarde, Perla decidió revisar nuevamente el libro de su madre.
Kael estaba descansando después del entrenamiento.
La joven colocó el volumen sobre su escritorio y abrió las páginas donde habían aparecido las palabras sobre los corazones unidos.
Durante mucho tiempo había pensado que el libro solamente contenía hechizos básicos.
Pero ahora comprendía que Astrid había escondido información mediante una magia que reaccionaba a su collar.
Perla acercó la piedra azul a una página vacía.
Una línea plateada apareció lentamente.
Después otra.
Finalmente surgió un pequeño dibujo.
Era un mapa de Shirfs.
Mostraba las nueve torres de la academia.
Pero debajo de ellas aparecía una décima estructura.
Una torre invertida.
Sus cimientos descendían profundamente bajo la ciudad.
Perla acercó el rostro.
—¿Una torre subterránea?
Kael levantó la cabeza.
Cuando vio el mapa, sus ojos se iluminaron.
La joven sintió nuevamente aquella conexión extraña.
Una imagen apareció en su mente.
Un pasillo cubierto de símbolos.
Una puerta de piedra.
Y una mujer arrodillada frente a un círculo mágico.
La mujer llevaba una capa azul.
En su cuello brillaba un collar idéntico al suyo.
Perla dejó de respirar.
—Mamá...
La visión desapareció.
La joven se levantó tan rápido que derribó la silla.
Nerina, que acababa de entrar, corrió hacia ella.
—¿Qué sucede?
Perla señaló el libro.
—Creo que mi madre estuvo debajo de la academia.
Nerina observó el mapa.
Su expresión cambió.
—Esa estructura no aparece en los planos oficiales.
—¿La conoces?
—He escuchado rumores. Algunos profesores hablan de una décima torre construida antes de que existiera Shirfs.
Perla volvió a observar el dibujo.
Debajo de la torre invertida apareció una nueva inscripción.
"Cuando los dos corazones encuentren el camino, la puerta recordará su verdadero nombre".
Kael se deslizó lentamente hasta el libro.
Apoyó la cabeza sobre una pequeña marca dibujada junto a la torre.
Entonces la página comenzó a calentarse.
Una frase apareció escrita con la letra de Astrid.
"Perla, si estás leyendo esto, significa que ya no puedo protegerte desde donde estoy".
La joven sintió que las lágrimas le llenaban los ojos.
Nerina permaneció en silencio.
Las siguientes palabras aparecieron lentamente.
"No busques respuestas en el poder de los maestros. Búscalas en aquello que tuvieron que esconder".
Perla acarició la página.
Durante once años había creído que su madre simplemente había desaparecido.
Ahora descubría que Astrid había dejado pistas destinadas específicamente a ella.
Y quizá aquello significaba que su desaparición nunca había sido accidental.
Capítulo 14. El lobo que cayó durante el entrenamiento
Dos días después, los estudiantes comenzaron las prácticas de cooperación en el Bosque de Cristal.
Cada pareja debía atravesar una zona encantada, reconocer señales de peligro y proteger a su criatura sin utilizar magia superior al límite establecido por los profesores.
Darian había decidido demostrar que Fenris era el lobo de guerra más poderoso del curso.
Desde el inicio exigió que utilizara ataques cada vez más grandes.
El animal obedecía, pero no parecía cómodo.
Sus movimientos eran tensos.
Su respiración se volvía más rápida.
Y cada vez que intentaba descansar, Darian le ordenaba continuar.
—¡Otra vez! —gritó.
Fenris lanzó una ráfaga de hielo contra un árbol.
El tronco quedó completamente congelado.
Los compañeros de Darian aplaudieron.
Pero el lobo comenzó a tambalearse.
Nerina, que observaba desde otro sendero, frunció el ceño.
—Está agotado.
Perla miró al animal.
Sus patas temblaban.
—Debería detenerse.
Darian levantó nuevamente la mano.
—¡Fenris, ataque de colmillo helado!
El lobo intentó responder.
Pero perdió el equilibrio.
Cayó sobre la tierra.
Una grieta apareció en una de las placas de hielo que protegían su pecho.
Darian retrocedió.
—¿Qué estás haciendo? ¡Levántate!
Fenris intentó incorporarse, pero no pudo.
Los demás estudiantes comenzaron a murmurar.
Perla corrió hacia él.
—¡No puede seguir!
Darian le bloqueó el paso.
—No te metas con mi criatura.
—Está herido.
—Es un lobo de guerra. Puede soportarlo.
Perla lo miró directamente.
—Que pueda soportar el dolor no significa que debas provocárselo.
Darian apretó los puños.
Durante unos segundos pareció dispuesto a lanzar un hechizo.
Pero Fenris emitió un gemido.
Perla se arrodilló a su lado.
Kael se deslizó desde su manga.
El lobo abrió un ojo.
Su mirada estaba llena de miedo.
La serpiente blanca acercó lentamente la cabeza a la placa de hielo dañada.
Perla sintió que una corriente de energía comenzaba a fluir entre los tres.
No era como el hechizo de restauración de Elowen.
Era algo diferente.
Una pequeña luz azul cubrió la grieta.
El hielo dejó de extenderse.
Fenris consiguió respirar con mayor tranquilidad.
Perla sostuvo suavemente su cabeza.
—Ya está. No tienes que luchar ahora.
Darian observaba sin decir una palabra.
Por primera vez vio a su lobo acercarse voluntariamente a otra persona.
Aquello le produjo una sensación desagradable.
Celos.
Pero también vergüenza.
El profesor Arven llegó unos segundos después.
Examinó a Fenris y ordenó llevarlo a la enfermería.
Después miró a Darian.
—Los animales de guerra también necesitan descanso.
El muchacho bajó la cabeza.
No respondió.
Perla permaneció junto al lobo hasta que llegó una camilla mágica.
Entonces Kael cerró los ojos.
Su cuerpo comenzó a temblar.
La joven lo sostuvo cuidadosamente.
La barra azul apareció durante unos segundos.
"Armonía: 16%".
Habían ganado dos puntos.
Pero Perla apenas prestó atención al número.
Estaba preocupada por el agotamiento de Kael.
Y, por primera vez, comprendió algo que el libro de los dos corazones no explicaba completamente.
Ayudar a otros podía fortalecer el vínculo.
Pero también podía exigir un precio.
Capítulo 15. La puerta que despertó bajo Shirfs
Aquella noche, Perla regresó a su dormitorio completamente agotada.
Kael dormía dentro de su cesta.
La joven había pasado varias horas preocupada por su salud, pero Elowen le aseguró que solamente necesitaba descansar después de utilizar demasiada energía.
Nerina se encontraba sentada junto a la ventana.
Cuando vio entrar a su amiga, cerró el libro que estaba leyendo.
—¿Cómo está?
—Mejor.
—¿Y tú?
Perla dejó caer su mochila sobre la cama.
—No lo sé.
Nerina la observó preocupada.
—¿Qué sucede?
La joven se sentó.
Durante unos segundos permaneció mirando sus manos.
—Hoy Kael ayudó a Fenris. Pero terminó completamente agotado. Cada vez que utilizamos nuestra magia, siento que algo dentro de él está luchando por despertar.
Nerina guardó silencio.
Perla continuó:
—Tengo miedo de hacerle daño.
Su amiga se acercó.
—Entonces tendrás que aprender a reconocer sus límites.
—¿Y si nunca consigo hacerlo?
Nerina sonrió con tristeza.
—Eso también forma parte del entrenamiento.
Perla levantó la mirada.
—¿Qué quieres decir?
—Que cuidar de una criatura no significa protegerla de absolutamente todo. Significa aprender a escucharla cuando necesita descansar y respetar sus decisiones.
La joven permaneció pensativa.
Después observó a Kael.
La pequeña serpiente parecía dormir tranquilamente.
Pero bajo sus escamas continuaba brillando una luz azul.
Perla se levantó y se acercó a la ventana.
Shirfs estaba cubierta por una enorme luna plateada.
Las nueve torres brillaban bajo el cielo nocturno.
A lo lejos, el Santuario de las Criaturas permanecía completamente oscuro.
Entonces el collar de Astrid comenzó a calentarse.
Perla bajó la mirada.
La piedra azul emitía una luz cada vez más intensa.
Sobre su escritorio, el libro de su madre se abrió por sí solo.
Las páginas comenzaron a girar rápidamente.
Nerina se levantó sobresaltada.
—¡Perla!
Ambas se acercaron.
El libro se detuvo en la página del mapa de Shirfs.
La torre invertida comenzó a brillar.
Una pequeña línea azul apareció desde la habitación de Perla hasta el centro del castillo.
Después descendió hacia las profundidades de la tierra.
Las muchachas observaron fascinadas.
—Está mostrando un camino —susurró Nerina.
Perla acercó la mano.
Entonces escuchó una voz.
No era la de Kael.
Tampoco la de Magina.
Era una voz femenina.
Suave.
Lejana.
Y extrañamente familiar.
«Perla...».
La joven sintió que el corazón comenzaba a latirle con fuerza.
—¿Mamá?
La luz del libro aumentó.
La voz regresó.
«No permitas que Severin encuentre el corazón que falta».
Perla retrocedió.
Nerina intentó sujetarla.
Pero una pequeña ráfaga azul comenzó a girar alrededor de la habitación.
Kael despertó inmediatamente.
Sus ojos brillaron.
El libro mostró una última frase.
"Las nueve torres no fueron construidas solamente para enseñar magia. Fueron construidas para mantener algo encerrado".
Después todas las luces se apagaron.
Perla quedó inmóvil.
Nerina encendió una pequeña lámpara.
El libro estaba cerrado.
El collar había dejado de brillar.
Y Kael permanecía observando la puerta del dormitorio.
—¿Escuchaste esa voz? —preguntó Perla.
Nerina negó lentamente.
—Solamente escuché el viento.
La joven sintió un escalofrío.
Había escuchado a su madre.
Estaba segura.
Pero antes de que pudiera explicar lo ocurrido, Kael levantó la cabeza.
Una voz masculina resonó dentro de su mente.
Esta vez era mucho más clara.
«Perla, debemos encontrar la torre que está debajo de la academia».
La joven observó a la serpiente.
—¿Por qué?
Kael permaneció inmóvil durante varios segundos.
Después respondió:
«Porque allí fue donde perdí mi cuerpo humano... y donde tu madre descubrió la verdad sobre Shirfs».
Perla dejó de respirar.
La pequeña serpiente blanca comenzó a emitir una luz azul.
Durante un instante, detrás de ella apareció la sombra de un joven de cabello blanco.
Tenía los ojos del mismo color que Kael.
Pero la figura desapareció inmediatamente.
Nerina retrocedió, completamente aterrada.
—Perla... ¿qué fue eso?
La joven no respondió.
Continuaba mirando a la serpiente.
Por primera vez comprendió que su compañero no era una mascota mágica común.
Había sido una persona.
Un mago.
Y quizá conocía la verdad sobre la desaparición de su madre.
Mientras tanto, en lo profundo de la academia, una enorme puerta de piedra comenzó a abrirse.
Detrás de ella había una habitación circular.
En el centro flotaba un cristal negro cubierto de cadenas.
Severin observaba el objeto acompañado de Varek.
El consejero sonrió lentamente.
—La serpiente está recuperando sus recuerdos.
Varek bajó la cabeza.
—¿Eso significa que pronto podremos abrir el sello?
—Sí.
Severin colocó una mano sobre el cristal.
Una enorme sombra se movió en su interior.
—Ochenta años esperando este momento...
La sombra abrió dos ojos rojos.
Una voz grave resonó desde las profundidades.
—¿La heredera ha llegado?
Severin inclinó la cabeza.
—Sí, mi señor.
—¿Y el mago que me encerró?
El consejero sonrió.
—También ha regresado.
La criatura permaneció en silencio.
Después comenzó a reír.
Las cadenas del cristal temblaron.
—Entonces preparen las nueve torres.
Una grieta apareció sobre la superficie negra.
Y una última orden resonó en la habitación.
—Cuando la maga de nivel 1 alcance el verdadero poder de los dos corazones, utilizaré su magia para recuperar mi libertad.
Severin cerró lentamente los ojos.
Había llegado el momento de comenzar la siguiente fase de su plan.
En lo alto de la academia, Perla todavía abrazaba a Kael, sin imaginar que su deseo de convertirse en una gran maga podía terminar liberando aquello que los hechiceros más poderosos habían intentado mantener encerrado durante siglos.
Y que la pequeña serpiente que había encontrado herida en un invernadero era una de las pocas criaturas capaces de impedirlo.
Fin de la Parte 3.
Continuará en la Parte 4: La torre prohibida y el pasado del mago de nivel 88.
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