
Novelas · Parte 1
Parte 1: La alumna más débil y el secreto de la serpiente blanca
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Parte 1: La alumna más débil y el secreto de la serpiente blanca
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Detalles
- Autor
- Gylab Click
- Categoría
- Novelas
- Click
- SHIRFS: La maga de nivel 1 que desafió a los más poderosos
- Capítulo
- Parte 1
- Vistas
- 21
Sinopsis
Perla, una joven maga de Noruega con apenas nivel 1, ingresa a Shirfs, la academia de magia más poderosa del mundo. Rodeada de estudiantes de niveles superiores, humillada por los populares y despreciada por su debilidad, descubre una antigua fórmula relacionada con las criaturas mágicas y los corazones unidos. Su encuentro con una misteriosa serpiente herida podría cambiar para siempre las reglas de la magia.…
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PARTE 1 DE 9 — La alumna más débil de Shirfs
Capítulo 1. La niña que nació sin poder
En las tierras heladas de Noruega, donde las montañas permanecían cubiertas de nieve y los bosques ocultaban criaturas que los humanos comunes jamás llegarían a conocer, vivía una joven llamada Perla Nilsen.
Tenía dieciocho años, el cabello castaño oscuro, unos ojos azules heredados de su madre y un sueño que parecía imposible.
Quería convertirse en una de las magas más poderosas del mundo.
Había solamente un problema.
Perla era nivel 1.
En el mundo de la magia, cada persona nacía con una reserva de energía que determinaba su nivel inicial. Algunos niños comenzaban con nivel 5, otros con 20, y los descendientes de grandes familias mágicas podían alcanzar niveles superiores a 50 antes de cumplir quince años.
Pero Perla apenas podía encender una vela.
Aquella mañana estaba frente a su casa, intentando levantar una pequeña piedra mediante un hechizo.
—Vamos... solamente unos centímetros —murmuró, extendiendo ambas manos.
La piedra comenzó a temblar.
Una diminuta luz azul apareció alrededor de sus dedos.
—Elevatio.
La piedra se levantó unos centímetros.
Perla sonrió emocionada.
Pero entonces perdió la concentración.
La piedra salió disparada y golpeó una cubeta llena de agua.
El contenido terminó sobre sus zapatos.
—¡Otra vez no! —exclamó.
Desde la puerta, su padre, Erik Nilsen, observaba la escena.
—¿Cuántas veces llevas intentando ese hechizo?
—Cuarenta y siete.
—¿Y cuántas veces te has mojado?
—No llevo esa cuenta.
Erik comenzó a reír.
Perla cruzó los brazos, molesta.
—No es gracioso, papá.
Él se acercó y le acomodó un mechón de cabello.
—Tu madre también era muy obstinada cuando se trataba de magia.
Aquellas palabras hicieron que Perla guardara silencio.
Su madre, Astrid, había desaparecido once años atrás durante una expedición al norte de Shirfs.
Las autoridades mágicas nunca explicaron completamente lo ocurrido.
Solamente devolvieron a la familia un pequeño collar con una piedra azul.
Desde entonces Perla lo llevaba alrededor del cuello.
Era su posesión más valiosa.
—¿Crees que mamá habría conseguido enseñarme? —preguntó.
Erik suspiró.
—Tu madre era una maga extraordinaria.
—Eso no responde mi pregunta.
Su padre sonrió con tristeza.
—Creo que habría tenido la paciencia necesaria para enseñarte.
Perla bajó la mirada.
Siempre había sentido que su falta de poder era una especie de castigo.
¿Cómo podía ser hija de una maga reconocida y apenas conseguir mover una piedra?
Lo que ninguno de los dos sabía era que aquel nivel 1 no era una debilidad natural.
Era un sello.
Y la persona que lo había colocado sobre Perla era precisamente la mujer a la que llevaba once años esperando.
Capítulo 2. Una invitación imposible
Tres días después, algo extraordinario ocurrió.
Mientras Erik preparaba leña frente a la casa, una enorme lechuza blanca descendió desde el cielo.
Sus alas estaban cubiertas de pequeñas partículas luminosas.
El ave dejó caer un sobre negro sobre la nieve.
Después desapareció en una nube de humo plateado.
—¡Perla! —gritó su padre.
La joven salió corriendo.
—¿Qué pasó?
Erik recogió el sobre.
En el centro había un sello dorado con nueve torres.
Perla abrió los ojos.
—No puede ser...
Reconocía aquel símbolo.
Pertenecía a la Academia de las Nueve Torres, la institución mágica más prestigiosa de Shirfs.
Allí estudiaban los hijos de grandes hechiceros, familias nobles y jóvenes capaces de dominar fuerzas extraordinarias.
Era prácticamente imposible ingresar sin demostrar un nivel mágico considerable.
Erik rompió el sello.
La carta comenzó a flotar entre sus manos.
Una voz femenina resonó desde el papel.
—Perla Nilsen, por disposición de la directora suprema Magina, se le concede una plaza especial para cursar el Noveno Grado Arcano en la Academia de las Nueve Torres.
Perla dejó de respirar durante unos segundos.
La voz continuó:
—Su nivel actual no será motivo de exclusión. Deberá presentarse antes de la próxima Luna Azul.
La carta cayó suavemente sobre la mesa.
Padre e hija permanecieron inmóviles.
Finalmente Perla comenzó a reír nerviosamente.
—¡Papá! ¡Me aceptaron!
Erik no parecía compartir su entusiasmo.
Leyó nuevamente la carta.
—Esto es extraño.
—¿Por qué?
—Perla, esa academia no acepta alumnos de nivel 1.
—Pues parece que ahora sí.
—Hay estudiantes capaces de destruir montañas.
—Y yo puedo destruir cubetas.
Erik soltó una carcajada involuntaria.
Pero su preocupación regresó inmediatamente.
—Escúchame. Shirfs es un lugar peligroso. El nivel mágico determina prácticamente todo. Los estudiantes más fuertes reciben privilegios y los débiles muchas veces son despreciados.
Perla miró el sobre.
Era su oportunidad de convertirse en alguien diferente.
—No quiero pasar toda mi vida preguntándome qué habría ocurrido si hubiera intentado entrar.
Erik guardó silencio.
Después se acercó a un pequeño armario.
Sacó una caja de madera que pertenecía a Astrid.
Dentro había un antiguo libro de hechizos y una fotografía de Perla cuando era bebé.
En la imagen aparecía su madre sosteniéndola junto a una ventana.
—Llévate esto —dijo Erik.
Perla tomó el libro.
En la primera página había una frase escrita a mano:
"La magia más poderosa no es aquella que domina a otros, sino aquella que decide protegerlos".
La joven acarició la escritura.
Era la letra de su madre.
Una semana después partió hacia Shirfs.
Y aunque todavía no lo sabía, aquel libro era una de las razones por las que la directora Magina había permitido su ingreso.
Capítulo 3. La Academia de las Nueve Torres
El camino hacia Shirfs comenzaba dentro de una montaña cubierta de hielo.
Perla debía colocar su carta sobre una antigua runa y pronunciar el nombre de la ciudad.
—Shirfs.
La montaña comenzó a temblar.
Un arco de luz apareció frente a ella.
Perla respiró profundamente y lo atravesó.
Al otro lado encontró algo que superaba cualquier cosa que hubiera imaginado.
Una ciudad gigantesca se extendía bajo un cielo de color violeta.
Había edificios flotando sobre enormes cascadas, puentes transparentes y criaturas mágicas caminando junto a sus dueños.
Un hombre montaba un lobo blanco del tamaño de un caballo.
Una mujer conversaba con un gato que llevaba pequeños lentes.
Sobre la torre de un edificio descansaba un dragón rojo.
Perla quedó fascinada.
Pero también observó algo que le recordó inmediatamente su posición.
Sobre la cabeza de cada persona flotaba un número luminoso.
Eran sus niveles mágicos.
42.
65.
103.
Incluso vio a un anciano de nivel 287.
Cuando algunos habitantes observaron el diminuto número sobre su cabeza, comenzaron a murmurar.
—¿Nivel 1?
—¿Cómo entró a Shirfs?
—Seguramente es una visitante.
Perla bajó la mirada y continuó caminando.
Finalmente llegó a la academia.
Era un castillo inmenso construido con piedra blanca y detalles dorados.
Nueve torres se elevaban hacia el cielo.
Cada una representaba una rama de la magia.
Fuego, agua, viento, tierra, luz, oscuridad, invocación, restauración y vínculo espiritual.
La Torre del Vínculo era considerada la más misteriosa.
Se decía que allí habían ocurrido acontecimientos que podían cambiar el destino de los magos.
Sobre la entrada principal había una inscripción:
"La fuerza distingue a los poderosos. El corazón distingue a los verdaderos magos".
Perla sonrió.
Por primera vez sintió que tal vez había encontrado el lugar al que pertenecía.
Pero su felicidad duró muy poco.
—¡Miren lo que tenemos aquí!
Una voz masculina resonó detrás de ella.
Perla se giró.
Cinco estudiantes caminaban en su dirección.
Todos vestían uniformes negros con bordados dorados.
Sobre sus cabezas brillaba el mismo número.
78.
Eran integrantes del Círculo Dorado, el grupo más popular del Noveno Grado.
El joven que iba al frente tenía cabello castaño, ojos verdes y una sonrisa arrogante.
Se llamaba Darian.
—¿Estás perdida? —preguntó.
—No. Soy alumna nueva.
Darian observó su nivel.
Por un momento quedó completamente inmóvil.
Después comenzó a reírse.
—¿Nivel 1? ¿De verdad?
Sus compañeros se acercaron.
Una muchacha soltó una carcajada.
—Tal vez vino a limpiar los pasillos.
Perla apretó la correa de su maleta.
—Tengo una carta de admisión.
Darian extendió la mano.
—Muéstrala.
Perla no se movió.
—No tengo que enseñártela.
La sonrisa desapareció del rostro del muchacho.
—Creo que todavía no entiendes cómo funcionan las cosas aquí.
Levantó dos dedos.
Una pequeña esfera de energía apareció frente a él.
La esfera golpeó la maleta de Perla y la lanzó varios metros.
Sus libros quedaron esparcidos por el suelo.
Los estudiantes comenzaron a reír.
—Bienvenida a Shirfs, nivel 1.
Perla sintió que las lágrimas amenazaban con salir.
Pero se arrodilló y comenzó a recoger sus pertenencias.
Entonces escuchó una nueva voz.
—Darian, ¿otra vez molestando a los estudiantes nuevos?
Todos se apartaron inmediatamente.
Una joven de cabello plateado apareció caminando entre ellos.
Su uniforme llevaba detalles de cristal y una capa blanca.
Sobre su cabeza brillaba el número 99.
Era Celeste Valmora.
La alumna más admirada de la academia.
Celeste observó a Perla.
Después miró su nivel.
—Qué decepción.
Darian se acercó sonriendo.
—¿Puedes creerlo? La directora aceptó a una maga de nivel 1.
Celeste levantó una mano.
La maleta de Perla flotó desde el suelo y regresó hasta ella.
Por un momento la joven noruega pensó que Celeste estaba ayudándola.
Pero entonces la muchacha abrió la maleta mediante un hechizo.
Los libros y la ropa comenzaron a flotar frente a todos.
—Parece que nuestra nueva compañera todavía utiliza manuales para principiantes.
Celeste dejó caer las pertenencias.
—Escúchame bien, extranjera. En esta academia los débiles no sobreviven demasiado tiempo.
Perla levantó la mirada.
—No vine a competir contigo.
Celeste sonrió.
—Eso es evidente. Para competir conmigo necesitarías al menos noventa niveles más.
Después dio media vuelta.
Darian y sus compañeros la siguieron entre risas.
Perla permaneció sola recogiendo sus cosas.
Hasta que alguien se arrodilló a su lado.
—Son insoportables, ¿verdad?
Era una muchacha de cabello rizado y ojos verdes.
Sobre su cabeza aparecía el nivel 32.
—Me llamo Nerina.
Perla la observó sorprendida.
—¿No te da miedo que te vean ayudándome?
Nerina sonrió.
—¿Y qué van a hacer? ¿Obligarme a escuchar otra vez lo maravillosos que son?
Perla no pudo evitar reírse.
Fue el comienzo de su primera amistad en Shirfs.
Capítulo 4. La directora que nunca había conocido el fracaso
El Gran Salón estaba lleno de estudiantes cuando comenzó la ceremonia de bienvenida.
Una enorme campana resonó nueve veces.
Las puertas se cerraron por sí solas.
Las luces se apagaron.
Y una mujer apareció flotando sobre el escenario principal.
Vestía una túnica plateada.
Su cabello era blanco como la nieve y sus ojos brillaban con una luz azul intensa.
Sobre su cabeza apareció un número que hizo que todos guardaran silencio.
999.
Era Magina.
La directora suprema.
La maga más poderosa que había dirigido la academia durante los últimos trescientos años.
—Bienvenidos al Noveno Grado Arcano —anunció.
Su voz resonó por todo el salón.
—Este será el año más importante de sus vidas.
Levantó una mano.
Frente al escenario apareció una enorme barra de energía.
Tenía una escala de cero a cien.
—Al finalizar el año deberán presentar el Examen de Unión Mágica.
Los estudiantes comenzaron a murmurar.
Magina continuó:
—Cada uno deberá establecer un vínculo con una criatura mágica y entrenarla hasta alcanzar una armonía superior a cincuenta puntos.
La barra comenzó a llenarse lentamente.
Se detuvo en el número 50.
—Quienes alcancen esta puntuación podrán graduarse.
Después apareció el número 70.
—Superar los setenta puntos será considerado un logro extraordinario.
Finalmente apareció el número 90.
La directora guardó silencio.
—Durante más de doscientos años, ningún estudiante ha superado los noventa puntos.
Darian sonrió confiado.
Celeste cruzó los brazos.
Parecía completamente segura de que conseguiría romper aquel récord.
Magina levantó nuevamente la mano.
Detrás de ella apareció la imagen de varias criaturas mágicas.
Lobos.
Gatos.
Perros guardianes.
Águilas.
Serpientes.
Y dragones.
—Su criatura será mucho más que una mascota. Será su compañera, su protectora y, en determinadas circunstancias, la única capaz de mantenerlos con vida.
Perla observaba fascinada.
Nerina se inclinó hacia ella.
—Los dragones son los más poderosos.
—¿Y las serpientes?
—Depende. Algunas tienen habilidades extraordinarias, pero otras apenas consiguen almacenar energía.
—¿Cuál es la criatura más débil?
Nerina señaló una pequeña serpiente blanca que aparecía al final de la lista.
—Las serpientes lunares. Casi nadie las elige.
Perla observó la imagen.
Sus ojos eran azules.
Exactamente como la piedra de su collar.
En ese momento Magina anunció algo más.
—Recuerden que las criaturas mágicas poseen memoria, sentimientos y voluntad propia. Ningún vínculo verdadero puede construirse mediante el miedo.
La directora recorrió el salón con la mirada.
Durante un instante sus ojos se detuvieron sobre Perla.
La joven sintió un escalofrío.
Magina parecía reconocerla.
Pero continuó hablando.
—La Ceremonia de Elección tendrá lugar dentro de treinta días.
Una enorme imagen de un dragón negro apareció sobre el escenario.
Era Astarion.
El dragón más poderoso del Santuario de las Criaturas.
Su nivel exacto era desconocido.
Pero las leyendas aseguraban que había participado en batallas contra magos superiores a nivel 500.
Celeste sonrió.
—Ese dragón será mío —susurró.
Darian asintió.
—Nadie más tiene posibilidades de conseguirlo.
Pero entonces ocurrió algo extraño.
Los ojos dorados de Astarion se iluminaron dentro de la proyección.
Y parecieron dirigirse hacia Perla.
La piedra azul de su collar comenzó a calentarse.
Magina lo notó.
Su expresión cambió ligeramente.
Después cerró la proyección y terminó la ceremonia.
Capítulo 5. El primer fracaso de Perla
Las primeras semanas fueron una pesadilla.
En la clase de invocación, Perla no consiguió materializar ni una pequeña esfera de luz.
En defensa mágica, su escudo se rompió antes de recibir el primer impacto.
Durante una práctica de levitación, apenas logró mover una pluma.
Darian y sus amigos aprovechaban cualquier oportunidad para burlarse.
—¡Cuidado! ¡La maga más peligrosa de Shirfs está intentando levantar una hoja!
Los demás estudiantes reían.
Celeste ni siquiera necesitaba insultarla.
Bastaba con observarla con desprecio.
Una tarde, el profesor Arven organizó una competencia de control mágico.
Cada alumno debía elevar una esfera de cristal y mantenerla suspendida durante treinta segundos.
Nerina logró elevarla hasta dos metros.
Recibió una calificación aceptable.
Darian la levantó hasta el techo.
Celeste ni siquiera utilizó sus manos.
Solamente miró la esfera.
El cristal comenzó a girar alrededor del salón, rodeado de pequeñas llamas violetas.
Todos aplaudieron.
Cuando llegó el turno de Perla, el salón quedó en silencio.
La joven colocó ambas manos frente al cristal.
Cerró los ojos.
Recordó las palabras de su madre.
Concentró toda su energía.
—Elevatio.
La esfera tembló.
Se levantó cinco centímetros.
Después cayó al suelo.
Una carcajada recorrió el salón.
Darian comenzó a aplaudir lentamente.
—¡Impresionante! ¡Cinco centímetros de poder absoluto!
Perla apretó los puños.
Intentó nuevamente.
Esta vez no ocurrió absolutamente nada.
El profesor Arven suspiró.
—Perla, necesitas practicar los fundamentos antes de intentar ejercicios avanzados.
Celeste levantó la mano.
—Profesor, con todo respeto, ¿por qué seguimos perdiendo tiempo con alguien que claramente no pertenece a este grado?
El salón quedó en silencio.
Perla sintió que la vergüenza le quemaba el rostro.
Arven observó a Celeste.
—La admisión de Perla fue autorizada personalmente por la directora.
—Entonces la directora cometió un error —respondió Celeste.
Nadie se atrevió a contestar.
Perla recogió sus libros y salió del salón.
No quería que la vieran llorar.
Aquella noche regresó a su habitación convencida de que debía abandonar la academia.
Nerina la encontró preparando su maleta.
—¿Qué estás haciendo?
—Regreso a Noruega.
—¿Por qué?
Perla dejó caer un libro sobre la cama.
—Porque todos tienen razón. Soy demasiado débil.
Nerina se sentó a su lado.
—Llevas menos de un mes aquí.
—Y sigo siendo nivel 1.
—¿Sabes algo? —preguntó Nerina—. Celeste nació siendo nivel 43. Darian comenzó en nivel 35. Ellos nunca tuvieron que aprender desde cero.
Perla bajó la mirada.
—Eso no cambia nada.
Nerina guardó silencio.
Después señaló el libro que Perla llevaba entre sus pertenencias.
—¿Era de tu madre?
La joven asintió.
—Entonces quizás deberías descubrir primero por qué ella creía tanto en la magia del corazón.
Perla observó el libro.
Aquella frase despertó su curiosidad.
Y esa misma noche tomó una decisión.
No abandonaría Shirfs.
Todavía no.
Capítulo 6. El libro prohibido
La biblioteca de la academia era uno de los lugares más antiguos de Shirfs.
Miles de libros flotaban entre enormes estanterías.
Había escaleras que se movían solas y lámparas capaces de seguir a los lectores.
Perla entró pasada la medianoche.
Llevaba el libro de su madre y una pequeña lámpara mágica.
Comenzó a revisar antiguos textos sobre incremento de niveles.
La mayoría describía los mismos métodos.
Meditación.
Concentración.
Combate.
Entrenamiento elemental.
Nada parecía servir para alguien con tan poca energía.
Después de casi dos horas, Perla se dejó caer sobre una silla.
—Tiene que existir otra manera —murmuró.
Entonces su collar comenzó a brillar.
Una pequeña luz azul apareció sobre la piedra.
Perla se incorporó.
La luz parecía señalar hacia una antigua estatua situada al fondo de la biblioteca.
Se acercó lentamente.
Detrás de la estatua había una pared cubierta de símbolos.
Cuando colocó la mano sobre ellos, una puerta comenzó a abrirse.
Perla retrocedió asustada.
Al otro lado apareció una pequeña habitación.
En el centro había una mesa de piedra.
Sobre ella descansaba un libro negro.
Su cubierta mostraba dos corazones entrelazados.
Perla se acercó.
El libro comenzó a emitir una luz plateada.
Cuando lo abrió, las páginas estaban vacías.
Pero al acercar su collar, aparecieron varias palabras.
"La Fórmula de los Dos Corazones".
Perla comenzó a leer.
"Durante siglos, los magos han buscado aumentar su poder dominando criaturas cada vez más fuertes.
Sin embargo, existe una magia anterior al nacimiento de los niveles.
Una magia que no depende de la fuerza individual, sino de la unión perfecta entre dos corazones".
La joven pasó la página.
Apareció la ilustración de una maga abrazando a una serpiente blanca.
Debajo había una advertencia:
"Elige a quien el mundo haya rechazado. Protege a quien no pueda protegerse. Solamente entonces conocerás el poder que ningún nivel puede contener".
Perla sintió que su collar vibraba.
Una nueva página comenzó a llenarse de símbolos.
Pero antes de que pudiera leerla, una voz resonó detrás de ella.
—Ese libro no debería estar en tus manos.
Perla se giró sobresaltada.
Una figura encapuchada permanecía junto a la puerta.
—¿Quién es usted?
La figura no respondió.
Extendió una mano.
El libro se cerró violentamente.
Las velas comenzaron a apagarse.
Perla retrocedió.
—¡No voy a robarlo! ¡Solamente quería aprender!
La figura permaneció inmóvil.
Después susurró:
—Si encuentras a la criatura, nunca permitas que descubran lo que realmente es.
La habitación comenzó a temblar.
Perla corrió hacia la salida.
Cuando consiguió atravesar la puerta, la pared volvió a cerrarse.
La estatua desapareció.
Y el libro quedó atrás.
Perla permaneció varios minutos intentando recuperar el aliento.
No sabía quién había sido aquella persona.
Pero algo había cambiado.
En la palma de su mano derecha apareció una pequeña marca azul.
Tenía forma de escama.
Capítulo 7. La serpiente que nadie quería
A la mañana siguiente, Perla intentó olvidar lo ocurrido.
Asistió a sus clases, practicó algunos hechizos y evitó encontrarse con Darian.
Pero la marca seguía en su mano.
Y cada vez que se acercaba al Santuario de las Criaturas, comenzaba a brillar.
Durante el descanso decidió seguir aquella extraña sensación.
Caminó por los jardines exteriores hasta llegar a un antiguo invernadero.
El lugar parecía abandonado.
Había ventanas rotas, plantas marchitas y varias estatuas cubiertas de musgo.
Perla escuchó un sonido.
Era apenas un pequeño gemido.
Se acercó a unas macetas.
Y entonces la encontró.
Una serpiente blanca estaba enroscada sobre la tierra.
Era muy pequeña.
Tenía varias escamas dañadas y una herida cerca de la cola.
Sus ojos eran de un azul intenso.
Perla se arrodilló inmediatamente.
—Pobrecita... ¿qué te hicieron?
La serpiente levantó la cabeza.
Intentó retroceder.
Pero estaba demasiado débil.
Perla extendió lentamente una mano.
—Tranquila. No voy a lastimarte.
La criatura la observó.
La marca azul comenzó a brillar.
Los ojos de la serpiente emitieron una luz idéntica.
Perla sintió una corriente cálida atravesar su brazo.
Por un instante escuchó algo parecido a una voz.
Una voz masculina.
—No...
La joven retiró la mano.
Miró a su alrededor.
No había nadie.
Volvió a acercarse.
—¿Fuiste tú?
La serpiente permaneció inmóvil.
Perla se quitó la bufanda y la colocó cuidadosamente alrededor del pequeño animal.
—Vamos. Te llevaré a la enfermería.
Pero antes de poder levantarse, varias voces resonaron detrás de ella.
—¡No puede ser!
Perla reconoció inmediatamente aquella risa.
Darian.
El muchacho se acercó acompañado de otros integrantes del Círculo Dorado.
Cuando vio a la serpiente, comenzó a reírse.
—¡Miren eso! ¡La maga de nivel 1 consiguió una mascota igual de inútil!
Uno de sus amigos observó a la criatura.
—Parece una serpiente lunar abandonada.
Darian sonrió.
—Son las más débiles. Nadie las quiere porque casi nunca desarrollan poderes importantes.
Perla protegió al animal contra su pecho.
—Está herida. Déjenla tranquila.
Darian levantó una mano.
Una pequeña esfera de fuego apareció sobre sus dedos.
—¿Y si decidimos que esa cosa no merece seguir aquí?
Perla retrocedió.
—No te atrevas.
El muchacho comenzó a reírse.
—¿Qué vas a hacer? ¿Mover otra piedra cinco centímetros?
Sus amigos soltaron carcajadas.
Darian lanzó una pequeña llama hacia la tierra junto a Perla.
La joven cerró los ojos instintivamente.
Pero entonces ocurrió algo imposible.
La serpiente levantó la cabeza.
Sus ojos se iluminaron.
La llama quedó suspendida en el aire.
Después se apagó como si una fuerza invisible la hubiera devorado.
Darian dejó de sonreír.
—¿Qué fue eso?
Perla miró a la criatura.
La serpiente estaba temblando.
Su cuerpo emitió una luz azul durante unos segundos.
Después perdió el conocimiento.
Darian retrocedió.
—Esa cosa está embrujada.
Y por primera vez desde que Perla había llegado a Shirfs, el popular muchacho de nivel 78 parecía tener miedo.
Capítulo 8. Un vínculo que no debería existir
Perla llegó corriendo a la enfermería.
La encargada, Elowen, era una maga de restauración de nivel 146.
Cuando vio a la serpiente, su expresión cambió inmediatamente.
—¿Dónde encontraste esta criatura?
—En el invernadero abandonado. Está herida.
Elowen colocó al animal sobre una pequeña cama mágica.
Extendió ambas manos.
Una luz verde comenzó a recorrer las escamas dañadas.
Después de varios minutos, la herida empezó a cerrarse.
Perla observaba preocupada.
—¿Va a sobrevivir?
La enfermera asintió lentamente.
—Sí. Pero necesita descansar.
Perla respiró aliviada.
—¿Puedo quedarme con ella?
Elowen levantó la mirada.
—¿Quieres adoptarla?
—Sí.
La mujer permaneció callada.
Después consultó una pequeña esfera de cristal.
La esfera debía identificar la especie, el nivel y las habilidades de cualquier criatura mágica.
Cuando la colocó cerca de la serpiente, apareció un mensaje.
"Especie: desconocida".
"Nivel: no registrado".
"Vínculo anterior: información sellada".
Elowen frunció el ceño.
Aquello no era normal.
Repitió la lectura.
Obtuvo exactamente el mismo resultado.
Perla se acercó.
—¿Qué significa?
—Que no podemos determinar su verdadero poder.
—Entonces quizás es muy poderosa.
Elowen sonrió con cierta tristeza.
—O quizás no posee ninguna habilidad aprovechable.
Perla observó al pequeño animal.
—Eso no me importa.
—Debes comprender que pronto tendrás que elegir una criatura para tu examen. Si desarrollas un vínculo con una demasiado débil, podrías perder la oportunidad de graduarte.
Perla guardó silencio.
Sabía lo que significaba reprobar.
Diez años adicionales de entrenamiento.
Diez años viendo cómo los demás avanzaban mientras ella permanecía atrás.
Pero miró a la serpiente.
Había estado abandonada, herida y completamente sola.
Por alguna razón, aquello le recordó demasiado a sí misma.
Se acercó a la cama.
La criatura abrió lentamente un ojo.
Perla sonrió.
—No te preocupes. Yo tampoco soy demasiado poderosa.
Acarició suavemente la cabeza del animal.
—Pero podemos aprender juntas.
La serpiente emitió un pequeño sonido.
Y entonces ocurrió algo que nadie esperaba.
Una luz azul apareció entre la mano de Perla y la cabeza del animal.
Dos pequeños corazones luminosos comenzaron a latir al mismo tiempo.
Elowen retrocedió sorprendida.
—Imposible...
Perla levantó la mirada.
—¿Qué sucede?
La enfermera no respondió.
Sobre la cabeza de Perla apareció una nueva inscripción.
"Vínculo espiritual iniciado".
Debajo surgió una pequeña barra azul.
Marcaba apenas un punto.
Pero aquello era extraordinario.
Una maga de nivel 1 acababa de establecer un vínculo espontáneo con una criatura cuyo poder ni siquiera podía registrarse.
Y ninguna de las dos había pronunciado un hechizo.
Capítulo 9. El secreto de la directora
En la torre más alta de la academia, Magina revisaba antiguos documentos cuando una esfera de cristal comenzó a brillar.
La directora levantó la mirada.
Hacía cientos de años que aquella esfera no se activaba.
Se acercó lentamente.
En su interior apareció una imagen.
Perla estaba sentada junto a una pequeña serpiente blanca.
Entre ambas brillaba una diminuta luz azul.
Magina dejó caer el documento que sostenía.
—No puede ser...
Una figura encapuchada apareció detrás de ella.
—¿Qué sucede, directora?
Magina observó nuevamente la esfera.
—La fórmula ha despertado.
La figura se acercó.
Cuando vio a la serpiente, retrocedió.
—¡Eso es imposible! ¡Esa criatura debería haber desaparecido hace ochenta años!
Magina guardó silencio.
Después miró un enorme retrato colgado sobre la pared.
Mostraba a un joven mago de cabello blanco y ojos azules.
Debajo había una inscripción:
"Kael Arvandor. Nivel 88. Desaparecido durante la Guerra de los Nueve Reinos".
La directora cerró los ojos.
—Ochenta años...
La figura encapuchada habló nuevamente.
—¿Debemos separar a la muchacha de esa criatura?
Magina negó lentamente.
—No.
—Pero si descubren su identidad...
—Todavía no es momento.
La directora se acercó a la ventana.
Desde allí podía observar toda la ciudad de Shirfs.
—Durante siglos hemos enseñado a nuestros estudiantes que el poder depende del nivel con el que nacieron.
La figura guardó silencio.
Magina continuó:
—Y ahora una muchacha de nivel 1 acaba de demostrar que existe algo mucho más antiguo.
—¿La Fórmula de los Dos Corazones?
La directora asintió.
Después observó nuevamente la esfera.
—Si esa joven consigue completar el vínculo, podría superar los límites de la magia conocida.
—¿Incluso su propio nivel, directora?
Magina sonrió con tristeza.
—Mi nivel es 999.
La figura permaneció inmóvil.
—Pero las antiguas profecías hablan de un nivel que jamás debería alcanzarse.
La directora pronunció lentamente aquel número.
—Mil.
Un silencio profundo llenó la habitación.
Después Magina añadió:
—Y si la profecía es verdadera, esa niña podría convertirse en la primera maga de nivel 1000.
Capítulo 10. La promesa de Perla
Aquella noche, Perla regresó a su habitación llevando a la pequeña serpiente dentro de una cesta.
Nerina estaba estudiando cuando la vio entrar.
—¿Qué es eso?
Perla sonrió.
—Una nueva amiga.
Nerina se acercó.
Cuando vio a la serpiente, abrió mucho los ojos.
—¡Perla! ¡Es una serpiente lunar!
—Lo sé.
—¿No sabes que son consideradas las mascotas menos útiles para el examen?
Perla colocó la cesta sobre su escritorio.
—Está herida y necesita ayuda.
Nerina observó al animal.
Después miró a su amiga.
—Sabes que Celeste elegirá un dragón.
—Lo sé.
—Y Darian probablemente conseguirá un lobo de guerra.
—También lo sé.
Nerina suspiró.
—Entonces vamos a necesitar muchísimo entrenamiento.
Perla levantó la mirada.
—¿Vamos?
Su amiga sonrió.
—¿Pensabas que iba a dejarte sola?
Perla la abrazó.
Después ambas se acercaron a la cesta.
La serpiente comenzó a moverse lentamente.
Abrió sus ojos azules.
Perla extendió un dedo.
La criatura acercó la cabeza y lo tocó suavemente.
—Necesitas un nombre —dijo la joven.
Nerina comenzó a proponer diferentes opciones.
Luna.
Nieve.
Cristal.
Pero la serpiente rechazó cada una apartando la cabeza.
Perla soltó una pequeña carcajada.
—Parece que no le gusta ninguno.
Entonces recordó una palabra que había visto escrita en el libro prohibido.
Kael.
No sabía qué significaba.
Ni por qué aquel nombre había quedado grabado en su memoria.
Pero decidió pronunciarlo.
—¿Qué te parece Kael?
La serpiente levantó inmediatamente la cabeza.
Sus ojos comenzaron a brillar.
La marca azul de la mano de Perla emitió una pequeña luz.
Nerina retrocedió sorprendida.
—Creo que le gusta.
Perla sonrió.
—Entonces te llamarás Kael.
La pequeña serpiente se acomodó nuevamente en la cesta.
Perla apagó las luces y se acercó a la ventana.
Desde su habitación podía observar las nueve torres iluminadas bajo la luna.
Sobre su cabeza seguía apareciendo el mismo número.
Nivel 1.
Pero ahora había algo diferente.
Debajo se encontraba una pequeña barra azul.
"Vínculo de corazón: 1%".
Perla observó a Kael durmiendo tranquilamente.
Después susurró:
—No sé si conseguiremos graduarnos. Ni siquiera sé si algún día seré una buena maga.
Se acercó a la cesta.
—Pero prometo que nunca voy a abandonarte.
La serpiente abrió lentamente un ojo.
Y por un instante, una voz masculina resonó dentro de la mente de Perla.
—Entonces esta vez... yo tampoco te abandonaré.
La joven se quedó completamente inmóvil.
Miró hacia la cesta.
Kael parecía estar dormido.
Perla se acercó.
—¿Kael?
No hubo respuesta.
Solamente una pequeña luz azul que desapareció entre sus escamas.
A cientos de metros de distancia, en la torre principal, Magina observaba la misma escena mediante su esfera de cristal.
La directora cerró lentamente los ojos.
—El primer corazón ha despertado.
Después miró hacia el Santuario de las Criaturas, donde el dragón negro Astarion permanecía encadenado por antiguos sellos mágicos.
Los ojos dorados del dragón se iluminaron.
Algo había cambiado en Shirfs.
Y la guerra que llevaba ochenta años dormida estaba comenzando a despertar.
Fin de la Parte 1.
Continuará en la Parte 2: El despertar de Kael y el entrenamiento prohibido.
Capítulo 1. La niña que nació sin poder
En las tierras heladas de Noruega, donde las montañas permanecían cubiertas de nieve y los bosques ocultaban criaturas que los humanos comunes jamás llegarían a conocer, vivía una joven llamada Perla Nilsen.
Tenía dieciocho años, el cabello castaño oscuro, unos ojos azules heredados de su madre y un sueño que parecía imposible.
Quería convertirse en una de las magas más poderosas del mundo.
Había solamente un problema.
Perla era nivel 1.
En el mundo de la magia, cada persona nacía con una reserva de energía que determinaba su nivel inicial. Algunos niños comenzaban con nivel 5, otros con 20, y los descendientes de grandes familias mágicas podían alcanzar niveles superiores a 50 antes de cumplir quince años.
Pero Perla apenas podía encender una vela.
Aquella mañana estaba frente a su casa, intentando levantar una pequeña piedra mediante un hechizo.
—Vamos... solamente unos centímetros —murmuró, extendiendo ambas manos.
La piedra comenzó a temblar.
Una diminuta luz azul apareció alrededor de sus dedos.
—Elevatio.
La piedra se levantó unos centímetros.
Perla sonrió emocionada.
Pero entonces perdió la concentración.
La piedra salió disparada y golpeó una cubeta llena de agua.
El contenido terminó sobre sus zapatos.
—¡Otra vez no! —exclamó.
Desde la puerta, su padre, Erik Nilsen, observaba la escena.
—¿Cuántas veces llevas intentando ese hechizo?
—Cuarenta y siete.
—¿Y cuántas veces te has mojado?
—No llevo esa cuenta.
Erik comenzó a reír.
Perla cruzó los brazos, molesta.
—No es gracioso, papá.
Él se acercó y le acomodó un mechón de cabello.
—Tu madre también era muy obstinada cuando se trataba de magia.
Aquellas palabras hicieron que Perla guardara silencio.
Su madre, Astrid, había desaparecido once años atrás durante una expedición al norte de Shirfs.
Las autoridades mágicas nunca explicaron completamente lo ocurrido.
Solamente devolvieron a la familia un pequeño collar con una piedra azul.
Desde entonces Perla lo llevaba alrededor del cuello.
Era su posesión más valiosa.
—¿Crees que mamá habría conseguido enseñarme? —preguntó.
Erik suspiró.
—Tu madre era una maga extraordinaria.
—Eso no responde mi pregunta.
Su padre sonrió con tristeza.
—Creo que habría tenido la paciencia necesaria para enseñarte.
Perla bajó la mirada.
Siempre había sentido que su falta de poder era una especie de castigo.
¿Cómo podía ser hija de una maga reconocida y apenas conseguir mover una piedra?
Lo que ninguno de los dos sabía era que aquel nivel 1 no era una debilidad natural.
Era un sello.
Y la persona que lo había colocado sobre Perla era precisamente la mujer a la que llevaba once años esperando.
Capítulo 2. Una invitación imposible
Tres días después, algo extraordinario ocurrió.
Mientras Erik preparaba leña frente a la casa, una enorme lechuza blanca descendió desde el cielo.
Sus alas estaban cubiertas de pequeñas partículas luminosas.
El ave dejó caer un sobre negro sobre la nieve.
Después desapareció en una nube de humo plateado.
—¡Perla! —gritó su padre.
La joven salió corriendo.
—¿Qué pasó?
Erik recogió el sobre.
En el centro había un sello dorado con nueve torres.
Perla abrió los ojos.
—No puede ser...
Reconocía aquel símbolo.
Pertenecía a la Academia de las Nueve Torres, la institución mágica más prestigiosa de Shirfs.
Allí estudiaban los hijos de grandes hechiceros, familias nobles y jóvenes capaces de dominar fuerzas extraordinarias.
Era prácticamente imposible ingresar sin demostrar un nivel mágico considerable.
Erik rompió el sello.
La carta comenzó a flotar entre sus manos.
Una voz femenina resonó desde el papel.
—Perla Nilsen, por disposición de la directora suprema Magina, se le concede una plaza especial para cursar el Noveno Grado Arcano en la Academia de las Nueve Torres.
Perla dejó de respirar durante unos segundos.
La voz continuó:
—Su nivel actual no será motivo de exclusión. Deberá presentarse antes de la próxima Luna Azul.
La carta cayó suavemente sobre la mesa.
Padre e hija permanecieron inmóviles.
Finalmente Perla comenzó a reír nerviosamente.
—¡Papá! ¡Me aceptaron!
Erik no parecía compartir su entusiasmo.
Leyó nuevamente la carta.
—Esto es extraño.
—¿Por qué?
—Perla, esa academia no acepta alumnos de nivel 1.
—Pues parece que ahora sí.
—Hay estudiantes capaces de destruir montañas.
—Y yo puedo destruir cubetas.
Erik soltó una carcajada involuntaria.
Pero su preocupación regresó inmediatamente.
—Escúchame. Shirfs es un lugar peligroso. El nivel mágico determina prácticamente todo. Los estudiantes más fuertes reciben privilegios y los débiles muchas veces son despreciados.
Perla miró el sobre.
Era su oportunidad de convertirse en alguien diferente.
—No quiero pasar toda mi vida preguntándome qué habría ocurrido si hubiera intentado entrar.
Erik guardó silencio.
Después se acercó a un pequeño armario.
Sacó una caja de madera que pertenecía a Astrid.
Dentro había un antiguo libro de hechizos y una fotografía de Perla cuando era bebé.
En la imagen aparecía su madre sosteniéndola junto a una ventana.
—Llévate esto —dijo Erik.
Perla tomó el libro.
En la primera página había una frase escrita a mano:
"La magia más poderosa no es aquella que domina a otros, sino aquella que decide protegerlos".
La joven acarició la escritura.
Era la letra de su madre.
Una semana después partió hacia Shirfs.
Y aunque todavía no lo sabía, aquel libro era una de las razones por las que la directora Magina había permitido su ingreso.
Capítulo 3. La Academia de las Nueve Torres
El camino hacia Shirfs comenzaba dentro de una montaña cubierta de hielo.
Perla debía colocar su carta sobre una antigua runa y pronunciar el nombre de la ciudad.
—Shirfs.
La montaña comenzó a temblar.
Un arco de luz apareció frente a ella.
Perla respiró profundamente y lo atravesó.
Al otro lado encontró algo que superaba cualquier cosa que hubiera imaginado.
Una ciudad gigantesca se extendía bajo un cielo de color violeta.
Había edificios flotando sobre enormes cascadas, puentes transparentes y criaturas mágicas caminando junto a sus dueños.
Un hombre montaba un lobo blanco del tamaño de un caballo.
Una mujer conversaba con un gato que llevaba pequeños lentes.
Sobre la torre de un edificio descansaba un dragón rojo.
Perla quedó fascinada.
Pero también observó algo que le recordó inmediatamente su posición.
Sobre la cabeza de cada persona flotaba un número luminoso.
Eran sus niveles mágicos.
42.
65.
103.
Incluso vio a un anciano de nivel 287.
Cuando algunos habitantes observaron el diminuto número sobre su cabeza, comenzaron a murmurar.
—¿Nivel 1?
—¿Cómo entró a Shirfs?
—Seguramente es una visitante.
Perla bajó la mirada y continuó caminando.
Finalmente llegó a la academia.
Era un castillo inmenso construido con piedra blanca y detalles dorados.
Nueve torres se elevaban hacia el cielo.
Cada una representaba una rama de la magia.
Fuego, agua, viento, tierra, luz, oscuridad, invocación, restauración y vínculo espiritual.
La Torre del Vínculo era considerada la más misteriosa.
Se decía que allí habían ocurrido acontecimientos que podían cambiar el destino de los magos.
Sobre la entrada principal había una inscripción:
"La fuerza distingue a los poderosos. El corazón distingue a los verdaderos magos".
Perla sonrió.
Por primera vez sintió que tal vez había encontrado el lugar al que pertenecía.
Pero su felicidad duró muy poco.
—¡Miren lo que tenemos aquí!
Una voz masculina resonó detrás de ella.
Perla se giró.
Cinco estudiantes caminaban en su dirección.
Todos vestían uniformes negros con bordados dorados.
Sobre sus cabezas brillaba el mismo número.
78.
Eran integrantes del Círculo Dorado, el grupo más popular del Noveno Grado.
El joven que iba al frente tenía cabello castaño, ojos verdes y una sonrisa arrogante.
Se llamaba Darian.
—¿Estás perdida? —preguntó.
—No. Soy alumna nueva.
Darian observó su nivel.
Por un momento quedó completamente inmóvil.
Después comenzó a reírse.
—¿Nivel 1? ¿De verdad?
Sus compañeros se acercaron.
Una muchacha soltó una carcajada.
—Tal vez vino a limpiar los pasillos.
Perla apretó la correa de su maleta.
—Tengo una carta de admisión.
Darian extendió la mano.
—Muéstrala.
Perla no se movió.
—No tengo que enseñártela.
La sonrisa desapareció del rostro del muchacho.
—Creo que todavía no entiendes cómo funcionan las cosas aquí.
Levantó dos dedos.
Una pequeña esfera de energía apareció frente a él.
La esfera golpeó la maleta de Perla y la lanzó varios metros.
Sus libros quedaron esparcidos por el suelo.
Los estudiantes comenzaron a reír.
—Bienvenida a Shirfs, nivel 1.
Perla sintió que las lágrimas amenazaban con salir.
Pero se arrodilló y comenzó a recoger sus pertenencias.
Entonces escuchó una nueva voz.
—Darian, ¿otra vez molestando a los estudiantes nuevos?
Todos se apartaron inmediatamente.
Una joven de cabello plateado apareció caminando entre ellos.
Su uniforme llevaba detalles de cristal y una capa blanca.
Sobre su cabeza brillaba el número 99.
Era Celeste Valmora.
La alumna más admirada de la academia.
Celeste observó a Perla.
Después miró su nivel.
—Qué decepción.
Darian se acercó sonriendo.
—¿Puedes creerlo? La directora aceptó a una maga de nivel 1.
Celeste levantó una mano.
La maleta de Perla flotó desde el suelo y regresó hasta ella.
Por un momento la joven noruega pensó que Celeste estaba ayudándola.
Pero entonces la muchacha abrió la maleta mediante un hechizo.
Los libros y la ropa comenzaron a flotar frente a todos.
—Parece que nuestra nueva compañera todavía utiliza manuales para principiantes.
Celeste dejó caer las pertenencias.
—Escúchame bien, extranjera. En esta academia los débiles no sobreviven demasiado tiempo.
Perla levantó la mirada.
—No vine a competir contigo.
Celeste sonrió.
—Eso es evidente. Para competir conmigo necesitarías al menos noventa niveles más.
Después dio media vuelta.
Darian y sus compañeros la siguieron entre risas.
Perla permaneció sola recogiendo sus cosas.
Hasta que alguien se arrodilló a su lado.
—Son insoportables, ¿verdad?
Era una muchacha de cabello rizado y ojos verdes.
Sobre su cabeza aparecía el nivel 32.
—Me llamo Nerina.
Perla la observó sorprendida.
—¿No te da miedo que te vean ayudándome?
Nerina sonrió.
—¿Y qué van a hacer? ¿Obligarme a escuchar otra vez lo maravillosos que son?
Perla no pudo evitar reírse.
Fue el comienzo de su primera amistad en Shirfs.
Capítulo 4. La directora que nunca había conocido el fracaso
El Gran Salón estaba lleno de estudiantes cuando comenzó la ceremonia de bienvenida.
Una enorme campana resonó nueve veces.
Las puertas se cerraron por sí solas.
Las luces se apagaron.
Y una mujer apareció flotando sobre el escenario principal.
Vestía una túnica plateada.
Su cabello era blanco como la nieve y sus ojos brillaban con una luz azul intensa.
Sobre su cabeza apareció un número que hizo que todos guardaran silencio.
999.
Era Magina.
La directora suprema.
La maga más poderosa que había dirigido la academia durante los últimos trescientos años.
—Bienvenidos al Noveno Grado Arcano —anunció.
Su voz resonó por todo el salón.
—Este será el año más importante de sus vidas.
Levantó una mano.
Frente al escenario apareció una enorme barra de energía.
Tenía una escala de cero a cien.
—Al finalizar el año deberán presentar el Examen de Unión Mágica.
Los estudiantes comenzaron a murmurar.
Magina continuó:
—Cada uno deberá establecer un vínculo con una criatura mágica y entrenarla hasta alcanzar una armonía superior a cincuenta puntos.
La barra comenzó a llenarse lentamente.
Se detuvo en el número 50.
—Quienes alcancen esta puntuación podrán graduarse.
Después apareció el número 70.
—Superar los setenta puntos será considerado un logro extraordinario.
Finalmente apareció el número 90.
La directora guardó silencio.
—Durante más de doscientos años, ningún estudiante ha superado los noventa puntos.
Darian sonrió confiado.
Celeste cruzó los brazos.
Parecía completamente segura de que conseguiría romper aquel récord.
Magina levantó nuevamente la mano.
Detrás de ella apareció la imagen de varias criaturas mágicas.
Lobos.
Gatos.
Perros guardianes.
Águilas.
Serpientes.
Y dragones.
—Su criatura será mucho más que una mascota. Será su compañera, su protectora y, en determinadas circunstancias, la única capaz de mantenerlos con vida.
Perla observaba fascinada.
Nerina se inclinó hacia ella.
—Los dragones son los más poderosos.
—¿Y las serpientes?
—Depende. Algunas tienen habilidades extraordinarias, pero otras apenas consiguen almacenar energía.
—¿Cuál es la criatura más débil?
Nerina señaló una pequeña serpiente blanca que aparecía al final de la lista.
—Las serpientes lunares. Casi nadie las elige.
Perla observó la imagen.
Sus ojos eran azules.
Exactamente como la piedra de su collar.
En ese momento Magina anunció algo más.
—Recuerden que las criaturas mágicas poseen memoria, sentimientos y voluntad propia. Ningún vínculo verdadero puede construirse mediante el miedo.
La directora recorrió el salón con la mirada.
Durante un instante sus ojos se detuvieron sobre Perla.
La joven sintió un escalofrío.
Magina parecía reconocerla.
Pero continuó hablando.
—La Ceremonia de Elección tendrá lugar dentro de treinta días.
Una enorme imagen de un dragón negro apareció sobre el escenario.
Era Astarion.
El dragón más poderoso del Santuario de las Criaturas.
Su nivel exacto era desconocido.
Pero las leyendas aseguraban que había participado en batallas contra magos superiores a nivel 500.
Celeste sonrió.
—Ese dragón será mío —susurró.
Darian asintió.
—Nadie más tiene posibilidades de conseguirlo.
Pero entonces ocurrió algo extraño.
Los ojos dorados de Astarion se iluminaron dentro de la proyección.
Y parecieron dirigirse hacia Perla.
La piedra azul de su collar comenzó a calentarse.
Magina lo notó.
Su expresión cambió ligeramente.
Después cerró la proyección y terminó la ceremonia.
Capítulo 5. El primer fracaso de Perla
Las primeras semanas fueron una pesadilla.
En la clase de invocación, Perla no consiguió materializar ni una pequeña esfera de luz.
En defensa mágica, su escudo se rompió antes de recibir el primer impacto.
Durante una práctica de levitación, apenas logró mover una pluma.
Darian y sus amigos aprovechaban cualquier oportunidad para burlarse.
—¡Cuidado! ¡La maga más peligrosa de Shirfs está intentando levantar una hoja!
Los demás estudiantes reían.
Celeste ni siquiera necesitaba insultarla.
Bastaba con observarla con desprecio.
Una tarde, el profesor Arven organizó una competencia de control mágico.
Cada alumno debía elevar una esfera de cristal y mantenerla suspendida durante treinta segundos.
Nerina logró elevarla hasta dos metros.
Recibió una calificación aceptable.
Darian la levantó hasta el techo.
Celeste ni siquiera utilizó sus manos.
Solamente miró la esfera.
El cristal comenzó a girar alrededor del salón, rodeado de pequeñas llamas violetas.
Todos aplaudieron.
Cuando llegó el turno de Perla, el salón quedó en silencio.
La joven colocó ambas manos frente al cristal.
Cerró los ojos.
Recordó las palabras de su madre.
Concentró toda su energía.
—Elevatio.
La esfera tembló.
Se levantó cinco centímetros.
Después cayó al suelo.
Una carcajada recorrió el salón.
Darian comenzó a aplaudir lentamente.
—¡Impresionante! ¡Cinco centímetros de poder absoluto!
Perla apretó los puños.
Intentó nuevamente.
Esta vez no ocurrió absolutamente nada.
El profesor Arven suspiró.
—Perla, necesitas practicar los fundamentos antes de intentar ejercicios avanzados.
Celeste levantó la mano.
—Profesor, con todo respeto, ¿por qué seguimos perdiendo tiempo con alguien que claramente no pertenece a este grado?
El salón quedó en silencio.
Perla sintió que la vergüenza le quemaba el rostro.
Arven observó a Celeste.
—La admisión de Perla fue autorizada personalmente por la directora.
—Entonces la directora cometió un error —respondió Celeste.
Nadie se atrevió a contestar.
Perla recogió sus libros y salió del salón.
No quería que la vieran llorar.
Aquella noche regresó a su habitación convencida de que debía abandonar la academia.
Nerina la encontró preparando su maleta.
—¿Qué estás haciendo?
—Regreso a Noruega.
—¿Por qué?
Perla dejó caer un libro sobre la cama.
—Porque todos tienen razón. Soy demasiado débil.
Nerina se sentó a su lado.
—Llevas menos de un mes aquí.
—Y sigo siendo nivel 1.
—¿Sabes algo? —preguntó Nerina—. Celeste nació siendo nivel 43. Darian comenzó en nivel 35. Ellos nunca tuvieron que aprender desde cero.
Perla bajó la mirada.
—Eso no cambia nada.
Nerina guardó silencio.
Después señaló el libro que Perla llevaba entre sus pertenencias.
—¿Era de tu madre?
La joven asintió.
—Entonces quizás deberías descubrir primero por qué ella creía tanto en la magia del corazón.
Perla observó el libro.
Aquella frase despertó su curiosidad.
Y esa misma noche tomó una decisión.
No abandonaría Shirfs.
Todavía no.
Capítulo 6. El libro prohibido
La biblioteca de la academia era uno de los lugares más antiguos de Shirfs.
Miles de libros flotaban entre enormes estanterías.
Había escaleras que se movían solas y lámparas capaces de seguir a los lectores.
Perla entró pasada la medianoche.
Llevaba el libro de su madre y una pequeña lámpara mágica.
Comenzó a revisar antiguos textos sobre incremento de niveles.
La mayoría describía los mismos métodos.
Meditación.
Concentración.
Combate.
Entrenamiento elemental.
Nada parecía servir para alguien con tan poca energía.
Después de casi dos horas, Perla se dejó caer sobre una silla.
—Tiene que existir otra manera —murmuró.
Entonces su collar comenzó a brillar.
Una pequeña luz azul apareció sobre la piedra.
Perla se incorporó.
La luz parecía señalar hacia una antigua estatua situada al fondo de la biblioteca.
Se acercó lentamente.
Detrás de la estatua había una pared cubierta de símbolos.
Cuando colocó la mano sobre ellos, una puerta comenzó a abrirse.
Perla retrocedió asustada.
Al otro lado apareció una pequeña habitación.
En el centro había una mesa de piedra.
Sobre ella descansaba un libro negro.
Su cubierta mostraba dos corazones entrelazados.
Perla se acercó.
El libro comenzó a emitir una luz plateada.
Cuando lo abrió, las páginas estaban vacías.
Pero al acercar su collar, aparecieron varias palabras.
"La Fórmula de los Dos Corazones".
Perla comenzó a leer.
"Durante siglos, los magos han buscado aumentar su poder dominando criaturas cada vez más fuertes.
Sin embargo, existe una magia anterior al nacimiento de los niveles.
Una magia que no depende de la fuerza individual, sino de la unión perfecta entre dos corazones".
La joven pasó la página.
Apareció la ilustración de una maga abrazando a una serpiente blanca.
Debajo había una advertencia:
"Elige a quien el mundo haya rechazado. Protege a quien no pueda protegerse. Solamente entonces conocerás el poder que ningún nivel puede contener".
Perla sintió que su collar vibraba.
Una nueva página comenzó a llenarse de símbolos.
Pero antes de que pudiera leerla, una voz resonó detrás de ella.
—Ese libro no debería estar en tus manos.
Perla se giró sobresaltada.
Una figura encapuchada permanecía junto a la puerta.
—¿Quién es usted?
La figura no respondió.
Extendió una mano.
El libro se cerró violentamente.
Las velas comenzaron a apagarse.
Perla retrocedió.
—¡No voy a robarlo! ¡Solamente quería aprender!
La figura permaneció inmóvil.
Después susurró:
—Si encuentras a la criatura, nunca permitas que descubran lo que realmente es.
La habitación comenzó a temblar.
Perla corrió hacia la salida.
Cuando consiguió atravesar la puerta, la pared volvió a cerrarse.
La estatua desapareció.
Y el libro quedó atrás.
Perla permaneció varios minutos intentando recuperar el aliento.
No sabía quién había sido aquella persona.
Pero algo había cambiado.
En la palma de su mano derecha apareció una pequeña marca azul.
Tenía forma de escama.
Capítulo 7. La serpiente que nadie quería
A la mañana siguiente, Perla intentó olvidar lo ocurrido.
Asistió a sus clases, practicó algunos hechizos y evitó encontrarse con Darian.
Pero la marca seguía en su mano.
Y cada vez que se acercaba al Santuario de las Criaturas, comenzaba a brillar.
Durante el descanso decidió seguir aquella extraña sensación.
Caminó por los jardines exteriores hasta llegar a un antiguo invernadero.
El lugar parecía abandonado.
Había ventanas rotas, plantas marchitas y varias estatuas cubiertas de musgo.
Perla escuchó un sonido.
Era apenas un pequeño gemido.
Se acercó a unas macetas.
Y entonces la encontró.
Una serpiente blanca estaba enroscada sobre la tierra.
Era muy pequeña.
Tenía varias escamas dañadas y una herida cerca de la cola.
Sus ojos eran de un azul intenso.
Perla se arrodilló inmediatamente.
—Pobrecita... ¿qué te hicieron?
La serpiente levantó la cabeza.
Intentó retroceder.
Pero estaba demasiado débil.
Perla extendió lentamente una mano.
—Tranquila. No voy a lastimarte.
La criatura la observó.
La marca azul comenzó a brillar.
Los ojos de la serpiente emitieron una luz idéntica.
Perla sintió una corriente cálida atravesar su brazo.
Por un instante escuchó algo parecido a una voz.
Una voz masculina.
—No...
La joven retiró la mano.
Miró a su alrededor.
No había nadie.
Volvió a acercarse.
—¿Fuiste tú?
La serpiente permaneció inmóvil.
Perla se quitó la bufanda y la colocó cuidadosamente alrededor del pequeño animal.
—Vamos. Te llevaré a la enfermería.
Pero antes de poder levantarse, varias voces resonaron detrás de ella.
—¡No puede ser!
Perla reconoció inmediatamente aquella risa.
Darian.
El muchacho se acercó acompañado de otros integrantes del Círculo Dorado.
Cuando vio a la serpiente, comenzó a reírse.
—¡Miren eso! ¡La maga de nivel 1 consiguió una mascota igual de inútil!
Uno de sus amigos observó a la criatura.
—Parece una serpiente lunar abandonada.
Darian sonrió.
—Son las más débiles. Nadie las quiere porque casi nunca desarrollan poderes importantes.
Perla protegió al animal contra su pecho.
—Está herida. Déjenla tranquila.
Darian levantó una mano.
Una pequeña esfera de fuego apareció sobre sus dedos.
—¿Y si decidimos que esa cosa no merece seguir aquí?
Perla retrocedió.
—No te atrevas.
El muchacho comenzó a reírse.
—¿Qué vas a hacer? ¿Mover otra piedra cinco centímetros?
Sus amigos soltaron carcajadas.
Darian lanzó una pequeña llama hacia la tierra junto a Perla.
La joven cerró los ojos instintivamente.
Pero entonces ocurrió algo imposible.
La serpiente levantó la cabeza.
Sus ojos se iluminaron.
La llama quedó suspendida en el aire.
Después se apagó como si una fuerza invisible la hubiera devorado.
Darian dejó de sonreír.
—¿Qué fue eso?
Perla miró a la criatura.
La serpiente estaba temblando.
Su cuerpo emitió una luz azul durante unos segundos.
Después perdió el conocimiento.
Darian retrocedió.
—Esa cosa está embrujada.
Y por primera vez desde que Perla había llegado a Shirfs, el popular muchacho de nivel 78 parecía tener miedo.
Capítulo 8. Un vínculo que no debería existir
Perla llegó corriendo a la enfermería.
La encargada, Elowen, era una maga de restauración de nivel 146.
Cuando vio a la serpiente, su expresión cambió inmediatamente.
—¿Dónde encontraste esta criatura?
—En el invernadero abandonado. Está herida.
Elowen colocó al animal sobre una pequeña cama mágica.
Extendió ambas manos.
Una luz verde comenzó a recorrer las escamas dañadas.
Después de varios minutos, la herida empezó a cerrarse.
Perla observaba preocupada.
—¿Va a sobrevivir?
La enfermera asintió lentamente.
—Sí. Pero necesita descansar.
Perla respiró aliviada.
—¿Puedo quedarme con ella?
Elowen levantó la mirada.
—¿Quieres adoptarla?
—Sí.
La mujer permaneció callada.
Después consultó una pequeña esfera de cristal.
La esfera debía identificar la especie, el nivel y las habilidades de cualquier criatura mágica.
Cuando la colocó cerca de la serpiente, apareció un mensaje.
"Especie: desconocida".
"Nivel: no registrado".
"Vínculo anterior: información sellada".
Elowen frunció el ceño.
Aquello no era normal.
Repitió la lectura.
Obtuvo exactamente el mismo resultado.
Perla se acercó.
—¿Qué significa?
—Que no podemos determinar su verdadero poder.
—Entonces quizás es muy poderosa.
Elowen sonrió con cierta tristeza.
—O quizás no posee ninguna habilidad aprovechable.
Perla observó al pequeño animal.
—Eso no me importa.
—Debes comprender que pronto tendrás que elegir una criatura para tu examen. Si desarrollas un vínculo con una demasiado débil, podrías perder la oportunidad de graduarte.
Perla guardó silencio.
Sabía lo que significaba reprobar.
Diez años adicionales de entrenamiento.
Diez años viendo cómo los demás avanzaban mientras ella permanecía atrás.
Pero miró a la serpiente.
Había estado abandonada, herida y completamente sola.
Por alguna razón, aquello le recordó demasiado a sí misma.
Se acercó a la cama.
La criatura abrió lentamente un ojo.
Perla sonrió.
—No te preocupes. Yo tampoco soy demasiado poderosa.
Acarició suavemente la cabeza del animal.
—Pero podemos aprender juntas.
La serpiente emitió un pequeño sonido.
Y entonces ocurrió algo que nadie esperaba.
Una luz azul apareció entre la mano de Perla y la cabeza del animal.
Dos pequeños corazones luminosos comenzaron a latir al mismo tiempo.
Elowen retrocedió sorprendida.
—Imposible...
Perla levantó la mirada.
—¿Qué sucede?
La enfermera no respondió.
Sobre la cabeza de Perla apareció una nueva inscripción.
"Vínculo espiritual iniciado".
Debajo surgió una pequeña barra azul.
Marcaba apenas un punto.
Pero aquello era extraordinario.
Una maga de nivel 1 acababa de establecer un vínculo espontáneo con una criatura cuyo poder ni siquiera podía registrarse.
Y ninguna de las dos había pronunciado un hechizo.
Capítulo 9. El secreto de la directora
En la torre más alta de la academia, Magina revisaba antiguos documentos cuando una esfera de cristal comenzó a brillar.
La directora levantó la mirada.
Hacía cientos de años que aquella esfera no se activaba.
Se acercó lentamente.
En su interior apareció una imagen.
Perla estaba sentada junto a una pequeña serpiente blanca.
Entre ambas brillaba una diminuta luz azul.
Magina dejó caer el documento que sostenía.
—No puede ser...
Una figura encapuchada apareció detrás de ella.
—¿Qué sucede, directora?
Magina observó nuevamente la esfera.
—La fórmula ha despertado.
La figura se acercó.
Cuando vio a la serpiente, retrocedió.
—¡Eso es imposible! ¡Esa criatura debería haber desaparecido hace ochenta años!
Magina guardó silencio.
Después miró un enorme retrato colgado sobre la pared.
Mostraba a un joven mago de cabello blanco y ojos azules.
Debajo había una inscripción:
"Kael Arvandor. Nivel 88. Desaparecido durante la Guerra de los Nueve Reinos".
La directora cerró los ojos.
—Ochenta años...
La figura encapuchada habló nuevamente.
—¿Debemos separar a la muchacha de esa criatura?
Magina negó lentamente.
—No.
—Pero si descubren su identidad...
—Todavía no es momento.
La directora se acercó a la ventana.
Desde allí podía observar toda la ciudad de Shirfs.
—Durante siglos hemos enseñado a nuestros estudiantes que el poder depende del nivel con el que nacieron.
La figura guardó silencio.
Magina continuó:
—Y ahora una muchacha de nivel 1 acaba de demostrar que existe algo mucho más antiguo.
—¿La Fórmula de los Dos Corazones?
La directora asintió.
Después observó nuevamente la esfera.
—Si esa joven consigue completar el vínculo, podría superar los límites de la magia conocida.
—¿Incluso su propio nivel, directora?
Magina sonrió con tristeza.
—Mi nivel es 999.
La figura permaneció inmóvil.
—Pero las antiguas profecías hablan de un nivel que jamás debería alcanzarse.
La directora pronunció lentamente aquel número.
—Mil.
Un silencio profundo llenó la habitación.
Después Magina añadió:
—Y si la profecía es verdadera, esa niña podría convertirse en la primera maga de nivel 1000.
Capítulo 10. La promesa de Perla
Aquella noche, Perla regresó a su habitación llevando a la pequeña serpiente dentro de una cesta.
Nerina estaba estudiando cuando la vio entrar.
—¿Qué es eso?
Perla sonrió.
—Una nueva amiga.
Nerina se acercó.
Cuando vio a la serpiente, abrió mucho los ojos.
—¡Perla! ¡Es una serpiente lunar!
—Lo sé.
—¿No sabes que son consideradas las mascotas menos útiles para el examen?
Perla colocó la cesta sobre su escritorio.
—Está herida y necesita ayuda.
Nerina observó al animal.
Después miró a su amiga.
—Sabes que Celeste elegirá un dragón.
—Lo sé.
—Y Darian probablemente conseguirá un lobo de guerra.
—También lo sé.
Nerina suspiró.
—Entonces vamos a necesitar muchísimo entrenamiento.
Perla levantó la mirada.
—¿Vamos?
Su amiga sonrió.
—¿Pensabas que iba a dejarte sola?
Perla la abrazó.
Después ambas se acercaron a la cesta.
La serpiente comenzó a moverse lentamente.
Abrió sus ojos azules.
Perla extendió un dedo.
La criatura acercó la cabeza y lo tocó suavemente.
—Necesitas un nombre —dijo la joven.
Nerina comenzó a proponer diferentes opciones.
Luna.
Nieve.
Cristal.
Pero la serpiente rechazó cada una apartando la cabeza.
Perla soltó una pequeña carcajada.
—Parece que no le gusta ninguno.
Entonces recordó una palabra que había visto escrita en el libro prohibido.
Kael.
No sabía qué significaba.
Ni por qué aquel nombre había quedado grabado en su memoria.
Pero decidió pronunciarlo.
—¿Qué te parece Kael?
La serpiente levantó inmediatamente la cabeza.
Sus ojos comenzaron a brillar.
La marca azul de la mano de Perla emitió una pequeña luz.
Nerina retrocedió sorprendida.
—Creo que le gusta.
Perla sonrió.
—Entonces te llamarás Kael.
La pequeña serpiente se acomodó nuevamente en la cesta.
Perla apagó las luces y se acercó a la ventana.
Desde su habitación podía observar las nueve torres iluminadas bajo la luna.
Sobre su cabeza seguía apareciendo el mismo número.
Nivel 1.
Pero ahora había algo diferente.
Debajo se encontraba una pequeña barra azul.
"Vínculo de corazón: 1%".
Perla observó a Kael durmiendo tranquilamente.
Después susurró:
—No sé si conseguiremos graduarnos. Ni siquiera sé si algún día seré una buena maga.
Se acercó a la cesta.
—Pero prometo que nunca voy a abandonarte.
La serpiente abrió lentamente un ojo.
Y por un instante, una voz masculina resonó dentro de la mente de Perla.
—Entonces esta vez... yo tampoco te abandonaré.
La joven se quedó completamente inmóvil.
Miró hacia la cesta.
Kael parecía estar dormido.
Perla se acercó.
—¿Kael?
No hubo respuesta.
Solamente una pequeña luz azul que desapareció entre sus escamas.
A cientos de metros de distancia, en la torre principal, Magina observaba la misma escena mediante su esfera de cristal.
La directora cerró lentamente los ojos.
—El primer corazón ha despertado.
Después miró hacia el Santuario de las Criaturas, donde el dragón negro Astarion permanecía encadenado por antiguos sellos mágicos.
Los ojos dorados del dragón se iluminaron.
Algo había cambiado en Shirfs.
Y la guerra que llevaba ochenta años dormida estaba comenzando a despertar.
Fin de la Parte 1.
Continuará en la Parte 2: El despertar de Kael y el entrenamiento prohibido.
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